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martes, 14 de julio de 2026

Señoras odiosas en la narrativa inglesa (Jane Austen)

 


Una de las virtudes de la narrativa inglesa es la manera que tiene pintar señoras especialmente odiosas. Me viene al recuerdo, aunque ahora es vago, pues leí la obra bastantes años atrás, lo mucho que me impresionó la Becky Sharp de La feria de las vanidades, de W. M. Thackeray. Muy reciente es la lectura de Mansfield Park, donde nos encontramos con la insoportable tía Norris. Personaje muy pagado de sí mismo, que quiere meterse en todos los asuntos y llevar las riendas si es posible, con un afán de protagonismo exagerado, que nos recuerda a algunas personas que hemos conocido a lo largo de nuestra vida.

 

miércoles, 17 de junio de 2026

Camus, siempre Camus: dos fragmentos de El Primer hombre

 


Hablando con Javier sobre cosas de la infancia (conforme envejecemos cada vez más tendemos a mirar al pasado) me comenta que él no tiene tantos recuerdos de su infancia como Camus en El primer hombre. Esa breve indicación me basta para ponerme a leer el libro. Obra en ciernes,  incompleta, inacabada, pero llena de interés y emoción –se trata de don Albert-, transparentemente autobiográfica, y donde hay una memoria muy nítida y perspicaz de su infancia, en efecto. Reproduzco un par de pasajes que me han encantado: el primero, sobre cómo compartían unas patatas fritas los niños pobres de un barrio marginal de Argel; y el segundo, sobre sus prácticas lectoras ya en el liceo de la ciudad (adonde llegan becados gracias a su inteligencia y la mediación de su maestro de escuela):

sábado, 6 de junio de 2026

Una conversación literaria en e-mail (a propósito de Henry James)

 

- ¿Conoces La muerte del león, de Henry James? Es un relato excelente, lo leí ayer y lo he releído hoy. Difícil de entrar en él, como habitualmente en este autor, pero conforme lo vas leyendo te das cuenta de lo bueno que es, de manera que, al terminarlo, quieres releerlo para entenderlo (y disfrutarlo) mejor. Trata del entorno de un gran escritor que se hace célebre y cómo este entorno (la jungla de personas que lo constituyen) precisamente lo destruye.

Si no lo has leído, muy recomendable. Tal vez no a la altura de La lección del maestro o Los papeles de Aspern, pero no muy lejos de esa perfección. Y el mundo, muy similar, el del artista, ése que tan bien conocía.

 

 

- No recuerdo exactamente el cuento, pero al final del mismo tengo escrito: "Relato sobre el tema de 'escritores admirados', que hace juego con Los papeles de Aspern y La lección del maestro, pero algo menos hondo en el fondo y algo más enrevesado en la forma". Eso puse.

 

 

 

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Sobre algunas fuentes de la SONATINA de Rubén Darío.

 

La reciente lectura de los Cuentos de la Alhambra, de Washington Irving, me trajo a la cabeza, en varios momentos, la “Sonatina”, de Rubén Darío. ¿Será una de sus fuentes?, se preguntaba el crítico hidráulico que muy frecuentemente soy. Eso me llevó a consultar un curioso ensayo, que había leído tiempo ha, de Manuel Cardenal de Iracheta, recogido en su libro póstumo Comentarios y recuerdos (Revista de Occidente, 1972). Allí encontramos su escrito sobre “La Sonatina de Rubén”. En él, tras disculparse de introducir la mirada crítica en la poesía (que está hecha para sentirse), y reconocer que “las cuerdas de la lira de un poeta están siempre tomadas de las de otros poetas”, ensaya indagar en el “entronque y dependencia” de Darío respecto de la poesía francesa aplicado a este poema. Y traza la siguiente línea genealógica de antecedentes:

 

Victor Hugo: “La rose de l´infante” (La légende des siècles, 1859)

 

Stuart Merrill: “La douleur de la princesse” (Les gammes, 1887)

 

Albert Samain: “L´infante” (Au jardín de l´infante, 1893)

 

Rubén Darío: “Sonatina” (Prosas profanas, 1893)

 

martes, 21 de octubre de 2025

Quandoque boni dormitant traduttori: un error grueso de traducción en LOS NOVIOS, de Manzoni

 

Hace años, en Lengua de 2º de Bachillerato, solía poner  en clase un trabajo sobre lecturas de El dardo en la palabra, de Lázaro Carreter. Les hacía leer 5 o 6 de sus artículos sobre errores en el uso del lenguaje y les proponía un cuestionario de 4 o 5 preguntas sobre cada texto. Uno de los más jugosos, y el que corregíamos detalladamente en clase, era el dedicado al uso –tan frecuentemente incorrecto- del verbo adolecer. Se lo suele emplear como sinónimo de carecer, cuando en realidad significa tener el defecto de. Un equipo de fútbol no adolece de velocidad, sino de falta de velocidad.

 

El artículo era muy rico, pues hablaba de varios asuntos, como el uso de extranjerismos y, sobre todo, la relación entre lenguaje y pensamiento, y cómo asistíamos a un peligroso derretimiento mental en el uso lingüístico cotidiano.

 

jueves, 25 de septiembre de 2025

Las píldoras humanísticas de Javier

 

Me envía Javier un enlace de sus “50 píldoras humanísticas contra el mal de los tiempos”, publicado en la Revista digital Entreletras.

https://www.entreletras.eu/temas/cincuenta-pildoras-humanisticas-contra-el-mal-de-los-tiempos/

Me parecen tan buenas que le pido permiso para incluir algunas en mi blog (que así se enriquece). Reconocemos el tono de su última novela La tristeza del sabio, pero también nos complace mucho que ensaye el aforismo, y así se coloque, toutes proportions gardées, en la tradición de Nietzsche, Cioran y otros de ese jaez. Me he reído enormemente con la dilogía de la número 13. La 7 tiene cierta confluencia de tono con mi último post.

Ahí van unas pocas:

7 – ¿Por qué el cansino mantra de la pedagogía moderna de que hay que despertar en los estudiantes una “actitud crítica”, sin jamás mencionar que hay que despertarles también —y antes que nada— una “actitud admirativa” hacia los logros de la civilización y las grandes cimas de la cultura?

9 – Ya no se ven bibliotecas domésticas: esos cientos o miles de libros que antes poblaban los hogares, no sólo de eruditos y profesores, sino de médicos, ingenieros, abogados, funcionarios…, gentes instruidas o con ganas de instruirse. Aunque dispongan de suelo térmico y climatización constante, hoy hace más frío en esos hogares

13 – VOCACIONES. Hay quienes ven en los hijos el fin de la vida y hay quienes ven en los hijos el fin de la vida. Vocación de casado y vocación de soltero: hay que seguirlas.

16 – ¿AVE FÉNIX? La cultura humanística es una creación tan sutil y delicada en la evolución del animal humano que hacen falta siglos de esfuerzo para levantarla, pero unos pocos años bastan —lo estamos viendo— para reducirla a cenizas.

19 – REFLEXIÓN DEL FILÓSOFO. Las ideas son manjar; la ideología, pienso.

30 – Rousseau, un genio paranoico, ha sido el más grande intoxicador de conciencias de la modernidad; desde las fantasías sociales de Marx hasta las imposiciones de última hora son herencia suya: la nueva pedagogía, el animalismo rampante, el sometimiento a la corrección política, el victimismo sentimental de nuestros días… Toda la modernidad, en definitiva, ha seguido los pasos de un loco.

40 – ÉLITE Y VULGO. El sabio y el necio van en barcos distintos. No es un buen signo el aplauso de la mayoría. La multitud eligió a Barrabás, no a Cristo.

48 – Decía Ortega y Gasset en La rebelión de las masas que el hombre moderno es “un primitivo emergiendo de un mundo civilizado”. Cada vez es más cierta esa apreciación. ¿Y cómo no pensar en ella cuando contemplamos al ciudadano vulgar del siglo XXI embobado y embebido en sus sofisticadísimos chismes de bolsillo?

viernes, 4 de julio de 2025

Un fragmento de Ivo Andric: sobre el origen de los puentes

 

Cuando viajé a Perugia, por primera vez, para aprender italiano, mis principales amigos allí fueron un alemán, Wolfgang, y dos croatas, Branko y Erwin, compañeros de clase y del asueto vespertino, paseando por el Corso Vanucci, al tiempo que blandíamos el inevitable helado de stracciatella.

 

Un día les pregunté a mi amigos yugos (todavía existía Yugoslavia) cuál era la obra literaria fundamental de su país. Y me nombraron a Ivo Andric, premio Nobel, cuyo Un puente sobre el Drina era la joya de la corona de su literatura. Retuve la referencia en mi cabeza, y tiempo después adquirí la obra, pero no ha sido hasta ahora, unos cuarenta años más tarde, que me he puesto a leerla (así de cargada y exigente es mi agenda de lecturas).

 

La obra no me ha defraudado lo más mínimo, sino que me parece excelente, con una prosa al mismo tiempo cristalina, precisa y profunda. Pasa revista a cuatro siglos de historia local en torno al puente y la ciudad de Visegrad, en Bosnia, con la cotidiana y difícil convivencia entre cristianos, musulmanes y judíos que pueblan la región. Una novela histórica y coral cuyo protagonista principal no es otro que el magnífico puente.

 

miércoles, 4 de junio de 2025

Tangencias inauditas: Josquin des Prez y W. H. Auden: memoria de los muertos

 

Estamos a finales  del siglo XV. Ha muerto Johannes Ockeghem, uno de los maestros de la polifonía franco-flamenca, en 1497. El cronista francés Jean Molinet escribe un sentido poema, que Josquin des Prez musicará, creando una de las obras maestras de este tipo de música: Déploration de la mort d´Ockeghem. Lo que hace Josquin es alternar, polifónicamente, el poema de Molinet con las siguientes palabras del cantus firmus:

 

Requiem aeternam dona eis, Domine,

Et lux perpetua luceat eis.

Requiescat in pace. Amen.

 

Traigo hoy al blog el excelente poema de

Molinet, del que intento una versión, al tiempo que hago un par de aclaraciones.

miércoles, 23 de abril de 2025

Un poema de José Angel Valente: Maquiavelo en San Casciano

 

MAQUIAVELO EN SAN CASCIANO

 

…non temo la povertà, non mi sbigottiscie la morte

(Carta a Francesco Vettori, diciembre 1513)

 

 

Al tordo que madruga en los olivos

tiendo tempranas redes,

mientras dura setiembre

y un cielo gris apaga

el eco doble de esta pena

en pobreza y destierro.

                   Tengo un bosque

cuya madera hago talar, pues de tan poca

riqueza me sustento.                         

 

Los negocios de la República y los reyes

de España y Francia

o el gran Duque lejos están;

mas bueno fuera que alguien

pagase en este tiempo aquel saber de entonces.

 

Los leñadores en el bosque

disputan entre sí o ponen pleito

a más rudos vecinos,

mientras cierto Frosino da Panzano

arrebata mi leña por diez liras

que tiempo ha le debo, según dice,

de una partida en casa de Antonio Guicciardini.

Al carretero he acusado

como ladrón. Mas fue vano negocio.

 

miércoles, 26 de marzo de 2025

Conversando con Javier

 

Evocamos la gran pléyade de filósofas y escritoras judías de la primera mitad del siglo XX que el nazismo se propuso exterminar: Edith Stein (tras su conversión, como carmelita descalza, Teresa Benedicta de la Cruz, 1891-1942), Irène Némirovsky (1903-1942), Simone Weil (1909-1943), Etty Hillesum (1914-1943), Hanna Arendt (1906-1975). Esta última, la única superviviente de esa terrible época.

 

Le cuento lo que dijo Husserl de sus alumnos en la Universidad. “La primera, Edith Stein; después, nadie; luego, todos los demás.”

Javier me aclara: Eso mismo dijo el torero Guerrita al retirarse en 1899: “Después de mí, naide. Y después de naide, Fuentes.”

- Pues, por las fechas, Husserl se debió inspirar en Guerrita.

- Lo que te puedo asegurar es que Guerrita no se inspiró en Husserl.

miércoles, 29 de enero de 2025

Dos CARPE DIEM de nuestro tiempo: Luis Alberto de Cuenca y Sara Mesa

 A Rubén, que me dio a conocer el poema de Sara Mesa.


COLLIGE, VIRGO, ROSAS

Niña, arranca las rosas, no esperes a mañana.
Córtalas a destajo, desaforadamente,
sin pararte a pensar si son malas o buenas.
Que no quede ni una. Púlete los rosales
que encuentres a tu paso y deja las espinas
para tus compañeras de colegio. Disfruta
de la luz y del oro mientras puedas y rinde
tu belleza a ese dios rechoncho y melancólico
que va por los jardines instilando veneno.
Goza labios y lengua, machácate de gusto
con quien se deje y no permitas que el otoño
te pille con la piel reseca y sin un hombre
(por lo menos) comiéndote las hechuras del alma.
Y que la negra muerte te quite lo bailado

 (Por fuertes y fronteras, 1996,  Luis Alberto de Cuenca)

 

 CARPE DIEM NOS DIJERON

 Soy una brizna de hierba que brota

de un sumidero sucio.

Una raíz perdida

que busca apurar todos los jugos,

que quiere aprovechar la savia de los días,

el venenoso y dulce licor de los presentes.

 

Vive el momento.

Como si acaso hubiera

un solo momento.

Como si fuese solo

cuestión de desearlo.

Como si no existieran jaulas,

zapatos embarrados que pisotean el suelo.

 

Si me concentro, sí,

siento que se pasean por mi cuerpo

cientos, miles,

cientos de miles de insectos diminutos

y cada uno me narra una promesa.

 

Soy una única flor

pero qué multiplicidad del cáliz,

qué variedad de estambres.

 

Me fecundo para estrujar el tiempo

-carpe diem-

y cuántos otros senderos desperdicio

qué dulzuras malogro

qué imprevisibles destinos pierdo para siempre.

 

 (Sara Mesa: Este jilguero agenda, 2007)


En efecto, Carpe diem, es el nombre genérico con que nos referimos al tópico de aprovechar el momento, vivir el tiempo presente con intensidad. El nombre procede de una oda de Horacio (Carminum I, 11) que, en un momento climático, utiliza la expresión Carpe diem (“coge el día”). Ahora bien, también hay un poema de Ausonio, conocido como Collige, virgo, rosas (“coge o recoge, virgen, las rosas”), que trata un tema similar. La diferencia sería que el Carpe diem es un tipo de poema más general, en el sentido de aprovechar el momento presente, mientras que el Collige, virgo, rosas, es algo más concreto, una invitación a las doncellas, a que se dispongan a amar, aprovechen su juventud, y no esperen a que el tiempo las devore. El poema es, claramente, una conspiración antivirginal.

 

miércoles, 8 de enero de 2025

Umberto Eco responde a la pregunta que nunca se debe hacer

Hace ya más de doce años que escribí un post titulado "La pregunta que nunca se debe hacer" (https://ccm-cidehamete.blogspot.com/2012/08/la-pregunta-que-nunca-se-debe-hacer.html). Ayer, leyendo los breves ensayitos humorísticos de Umberto Eco (recogidos en Cómo viajar con un salmón) me topé con el siguiente pasaje que toca el asunto con gracia e ironía.

“El visitante entra y dice: “¡Cuántos libros!  ¿Los ha leído todos?”. Al principio, creía que la frase revelaba sólo a personas poco familiarizadas con los libros, acostumbradas a ver solo estanterías de tres al cuarto con cinco novelas policiacas y una enciclopedia infantil en fascículos. Pero la experiencia me ha enseñado que la frase la pronuncian incluso personas insospechables. Se puede decir que se trata, con todo, de personas que tienen una noción de la estantería como depósito de libros y no de la biblioteca como instrumento de trabajo, pero no basta. Creo que, ante muchos libros, cualquiera cae presa de la angustia del conocimiento, y fatalmente se desliza hacia la pregunta que expresa su tormento y sus remordimientos.

(…) a la pregunta sobre los libros hay que responder mientras la mandíbula se te crispa y ríos de sudor frío te bajan por la columna vertebral. Yo, antaño, había adoptado la respuesta despectiva: “No he leído ninguno; si no, ¿por qué los tendría aquí?”. Pero es una respuesta peligrosa porque desencadena la reacción obvia: “¿Y dónde pone los que ha leído?”. Es mejor la respuesta estándar de Roberto Leydi: “Muchos más, señor, muchos más”, que deja helado al adversario y le hace caer en un estado de estupefacta veneración. Pero la encuentro desalmada y causa ansiedad. Ahora me he replegado hacia la afirmación: “No, estos son los que  tengo que leer para el mes que viene, los demás los tengo en la universidad”,  respuesta que, por una parte sugiere una sublime estrategia ergonómica y, por la otra, induce al visitante a anticipar el momento de la despedida”.     (1990)

         


sábado, 4 de enero de 2025

AGUSTÍN DE HIPONA EN EL MESTALLA

 

Alipio en el circo de Roma

13. No queriendo [Alipio] dejar la carrera del mundo, tan decantada por sus padres, había ido delante de mí a Roma a estudiar Derecho, donde se dejó arrebatar de nuevo, de modo increíble y con increíble afición, a los espectáculos de gladiadores.

Porque aunque aborreciese y detestase semejantes juegos, cierto día, como topase por casualidad con unos amigos y condiscípulos suyos que venían de comer, no obstante negarse enérgicamente y resistirse a ello, fue arrastrado por ellos con amigable violencia al anfiteatro y en unos días en que se celebraban crueles y funestos juegos.

jueves, 21 de noviembre de 2024

Vidas de Chéjov

 

Leyendo últimamente a Iréne Némirovsky (mi gran descubrimiento de este año), su obra fundamental, Suite francesa, pero también otras novelas (El baile, Jezabel) y cuentos (Domingo, Nieve en otoño), al percibir el influjo chejoviano que había en algunos de sus relatos, y saber de su admiración por el maestro ruso, decidí leer también su biografía novelada, Vida de Chéjov. Mucho me gustó y me resultó clarificadora de las fuentes donde bebe su narrativa, pero también de sus ideas sobre el relato y su visión del mundo. Acto seguido (y pues que pienso releer en breve algunos cuentos del autor) me puse a releer la biografía que le dedicó Natalia Ginzburg, Antón Chéjov. Dos escritoras muy buenas ambas, y dignas de ser amadas. Pero, por mucho que ame a la italiana, la diferencia entre las dos obras es notable. Si bien en el manejo de datos y referencias sobre la vida y trayectoria del cuentista coinciden mucho (imagino que porque comparten las mismas fuentes) la biografía novelada de Némirovsky me parece mucho más lograda que el apenas esbozo, casi escolar, de Ginzburg. La rusa penetra más profundamente en el contexto vital y familiar, y recrea el mundo del autor tratado de forma más plena. Lo que añade Ginzburg (aparte de pequeñas diferencias: Iréne presta mayor atención a los amores de Chéjov, mientras que Natalia trata algo más sus amistades con escritores) es un breve comentario sobre los cuentos y dramas del autor. Pero estos comentarios consisten, regularmente, en brevísimos resúmenes horros de cualquier aportación mínimamente crítica, con lo cual apenas nos sirven más que para saber de qué van esas obras.

De manera que si tuviera que elegir una de las obras para recomendar como introducción a la vida y obra del autor, no lo dudaría un instante. Me inclinaría por la rusa Irène, mi gran descubrimiento de este año.

 

domingo, 5 de mayo de 2024

Un gran libro que no recomendaría a nadie: DAVID COPPERFIELD

 


Cuando terminamos de leer las 1000 páginas que tiene la novela, aparte del recuerdo de los muchos momentos de felicidad que nos ha proporcionado, experimentamos un cierto alivio. Pues, en efecto, hemos alcanzado la cima de esa auténtica mole que constituye la obra, pero, a la que, entendemos, le pueden sobrar 300 o 400 páginas perfectamente. ¿Cómo ello?

 

Para entender esto hay que remontarse a la época en que apareció, mediados del siglo XIX. En esa época muchas de las novelas se publicaban por entregas, como folletín que figuraba entre las páginas de los periódicos. De hecho David Copperfield fue apareciendo a lo largo de dos años (1849-1850) hasta que finalmente se recogió en forma de libro.

 

martes, 24 de octubre de 2023

HEINRICH HEINE, EL SATÍRICO

 


Donde uno menos se lo espera, salta la liebre. ¿Quién me iba a decir a mí que me encontraría un magnífico ejemplo del carácter satírico de Heine en un libro sobre Edith Stein? Conocía el carácter desgarrado de algunos de sus poemas, o el inmensamente lírico de aquel que trata sobre las nostalgias del pino y la palmera, y tal vez me había topado en algún momento con motivos satíricos, pero nunca me había encontrado con una manifestación tan palpable de ese carácter que le alejó de sus compatriotas y alimentó la mutua incomprensión de que habla Adorno en “La herida Heine”. Pues bien, es en un libro dedicado a ese ser maravilloso que fue Edith Stein, judía de nacimiento, discípula de Husserl (refiriéndose a cuya capacidad intelectual solía decir: “La primera de todas es Edith Stein, después nadie, y luego, los demás”), posteriormente, tras la lectura de Teresa de Jesús, convertida al catolicismo, y que terminó sus días gaseada por los nazis en Auschwitz siendo ya hermana carmelita descalza bajo el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz; es en un libro, decía, dedicado a Edith Stein, donde me encuentro el siguiente pasaje, a propósito de la ciudad de Gotinga, donde la joven Edith estudió con Husserl, y casi un siglo antes había estudiado también Heine:

 

“La ciudad de Gotinga, célebre por sus salchichones y su universidad, pertenece al rey de Hanovre, y contiene varias iglesias, un observatorio, una prisión, una buena biblioteca y una taberna municipal, que tiene una cerveza también muy buena… La ciudad en sí es muy bella y nunca gusta tanto como cuando se la pierde de vista. Debe existir desde hace mucho tiempo, pues cuando yo fui matriculado y muy pronto expulsado, hace de eso más de cinco años, tenía el mismo aspecto grave y canoso, y ya estaba bien abastecida de bedeles, de perros de aguas, de disertaciones, de salones de té, de lavanderas, de pichones asados, de consejeros áulicos, de consejeros de legación y de relegación, y de otros farsantes. Hay gente que pretende que la ciudad ha sido construida en la época de los movimientos migratorios de los pueblos, y cada tribu alemana ha dejado allí un ejemplar puro de sus miembros, siendo de aquí de donde descienden los vándalos, frisones, suevos, turingios, etc., etc. En general los habitantes de Gotinga pueden ser divididos en estudiantes profesores, filisteos y ganado, cuatro clases entre las que la línea de demarcación no es muy pronunciada. Citar aquí el nombre de todos los estudiantes y profesores ordinarios y extraordinarios sería demasiado largo; además, no recuerdo ahora el nombre de todos los estudiantes, y entre los profesores hay muchos que no tienen nombre todavía. La cantidad de filisteos de Gotinga debe ser infinita, como la arena, o, por mejor decir, como el lodo, a orillas del mar. En verdad, cuando les veía por las mañanas con sus sucias caras y su limpia memoria para cobrar, plantados ante la puerta del senado académico, apenas si podía creer cómo Dios había podido crear tantos canallas junto.”

 

 

(E. de Miribel: Edith Stein, Taurus, 1956, pág. 45, fragmento de Harzreise, de H. Heine, 1824)

domingo, 10 de septiembre de 2023

Ryszard Kapuscinski pelea con una cobra

 

Si tuviera que recomendar un libro así, sin preparación, de forma inopinada, para un lector general, tengo claro que elegiría Ébano, de Ryszard Kapuscinski. El Quijote, obviamente, sería la primera obra que me vendría a la cabeza. Pero el Quijote no se puede recomendar de manera indiscriminada. Su posible lector ha de no amedrentarse ante el castellano del siglo de Oro, tener unas nociones históricas, pero sobre todo literarias (de géneros, estilos, retórica…) más que medianas para poder disfrutar con garantías de nuestro gran clásico. Pero en el caso de la obra del reportero polaco creo que con saber donde están situados, en el mapamundi, tanto el país llamado Polonia, como el continente africano, bastaría. Transcribo hoy un pasaje muy impresionante de su libro en la soberbia traducción de Agata Orzeszek:

 

Viajando en Land Rover con un compañero, Leo, por las llanuras del Serengeti, un tanto extraviados y desfallecientes por el cansancio y el calor, se encuentran unas cabañas abandonadas y deciden descansar en ellas:

 

No sé cómo, acabé tumbado en un camastro. Apenas me sentía vivo. El sol zumbaba en mi cabeza. Encendí un cigarrillo para vencer el sueño. No me gustó su sabor. Quería apagarlo y cuando mecánicamente seguí con mi mano la vista de mi mano dirigiéndose hacia el suelo, vi que estaba a punto de apagarlo en la cabeza de una serpiente que se había aposentado debajo del camastro.

 

miércoles, 16 de noviembre de 2022

EL IMPOSIBLE ABRAZO: ASPECTOS DEL PATETISMO EN VIRGILIO.

 

Ahora que he estado cerca otra vez del mundo de Virgilio, desempolvo unas líneas que escribí hace casi 20 años (en 2003), cuando en nuestro seminario de lecturas leímos a Homero y Virgilio, entre otros clásicos greco-latinos. El día que comentábamos la Eneida, mi aportación a la reunión consistió en el texto que sigue:


Acertaba Borges, como de costumbre, cuando, a la pregunta de qué escritores le interesaban más, respondía: "Hay un muchacho, Virgilio, que promete… ". Y es que la sensación que se experimenta al leer la Eneida es la de encontrarse, de lleno y como nunca, inmerso en la literatura. Expliquémonos un poco. Ciertamente era la sensación que también producía Homero, pero en aquel caso la vivencia era la de asistir al nacimiento de la literatura, a una literatura fundacional y pura, a un grado cero de la literatura -por tomar las palabras de Barthes para la comparación que haré inmediatamente. En el caso de Virgilio la sensación es la de encontrarnos ante una literatura de segundo grado, esto es, una literatura enormemente reflexiva, que se propone ni más ni menos que emular la del aedo griego, pero con las armas que le da una muy rica tradición escrita, que goza de comentarios, erudición y crítica. Si Homero encabezaría una tradición de literatura en estado puro, a donde podrían acompañarle escritores como Sófocles, Balzac o Whitman, Virgilio encabezaría la tradición de la literatura literaria que, ciertamente, ha tenido mayor -si no más insigne- descendencia: es la tradición de Dante, Cervantes, Shakespeare, Flaubert y Joyce.


miércoles, 7 de septiembre de 2022

APENAS UNOS MILÍMETROS: el traje nuevo del Emperador en versión de Sara Mesa

 

Recuerdo, hace años, que al decir en el aula las notas que habían obtenido mis alumnos en un examen, el representante de los estudiantes suecos que en ese momento asistían invitados a la clase me dijo que en su país eso no se podía hacer, que era impensable, pues era ofensivo para los que sacaban menos nota. Poco después vivía yo en carne propia esa norma igualitaria políticamente correcta. En estos días pasados me llega la noticia -no sé si verdadera, no la tengo contrastada- de que la Federación valenciana de fútbol, en las competiciones infantiles, no va a dar los resultados numéricos, sino sólo Ganado, Empatado, Perdido, y tampoco va a reproducir el nombre de los goleadores, titulares, etc. por no ofender a los que juegan menos minutos y marcan menos goles o no marcan. Me da la sensación de que a este paso, por orden gubernamental, algún día nos volveremos todos tontos.

De ello me consuela la valentía de una escritora como Sara Mesa que, en un cuento como “Apenas unos milímetros” echa por tierra, literariamente, brillantemente, implacablemente, toda la tontería administrativa.

La profesora de Biología, que narra la historia, nos cuenta cómo se atiende un caso especial de alumno (de 15 años), que padece una parálisis que le impide mover ninguna parte de su cuerpo, apenas la ceja unos milímetros, como indica el título. El problema más serio se plantea cuando se va a llevar a cabo una clase de educación sexual, con algunos ejemplos prácticos de cómo colocar el condón (preservativo lo llaman los representantes académicos) en un pene de plástico. La profesora de Biología piensa, con toda razón a mi entender, que esta actividad se le podría ahorrar al alumno discapacitado. Máxime cuando implica una logística complejísima y costosísima de ambulancia, varios enfermeros, dos horas gastadas en traslados, etc. Pero el Director del centro, tutora y otros profesores se oponen, porque eso sería discriminar al muchacho y no respetaría la norma igualitaria. La profesora da la razón de que el chico nunca podrá tener la menor vida sexual compartida, pero no es escuchada.

El caso es que finalmente el muchacho asiste presencialmente a la charla que da una “Sexóloga, psicóloga o lo que sea” y, como no podía dejar de ocurrir, se produce el desbarajuste. Comienza con miradas, codazos, risitas… hasta que en un momento dado la leona de la clase (esa alumna, que todos hemos tenido, a la que le falta disciplina, concentración, probablemente capacidad, pero le sobra desparpajo e insolencia) pone el dedo en la llaga, haciendo ver el absurdo que consiste en hacer participar en la clase a esa persona que jamás va a tener relaciones sexuales con nadie (ella es ya experta en la materia). La “Sexóloga, psicóloga o lo que sea” le afea su conducta primero con delicadeza, corrección y mucha mano izquierda, pero finalmente el conflicto es irremediable. El chico de la leona, el león de la clase, la apoya en sus argumentos, y al final los dos son expulsados.

A mí, que amo la tradición en literatura, lo que me maravilla del cuento es la manera en que Sara Mesa pone al día ese cuento tan antiguo del imaginario traje nuevo del poderoso (que a su manera versionaron don Juan Manuel, Cervantes y H. C. Andersen), que nadie ve, pero que todos dicen ver, y que sólo los más débiles y desprejuiciados (el negro palafrenero del rey, en don Juan Manuel; el cabo furrier en el retablo de las maravillas cervantino; un niño en el cuento de Andersen; y los alumnos más trastos de la clase -problemáticos, en la jerga didascálica- en la versión de nuestra Sara) se atreven a desvelar su inexistencia y la falsedad y mentira en que muy frecuentemente estamos todos atrapados.

miércoles, 13 de julio de 2022

Dos notas sobre EL DESPRECIO, de Moravia: Godard y Joyce

 1- GODARD: Tras leer la novela no puedo evitar la visión del filme de Godard, Le mépris, basado en la novela. Filme lleno de tics (o estilemas) godardianos, como esa presentación hablada de los créditos (ya lo había hecho Orson Welles en The magnificent Ambersons o en Mr. Arkadin, no recuerdo bien, sólo que al final, no al principio), el vaivén de travelling lateral en la discusión de los protagonistas en el apartamento, las citas literarias y cinéfilas, etc. Pero también filme fallido, como frecuentemente se ha dicho. Tal vez sea por el coqueteo del director con el cine del star system (Brigitte Bardot, Jack Palance, o el propio Fritz Lang, entre los actores), pero entiendo que principalmente por otro motivo: se trata de una novela psicológica, en primera persona, donde asistimos continuamente a las reflexiones del enormemente raciocinante protagonista. Este continuo flujo interior, en el filme, se convierte en los desustanciados diálogos entre el guionista (Michel Piccoli, que está estupendo en su debut cinematográfico como protagonista) y su esposa (Brigitte Bardot).

Entiendo que se contaba con la presencia de Brigitte Bardot, en su momento de plenitud, y que ello imponía otro tipo de elecciones de puesta en escena. El filme en su conjunto se resiente por ello, pero como el cine también es un arte que potencia el voyeurismo, lo que se pierde en coherencia y profundidad se gana en placer visual, el que constituye ver a la Bardot paseando su cuerpo serrano arriba y abajo el tiempo que dura la película.

Por cierto, impagable el plano de B.B. tumbada de espaldas, para tomar el sol, en la villa de Capri, cuya hermosa desnudez es sólo interrumpida por una novelita de la serie negra que le cubre el culo.


2- JOYCE: En la novela de Moravia, se produce, en un momento dado, una discusión entre el director de cine alemán (Rheingold), que propone una interpretación moderna y psicologista de la Odisea, y el guionista, que se decanta por ser fiel y respetar a Homero. En la discusión aparece una síntesis bastante aguda del Ulysses, de Joyce:

"- ¿Ha leído usted el Ulysses de James Joyce? -lo interrumpí furibundo-. ¿Sabe usted quién es Joyce?

- He leído todo lo referente a la Odisea -contestó Rheingold, en tono, profundamente ofendido-; en cambio, usted…

-Pues bien -proseguí con rabia-, Joyce interpretó también la Odisea a la manera moderna..., y en la obra de modernización, o sea, de envilecimiento, de profanación, fue mucho más lejos que usted, querido Rheingold... Hizo de Ulises un cornudo, un onanista, un haragán, un veleidoso; de Penélope, una ex furcia... Y Eolo se convirtió en la redacción de un diario; el descenso a los infiernos, en el funeral de un compañero de francachelas; Circe, en la visita a un burdel, y el retorno a Ítaca, en el regreso a casa, a altas horas de la noche, por las calles de Dublín, no sin detenerse unos momentos para orinar en una esquina... Pero al menos Joyce tuvo la precaución de no ocuparse para nada del Mediterráneo, ni del mar, ni del sol, ni del cielo, ni de las tierras inexploradas de la Antigüedad... Localizó toda la acción en las fangosas calles de una ciudad del Norte, en las tabernas, en los burdeles, en los dormitorios, en las letrinas... Todo moderno, o sea, todo rebajado, envilecido, reducido a nuestra miserable estatura. Nada de sol, nada de mar, nada de cielo. Usted, por el contrario, no tiene la discreción de Joyce."