jueves, 26 de diciembre de 2013

Notas sobre la metáfora

“La metáfora es probablemente la potencia más fértil que el hombre posee” escribió Ortega y Gasset en La deshumanización del arte. No cabe duda de ello y es por eso la reina de las figuras retóricas, así como un poderosísimo instrumento de conocimiento.
Pero hoy en este post quiero solo indicar su mecanismo y comentar un par de fértiles metáforas con que me he topado recientemente.

Sabemos que la operación metafórica consiste en emplear un término imaginario (Ti) para sustituir otro término real (Tr) que aparece o no en el contexto de aquella. Si decimos “Sus dientes (Tr) son perlas (Ti)”, ambos son copresentes, pero si en cambio ponderamos “las perlas (Ti) de su boca” el término real está ausente. Ahora bien, esta identificación de términos puede ser enaltecedora (“el oro de su cabellera”) o degradadora (“el estropajo de su cabellera”), o tal vez puramente neutra. Pero hoy quería hacer hincapié en el hecho de que una metáfora es especialmente poderosa por sus connotaciones y también por la manera en que anticipa o resume aspectos relevantes del texto en que se encuentra.

Traigo un par de ellas, que comento brevemente:

“En aquella época lo normal al entrar en un café a cualquier hora era encontrar en una mesa al fondo un hombre de letras que, fumando en boquilla, escribiera sin mesura. En ocasiones la pieza vería la luz pública tiempo después –un artículo, una comedia o una novela- pero lo más probable es que terminara en una carpeta, acogida al amplio abrazo del olvido.”

(Juan Benet, “El Madrid de Eloy”, en Otoño en Madrid hacia 1950.)

Subrayo la metáfora “abrazo”, con una connotación profundamente irónica, puesto que lo que esperamos de un abrazo es acogida y calor humano, pero este abrazo del olvido es sin duda amplio, como adjetiva Benet, pero carente del todo de esas dos cualidades recién nombradas.


“Subieron a un taxi, el tráfico del centro los metió en su lenta serpiente.”

(Julio Cortázar, “Clone”, en Queremos tanto a Glenda.)


Se refiere el sujeto elíptico a Mario y Franca que, asesinada por Mario, su esposo, no acudirá al concierto que ofrecen, como miembros de un grupo vocal, esa noche en Buenos Aires. La metáfora, al mismo tiempo que ilustra la imagen del lento tráfico rodado, tiene cierto carácter siniestro –el consabido carácter maléfico y agorero de las serpientes-, que resulta anticipatorio de la tragedia que se va a consumar.

Son dos buenos ejemplos de la fertilidad del procedimiento.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Unas cuantas máximas o aforismos

Ahora que en clase vamos a reflexionar y redactar a propósito de máximas me permito traer unas cuantas:

En la Tierra no hay superficie más interesante que el rostro humano.
G.C. Lichtenberg


El amor, tal como se practica hoy en la sociedad, no es más que un intercambio de dos fantasías y el contacto de dos epidermis.

Lo único que impide a Dios mandar un segundo diluvio, es que el primero fue inútil.
Chamfort


La única diferencia entre un capricho y la pasión de toda una vida es que el capricho dura un poco más.
Oscar Wilde

La hipocresía es un homenaje que el vicio paga a la virtud.
La Rochefoucauld

El amor en la vida del hombre es un episodio; en la mujer es toda la existencia.
Lord Byron

Y unas cuantas, humorísticas, de Woody Allen:

 Las ventajas del nudismo saltan a la vista.

Solo quien ha comido ajo puede darnos una palabra de aliento.

La inactividad sexual es peligrosa, produce cuernos.

Hoy en día la fidelidad solo se ve en los equipos de sonido.

Hay estudiantes que les apena ir al hipódromo y ver que hasta los caballos logran terminar su carrera.

El negocio más expuesto a la quiebra es el de la cristalería.

Cuando un médico se equivoca, lo mejor es echarle tierra al asunto.

En los aviones el tiempo se pasa volando.

Los mosquitos mueren entre aplausos.

Arreglar los problemas económicos es fácil, lo único que se necesita es dinero.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

PASATIEMPO LINGÜÍSTICO: CUYO



 En este año de celebraciones quijotescas quiero romper una lanza en favor de un vocablo que tiene el privilegio de figurar al inicio de la inmortal novela, pero que corre el riesgo de desaparecer en breve de nuestra lengua (como el lince ibérico de nuestra fauna, según la mordaz apostilla de nuestro preclaro filósofo Fernando González), a tenor del desuso en que ha caído en los últimos tiempos: no se lo oye en los medios de comunicación, ni en las charlas callejeras, ni por supuesto lo he visto jamás escrito en un examen de secundaria.
Recordemos de nuevo ese comienzo de novela que todo español conoce (pero, al parecer, sólo hasta ahí):

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme,

La octava palabra, cuyo, es precisamente la que nos ocupa hoy. Pertenece al grupo de los pronombres relativos junto con que, cual, quien y cuanto. Y es pronombre semánticamente, en cuanto término dotado de significación ocasional (la de su antecedente), pero tiene un estatuto especial dentro de los relativos, pues funcionalmente es un adjetivo determinativo: por eso algunos gramáticos lo denominan adjetivo relativo o determinante relativo.
Quizá esta extrañeza del término sea la que genera un punto de complicación en su utilización, y por eso el abandono a que nos referimos (también el dont francés y el whose inglés son palabras que presentan ciertas dificultades a sus usuarios).
Por aclarar su utilización, diremos que cuyo y sus variantes unen un antecedente con un sustantivo al que acompaña y actualiza (y con el que concuerda en género y número). Semánticamente expresa posesión del sustantivo actualizado por parte del antecedente. Veamos el ejemplo cervantino:
Cuyo actualiza al sustantivo nombre, de quien es determinante y con el que concuerda por tanto en género y número (en este caso, masculino y singular). Pero lo que expresa es que nombre pertenece a lugar, el antecedente. Se podría formular esta relación de posesión así, por medio de la preposición de:
No quiero acordarme del nombre del lugar.

Toda esta reflexión elegíaca sobre la decadencia del cuyo me la produjo el corregir un trabajo de un alumno de 2º de Bachillerato que, a pesar de estar bastante bien escrito en general, no utilizaba este relativo ni una sola vez, acudiendo al empleo de expresiones mucho menos fluidas desde luego (el cuyo es un término muy económico), pero también más feas (el socorridísimo que su), cuando no directamente incorrectas.
Son sus ejemplos (y algún otro con que me he topado corrigiendo exámenes) los que propongo, a manera de pasatiempo, para que se enmienden, empleando el relativo de marras. Las soluciones en un próximo post.


- pero aún me sorprendió más cuando utilizó una palabra de la que yo no conocía su significado: efímero.

- surgió el término lánguido, del cual desconocía su significado.

- Estaba viendo yo una interesante película, de la cual no recuerdo el nombre, cuando uno de sus personajes dijo:

- me limité a observar las exquisiteces realizadas por un cocinero, los platos del cual me gustaría probar algún día,

- el adjetivo con el que la he calificado, hipócrita, del que desconozco su significado,

- hay palabras que a lo largo de la historia varían su significado

- presuposiciones: son contenidos implícitos que su significado lo podemos deducir literalmente, textualmente del enunciado.

                         

Con ello doy fin a esta pequeña defensa del relativo cuyo, dejando la del lince ibérico a nuestro querido Fernando o a algún miembro del departamento de Ciencias Naturales.

              
     ( enero 2005)



SOLUCIONES a continuación

domingo, 1 de diciembre de 2013

La descripción: el Quijote, San Lucas y la Virgen María

"Dejamos al gran gobernador enojado y mohíno con el labrador pintor y socarrón, el cual, industriado del mayordomo, y el mayordomo, del duque, se burlaban de Sancho;"
Así comienza el capítulo 49 de la segunda parte del Quijote. El labrador de marras, que sepamos, no práctica el arte de la pintura. ¿Por qué, pues, le llama así el narrador?

domingo, 3 de noviembre de 2013

¿Desfacer entuertos o enderezar tuertos?

Nuestro español semiculto, cuando quiere hacer alarde de conocimientos y mostrar que ha leído la inmortal obra de Cervantes, apela a la fabla quijotesca y nos espeta un “desfacer entuertos” que nos deja atónitos. En la edición crítica con que el Instituto Cervantes celebraba el cuarto centenario de la publicación del Quijote, dirigida por Francisco Rico, se deja muy claro en la nota 2 de la página 34 que se trata de un error muy común, pues Cervantes jamás utiliza esa expresión, sino “enderezar tuertos”. Literalmente tuerto vale por “torcido” (por eso Don Quijote lo usa sobre todo con enderezar), en contraposición a derecho, y de ahí la relación con “desarreglos” e “injusticia”.
La primera vez que aparece el término tuerto en la obra es en un soneto de los preliminares (De Solisdán a Don Quijote de la Mancha), que en el verso 6 dice “pues tuertos desfaciendo habéis andado”. En el capítulo 19 es el propio Don Quijote quien proclama: “quiero que sepa vuestra reverencia, que soy un caballero de la Mancha, llamado Don Quijote, y es mi oficio y ejercicio andar por el mundo enderezando tuertos y desfaciendo agravios”. Encontramos por vez primera la pareja que tanto se va a usar en la novela, pero los tuertos se enderezan y los agravios se desfacen.

lunes, 28 de octubre de 2013

Una clave talmúdica del poema de Borges Los justos

LOS JUSTOS

Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

Jorge Luis Borges

En todo tiempo hay siempre treintaiséis justos sobre la faz de la tierra, cuando ellos desaparezcan el mundo acabará. No se conocen entre ellos y cuando uno de los justos muere es inmediatamente sustituido por otro. Se los representa como extremadamente modestos, humildes e ignorados por el resto de las personas.

Sanhedrín 97b, Sucá 45b, sobre los Tzadikim Nistarim (los justos)

viernes, 11 de octubre de 2013

El momento clave de Casa de muñecas

NORA (Con su ropa habitual):
Sí, Torvaldo, he vuelto a vestirme.
HELMER:
¿Y para qué?
NORA:
No pienso dormir esta noche.
HELMER:
Pero, querida Nora...
NORA (Mirando el reloj):
No es tarde todavía. Siéntate, Torvaldo, tenemos que hablar.
(Se sienta junto a la mesa).
HELMER:
Nora..., ¿qué significa esto? ¿Por qué estás tan seria?
NORA:
Siéntate. La conversación será larga. Tenemos mucho que decirnos.

jueves, 3 de octubre de 2013

Safo describe los efectos del amor

Me parece que es igual a los dioses
el hombre aquel que frente a ti se sienta,
y a tu lado absorto escucha mientras
dulcemente hablas
y encantadora sonríes. Lo que a mí
el corazón en el pecho me arrebata;
apenas te miro y entonces no puedo
decir ya palabra.
Al punto se me espesa la lengua
y de pronto un sutil fuego me corre
bajo mi piel, por mis ojos nada veo,
los oídos me zumban,
me invade un frío sudor y toda entera
me estremezco, más que la hierba pálida
estoy, y apenas distante de la muerte
me siento, infeliz.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Vamos al teatro: Casa de muñecas

Ya tenemos la reserva, para el 30 octubre, miércoles, a las 19 horas, en el Teatro Rialto.

Cuando Nora dice a su marido: "Siéntate, tenemos que hablar" comienza el teatro moderno. Eso sucedió cuando Henrik Ibsen (1828-1906) estrenó Casa de muñecas en 1879.
Fue la primera obra dramática de Ibsen que causó sensación. En la actualidad es quizá su obra más famosa y su lectura es obligatoria en muchas escuelas y universidades. Cuando Casa de muñecas se publicó generó gran controversia, ya que critica fuertemente las normas matrimoniales del siglo XIX. Aunque Ibsen negó que su obra fuera feminista, es considerada por muchos críticos como la primera verdadera obra teatral feminista.
Su estreno supuso un escándalo por la forma en la que la obra presentaba la familia tradicional y patriarcal, exhibiendo la falsedad de sus convenciones y la sumisión de sus miembros en torno a la figura del esposo. La puesta en escena de las miserias de la familia europea de la época victoriana expuesta sin tapujos causó malestar en su día y aunque hoy día la obra no pueda percibirse del mismo modo, la defensa de la libertad y de la verdad que esgrime Ibsen sigue absolutamente vigente.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Magias parciales del Quijote (2): La Ilíada de la caja

Leyendo recientemente el capítulo VI de la Primera Parte del Quijote, que trata “Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo”, me encontré con el siguiente pasaje:

Y abriendo otro libro, vio que era Palmerín de Oliva, y junto a él estaba otro que se llamaba Palmerín de Inglaterra, lo cual, visto por el licenciado, dijo: esa oliva se haga luego rajas y se queme, que aun no queden de ella las cenizas, y esa palma de Inglaterra se guarde y se conserve como cosa única, y se haga para ella otra caja como la que halló Alejandro en los despojos de Darío, que la diputó para guardar en ellas las obras del poeta Homero.

Me generó bastante curiosidad la susodicha caja y empecé a investigar a qué tradición antigua remite la alusión cervantina. Tratando de Alejandro Magno, era lógico buscar en la parte a él dedicada en las Vidas paralelas, de Plutarco. Y encontré el pasaje siguiente:

Tengo por cierto haber sido también Aristóteles quien principalmente inspiró a Alejandro su afición a la Medicina, pues no sólo se dedicó a la teórica, sino que asistía a sus amigos enfermos y les prescribía el régimen y medicinas convenientes, como se puede inferir de sus cartas. En general, era naturalmente inclinado a las letras, a aprender y a leer; y como tuviese a la Ilíada por guía de la doctrina militar, y aun le diese este nombre, tomó corregida de mano de Aristóteles la copia que se llamaba La Ilíada de la caja, la que, con la espada, ponía siempre debajo de la cabecera, según escribe Onesícrito.

Indagando un poco más me topé con una obra pictórica que maneja ese motivo clásico que debemos a Plutarco y que Cervantes recuerda (en el s. XVI español se hicieron un par de traducciones de las Vidas paralelas, que Cervantes debió conocer como las conocía Shakespeare). Se trata de La apoteosis de Homero, de Jean Auguste Dominique Ingres. En ella vemos cómo, ante un templo griego, en una obra militantemente clasicista, de concepción claramente simétrica, una Fama alada corona a Homero, a cuyos pies podemos observar dos figuras alegóricas que representan sus dos obras mayores, la Ilíada, con una túnica roja y una espada a su lado, y la Odisea, con una túnica verde y una lanza. En torno a ellos podemos reconocer un gran número de retratos de grandes figuras de los tiempos antiguos y modernos que honran al vate ciego de mirada perdida. Por debajo, a nuestra izquierda, mirándonos y señalando la escena, el pintor Poussin. Detrás de él Cervantes y Shakespeare juntos (al cisne de Avon sólo se le adivina medio rostro).Sobre Cervantes, Dante, que lleva un gorro de color rojo –como su capa- y parece ofrendar su Divina Comedia al insigne griego. Le conduce Virgilio, que le pasa el brazo por la espalda, como lo hará también en su célebre viaje por el Infierno, Purgatorio y Paraíso. Junto a Virgilio, el pintor Apeles, con túnica azul, lleva de la mano a Rafael. El trágico Esquilo le presenta un rollo de pergamino y Herodoto, la cabeza cubierta para hacer sacrificios, quema incienso. En el poeta laureado de tocado azul que asoma el rostro junto al hombro derecho de Homero creo reconocer a Petrarca.
Ya en la otra parte, a nuestra derecha vemos a Píndaro, que le ofrece su lira. A Fidias que hace lo mismo con sus instrumentos de esculpir. Detrás de Fidias, muy juntos, Sócrates, pensativo, Platón, con barba blanca y Aristóteles, junto a Alejandro Magno, su discípulo. Debajo aún podemos reconocer a Molière, que nos mira y porta una máscara en sus manos. Y Miguel Ángel que observa la escena para esbozar un dibujo de ella.
Pues bien, el joven Alejandro Magno, que se cubre con un peto y casco militar, presenta en su mano derecha una caja dorada e historiada. Ya sabemos lo que hay en esa caja: la Ilíada, del homenajeado Homero, anotada nada menos que por Aristóteles, el mayor crítico literario de la Antigüedad.

Cuando en “El espejo y la máscara”, de Borges, que leeremos a final de curso, el rey le dice al poeta, tras elogiar enormemente su obra: “Un cofre de marfil será la custodia del único ejemplar.” No será difícil reconocer el motivo de la Ilíada de la caja detrás de esa promesa.

Umberto Eco montó su magnífica novela El nombre de la rosa a partir de una alusión que hace Aristóteles en su Poética (donde teoriza la epopeya y la tragedia), en que afirma que piensa escribir también sobre la comedia. ¿Qué podría hacer un narrador dotado de portentosa imaginación con nuestro motivo de la caja? Me gustaría poder pensarlo.

lunes, 16 de septiembre de 2013

¿En qué se parecen Amadís de Gaula y Josep Guardiola?

En el capítulo 11 del Libro 3 de Amadís de Gaula, nuestro héroe se encuentra con una doncella:
"La doncella hablaba en alemán, pero él entendió muy bien porque en todas partes procuraba aprender las lenguas."
Imitemos a Amadís y a Guardiola.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Peruanismos en Conversación en La Catedral, de Vargas Llosa

Desde las primeras páginas, el lector que se acerca a Conversación en La Catedral, de Mario Vargas Llosa (1969), percibe que se halla delante de un verdadero monumento literario. Una obra “para armar”, que exige un lector muy participativo, pero con un sistema constructivo manejado con una inteligencia y precisión asombrosas. El estilo del joven Vargas Llosa, con una eficaz sinfonía de voces narrativas (estilo indirecto, directo e indirecto libre, que se mezclan sin solución de continuidad; diálogos acronológicos…) resulta envolvente para el lector que queda atrapado cuanto hechizado en el complejo mundo que rodea a Santiago Zavala, Zavalita.
Con solo un cuarto de novela leída por el momento, he decidido traer al ciberespacio un breve glosario de peruanismos o americanismos presentes en la obra y que, a veces, pueden entorpecer ligeramente la marcha de lectura al lector peninsular. Como he buscado por la web un glosario de este tipo y no lo he encontrado, me decido yo mismo a colgar en este blog el que he hecho, sin la menor precisión científica (no distingo si son peruanismos o americanismos en general, si son jergales, despectivos, etc.), solamente con el propósito de que sean una pequeña ayuda a quien se lance en la fascinante aventura de leer esta magna novela.
Conforme avance en la lectura retocaré el post para introducir nuevos peruanismos que aparezcan.

N.B. Novela terminada (novelón), listado concluido.


- almuerzo: comida de mediodía.
- apanado: empanado, rebozado con pan rallado.
- arranchar: quitar violentamente a alguien algo.
- arrecharse: enojarse.
- bachiche: inmigrante italiano.
- botar: echar, tirar.
- bulín: casa de citas, burdel.
- cachaco: militar o policía.
- cachar: practicar el coito, copular.
- cachascán: lucha libre.
- cachero: persona que mantiene relaciones sexuales (=cachar) con alguien.
- cachuelero: chófer.
- cafiche: proxeneta.
- calatear: desnudar.
- calato: desnudo.
- canchero: ducho, experto en algo.
- canillita: vendedor callejero de periódicos.
- carcocha: coche viejo.
- chacra: alquería o granja.
- chancar: empollar, estudiar con ahínco.
- chance: oportunidad.
- chancho: cerdo (fig. hucha o alcancía).
- chapar: agarrar.
- chaucito: adiosito (de ciao).
- chaveta: cuchillo pequeño.
- chicha: bebida alcohólica.
- chifa: restaurante de comida china.
- chilcanito: cóctel hecho a base de pisco y ginger ale.
- chingana: tabernucha.
- chicharrones: torreznos.
- cholo: mestizo de sangre europea e india.
- chompa: jersey.
- chueco: torcido, defectuoso.
- chupe: guisado de patas en caldo, con carne o pescado, etc.
- cocacho: coscorrón.
- cojudo: tonto, bobo.
- colectivo: autobús.
- colerones: disgustos, enfados.
- comer: cenar. (“desayuno, almuerzo y comida” es el equivalente latinoamericano a nuestro “desayuno, comida y cena”).
- conchudo: sinvergüenza, caradura.
- cumpa: compadre, amigo de gran confianza.
- dar bola: hacer caso.
- disfuerzo: exageración.
- estar de candela: muy bueno, magnífico.
- estar parado: estar de pie.
- fachoso: vistoso, llamativo.
- flojera: pereza, dejadez.
- fregarse: joderse, fastidiarse.
- galpón: cobertizo grande, almacén.
- gallinazo: zopilote, ave de rapiña.
- garúa: llovizna, sirimiri o calabobos.
- huachafo: cursi, ridículo.
- huacho: décimo de un billete de lotería.
- huayco: masa enorme de lodo y peñas que por las lluvias torrenciales se desprende.
- jalar: suspender.
- jopo: flequillo.
- lisuras: palabras o acciones groseras.
- maceteado: robusto.
- manejar: conducir (un automóvil).
- mazamorra: mezcolanza, revoltillo.
- merengue: desorden, lío, trifulca.
- muñequearse: ponerse nervioso, intranquilo.
- palomilla: muchacho travieso y callejero.
- paradero: parada de autobuses y tranvías.
- patota: grupo de amigos.
- pericotes: ratones (fig. opositores al régimen).
- pichicatero: drogadicto.
- pichula: pene.
- pintón: guapo, atractivo.
- pisco: aguardiente de uva.
- plata: dinero.
- polilla: prostituta.
- poto: nalgas.
- prestarse: tomar prestado.
- pucho: colilla.
- pulpería: taberna.
- quena: flauta del altiplano peruano.
- rabanitos: comunistas.
- recibirse: graduarse.
- réferi: árbitro.
- requintar: protestar.
- resondrar: reconvenir.
- rocoto: fruto grande, de color rojo, muy picante.
- rulero: rulo.
- sambo: negro oscuro; o mestizo de negro e indio.
- sebiche: plato de pescado o marisco macerado en limón.
- sonso: tonto.
- soroche: mal de montaña.
- tomar: beber alcohol.
- truquero: mentiroso, tramposo.
- vereda: acera.
- virolo: bizco.
- voltear: girar.
- yobimbina: (yohimbina) compuesto farmacológico estimulante de la actividad sexual.
- zangoloteo: movimiento brusco de algo.


domingo, 25 de agosto de 2013

Una cucharadita de Valéry

Valéry, ese símbolo de la inteligencia (Borges dixit), en estado puro:

Este ejercicio con lo informe [se refiere a tratar de ver y reproducir un pañuelo arrugado sobre una mesa] enseña entre otras cosas a no confundir lo que se cree ver con lo que se ve. Hay una especie de construcción en la visión de la que nos hemos dispensado gracias a la costumbre. En general adivinamos o prevemos más que vemos, y las impresiones del ojo son para nosotros signos en vez de presencias singulares, anteriores a todos los arreglos, resúmenes, abreviaturas y sustituciones inmediatas que la educación temprana nos ha inculcado.
Así como el pensador trata de defenderse contra palabras y frases hechas que dispensan a los espíritus de asombrarse por todo y hacen posible la vida práctica, el artista también puede tratar de encontrar mediante el estudio de cosas informes, es decir, de forma singular, su propia singularidad y el estado primitivo y original de coordinación entre su ojo, su mano, los objetos y su voluntad.

Paul Valéry: "Degas, danza, dibujo", en Piezas sobre arte.

martes, 6 de agosto de 2013

Revisión de filmes: las películas habitables

Mala señal en cuanto a dotes de visión cinematográfica muestra la persona que, ante la propuesta de contemplación de una película, te dice: “Esa ya la he visto”. Como si se tratara de un helado, que una vez engullido no se puede volver a comer. Los filmes son obras de arte (cuando lo son) y, como tales, toleran repetidas visiones. Como las pinturas. Cada vez que voy al Museo del Prado voy siempre a ver los Velázquez. Y de paso veo alguna sala diferente: Velázquez y Goya, Velázquez y la pintura barroca española, Velázquez y los primitivos flamencos, and so on.
Es célebre la frase de R. W. Fassbinder en que reconocía haber visto 40 veces “Vivir su vida” de J. L. Godard. Y no me parece una exageración. El caso es que hay películas que se ven muchas veces. Pero yo distinguiría tres categorías.
En primer lugar las que se ven repetidas veces por motivos que podríamos considerar laborales. En mis muchos años de profesor de la asignatura de Medios audiovisuales he visto multitud de veces películas como Tiempos modernos, de Chaplin, Casablanca o El nombre de la rosa. En mis clases de Literatura es habitual, al llegar a las vanguardias, contemplar Un perro andaluz, de Buñuel.
La segunda categoría es la de las obras maestras (algunas del apartado anterior lo son). Con esas pasa como con las pinturas de Velázquez: uno no se cansa de verlas y siempre aprende algo o ve en ellas algo nuevo. Películas como Ciudadano Kane, de Welles, El séptimo sello, de Bergman, La gran ilusión, de Renoir, Amanecer, de Murnau, El hombre que mató a Liberty Valance, de Ford, y tantísimas otras.
Pero de las que quería hablar hoy es de otra categoría, a las que llamaría películas habitables. Con ese término me refiero a esas películas que uno ve una y otra vez (cada año o cada dos años), pero por motivos estrictamente privados. Porque tocan una fibra particular del sujeto espectador. No tienen que ser necesariamente obras maestras (aunque muchas lo son), pero el asiduo culto que les dedicamos responde a causas de índole puramente personal. Son estas las que denomino películas habitables, porque en ellas nos sentimos como en casa. Tenemos un particular placer de estar en ellas. Supongo que es una relación como la que se tiene con el mito particular (el preferido) de cada persona: “dime cuál es tu mito personal y te diré quién eres”: la bajada de Orfeo a los infiernos, la expulsión del Paraíso, los amores de Hero y Leandro…
En mi caso algunas de mis películas habitables las firma Woody Allen (Manhattan, Annie Hall, Otra mujer…), otras son auténticos clásicos (El hombre tranquilo, el idilio irlandés de John Ford), las hay europeas (En el curso del tiempo, de Wenders, La piel suave, de Truffaut), orientales (El retrato de madame Yuki, de Mizoguchi o Los siete samurais, de Kurosawa), cubanas (Memorias del subdesarrollo, de Gutiérrez Alea) o incluso españolas (Arrebato, de Zulueta).
De la misma manera que hay películas habitables, cabría hablar de las inhabitables. Esas películas que gozan de cierta reputación, pero que la mirada no encuentra en ellas asidero como para sentirse en casa y que, por tanto, padecemos al verlas o, más sencillamente, preferimos no ver. (Aquí podrían entrar, en mi caso, las de Tarkowski o Tarantino, por poner dos ejemplos de cineastas absolutamente diferentes. Ni que decir tiene que las del manchego Almodóvar entran de lleno en esta categoría.)

martes, 2 de julio de 2013

Figuras retóricas: alegoría

Sabemos que una alegoría es, como a veces se la denomina, una metáfora continuada, o mejor dicho, una serie de metáforas interrelacionadas, una serie de términos imaginarios que remiten, uno a uno, a términos de la realidad.
Para ejemplificar esta figura vamos a traer una muy sencilla que utiliza  Pérez Galdós, en Fortunata y Jacinta.
 Doña Desdémona, esposa del comadrón Francisco de Quevedo (así se llama el personaje, qué le vamos a hacer), quiere enviar a Doña Lupe, tía de Maxi (Maximiliano Rubín), y a través de Maxi, la noticia de que Fortunata, su adúltera esposa ya fuera del hogar, acaba de parir. Como todos tienen a Maxi por loco (y desde luego no está en su sano juicio) se atreven a utilizarlo como mensajero:
 “Hágame el favor de decirle a Lupe que la pájara mala sacó pollo esta mañanaUn polluelo hermosísimo… Con toda felicidad…”
Dos páginas después, asistimos a este pasaje: “Lo primero en que Doña Lupe puso su atención inteligente fue en la cara del joven al dar el recado, y se pasmó de su impavidez a pesar de que demostraba penetrar el sentido recto de la alegoría empleada por la señora de Quevedo.”
El propio autor explicita la figura retórica que ha empleado Doña Desdémona (alegoría) y distingue entre sentido figurado (la serie de metáforas) y sentido recto (la realidad a que remite la alegoría). A nosotros, como ya hizo Maxi, nos toca realizar la ecuación entre los términos imaginarios y los reales: “la pájara mala” (T.I) = Fortunata (T.R); “sacó polluelo” (T.I) = ha parido un niño (T. R).
Otra muy sencilla es la alegoría que utiliza Jorge Manrique en su copla tercera (a la muerte de su padre): “Nuestras vidas (T.R) son los ríos (T.I) / que van a dar en la mar (T.I) / que es el morir (T.R)”. Donde aparecen tanto los términos imaginarios (indispensables en toda alegoría) como los reales (opcionales).
Es curioso que Fortunata, cuya ignorancia es casi proverbial, parezca haber leído a Manrique, pues cuando está muriéndose suelta lo siguiente en su monólogo interno: "Me muero; la vida se me corre fuera, como el río que va a la mar."
Estas son alegorías breves, de un par de metáforas interrelacionadas. La alegoría más célebre y elaborada de la literatura española se la debemos a Gonzalo de Berceo: es la que aparece como introducción a los Milagros de nuestra señora.

sábado, 22 de junio de 2013

Una anécdota de Juan Benet

Corría el verano de 1984 y asistía a un curso sobre “Edad Media y Literatura Contemporánea” de la U.I.M.P. que, en el Palacio de la Magdalena, dirigía Francisco Rico. Juan Benet era uno de los invitados y presentó una ponencia que tenía mucho de boutade y provocación. Pero además daba una charla o participaba en una mesa redonda en la sala grande del palacio. Acudió con un bigote faulkneriano que hasta entonces no le había visto y con el que aparece en muchas fotos posteriores. Yo, que me preciaba de osado e ingenioso, cuando llegó el momento de que pudiera hablar el público participante, quise preguntarle si ese blanquecino mostacho que lucía era otra forma de homenaje a su escritor predilecto, pero había oído hablar de la mordacidad de Benet y no me atrevía a retarlo en un terreno tan freudianamente personal. Así que me mordí la lengua y mi duda no llegó a alzarse hasta la tarima. No me arrepentí de ser prudente, pues minutos después, una joven estudiante, ingenua y desafortunada, le espetó:
- ¿Qué opina, señor Benet, de la nomenclatura novela histórica?
El escritor dudó un instante:
- ¿Nomenclatura?... ¿Novela histórica?... Tiene que haber páginas.
Por una injusticia de la indiferente naturaleza la tierra no se abrió para recibir en su seno a la desventurada señorita, con el rojo de cuyas mejillas se podría haber pintado con creces el salón grande en que transcurría el acto.

lunes, 17 de junio de 2013

Oraciones simples para setiembre. 3º ESO

1. El azar es casi siempre favorable al hombre prudente.
2. Los conquistadores juzgaban inhóspitos aquellos parajes.
3. ¿En qué academia os preparan para la Selectividad?
4. A ese profesor no le gusta el comportamiento de sus alumnos.
5. El examen de Matemáticas se lo repetirá el profesor a sus alumnos.
6. ¿Será reivindicada por los sindicatos la reducción de la jornada laboral?
7. Los incidentes fueron provocados por varios encapuchados.
8. Esa mujer llevaba deformados los zapatos.
9. Raíz de todos los males es la avaricia.
10. A tu compañero de clase se le entregará el certificado mañana por la mañana.
11. El acusado escuchó impasible la sentencia.
12. Te espero a las siete en la puerta de mi casa.
13. He visto deprimido a tu amigo Jorge.
14. Confia en tus posibilidades.
15. La cabina telefónica ha sido destrozada por unos desconocidos.
16. Hubo muchos invitados al convite de la boda del futbolista.
17. El éxito de tu examen dependerá de tu implicación en los estudios.
18. Se estudia muy poco en los meses de verano.
19. Los corredores llegaron exhaustos al final de la carrera.
20. Dáselo ya.

En el link "Sintaxis" hay ejemplos de oraciones resueltas.

domingo, 9 de junio de 2013

El perfeccionismo artístico de Flaubert

En Madame Bovary Flaubert quiso lograr lo que nadie había imaginado antes que él, una prosa que tuviera un grado máximo de control e intensidad, al mismo tiempo limpia y flexible, tan objetiva como un informe científico, tan soberana y completa en su significado como una ecuación matemática. En una carta dice que una metáfora ha de aspirar a la precisión de la geometría. En la generación anterior a la suya, Balzac y Stendhal habían escrito novelas atropelladas de peripecias en las que la narración quedaba interrumpida casi a cada párrafo por los comentarios en primera persona del autor. En una carta Flaubert explica, célebremente, su ideal inverso: que el autor sea tan omnipresente pero tan invisible entre sus personajes como Dios entre sus criaturas. Balzac y Stendhal podían escribir una novela completa en unas semanas, a la velocidad risueña a la que componían Mozart o Rossini. Uno de los atractivos casi perversos de la correspondencia de Flaubert es seguir paso a paso la escritura lentísima de Madame Bovary, que se prolonga a lo largo de cinco años y centenares de cartas. No existe otro monumento como ese al oficio de la literatura: la soledad de cada día, la paciencia obstinada, la vigilancia cuidadosa de cada palabra, el corregir y tachar, copiar de nuevo, volver sobre lo escrito, sin permitirse ninguna indulgencia, prefiriendo, dice Flaubert, “rabiar como un perro” antes que dar por hecha una frase apresurada, antes de que un párrafo alcance su plena maduración.

Antonio Muñoz Molina: "Literatura de insomnio", Babelia, 8-6-2013

lunes, 3 de junio de 2013

Un poema para despedir a los de 2º Bachillerato


Un soneto me manda a hacer Violante / que en mi vida me he visto en tal aprieto…
Sin duda así es como debo iniciar esta presentación, pues, cuando ayer tarde, Angels, que no Violante, me sugirió que podía buscar un texto que sirviera de despedida a los alumnos de 2º de Bachillerato, enseguida le dije que sí, que sin problema, pues que estaba acostumbrado a sacar de mi archivo mental textos de diversa peladura para cualquier acto, ceremonia o celebración.
No sabía yo que acababa de meterme en un brete y que los problemas no habían hecho más que comenzar.
Llego a casa y al ponerme a pensar en la tarea me doy cuenta de que conozco cientos de poemas, la mayor parte de amor o deseo, otros dedicados a la muerte de su padre o de un amigo con quien tanto se quería, llantos por toreros o incluso por alcahuetas, poemas a la noche serena, a la vida retirada, a los pecados capitales, a los zapatos viejos (como el cuadro de Van Gogh) o incluso al cubo de la basura. Pero no hay poemas dedicados a grupos de muchachos que se gradúan, o si los hay, yo no los conozco.
Para más INRI el poema que mejor encajaría en esta situación, y que es el primero en que pienso, el Ítaca de Kavafis que tan bien cantó Lluis Llach, lo recitó inmejorablemente Elvira en la graduación anterior y, si bien no tengo el prurito de la originalidad, tampoco querría pasar por un plagiario.
Mi esposa, a quien confío mi desesperada situación, me cuenta que hace algunos años, cuando ella tenía que hacer el discurso de despedida, yo le sugerí al instante un poema que resultó adecuado. Pero ni ella se acuerda del poema ni yo tengo la memoria tan ágil como entonces.
Me meto en la biblioteca y venga a buscar textos: que si los consejos de Polonio a su hijo Laertes cuando se marcha a Paris, pero no voy a asumir la voz de un cortesano algo casquivano; que si los de don Quijote a Sancho cuando se va a gobernar la ínsula de Barataria, pero estos jóvenes no van a gobernar ningún estado (bastante harían con gobernar sus vidas); un texto de Gracián en el Criticón que es todo un programa de vida (La culta repartición de la vida de un discreto): mi esposa me advierte de que esa prosa del barroco tan extremadamente conceptista resultará casi ininteligible o cuando menos somnífera; los pocos poemas que sobre el tema de la educación conozco se refieren más al maestro que al alumno en sí…
Cuando ya empiezo a estar desesperado del todo, y estoy dispuesto a recurrir a Borges, aunque el conjetural poema trate de una batalla en el sur de Argentina durante el siglo XIX… de repente se hace la luz y recuerdo aquel poema que recomendé en su día. Se trata de IF, de Rudyard Kipling, y es una exaltación del joven que asume con honestidad e intrepidez la tarea de vivir su vida con autenticidad. Creo que no es mala elección para dedicárselo a estos jóvenes que terminan su periplo escolar en nuestro centro y habrán de afrontar con valor la navegación por las procelosas aguas de la edad adulta.

Oigamos a Kipling (solo pido a las chicas que en el hombre del último verso se sientan también incluidas; no querría verme acusado de políticamente incorrecto o de no respetar las cuotas de género):


Si  (Rudyard Kipling)
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Si puedes conservar la cabeza cuando a tu alrededor
todos la pierden y te echan la culpa;
si puedes confiar en ti mismo cuando los demás dudan de ti,
pero al mismo tiempo tienes en cuenta su duda;
si puedes esperar y no cansarte de la espera,
o siendo engañado por los que te rodean, no pagar con mentiras,
o siendo odiado no dar cabida al odio,
y no obstante no parecer demasiado bueno, ni hablar con demasiada sabiduria...
Si puedes soñar y no dejar que los sueños te dominen;
si puedes pensar y no hacer de los pensamientos tu objetivo;
si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso
y tratar a estos dos impostores de la misma manera;
si puedes soportar el escuchar la verdad que has dicho:
tergiversada por bribones para hacer una trampa para los necios,
o contemplar destrozadas las cosas a las que habías dedicado tu vida
y agacharte y reconstruirlas con las herramientas desgastadas...
Si puedes hacer un hato con todos tus triunfos
y arriesgarlo todo de una vez a una sola carta,
y perder, y comenzar de nuevo por el principio
y no dejar de escapar nunca una palabra sobre tu pérdida;
y si puedes obligar a tu corazón, a tus nervios y a tus músculos
a servirte en tu camino mucho después de que hayan perdido su fuerza,
pero no la Voluntad que les dice "!Continuad!".
Si puedes hablar con la multitud y perseverar en la virtud
o caminar entre Reyes y no cambiar tu manera de ser;
si ni los enemigos ni los buenos amigos pueden dañarte,
si todos los hombres cuentan contigo pero ninguno demasiado;
si puedes emplear el inexorable minuto
recorriendo una distancia que valga los sesenta segundos
tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y lo que es más, serás un hombre, hijo mío.

domingo, 26 de mayo de 2013

Fin de curso Literatura Universal 2012-2013

Terminamos el curso y casi se me ocurre citar al Ovidio del final de Las metamorfosis, “Y ya he dado fin a una obra, que no podrán aniquilar…” Y es que junto al programa de rigor (muy coherente, con sus lecturas de Edipo Rey, La Divina Comedia, Hamlet, Madame Bovary, Las flores del mal y La metamorfosis –en singular, la de Kafka) me vienen ahora a la memoria todas las lecturas tangenciales que hemos ido haciendo a lo largo del curso. Ya os dije: no os preparo para aprobar un examen, sino para que os hagáis un concepto algo consistente de lo que es la literatura universal. Así recuerdo ahora la despedida de Héctor y Andrómaca (y la del Cid y doña Jimena); el lecho conyugal que forja Ulises sobre las raíces de un árbol; la entrada en el infierno de Eneas (oscuri ibant sola sub nocte per umbram, verso que amaba Borges); el Carpe diem horaciano; a Jesús caminando sobre las aguas del mar y diciéndole a Pedro aquello de “hombre de poca fe”; el licencioso Boccaccio instando a encerrar el diablo en el infierno; el brujo postergado de nuestro Don Juan Manuel en versión del argentino universal; los poemillas de amor cortés y los sonetos de Quevedo (ejemplos de petrarquismo y su parodia); aunque, si de parodia del petrarquismo hablamos, ninguna como la del insigne manco en su descripción de la belleza de Dulcinea, de quien también leímos cómo encuentra el manuscrito de Cide Hamete Benengeli; los ilustrados no dejaron de comparecer, aunque sólo fuera bajo la forma de la “Defensa de las mujeres” de Feijóo; ni tampoco los románticos, en su vertiente grandilocuente y exhibicionista (la Jarifa de Espronceda), o en la intimista de Keats y su urna griega (“La belleza es verdad y la verdad belleza, es todo cuanto sabes en la tierra y cuanto necesitas saber”); luego con el realismo nos acercamos al idilio roto de la Cordera clariniana; y con el simbolismo, al durmiente del valle, de Rimbaud, o a la apuesta musical de Verlaine (“De la musique avant toute chose”); incluso trajimos a clase el decadentismo de Huysmanns, antes de meternos en el siglo XX con Joyce y su stream of consciousness; Faulkner y su “tale told by an idiot full of sound and fury signifying nothing”; Hemingway con su thing left out, que convierte sus relatos en icebergs; el surrealismo neoyorkino de Lorca o el amatorio de Aleixandre; la cantante calva o los rinocerontes, de Ionesco, junto a los vagabundos de Beckett que, bajo un árbol de postrimerías, esperan a Godot. Todavía cerramos con los latinoamericanos y Borges nos advirtió en “El espejo y la máscara” de los peligros que acometen a quien se deja atrapar en el engañoso paraíso de la literatura, como casi le ocurre a Dante, que no quería abandonar el Purgatorio y acceder al Paradiso, para seguir hablando con Estacio… de literatura.
Aquí lo dejamos. Creo que el viaje mereció las alforjas que llevábamos y más que hubiéramos tenido. Nulla dies sine linea.
                       

lunes, 20 de mayo de 2013

Sancho Panza en la Ínsula de Barataria

Así se despide Sancho, tras su accidentado gobierno en la Ínsula de Barataria, de sus súbditos. Son palabras de un hombre honesto y un espejo en el que muchos gobernantes de los tiempos que corren deberían mirarse. (El texto corresponde a la versión teatral del episodio que Alejandro Casona incluye en su Retrablo jovial)

SANCHO.- (Después de una pausa, con una tranquila tristeza.) Digo, señores, que si así es el oficio de gobernar, no es el hijo de mi madre el que nació para esto. (Comienza a despojarse de sus insignias.) Si he de mandar ejércitos y velar sobre las armas, y sentenciar pleitos a todas horas para que la una parte se vaya contenta y la otra me saque el pellejo, y vivir con el temor de que me maten enemigos a los que nunca ofendí, y no comer ni beber vino como manda ese médico verdugo.... si todo eso es gobernar, quédense aquí mis llaves y mis galas, y tómelas el que quiera. A mi trabajo y a mi tierra me vuelvo; que más quiero vivir entre mantas que no morir entre holandas. Devuélvanme mi pollino, mi único amigo fiel,  del que no pienso volver a separarme más. Y si algo merezco por lo que hice, sólo pido a vuestras mercedes que me den medio pan y medio queso, que yo comeré de camino a la sombra de una encina mejor que comí en palacio entre manteles brocados. (Al público.) Y a vosotros, ciudadanos de esta ínsula Barataria, adiós. Si no os hice mucho bien, tampoco quise haceros mal. Nadie murmure de mí, que fui gobernador y salgo con las manos limpias. Desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano. Adiós, señores.

martes, 14 de mayo de 2013

and the winner is...

   Fallo del XXVII Concurso Literario. Dpto. de Castellano I.E.S. Ramón Llull.


Reunidos los miembros del Dpto. de Castellano el martes 14 de mayo de 2013, tras la lectura en común de las redacciones seleccionadas y la deliberación consiguiente, hemos decidido declarar premiados los siguientes trabajos (debido a la alta calidad de los finalistas hemos propuesto también un par de menciones, que recibirán como premio un lote de libros):


            Categoría A  (1º, 2º y 3º ESO):

1º Premio: Begoña Contell Gonzalo, 2º ESO B                    (50 €)

2º Premio: Marcos Cubells, 3º ESO A                                  (30 €)

Mención Honorífica: Helena Bailach,   2º ESO A
  (lote de libros)




         Categoría B  (4º ESO, 1º y 2º Bchto)

1º Premio: Nahuel Pinto, 4ºESO  A    
    (50 €)

2º Premio: Elisabet Pérez Heredia, 4º ESO A
   (30 €)

Mención Honorífica: Luis Manglano Flores, 4º A 
(lote de libros)   

Los premios se entregarán en el acto de entrega de orlas que tendrá lugar el 20 de junio de 2013. Los trabajos premiados serán publicados en la Revista Digital del Centro.



                                     Jefe de Dpto. de Castellano

                                          Carlos Campa Marcé


                       

lunes, 29 de abril de 2013

Otra historia de números y plazos

La incluye Roland Barthes en Fragmentos de un discurso amoroso:

Un mandarín estaba enamorado de una cortesana. "Seré tuya, dijo ella, cuando hayas pasado cien noches esperándome sentado sobre un banco, en mi jardín, bajo mi ventana". Pero la nonagesimonovena noche, el mandarín se levanta, toma su banco bajo el brazo y se va.

jueves, 25 de abril de 2013

Una historia zen que trae John Cage en su libro SILENCIO

En Japón, un joven organizó sus asuntos para poder viajar a una isla lejana con el fin de estudiar con cierto maestro durante un periodo de tres años. Al final de los tres años, como no creía haber logrado nada, se presentó al maestro y le anunció su marcha. Este le dijo: “Has estado aquí tres años. ¿Por qué no te quedas tres meses más?” El estudiante aceptó, pero al final de los tres meses no creía haber hecho avance alguno. Cuando le dijo otra vez al maestro que se marchaba, éste le replicó: “Mira, has estado aquí tres años y tres meses. Quédate tres semanas más”. El estudiante lo hizo, sin éxito. Cuando le contó al maestro que no había sucedido absolutamente nada, éste dijo: “Has estado aquí tres años, tres meses y tres semanas. Quédate tres días más y si al final de ese tiempo no has sido iluminado, suicídate”. Hacia el final del segundo día el estudiante fue iluminado.

jueves, 11 de abril de 2013

DPTO. CASTELLANO - CONCURSO LITERARIO

DEPARTAMENTO DE LENGUA CASTELLANA Y LITERATURA

XXVII CONCURSO LITERARIO


El Departamento de Lengua Castellana y Literatura, en colaboración con el AMPA, convoca a todo el alumnado del IES Ramon Llull a participar en un Concurso Literario con motivo del Día del Libro 2013, para fomentar la expresión escrita y la creación de textos originales, con arreglo a las siguientes

BASES:

1.- Puede participar todo el alumnado oficial del centro, dividido en dos categorías:

- Categoría A: alumnado de 1º, 2º y 3º de ESO.
- Categoría B: alumnado de 4º de ESO y 1º y 2º de Bachillerato.

2.- Tema: los concursantes escribirán en la Biblioteca a partir de un tema o motivo, diferentes para cada categoría, que les proporcionarán los profesores del Departamento de Castellano.

3.- Modalidades textuales: redacción en prosa, que podrá presentar la forma de narración breve o ensayo.

4.- La Prueba se llevará a cabo, en convocatoria única, en la biblioteca del centro, el miércoles día 24 de abril de 2013, a las 13 horas.

5.- Premios del XXVII Concurso: dos premios para cada categoría: 1º, de 50 euros; 2º, de 30 euros, dotados por el AMPA, que se entregarán dentro de las actividades de Fin de Curso.

6.- El fallo del jurado, compuesto por profesores del Departamento de Castellano, será
inapelable.

7.- Las obras premiadas se editarán en la revista digital del centro.


Departamento de Castellano
Valencia, 9 de abril de 2013

domingo, 24 de marzo de 2013

Una pequeña perfidia del Baudelaire traductor (Crítica hidráulica 1)


El lector que, tan asombrado cuanto maravillado, transita el poema "Le voyage" de Las flores del mal, queda fascinado cuando Baudelaire propone la siguiente imagen de la vida humana:

Le monde, monotone et petit, aujourd´ hui,
Hier, demain, toujours, nous fait voir notre image:
Une oasis d´horreur dans un désert d´ ennui!

Este último verso, de una contundencia  tremenda, resulta típicamente baudelairiano: la perfecta estructura bimembre cerrando la estrofa, la brevísima alegoría que conforman las imágenes empleadas (oasis-desierto), la inversión del tono positivo de la primera imagen a través del complemento (oasis d´horreur), etc.

Y, sin embargo, tan deslumbrante proceder imaginístico no le pertenece del todo. Hay que retroceder hasta E.A.Poe para ver el camino que conduce a este verso.

En "William Wilson", a poco de comenzar el relato, nos encontramos con que el narrador reclama la simpatía de sus semejantes de la siguiente manera:

I would wish them to seek out for me, in the details I am about to give, some little oasis of fatality amid a wilderness of error.

Lo curioso es que Baudelaire traduce este pasaje al francés de la siguiente manera:

Je désirerais qu´ils découvrissent pour moi, dans les détails que je dois leur donner, quelque petite oasis de fatalité dans un Sahara d´erreur.

La metonimia (“Sahara” en lugar de “desierto”, que sería más precisa traducción de “wilderness”), en mi opinión, le quita fuerza a la relación de imágenes. Es como si la diluyera un poco al emplear términos no del todo equivalentes (nombre común/ nombre propio) y le restara algo de la enorme coherencia que tiene en el original. Coherencia que, por supuesto, no se le escapaba a Baudelaire, pero que había decidido emplear en su provecho personal, es decir, en su poema. Esta es la pequeña perfidia del traductor, más tradittore  que nunca en esta ocasión. Porque, además, estaba traicionando a un amigo, son semblable, son frère.

Julio Cortázar, por su cuenta, que ya traduce a Poe al castellano contando con Baudelaire poeta, lo hace así:

Me gustaría que buscaran a favor mío, en los detalles que voy a dar, un pequeño oasis de fatalidad en ese desierto del error.

viernes, 22 de marzo de 2013

Un examen para políticos

A propósito del revuelo que ha provocado el examen para maestros de la comunidad de Madrid en que más del 80% de los presentados suspendieron, una amiga, indignada con el rumbo de la actual situación política española, propone el siguiente EXAMEN PARA POLÍTICOS:

1. Explique brevemente qué es un despido con indemnización en diferido en formato de simulación.
2. Si un tesorero de un partido político es capaz de amasar una fortuna de 38 millones de euros durante en 20 años calcule cuántos fines de semana puede irse a esquiar a Canadá.
3. Si un petrolero se parte en dos en alta mar enfrente de las costas gallegas y suelta 60.000 toneladas de chapapote ¿Cuántos hilillos de plastilina recogerán los afectados sin ayuda de su gobierno?
4. ¿Cuántos kilos de confeti se pueden comprar con 3.000 euros?
5. Localice y borre del mapa a Cataluña.
6. Si tenemos 6 millones de parados y una población activa de 23 millones y éstos van aumentando de 100.000 en 100.000 todos los meses, diga cuándo hay que llamar a Bruselas para rescatar a los bancos.
7. ¿Cómo se escribe desahucio, con sangre, con sudor o con lágrimas?
8. ¿Cree usted en la virgen del Rocío? Razone su respuesta.
9. Si tenemos un hospital público y vamos cerrando camas y despidiendo médicos y enfermeras para después privatizarlo, calcule cuándo empezaremos a poner literas y cuántos ataudes vamos a ir necesitando por semana.
10. Si el matrimonio entre dos hombres es malo, y el formado por dos mujeres también ¿Es aceptable el de un hombre homosexual y una mujer lesbiana? Razónelo.
11. Si tenemos un pasillo estrecho y metemos mucha gente en él hasta que se aplasten. ¿Cuántos kilómetros hay hasta el spa de lujo más cercano?

miércoles, 20 de marzo de 2013

Un poema bohemio de Rimbaud


 
MI BOHEMIA

(Fantasía)

Me iba, con los puños en mis bolsillos rotos...
mi chaleco también se volvía ideal,
andando, al cielo raso, ¡Musa, te era tan fiel!
¡cuántos grandes amores, ay ay ay, me he soñado!

Mi único pantalón era un enorme siete.
––Pulgarcito que sueña, desgranaba a mi paso
rimas. Y mi posada era la Osa Mayor.
––Mis estrellas temblaban con un dulce frufrú.

Y yo las escuchaba, al borde del camino
cuando caen las tardes de septiembre, sintiendo
el rocío en mi frente, como un vino de vida.

Y rimando, perdido, por las sombras fantásticas,
tensaba los cordones, como si fueran liras,
de mis zapatos rotos, junto a mi corazón.

Arthur Rimbaud

domingo, 10 de marzo de 2013

Un ejemplo de Plutarco a propósito de la ira

El no irritarse es, ciertamente, propio de un hombre sabio. Así Sócrates, habiéndole dado un puntapié un joven muy atrevido y desvergonzado, al ver que los que estaban a su alrededor se indignaban y excitaban y querían perseguirlo, dijo: “¿Acaso también, si un asno me hubiera coceado, habríais considerado digno que yo le devolviera la coz?” Ciertamente aquel no quedó del todo sin castigo, pues como todos lo injuriaban y lo llamaban coceador, se ahorcó.
Plutarco: “Sobre la educación de los hijos”, 14, en Obras morales.

jueves, 7 de marzo de 2013

Homais y Monsieur Prudhomme

Hay un personaje más tonto que Homais en la literatura francesa del XIX. Se llama Monsieur Prudhomme y fue creado hacia 1830 por el escritor francés Henry Monnier. Se caracteriza por el uso de frases sentenciosas absolutamente romas y desprovistas de cualquier atisbo de inteligencia.

Os traduzco a continuación algunas de sus frases (tomadas de Wikipedia) :

C'est mon avis et je le partage.

Es mi opinión y yo la comparto.

C’est l’ambition qui perd les hommes. Si Napoléon était resté officier d’artillerie, il serait encore sur le trône.

La ambición es lo que pierde a los hombres. Si Napoleón hubiera seguido de oficial de artillería, aún ocuparía el trono.

Ôtez l'homme de la société, et vous l'isolez.

Separad al hombre de la sociedad y lo aislaréis.

Je ne connais pas d’endroit où il se passe plus de choses que dans le monde.

No conozco lugar donde pasen más cosas que en el mundo.

La mer : une telle quantité d'eau frise le ridicule.

El mar : tal cantidad de agua junta roza lo ridículo.

La nature est prévoyante : elle fait pousser la pomme en Normandie sachant que c'est dans cette région qu'on boit le plus de cidre.

La naturaleza es previsora : hace crecer manzanas en Normandía porque sabe que es en esta región donde se bebe más sidra.

On devrait construire les villes à la campagne. L'air y est tellement plus pur.

Se deberían construir las ciudades en el campo. El aire es tan puro allí.

Un soldat doit être prêt à mourir pour sa patrie. Même au prix de sa vie.

Un soldado debe estar dispuesto a morir por su patria. Incluso al precio de su vida.

domingo, 3 de marzo de 2013

Cervantes y Bergson: la risa

En el 3º capítulo de la 1ª parte del Quijote asistimos a una conversación entre el hidalgo y un ventero, que procura hacerle ver los elementos prosaicos de la vida real:

Preguntóle si traía dineros: respondió Don Quijote que no traía blanca, porque él nunca había leído en las historias de los caballeros andantes que ninguno los hubiese traído. A esto dijo el ventero que se engañaba: que puesto caso que en las historias no se escribía, por haberles parecido a los autores de ellas que no era menester escribir una cosa tan clara y tan necesaria de traerse, como eran dineros y camisas limpias, no por eso se había de creer que no los trajeron; y así tuviese por cierto y averiguado que todos los caballeros andantes (de que tantos libros están llenos y atestados) llevaban bien erradas las bolsas por lo que pudiese sucederles.

Leyendo hoy La risa. (Ensayo sobre la significación de lo cómico), de Henri Bergson, encuentro el siguiente pasaje, que parecería ser una explicación de la comicidad del anterior:

Por eso el poeta trágico procura evitar cuanto pudiera atraer nuestra atención sobre la materialidad de sus héroes. Tan pronto como interviene la preocupación del cuerpo es de temer una infiltración cómica. He aquí por qué los héroes de tragedia no beben, ni comen, ni se calientan a la lumbre.

domingo, 24 de febrero de 2013

Sentido histórico del estilo indirecto libre

El estilo indirecto libre corresponde históricamente a una fase en que la novela ha descubierto ya la conciencia del personaje, pero no renuncia ni a la visión panorámica ni a la voz todopoderosa. En su deseo de acercarse al mundo propio del personaje el narrador está dispuesta a ceder parte de sus privilegios, pero sólo parte, pues el novelista sigue creyendo mejor recurso asumir la voz del personaje desde la voz del narrador (un narrador impersonal y, por tanto, muy adaptable a los distintos personajes) que liberar por completo la voz del personaje. Por ello la novela postflaubertiana sigue utilizando el estilo directo fundamentalmente para el diálogo (la expresión “exterior” del personaje), mientras que adopta el estilo indirecto libre para el monólogo, la reflexión, el análisis psicológico, la voz “interior” en definitiva, superando así el efecto antinatural que producía el estilo directo aplicado al lenguaje del pensamiento.
(Juan Oleza, nota 12 del cap. 15 de su edición de La Regenta.)

jueves, 21 de febrero de 2013

El amigo Montaigne

Ahora que hay en el Instituto una exposición sobre Michel de Montaigne, me gustaría colaborar con un par de imágenes. Una, del interior de la torre circular donde tenía su biblioteca y escribió sus Essais. Otra, de las inscripciones en lenguas clásicas que le acompañaban en el techo de su estudio-biblioteca.



Mi impericia cibernética solo ha permitido que suba una imagen. Je le regrette.

martes, 19 de febrero de 2013

Que no nos engañe Homais. Comentario de un fragmento de Madame Bovary.


En efecto, era un buen hombre [el cura Bournisien], e incluso un día no se escandalizó del farmacéutico, que aconsejaba a Carlos, para distraer a la señora, que la llevase al teatro de Rouen a ver al ilustre tenor Lagardy. Homais, extrañado de aquel silencio, quiso conocer su opinión, y el cura declaró que veía la música como menos peligrosa para las costumbres que la literatura.
Pero el farmacéutico emprendió la defensa de las letras. El teatro, pretendía, servía para criticar los prejuicios, y, bajo la máscara del placer, enseñaba la virtud.
- ¡Castigat ridendo mores, señor Bournisien! Por ejemplo, fíjese en la mayor parte de las tragedias de Voltaire; están sembradas hábilmente de reflexiones filosóficas que hacen de ellas una verdadera escuela de moral y de diplomacia para el pueblo.
- Yo -dijo Binet- vi hace tiempo una obra de teatro titulada Le Gamin de Paris, donde se traza el carácter de un viejo general que está verdaderamente chiflado. Echa una bronca a un hijo de familia que había seducido a una obrera, que al final...
- ¡Ciertamente! -continuaba Homais -, hay mala literatura como hay mala farmacia; pero condenar en bloque la más importante de las bellas artes me parece una ligereza, una idea medieval, digna de aquellos abominables tiempos en los que se encarcelaba a Galileo.
---
En el cap. XIV de la segunda parte nos encontramos, en un momento dado, con otro ejemplo del afán polémico del boticario Homais. Se enfrenta a un cura, Bournisien, al que le busca las cosquillas para poder discutir con él, pues le choca que el cura no haya mostrado ninguna prevención contra la asistencia del matrimonio Bovary a la ópera. Al juzgar el cura que la música es menos peligrosa que la literatura, Homais emprende la defensa de esta manifestación artística. Nos parecería loable su actitud a todos los que amamos las letras, pero resulta que la defensa de Homais no hace más que poner de relieve la colección de tópicos que conforman su pensamiento:

1- su concepción del teatro, sin ser errónea, es la tópica, aunque transforme mores de la máxima latina (Castigat ridendo mores –“con la risa corrige las costumbres”-, que compuso un literato francés del XVII, J. de Santeuil, para el busto de Arlequín en la Comedia italiana de París) en prejuicios, al gusto del progresismo de manual que caracteriza a Homais: criticar las costumbres y enseñar deleitando. En el mismo sentido valora el teatro de Voltaire (no lo más valioso de su producción) por su carácter pedagógico: está, según dice, sembrado de reflexiones filosóficas.

2- cierra su intervención con una referencia a la condena de Galileo; pero no nos engañemos, a Galileo se le condena en el XVII, no en la Edad Media (gotique en el original francés) y su mención en boca de Homais no es más que un tópico manido.

Aunque pueda parecer otra cosa, Homais encarna como nadie la estupidez humana (la bêtise), basada en el uso abusivo de los tópicos, que era la bestia negra de Flaubert, quien no casualmente redactó lleno de sarcasmo un Diccionario de lugares comunes.

sábado, 9 de febrero de 2013

El tono humorístico del ensayismo inglés

Así comienza el ensayo “Conxolus” de Aldous Huxley, recogido en su libro de viajes A lo largo del camino. El humorismo que destila y el sistemático uso de la ironía nos recuerdan a Miguel de Cervantes, ese escritor inglés que escribió en castellano.

“El saber que todos saben –que Virgilio, por ejemplo, escribió la Eneida, o que la suma de los ángulos de un triángulo es igual a dos ángulos rectos-, es algo aburrido y poco distinguido. Si quiere usted adquirir una reputación de erudito a poca costa, es mejor ignorar el deslustrado y estúpido conocimiento que todos poseen y concentrarse sobre algo extraño y fuera de la órbita. En vez de citar a Virgilio cite a Sidonius Apollinaris, y exprese, en voz bien alta, su desprecio por aquellos que prefieren el poeta de la corte de Augusto al panegirista de Avidus, Majorianus y Anthemius. Cuando la conversación gire sobre Jane Eyre o Cumbres borrascosas (que naturalmente usted no habrá leído) diga que prefiere infinitamente El inquilino de Wildfell Hall. Cuando oiga hablar de Donne, emita un “psch” despectivo y dígale que tendría que haber leído a Góngora. Al oír mencionar a Rafael haga como si estuviera a punto de vomitar (aunque no haya entrado jamás en el Vaticano) y afirme que los cuadros de Rafael Mengs en Petersburgo son las únicas pinturas tolerables que usted conoce. De esta forma adquirirá usted la reputación de persona de profunda cultura y del más exquisito gusto; en tanto que si da pruebas de conocer perfectamente a Dickens, de haber leído la Biblia, los clásicos ingleses, Euclides y Horacio, nadie le tendrá a usted en buena opinión. Será como cualquier otro.”

domingo, 3 de febrero de 2013

Europa relega su cultura

Fragmento inicial de un artículo de Rafael Argullol publicado hoy en El País (destaco en negrita una frase):

Inmediatamente después de la caída del Muro de Berlín, en 1989, y antes de que fuera objeto de un gran concierto público oficial, la Novena Sinfonía de Beethoven se convirtió en la música favorita de muchos manifestantes, del este y el oeste de la ciudad. Los presentes en aquel colosal acto de demolición de fronteras cantaban fragmentos de la parte coral, la Oda a la Alegría, basada en el poema de Schiller, entendiendo, quizá, que no había palabras más idóneas para el momento y que unieran tanto a los que durante décadas habían sido obligados a permanecer separados. Aquellas imágenes y aquellos cantos tenían un hondo simbolismo, no solo para Berlín sino para toda Europa, y parecían confirmar que el gran arte —en este caso una obra de Beethoven— acudía al rescate del hombre europeo tras el último y más brutal de sus naufragios. Para eso, en última instancia, servía el arte, y eso era lo que cabía esperar de los textos de Dante, Shakespeare o Cervantes, de las composiciones de Bach, Mozart o Shostakovich, de las pinturas de Leonardo, Rembrandt o Cézanne.
Eso pareció, todavía, entonces. Sin embargo, más de dos décadas después, aquellos manifestantes cantando a Beethoven forman parte de un espejismo. Tal vez, en aquellos días demasiado esperanzadores, fuesen ya un espejismo. Se pensó que Europa saldría reforzada con la conclusión de la Guerra Fría y, de hecho, se incorporaron muchos más países al proyecto de construcción europea. Se realizaron progresos importantes, como la moneda única y la superación de las aduanas. Pero ahora, cuando las dificultades económicas atenazan a Europa, se hace evidente una paradoja dramática: en algún lugar del camino se perdió el alma. Dicho de otro modo que pueda gustar más a los que hacen muecas cuando oyen la palabra alma: en algún lugar del camino, Europa, que alardeaba de construirse a sí misma, dio la espalda a su propia cultura.
Basta, en la superficie, comprobar cómo la cultura europea ha desaparecido, prácticamente, de la vida pública. En los discursos y controversias de los dirigentes políticos esta ausencia es cada vez más radical, poniendo de manifiesto la extrema mediocridad de la mayoría de ellos pero también la falta de exigencia de los ciudadanos a este respecto. En sus buenos tiempos —no hace mucho— Berlusconi tuvo un ministro que riñó a los periodistas que le hablaban de cultura con el argumento de que la Divina Comedia no servía para comer, pues con ella no podían hacerse bocadillos. Un amigo italiano me comentó, entonces, que si un político hubiese dicho eso con anterioridad, habría sido poco menos que lapidado. Ya sabemos que Berlusconi era, y es, un asno multimillonario, y que sus colegas no tenían su procaz atrevimiento, pero no podemos asegurar que fuese más ignorante que los otros. Basta con recordar los discursos de Sarkozy o los de Cameron y compararlos con los de De Gaulle, Willy Brandt o cualquiera de los protagonistas del inicial impulso europeo. Aquí Aznar, Zapatero o Rajoy tienen la ventaja de tener que competir con Franco, un individuo que tenía por principio, según sus biógrafos, no leer jamás un libro.
No obstante, las carencias en la vida pública serían menos decisivas si la cultura —el alma— europea se manifestara, viva, en el interior del organismo social. Ahí es donde la paradoja se hace más sangrante puesto que la cultura europea es, en realidad, el único espacio mental que justifica la edificación de Europa. Sin la cultura europea, lo que llamamos Europa es un territorio hueco, falso o directamente muerto, un escenario que, alternativamente, aparece a nuestros ojos como un balneario o como un casino, cuando no, sin disimulos, como un cementerio.
Y ese es un peligro incluso mayor que el de la crisis económica, pues puede provocar una indefensión absoluta: nadie cantará a Beethoven, o a Schiller, porque nadie recordará que el arte es aquello que consuela cuando existen muros y aquello que enaltece cuando se destruyen fronteras. En consecuencia, nadie sabrá, tampoco, que eso que llamamos cultura, a la que Europa —más que otras regiones del mundo— lo debe todo, es un ejercicio de libertad y de orientación en el laberinto de la existencia. Para eso necesitamos todo lo que ahora, con una celeridad increíble, estamos abandonando. Es cierto, como dicen muchos profetas actuales, que la cultura —la “cultura europea”, se entiende— es superflua y anacrónica, pero no es menos cierto que también la libertad es superflua y anacrónica desde un punto de vista estrictamente pragmático. Se puede existir —no sé si vivir— sin ser libre. También se pueden hacer grandes negocios o tener éxito en la profesión. La libertad no es necesaria pero, como demuestra el ejemplo de Antígona, es imprescindible. De eso, durante siglos, nos ha hablado la cultura europea a los europeos. Y es eso, precisamente, lo que hoy se aleja de nosotros.