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domingo, 13 de septiembre de 2026

Dos o tres cosas que sé de Jacobo Christensen y otro extraordinario concierto de Nostrum Mare Camerata.

  

 Acudí un día, como profesor de guardia, a una clase de 2º de ESO, del IES Ramón Llull de Valencia. No era un grupo demasiado follonero, pero como buen segundo, había niños un tanto desbaratados, y otros que intentaban buscar las cosquillas a un profesor desconocido para ellos. En primera fila estaba sentado un niño rubio que trabajaba concentrado. De repente me pidió permiso para tirar un papel en la papelera. Me quedé casi estupefacto: ¿de dónde habría salido este muchacho tan educado?

 

Días después se celebraba algún acto en el Instituto y asistiríamos en una sala escogida a algunas actuaciones de alumnos del centro. De pronto veo que el muchacho rubio tan educado va a tocar el violín acompañado por un pianista. Asombro me causó oírle interpretar con su instrumento y me dije para mis adentros: estoy en presencia de un verdadero fenómeno musical. Se trataba, como habrán adivinado, de Jacobo Christensen.

 

A partir de ese día intenté no perderme ninguna de las breves actuaciones que hacía en el centro. Entonces tendía a lo virtuoso y espectacular: piezas como los Aires gitanos, de Sarasate, o la Meditación de Thais, de Massenet. Lo solía acompañar el pianista Carlos Apéllaniz, mayor que él, y formaban una pareja extraordinaria. Disfruté mucho cada vez que los escuchaba.

 

En los siguientes cursos lo tuve como alumno, y era un chaval excelente, inteligente y buen estudiante (en la medida en que su muy exigente carrera musical se lo permitía), y desde luego educadísimo. Tuve algunas charlas muy interesantes con él sobre música, que siempre me han sabido a poco, a causa de la brevedad de ellas y sus enormes conocimientos de la materia. Y ya más tarde he seguido asistiendo a sus conciertos, siempre que puedo, fuera del ámbito escolar. De alguna manera he seguido su carrera bastante de cerca.

 

Hoy teníamos en el Palau de la Música de Valencia una nueva propuesta (denominada Iterum) del grupo que fundó y dirige: Nostrum Mare Camerata. Excelente, como todo lo que he presenciado de este grupo desde que lo escuché por primera vez en su estreno en el Teatro Olympia.

 Tocaron cosas de Kurt Weill, de Ravel (la muy compleja Tzigane), la Danza española de La vida breve, de Manuel de Falla (un clásico de su repertorio, que luego repetirían como bis), una pieza instrumental de Puccini (maravillosamente dirigida por Jacobo y el grupo sonando de maravilla)…

Pero lo que más me ha sorprendido hasta causarme una emoción profunda ha sido su faceta de compositor. Ya sabemos que Jacobo es un violinista virtuoso. Hace tiempo que lo descubrí como magnífico director (y comunicador, qué bien comunica Jacobo la música a su público). Pero insisto, hoy lo he descubierto como compositor, y me ha conmovido profundamente. Mis conocimientos musicales son bastante básicos, y no puedo hablar con mucho conocimiento de causa, pero no creo equivocarme si digo que hoy ha sido un día importante en la música española, pues un joven compositor de nuestra tierra ha puesto sobre escena tres poemas del Romancero gitano, de García Lorca, magníficamente musicados por él (e interpretados por la mezzosoprano Carmen Lázaro).

 

Como los últimos conciertos de Jacobo y la Camerata que he presenciado, terminó con la ovación del público, puesto de pie, agradeciéndoles su entrega y su talento para hacernos disfrutar tanto de la música. Desde este post no quiero sino prolongar esa respuesta agradecida.

 

miércoles, 9 de septiembre de 2026

De nuevo sobre la bola de bronce de Aristóteles.

 


 

Leyendo hoy a Lezama Lima, La expresión americana, me encuentro con el siguiente pasaje: “El otro mito tomado de Plinio, sobre la vigilancia de las águilas, que alejan el sueño con una garra levantada, sosteniendo una piedra para que al caer se vuelva a hacer imposible el sueño. Símbolos de astucia, de cautela o resguardo.” (Alianza Editorial, p. 40)

 

Es evidente que Lezama citaba de memoria, y no le preocupaba mayormente la exactitud, sino lo sugestivo del mensaje, pues una pequeña consulta a la IA nos dice que no se trata de águilas, sino que Plinio se refiere a las grullas. Hablando de ellas escribe:

 

“Durante los momentos de la noche tienen centinelas que sostienen en un pie una piedrecilla, que, en caso de ser soltada debido al sueño y caer, demuestre su negligencia. Las demás duermen con la cabeza metida bajo un ala y apoyadas alternativamente en uno u otro pie. El jefe, con el cuello erguido, vela por la seguridad de todas y da señales de aviso.”

 (Plinio: Historia natural, libro X, 30)

 

Lo que me llama la atención es la similitud entre este mito y una leyenda sobre el joven Aristóteles que ya comenté en el blog (https://ccm-cidehamete.blogspot.com/2024/12/el-joven-aristoteles.html): aquella que nos dice que, en su disciplina de estudio, el muchacho llevaba siempre una bola de broce en su mano, de manera que si se quedaba dormido, los músculos de ésta se destensaban, la bola caía sobre una palangana de metal, se despertaba el joven y volvía a su trabajo lector. En aquel post comentaba un pasaje de Luis Vives y una escultura del Museo d´Orsay. Hoy, a diferencia de Lezama, lo que me insta a ocuparme del asunto es la búsqueda de la exactitud. Así, por ejemplo, encuentro que la anécdota sobre el joven Aristóteles procede de un brevísimo pasaje de Diógenes Laercio. En su Vida y opiniones  de los filósofos más ilustres, en el libro 5, dedicado al Estagirita, escribe:

 

“Y que cuando se echaba a dormir tomaba en la mano una bola de bronce, poniendo debajo un cuenco, para que cuando le cayese la bola en el cuenco se despertase al ruido.”

 

Otra cosa sería indagar dónde se produce la confluencia de ambas leyendas. Habida cuenta de que Diógenes Laercio (s. III d. C) es suficientemente posterior a Plinio el Viejo, mucho nos tememos que el imaginativo biógrafo de los filósofos antiguos adaptó la leyenda de las grullas a la vigilancia y responsabilidad del joven estudioso. Pero esta indagación excede con mucho las posibilidades de este post.

 



viernes, 14 de agosto de 2026

El bar Siddharta y Ana Juan. (Arte moderno presumiblemente desaparecido en Valencia)

 


Aunque la Inteligencia Artificial considere que el bar Siddharta no fue un lugar de referencia en la Valencia de los años 80, la Valencia de la –digamos- movida, tengo para mí que parte notable del arte de esa época se encerraba en él, y ha desaparecido.

El local se encontraba detrás de la iglesia del Temple, por donde la estatua del pintor Ribera, en un callejón que daba a la calle dels Mestres, muy cerca de la policía local. Curiosa vecindad, pues que era un bar de tarde y noche, donde se consumían habitualmente drogas blandas (hachís y marihuana).

El bar lo montaron mi hermano Felipe y dos amigos (Iñaki y Toni), sin demasiadas expectativas comerciales. El dinero que ganaba durante el día trabajando en un taller de marmolería lo invertía mi hermano en regentar este local nocturno, donde bebía las cervezas a precio de coste y ligaba lo que no está escrito. Me confesó una vez que daba por bien gastado el dinero que le costaba mantener el Siddharta abierto por lo mucho que ligaba en ese tiempo.

Entre su clientela habitual había una joven estudiante de Bellas Artes en el Politécnico a quien llamaban “la nana”. Muy amiga de mi hermano, quien también tenía afición por el dibujo, no sé de qué manera consiguieron que la joven artista les decorara el muro del fondo del local. (El muro era grande, algo más de dos por cinco o seis metros.) No podría describirlo, pero sé que la primera vez que lo vi sentí una conmoción. Me pareció una obra de arte logradísima. En un estilo complejo y abigarrado (con muchas figuras de personas y animales) creo que representaba el ambiente que se respiraba (cuando se podía respirar) en el garito, como un dibujo que conservo en casa y que la nana le regaló a mi hermano.

Ni que decir tiene que la nana pintora es la actualmente conocidísima ilustradora Ana Juan, y aunque su obra me parece muy buena, siempre he pensado que las mejores creaciones suyas eran aquellas de juventud, complejas y abigarradas, en el estilo vanguardista de los comix de entonces.

El local, como no podía ser de otra manera, sucumbió económicamente y tuvieron que cerrar. ¿Qué habrá sido de aquella pared decorada por el talento joven pero ya extraordinario de aquella muchachita? Alguna vez me he acercado, años después, a ese rincón, en busca de información sobre el local del antiguo bar, pero siempre lo he visto cerrado, y una vez, en un bar cercano, no me pudieron dar información.

Mucho me temo que, como sin querer, y sin dejar el menor recuerdo, haya desaparecido una de las obras más prometedoras de aquellos años locos en que este país estrenaba su democracia.

domingo, 2 de agosto de 2026

Pedro Salinas: Perdóname por ir así, buscándote... Comentado por Lázaro Carreter

 

Este verano le leí este poema a mi esposa. Me llamó la atención que, al final, la forma verbal que ella esperaba (pues no la escuchó con claridad) es la misma que utiliza Salinas(eras), y no la que cualquier lector esperaría(eres), como figura el poema en la página de Ciudad Seva, por ejemplo, de donde lo tomé (y luego corregí). Ella hacia una lectura muy profunda del poema, de la capacidad del amor para revelar al otro y sacar lo mejor suyo (mi lectura era más intelectual, más saliniana, creo, como la de Lázaro Carreter).

 

Cuando busqué el comentario de éste, en su libro azul de Anaya (Lengua española 1º) antes de teclearlo miré si en el ciberespacio estaba, para ahorrarme algo de faena y restituirlo a su autor. Lo encontré en una página –www.studocu.com-, sin nombre de su creador. Pero, cuál no sería mi sorpresa cuando, al confrontarlo con el original, veo que sigue las ideas al pie de la letra, pero la redacción va variando ligera y continuamente, de manera que he tenido un trabajo enorme corrigiéndolo para hacerlo coincidir con el original de Lázaro Carreter. De todas formas, cualquier esfuerzo es poco para llevar al ciberespacio los magníficos comentarios –para BUP- de tan preclaro maestro.

 

PEDRO SALINAS: “Perdóname por ir así, buscándote”

 

Introducción

 

Poeta, profesor, crítico literario,  Salinas (1892-1951) destaca –dentro de la generación del 27- por su poesía  amorosa, sobre todo gracias a sus dos libros fundamentales: La voz a ti debida (1933) y Razón de amor (1936). En sus versos, el amor es una fuerza prodigiosa que da plenitud a la vida y sentido al mundo.

 

De un modo personalísimo, el sentimiento y la inteligencia se hermanan en la poesía de Pedro Salinas. La inteligencia  le permite ahondar los sentimientos, en las experiencias concretas, para descubrir -más allá de las anécdotas- la quintaesencia de las relaciones amorosas. De ahí cierto tipo de “conceptismo”: es la agudeza del pensamiento la que –a través de paradojas, de observaciones insólitas, etc.- hace posible ese ahondamiento en el sentido último del amor.

 

Texto

 

Perdóname por ir así buscándote
tan torpemente, dentro
de ti.
Perdóname el dolor, alguna vez.
Es que quiero sacar                                          
de ti tu mejor tú.
Ese que no te viste y que yo veo,
nadador por tu fondo, preciosísimo.
Y cogerlo
y tenerlo yo en lo alto como tiene                   
el árbol la luz última
que le ha encontrado al sol.
Y entonces tú
en su busca vendrías, a lo alto.
Para llegar a él                                                   
subida sobre ti, como te quiero,
tocando ya tan sólo a tu pasado
con las puntas rosadas de tus pies,
en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo
de ti a ti misma.                                                 
Y que a mi amor entonces le conteste
la nueva criatura que tú eras.

 

1.  Primer acercamiento (Contenido y estructura)

 

* El tema de estos versos se concentra en las palabras quiero sacar de ti tu mejor tú: es la voluntad de descubrir en la persona querida lo mejor de ella misma, invitándola al esfuerzo de renunciar a aspectos menos gratos para alcanzar la plenitud de su ser. Esfuerzo doloroso a veces, pero hermoso.

El poema revela, pues, una exigente concepción del amor como conocimiento lúcido y como enriquecimiento de la persona amada.

 

* Comienza la composición con cuatro versos en que el poeta pide perdón por un dolor inevitable. Sigue el cuerpo central del poema (versos 5-20), en que se expresa la razón del dolor causado y se explica el proceso de enriquecimiento que el poeta ha emprendido. Dos apartados podemos distinguir en este conjunto central: primero, Salinas expone su empeño (habla en primera persona: yo); más adelante, a partir del verso 13, imagina la respuesta que espera de la mujer amad: (pasa a la segunda persona: tú). Finalmente, en los versos 21-22 evoca el coronamiento de todo el proceso.

 

* La versificación tiene como base el esquema de la silva (combinación de endecasílabos y heptasílabos), pero con evidentes variaciones: de una parte, hay dos pentasílabos (los versos 13 y 20), un tetrasílabo (el 9) y un trisílabo (el 3); de otra parte, se prescinde de la rima. Todo ello revela que, sobre una base clásica, el poeta procede con cierta libertad y, a la vez, con una voluntad de depuración. Con ambas cosas se combina –como habremos de ver- una rigurosa precisión en el arte de distribuir las frases, de aislar las palabras en los versos o en los miembros de un verso, etc., para producir especiales efectos de relevancia.

 

 

2. Análisis del texto (Expresión y contenido)

 

* En los primeros versos –ya lo hemos dicho- el poeta se excusa. ¿Qué ha sucedido? Salinas prescinde de la anécdota. Podemos imaginar algún reproche por parte de él, y el consiguiente disgusto por parte de ella. A lo primero pueden corresponder estos tres versos:

 

Perdóname por ir así buscándote
tan torpemente, dentro
de ti.

Es una súplica  (el  imperativo  Perdóname)  y  un reconocimiento humilde  de  su propia torpeza (así, tan torpemente). Con la perífrasis ir + gerundio (ir buscándote) admite su porfía, su incesante indagación frente a la mujer.  Pero lo que  adquiere  mayor relieve  es el  complemento  dentro  -  de  ti,  encabalgado entre dos versos: dentro se destaca entre dos pausas (la coma y el final del verso); de ti queda aislado en el verso más corto de la composición. Y es que ese dentro y ese tú son lo que más le importa. El poeta tiene a su amada ante sí; y, no obstante, la busca. Busca lo que hay más allá de su presencia, de su apariencia; busca lo que hay dentro de ella, ejerciendo un mirar exigente profundiza en el conocimiento del ser querido. Tal exigencia es, sin duda, molesta. De ahí el dolor que produce y la nueva disculpa: Perdóname el dolor, alguna vez.

 

 

* El poeta da en seguida la explicación de su proceder: Es que quiero sacar  de ti tu mejor tú. Como hemos indicado, aquí está la idea central del poema. El verbo quiero encierra la voluntad del autor. Y sacar significa poner al descubierto lo que estaba oculto, lo que estaba dentro. Se trata nada menos que de descubrir - como sabemos- lo mejor de la mujer amada. Salinas lo expresa con un curioso juego de pronombres: de ti tu mejor tú. No se puede decir de forma más condensada la misma idea.

 

La mujer a la que Salinas se dirige no ha sabido ver nunca lo mejor de sí misma; es el poeta quien se lo descubre, en efecto: Ese que no te viste y que yo te veo. (Obsérvese la claridad de la contraposición: tú no viste tu mejor tú; yo sí lo veo). Y es que él ha sabido "bucear" –diríamos- en el alma de la amada, como indica la hermosa imagen que sigue: nadador por tu fondo, preciosísimo.

 

Del verbo quiero (voluntad del poeta) dependen también los infinitivos cogerlo y tenerlo (versos 9 y 10). Los pronombres pospuestos (lo)  se sigue refiriendo al "mejor tú". Al final de aquel "buceo", el poeta se apodera del "tesoro" sumergido, el ser más precioso de la amada. Y tras el movimiento hacia el fondo, se inicia un movimiento de ascensión: y tenerlo yo en alto…

 

Pedro Salinas, que está hablando de realidades espirituales, necesita acudir a imágenes que nos las hagan sensibles. Antes, era la imagen del “nadador”. Ahora es este símil: como tiene - él árbol la luz ultima - que le ha encontrado al sol. El lector "ve" esa hermosa luz dorada del atardecer que enciende las copas de los árboles, cuando ya lo demás está ya en sombra. Luz dorada: oro, tesoro “preciosísimo”. Bellísima manera de hacer sensible ese mejor tú que el poeta ha sacado del fondo de un alma.

 

 

* Del yo pasamos al tú, pronombre puesto de relieve al final del verso 13: Y entonces tú…. A la búsqueda del poeta Recuérdese el verso 1), responde ahora la búsqueda de ella: en su busca vendrías, a lo alto. Es la respuesta que anhela el autor: el condicional vendrías supone una proyección hacia un futuro hipotético y deseado.

 

Es en estos  versos  donde aparece claro el  esfuerzo  que el poeta  pide,  esfuerzo que  se  plasma  -como antes-  en expresiones que indican ascensión hacia lo alto (ya había aparecido en el verso 10). Y a ese proceso de elevación espiritual corresponde de nuevo una imagen sensible, corporal, la bella imagen de la mujer alzada de puntillas (nótese el adjetivo embellecedor rosadas):

 

subida sobre ti, como te quiero,

tocando ya tan sólo a tu pasado

con las puntas rosadas de tus pies…

 

Así la quiere él, desligada de un pasado que no compartía; en tensión todo el cuerpo (= esfuerzo) hacia una vida enriquecida. Finalmente, la expresión subida sobre ti se precisa aún más con la frase ya ascendiendo -de ti a ti  misma. Nuevo  juego de pronombres. Y  muy revelador: precisamente nos indica que  no es una mujer distinta  lo que el poeta desea, sino "ella misma", aunque alzada a un nivel superior de su propio ser.

 

* Llegamos a los dos versos que, separados del resto por un espacio blanco, suponen una síntesis de todo el poema: Y  que  a  mi  amor  entonces  le  conteste - la  nueva  criatura  que  tú  eras.  Salinas  sigue proyectándose con su imaginación hacia ese futuro en que su amor encontrará una respuesta plena (verso 21). Pero el verso final es, a primera vista, insólito. Si se refiere al futuro, lo normal sería decir la nueva criatura que tú serás. Sin embargo, la última forma verbal aparece sustituida en el texto por el pasado: eras. ¿No hay aquí una contradicción? ¿Cómo puede hablarse de una nueva criatura y, a la vez, decir que ya lo era? Estamos ante una de esas paradojas frecuentes en la poesía de Salinas. Por debajo de la aparente contradicción, este verso final expresa una profunda verdad hacia la que ya apuntaban versos anteriores (tu mejor tú, subida sobre ti, ascendiendo de ti a ti misma). Todo confluye aquí con plena coherencia: esa mujer era, desde siempre –aunque en potencia- la nueva criatura que el poeta ha sabido descubrir, empezando por descubrírselo a ella misma. salinas no le ha exigido que cambie, que sea “otra”. Le pide simplemente que tome conciencia de la riqueza que dormía en el fondo de su alma y que la desarrolle plenamente.

 

Conclusión

 

Señalábamos en la Introducción  cómo  Salinas  ahonda  en  la  experiencia  amorosa  para  descubrir  su quintaesencia. Un aspecto de ello es -en el poema comentado- la concepción del amor como conocimiento lúcido y exigencia de perfeccionamiento, concepción que revela una mirada atenta a lo que hay más allá de la anécdota y las puras apariencias.

 

Y ese ir más allá de la apariencia explica ciertos rasgos del estilo que hemos ido señalando: condensación, paradojas, juegos de  pronombres  con  los que  se  penetra  en  la  complejidad del ser de  la amada...  En esto radica el "conceptismo interior" de Pedro Salinas, en esa agudeza de pensamiento que va más allá de la superficie de las cosas.

 

Pocos poetas han hablado del amor con tanta sutileza y tanta hondura.

 

 

 

lunes, 6 de julio de 2026

Sobre la lectura en voz alta. Mansfield Park, Jane Austen.

 

 Muchas veces he pensado, mientras ejercía de profesor de lengua y literatura, que antes de saber lo que era una estructura profunda en sintaxis (cuando estuvo de moda la gramática generativa de Chomsky) o los dichosos conectores de la Pragmática, lo que debía aprender al alumno era a “leer y escribir”. ¡Qué tristeza me daba cuando observaba, ya en tercero o cuarto de la ESO, como muchos, muchísimos estudiantes eran incapaces de articular tres o cuatro frases seguidas con fluidez y sentido! Pero no sólo eso: es habitual ver cómo, en los oficios religiosos, los adultos que leen pasajes de la Biblia y los Salmos no hacen sino farfullar emisiones poco inteligibles. No es difícil tampoco encontrar cómo actores de teatro no aciertan a decir correctamente el verso (sin ir más lejos, recientemente, en el programa de Iñaki Gabilondo sobre la lengua española, una actriz recitaba unos versos de nuestro siglo de Oro -creo que eran de Lope- con mayúsculo énfasis pero con deficiencia perceptible).

 

jueves, 25 de junio de 2026

La paideia y la luna en la ventana

 

Leo en Paideia, de Werner Jaeger la siguiente anécdota:

Pero baste citar en apoyo de esto una frase del filósofo Estilpón, uno de los principales representantes de la escuela socrática de Megara, fundada por Euclides. Cuando Demetrio Poliorcetes, después de la conquista de Megara, quiso demostrar al filósofo su buena voluntad e indemnizarle del saqueo de su casa, le rogó que le presentase una lista de todas las cosas de su propiedad que habían desaparecido. A lo cual contestó irónicamente Estilpón: "La paideia no se la ha llevado nadie de mi casa."

 [paideia: formación espiritual del hombre en su camino hacia el bien.]

Y me recuerda el haikú del monje budista Ryokan (que vivió entre el siglo XVIII y XIX):

Al ladrón

 se le olvidó

 la luna en la ventana.

domingo, 21 de junio de 2026

El síndrome del Taj Mahal (fragmento)

 

        

Ahora que estoy pasando al ordenador algunos de mis cuadernillos de viajes, me encuentro con el siguiente texto que escribí en el verano de 1999, cuando anduve por India y Nepal. Visitar el Taj Mahal en Agra fue, como se suele decir, un sueño realizado. Desde niño había una serie de lugares a los que yo deseaba ir ardientemente (cataratas del Niágara, Macchu Picchu, algunas otras y Taj Mahal). A las dos primeras nunca fui, ni creo ya que pueda ir (los años no perdonan), pero el gran mausoleo de Agra no sólo lo pude visitar, sino que superó todas mis expectativas. Fruto de esa vivencia son estas notas que tomé poco después de estar en él y que tienen, por tanto, la friolera de casi 27 años.

 

         El visitante que entra en el recinto del Taj Mahal lo primero que siente es un sobrecogimiento que se apodera de él. Los pasos se vuelven lentos, la respiración trabajosa y, desde luego, calla. Ante el Taj Mahal huyen todas las  palabras. Habrá luego el intento de traducir en palabras (o más bien aludir a través de ellas) toda la grandeza del edificio. Pero la primera impresión conduce al silencio. Y al asombro también, origen de toda reflexión. Y es que el Taj Mahal da qué pensar. Parece una síntesis de la filosofía platónica y sus ideas madres de orden, arquetipo, inmutabilidad. Es el edificio en el que la simetría se convierte en una especie de apuesta ontológica. Es una de esas pocas obras de los hombres que promueven una confrontación con los dioses. Es un edificio fúnebre que no hace sino poner de relieve la muerte (su carácter de esfinge), pero que al tiempo parece trascenderla. Hay un espacio de ideas trascendentes de las cuales esta construcción no es sino un leve reflejo.

         Y este edificio produce un síndrome que me pareció ver reflejado en la actitud de algunos de sus visitantes: un joven occidental no hacía más que mirar los muros, acercaba el objetivo de la cámara una y otra vez, pero lo retiraba con aire de decepción; un japonés de complexión musculosa estaba sentado con un gesto de asombro que no remitía de ninguna manera, extrañamente se encontró reflexionando, cosa que no debía haber hecho en mucho tiempo; otra pareja de japoneses se recostó, sin mediar palabras, bajo la puerta trasera, la que da al río, y por sus mentes debió pasar el siguiente designio: echarse a morir (“que todo acabe aquí, que todo acabe de una vez para siempre”).


Yo también experimenté ese síndrome, pero eso está escrito en otro lugar, estrictamente privado, mis Episodios Personales.

 

miércoles, 17 de junio de 2026

Camus, siempre Camus: dos fragmentos de El Primer hombre

 


Hablando con Javier sobre cosas de la infancia (conforme envejecemos cada vez más tendemos a mirar al pasado) me comenta que él no tiene tantos recuerdos de su infancia como Camus en El primer hombre. Esa breve indicación me basta para ponerme a leer el libro. Obra en ciernes,  incompleta, inacabada, pero llena de interés y emoción –se trata de don Albert-, transparentemente autobiográfica, y donde hay una memoria muy nítida y perspicaz de su infancia, en efecto. Reproduzco un par de pasajes que me han encantado: el primero, sobre cómo compartían unas patatas fritas los niños pobres de un barrio marginal de Argel; y el segundo, sobre sus prácticas lectoras ya en el liceo de la ciudad (adonde llegan becados gracias a su inteligencia y la mediación de su maestro de escuela):

sábado, 6 de junio de 2026

Una conversación literaria en e-mail (a propósito de Henry James)

 

- ¿Conoces La muerte del león, de Henry James? Es un relato excelente, lo leí ayer y lo he releído hoy. Difícil de entrar en él, como habitualmente en este autor, pero conforme lo vas leyendo te das cuenta de lo bueno que es, de manera que, al terminarlo, quieres releerlo para entenderlo (y disfrutarlo) mejor. Trata del entorno de un gran escritor que se hace célebre y cómo este entorno (la jungla de personas que lo constituyen) precisamente lo destruye.

Si no lo has leído, muy recomendable. Tal vez no a la altura de La lección del maestro o Los papeles de Aspern, pero no muy lejos de esa perfección. Y el mundo, muy similar, el del artista, ése que tan bien conocía.

 

 

- No recuerdo exactamente el cuento, pero al final del mismo tengo escrito: "Relato sobre el tema de 'escritores admirados', que hace juego con Los papeles de Aspern y La lección del maestro, pero algo menos hondo en el fondo y algo más enrevesado en la forma". Eso puse.

 

 

 

martes, 19 de mayo de 2026

Realismo trascendente en una pintura de Murillo: San Diego de Alcalá dando de comer a los pobres

 

Leyendo el libro de Nina Ayala sobre Bartolomé Esteban Murillo, y contemplando las ilustraciones que lleva, me topo con un cuadro en el que no recuerdo haber reparado anteriormente, y que me llama la atención por lo que a continuación señalo. Se trata de San Diego de Alcalá dando de comer a los pobres, que se conserva actualmente en la Academia de Bellas Artes de San Fernando (en Madrid), pero que fue pintado, hacia 1645, dentro de una serie, para el Claustro Chico del convento de San Francisco en Sevilla.

Diego de Alcalá era un hermano lego, procedente de Sevilla, que vivió y murió en el siglo XV en el convento de los franciscanos de Alcalá de Henares, especialmente tocado por la virtud de la caridad, y que fue canonizado en 1589.

martes, 12 de mayo de 2026

La Regenta contra el insomnio

 


En un ensayo de Serrano Poncela sobre La Regenta que casi comienza así: “confieso que es una de las pocas novelas españolas que puedo releer sin fatiga”, nos comenta que, a raíz de su publicación, fue muy atacada, no sólo por el clero local (el obispo de Oviedo hizo un escrito contra la novela que se repartía a los fieles), sino también por gacetilleros de la época, y nos transcribe fragmentos de la crítica (impagable por lo excelso del desatino) que de la obra se hizo en un semanario llamado Tambor y Gaita:

 

“Contra el insomnio: esta grave enfermedad se cura como con la mano gracias al específico inventado por el reputado crítico Clarín. La mayor parte de los capítulos de La Regenta producen un sueño casi instantáneo, tranquilo y reparador. El insomnio más tenaz cede con un par de capítulos, que es la más alta dosis […]”

 

Vivir para ver.

 

(S. Serrano Poncela: “Un estudio de La Regenta” en Clarín y “La Regenta”, colección de estudios editados por Sergio Beser, Ariel, 1982)

miércoles, 22 de abril de 2026

Una nota a Larra con Cadalso de fondo

 


Si citaba hace poco el magnífico “Epílogo en Castilla”, de Azorín, es porque al hablar de las causas de la decadencia de España, y especialmente de la falta de curiosidad intelectual, enumera cuatro autores, a saber, “Saavedra Fajardo, Gracián, Cadalso, Larra”, insignes representantes de lo que podríamos denominar una tradición de pensamiento crítico a propósito del país. Me interesa la manera en que junta Azorín a los dos últimos, pues que (habiendo releído a Larra hace poco y releyendo a Cadalso en este momento) considero que son autores que tienen mucho en común, y no dudo que Cadalso (en sus Cartas marruecas) es el más firme precedente hispánico de la actitud crítica de Larra.

 

Pues bien, mucho me extrañó en mi reciente relectura de Larra que, en un determinado momento de “El casarse pronto y mal”, en que cita a Cadalso, en ninguna de las ediciones más o menos críticas que tengo en casa se anotara el pasaje. Me refiero a la de Carlos Seco Serrano en Planeta, la de Jerry L. Johnson en Bruguera, la de Juan Cano Ballesta en Alhambra Clásicos, o la de Enrique Rubio en Cátedra, esta última con abundantes anotaciones. Quien sí lo hace es Joan Estruch en el tomo 1 de las Obras Completas de Larra, de Cátedra, dedicado a los Artículos (que consulté en una Biblioteca).

 

martes, 21 de abril de 2026

Azorín - EPÍLOGO EN CASTILLA

 

Leía esta mañana un viejo artículo de Julián Marías en que hacía un elogio de las librerías de viejo y contaba alguna de las joyas que poseía en su biblioteca y que procedían de ese tipo de compras (una edición en latín de Descartes del siglo XVII o XVIII, por ejemplo). Mi caso es diferente: como estudiante procedente de una familia  de exiliados, con pocos recursos económicos, que además se había matriculado en una carrera de letras, hube de desarrollar un hábito casi infalible de cazador de ofertas que pudieran nutrir mi incipiente biblioteca: la sección de saldos de París Valencia, la librería de viejo Olmos, la cooperativa universitaria Santo Tomás, más tarde la cuesta de Moyano, fueron los primeros veneros de mi afición libresca.

 

sábado, 28 de marzo de 2026

Tarzán y don Quijote

 

Tras sus peleas con leopardos, leones y cocodrilos, Tarzán volvía algo magullado a su árbol. Entonces Jane le ponía una venda en la frente y volvía al tajo de nuevo: podía pelear otra vez con cuanta fiera salvaje le saliera al encuentro.

 

Mi esposa y yo siempre nos hemos divertido con la rapidísima solución al problema de sus heridas que ofrecen los guionistas y la credulidad del público que lo acepta sin rechistar (es verdad que las películas de Tarzán van dirigidas a un público menor, entusiasta y poco crítico).

 

Pues bien, releyendo hoy un pasaje del primer capítulo del Quijote veo cómo al hidalgo manchego no le hubieran convencido en absoluto esas argucias de los guionistas.

 

Estamos asistiendo a la lectura de “la razón de la sinrazón” de las novelas de Feliciano de Silva, y el narrador nos dice:

 

“Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para sólo ello. No estaba muy bien con las heridas que don Belianís daba y recebía, porque se imaginaba que, por grandes maestros que le hubiesen curado, no dejaría de tener el rostro y todo el cuerpo lleno de cicatrices y señales.”

 

Como vemos, las novelas de caballerías serían el equivalente del Hollywood de nuestro tiempo, pero el hidalgo de la Mancha no dejaba de ensayar una mirada crítica (en sus momentos de lucidez: ya sabemos que es un “loco entreverado, lleno de lúcidos intervalos”).

 

jueves, 26 de marzo de 2026

En una glosa de Eugenio d´Ors

 

Parábola que d´Ors, en una de sus Glosas, atribuye a un ministro laborista inglés, Mr. Thomas.

 

“Tres obreros se ocupan en tallar piedras en una obra, para la construcción de una catedral, en Lancashire. Un camarada se acerca a ellos, y les pregunta:

 - ¿Qué estáis haciendo aquí?

- Estoy tallando piedras.

- ¿Y tú?, prosigue el interrogador, dirigiéndose al segundo.

- Yo estoy ganando un chelín por hora.

Vuélvese entonces a aquél tercer obrero.

- Y tú ¿qué haces?

- Estoy construyendo una catedral”.

jueves, 12 de marzo de 2026

Picón Salas y el Purgatorio de la Literatura

 

Si hace no mucho escribía en el blog sobre el Paraíso de la Literatura, a propósito de Dante y Estacio, recientemente, releyendo al gran ensayista venezolano Mariano Picón-Salas, me encuentro con una referencia al Purgatorio de la Literatura. En un momento de su escrito “Y va de ensayo” nos dice:

 

“La posteridad edifica una especie de Purgatorio de la Literatura en que hasta los genios como Víctor Hugo deben pagar por miles de páginas que fueron sólo oratoria e incontinencia, y don Emilio Castelar se achicharra por haber pronunciado tantos discursos en que las palabras estaban colgando como bejucos, y a Zorrilla se le cobran sus versos fáciles y superficiales y a don José María de Pereda el convencionalismo de sus novelas. En cuanto a los demagogos del Arte, ésos jamás verán la beatitud eterna.”

(Viejos y nuevos mundos, p. 502)

 

Me quedo con las ganas de ver a cuáles de esos demagogos metería Picón en el Infierno, aunque me parece claro que cada uno tiene su lista particular.

El caso es que hoy, paseando, me topo con una confluencia de calles cuyos nombres podrían ejemplificar muy bien las dos primeras postrimerías, aquellas que ven o aspiran a ver la beatitud eterna. No pude resistirme a hacer una fotografía.




domingo, 8 de marzo de 2026

Gradación de los cuerpos

 

        

Una reciente estancia hospitalaria, en que sentí cómo mi cuerpo se convertía en casa Pepe, por decirlo así, esto es, un espacio que médicos y enfermeros utilizaban  casi a su antojo, en busca de mi curación, sin duda, pero sin miramientos, de manera poco respetuosa, me llevó a pensar en una posible clasificación de los cuerpos, graduándolos por orden de mayor a menor perfección.

 

- el cuerpo del bailarín: sin duda el más bello y más estilizado de los cuerpos, el cuerpo que roza con el ideal. Su movilidad es casi vuelo, diríamos que apenas se sostiene sobre el suelo. De ahí que yo siempre considere el ballet, la danza, como la expresión de la utopía de los cuerpos, sin saber exactamente qué quiere decir tal expresión, pero sabiendo que remite a algo que está por encima de lo corriente y que apunta a la idea de perfección en ellos.

 

lunes, 23 de febrero de 2026

Azorín y las lecturas inusitadas

 

Azorín era un gran lector, y un verdadero bibliómano. Son muy frecuentes sus evocaciones de sus visitas a la cuesta Moyano madrileña en busca de viejos libros. Yo diría que conocí esa feria de libros (que tantas veces he visitado) en sus páginas.

 

Es un maestro de la crítica literaria evocativa e impresionista. No hay mejor forma de entrar en la literatura clásica española que leyendo las páginas de Lecturas españolas, Al margen de los clásicos, Clásicos y modernos, Los clásicos redivivos… Todas obras suyas.

 

sábado, 24 de enero de 2026

Cuidado con las muletillas (El Camino, de Miguel Delibes)

 

Para una estancia hospitalaria decidí llevarme una lectura segura y ligera. Como en mi grupo de lectura estamos releyendo novela de postguerra, aposté por El camino, de Miguel Delibes, de la cual tenía un recuerdo inmejorable. No me decepcionó lo más mínimo la obra terminada durante la convalecencia (en la clínica sólo llegué a leer 3 o 4 páginas), casi diría me gustó más que entonces (hace 40 años) cuando la leí para ponerla en clase con cierto éxito (mi amigo Javier me confiesa con tristeza que los jóvenes de hoy probablemente no entenderían nada). 

 

lunes, 15 de diciembre de 2025

Dos milagros de la historia del cine

 

Para José Antonio Jiménez, que me dio a conocer los filmes de Linklater.

 

Hacia principios del siglo XXI se consumaron lo que considero dos milagros de la historia del cine. Por milagro (se puede entender de muchas maneras, como hacer películas magníficas con escaso presupuesto) me refiero aquí al hecho de hacer una serie de películas en torno a la misma trama y con los mismos actores con bastantes años de por medio. Estoy aludiendo al díptico de Denys Arcand: El declive del Imperio americano (1986) y Las invasiones bárbaras (2003), y a la trilogía de Richard Linklater: Antes del amanecer (1995), Antes del atardecer (2004) y Antes del anochecer (2013). Teniendo en cuenta los imperativos de la industria cinematográfica resulta complicado que se puedan llevar a cabo estos proyectos. En ambos casos ayudó el hecho de que fueran filmes exitosos los que abrían la serie, y en el de Linklater de que se tratara de sólo dos actores (Ethan Hawke y Julie Delpy) que, además, colaboraron también en la escritura del guion en las últimas películas de la serie. Más reducido (sólo dos filmes), pero más complejo, es el caso de las de Denys Arcand, pues se llevan a cabo con 17 años de diferencia y el núcleo de actores que se repiten consta de seis.