martes, 19 de mayo de 2026

Realismo trascendente en una pintura de Murillo: San Diego de Alcalá dando de comer a los pobres

 

Leyendo el libro de Nina Ayala sobre Bartolomé Esteban Murillo, y contemplando las ilustraciones que lleva, me topo con un cuadro en el que no recuerdo haber reparado anteriormente, y que me llama la atención por lo que a continuación señalo. Se trata de San Diego de Alcalá dando de comer a los pobres, que se conserva actualmente en la Academia de Bellas Artes de San Fernando (en Madrid), pero que fue pintado, hacia 1645, dentro de una serie, para el Claustro Chico del convento de San Francisco en Sevilla.

Diego de Alcalá era un hermano lego, procedente de Sevilla, que vivió y murió en el siglo XV en el convento de los franciscanos de Alcalá de Henares, especialmente tocado por la virtud de la caridad, y que fue canonizado en 1589.




Si miramos el cuadro con atención veremos que los pobres no tienen demasiado aspecto de pobres. Tal vez sí el de la primera fila de la derecha, pero en los demás la sensación de pobreza no es especialmente intensa. Mucho menos en el rozagante infante que, bien iluminado (pero tal vez aún más luminoso), se encuentra frontalmente, sujetado por su madre, próximo al santo. Tampoco la madre da muestras de pobreza, ni el señor mayor con la vara, detrás de ella y el santo. Y es que mucho me temo que no se trata de tres pobres, sino de la segunda Trinidad, la terrenal, la sagrada familia formada por el niño Jesús, la Virgen María y San José.

 

Entonces ¿a qué viene esa presencia sagrada junto al santo y los pobres? No me cabe la menor duda de que viene a ilustrar un célebre pasaje evangélico, el del Juicio Final en Mateo, 25, 31-46, que transcribo en la versión de la Biblia de Jerusalén (y subrayo en negrita la frase esencial que aquí se quiere ejemplificar):

 

31 «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono glorioso. 32 Entonces serán congregadas delante de él todas las naciones, y él irá separando a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. 33 Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. 34 Entonces dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. 35 Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, era forastero y me acogisteis, 36 estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y acudisteis a mí.’ 37 Entonces los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? 38 ¿Cuándo te vimos forastero y te acogimos, o desnudo y te vestimos? 39 ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y acudimos a ti?’ 40 Y el Rey les dirá: ‘Os aseguro que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis.’ 41 Entonces dirá también a los de su izquierda: ‘Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. 42 Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, 43 fui forastero y no me acogisteis, anduve desnudo y no me vestisteis, estuve enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis.’ 44 Entonces dirán también éstos: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?’ 45 Y él entonces les responderá: ‘Os aseguro que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo.’ 46 E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna.»

 

También subrayo en negrita la frase de la inscripción a pie de cuadro que más incidiría en esta idea que defiendo:

 

Da de comer al Pobre y el prouecho, / Reciue Diego de que el Pobre Coma, / El Pobre Come y Diego satisfecho, / El dar las Gracias por su quenta toma, / Mira en el Pobre a Dios y de su pecho, / Caridad todos a Dios le ofrece Aroma / I a un tiempo exercitando vida activa / El Santo Goza la Corona dichosa.

 

 

Esto me confirma aquella percepción de Julián Gállego, en su Visión y símbolos en la pintura española del siglo de Oro, de que el tan manido realismo de nuestra pintura en esa época no era tal, sino más bien un realismo atravesado por elementos simbólicos y trascendentes.

 

En ese sentido un cuadro tan hermoso y célebre como La Sagrada Familia del pajarito, que se conserva en el Prado, se me antoja menos una simpática y tierna escena familiar de interior, que una premonición alegórica del Salvador que ese niño encarna.




jueves, 14 de mayo de 2026

La ponzoña del amor: Jenofonte, Sócrates y Góngora

 


En los Recuerdos de Sócrates, de Jenofonte, hay un momento en que el autor reproduce un diálogo que tuvo con su amigo y maestro a propósito del deseo amoroso, de los peligros que se corren tras besar a “un gentil mancebo” (en lo que llevo leído los deseos amorosos siempre se dirigen a muchachos: las mujeres brillan por su ausencia):

 

“Por vida de Hércules –repuso Jenofonte-, ¡qué terrible lo cuentas el poder del beso!” “Pues ¿de eso –dijo Sócrates- te asombras? ¿No has oído –dijo- de las tarántulas, que no abultan ni lo que una perra chica, que, con sólo que toquen en la boca, deshacen de dolores a un hombre y lo sacan de su sano juicio?” “Sí, a fe mía –dijo Jenofonte; porque es que las tarántulas inyectan no sé qué al dar el muerdo.” “¡Ah, tonto! –dijo Sócrates-, y ¿no crees tú que los muchachos lindos, al dar un beso, inyectan una cosa que tú no ves? ¿No sabes que esa bestezuela que llaman mancebo lindo y en flor de edad es en tanto más temible que las tarántulas cuanto que ellas al tocar, pero esa otra no ya tocando tan siquiera, sino que en el momento que la mire uno suelta un veneno y, aunque sea a gran distancia , de tal poder como para hacerle volverse loco. (…) Pues mira, a ti te doy aviso, Jenofonte, que en cuanto veas algún muchacho lindo, salgas a todo correr huyendo.”

 

(traducción de Agustín García Calvo; el lector actual ha de saber que “una perra chica” era en el año 1971, en que se imprime el libro por Salvat Editores, una moneda pequeña, como sería la de un céntimo actualmente)

 

Pues bien, ya sé que el extraordinario soneto de Góngora

 

La dulce boca que a gustar convida

un humor entre perlas distilado

y a no invidiar aquel licor sagrado

que a Júpiter ministra el garzón de Ida,

amantes, no toquéis si queréis vida,

porque entre un labio y otro colorado

Amor está, de su veneno armado,

cual entre flor y flor sierpe escondida.

No os engañen las rosas, que a la Aurora

diréis que, aljofaradas y olorosas,

se le cayeron del purpúreo seno;

manzanas son de Tántalo, y no rosas,

que después huyen del que incitan ahora,

y sólo del Amor queda el veneno.

 

 está basado en otro italiano de Torcuato Tasso que comienza

 

Quel labbro che le rose han colorito (…)

 

al que imita y supera (como suele ser habitual cuando nuestros barrocos se inspiran en fuentes extranjeras), pero no puedo dejar de pensar en él al leer este pasaje de Jenofonte: inauditas tangencias.

martes, 12 de mayo de 2026

La Regenta contra el insomnio

 


En un ensayo de Serrano Poncela sobre La Regenta que casi comienza así: “confieso que es una de las pocas novelas españolas que puedo releer sin fatiga”, nos comenta que, a raíz de su publicación, fue muy atacada, no sólo por el clero local (el obispo de Oviedo hizo un escrito contra la novela que se repartía a los fieles), sino también por gacetilleros de la época, y nos transcribe fragmentos de la crítica (impagable por lo excelso del desatino) que de la obra se hizo en un semanario llamado Tambor y Gaita:

 

Contra el insomnio: esta grave enfermedad se cura como con la mano gracias al específico inventado por el reputado crítico Clarín. La mayor parte de los capítulos de La Regenta producen un sueño casi instantáneo, tranquilo y reparador. El insomnio más tenaz cede con un par de capítulos, que es la más alta dosis […]”

 

Vivir para ver.

 

(S. Serrano Poncela: “Un estudio de La Regenta” en Clarín y “La Regenta”, colección de estudios editados por Sergio Beser, Ariel, 1982)