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miércoles, 22 de abril de 2026

Una nota a Larra con Cadalso de fondo

 


Si citaba hace poco el magnífico “Epílogo en Castilla”, de Azorín, es porque al hablar de las causas de la decadencia de España, y especialmente de la falta de curiosidad intelectual, enumera cuatro autores, a saber, “Saavedra Fajardo, Gracián, Cadalso, Larra”, insignes representantes de lo que podríamos denominar una tradición de pensamiento crítico a propósito del país. Me interesa la manera en que junta Azorín a los dos últimos, pues que (habiendo releído a Larra hace poco y releyendo a Cadalso en este momento) considero que son autores que tienen mucho en común, y no dudo que Cadalso (en sus Cartas marruecas) es el más firme precedente hispánico de la actitud crítica de Larra.

 

Pues bien, mucho me extrañó en mi reciente relectura de Larra que, en un determinado momento de “El casarse pronto y mal”, en que cita a Cadalso, en ninguna de las ediciones más o menos críticas que tengo en casa se anotara el pasaje. Me refiero a la de Carlos Seco Serrano en Planeta, la de Jerry L. Johnson en Bruguera, la de Juan Cano Ballesta en Alhambra Clásicos, o la de Enrique Rubio en Cátedra, esta última con abundantes anotaciones. Quien sí lo hace es Joan Estruch en el tomo 1 de las Obras Completas de Larra, de Cátedra, dedicado a los Artículos (que consulté en una Biblioteca).

 

El susodicho pasaje en que los protagonistas (la joven Elenita y Augusto, sobrino de El Pobrecito Hablador) insisten en casarse reza así:

 

“Bien quisiéramos que nuestra pluma, mejor cortada, se atreviese a trasladar al papel la escena de la niña con la mamá; pero diremos, en suma, que hubo prohibición de salir y de asomarse al balcón, y de corresponder al mancebo; a todo lo cual la malva respondió con cuatro desvergüenzas acerca del libre albedrío y de la libertad de la hija para escoger marido, y no fueron bastantes a disuadirle las reflexiones acerca de la ninguna fortuna de su elegido: todo era para ella tiranía y envidia que los papás tenían de sus amores y de su felicidad; concluyendo que en los matrimonios era lo primero el amor, y que en cuanto a comer, ni eso hacía falta a los enamorados, porque en ninguna novela se dice que coman las Amandas y los Mortimers, ni nunca les habían de faltar unas sopas de ajo.

 

Poco más o menos fue la escena de Augusto con mi hermana, porque aunque no sea legítima consecuencia, también concluía que los Padres no deben tiranizar a los hijos, que los hijos no deben obedecer a los padres: insistía en que era independiente; que en cuanto a haberle criado y educado, nada le debía, pues lo había hecho por una obligación imprescindible; y a lo del ser que le había dado, menos, pues no se lo había dado por él, sino por las razones que dice nuestro Cadalso, entre otras lindezas sutilísimas de este jaez.”

 

Subrayo esa alusión a Cadalso, que no anota casi ninguna edición crítica.

¿Cuáles son las razones aludidas –y reparemos el posesivo “nuestro Cadalso”, que no dudo da indicio de la proximidad entre ambos autores?

Para ello hay que acudir no a las Cartas marruecas, sino a las Noches lúgubres.

 

En un pasaje de la Noche Primera, mientras Tediato, junto con Lorenzo, intenta alzar la losa en que reposan los restos de su amada, se produce el siguiente diálogo:

 

LORENZO.-  Ya he empezado a alzar la losa de la tumba. Pesa infinito. ¡Si verás en ella a tu padre! Mucho cariño le tienes cuando por verle pasas una noche tan dura... Pero ¡el amor de hijo! Mucho merece un padre.

TEDIATO.-  ¡Un padre! ¿Por qué? Nos engendran por su gusto, nos crían por obligación, nos educan para que los sirvamos, nos casan para perpetuar sus nombres, nos corrigen por caprichos, nos desheredan por injusticia, nos abandonan por vicios suyos.

LORENZO.-  Será tu madre... Mucho debemos a una madre.

TEDIATO.-  Aún menos que al padre. Nos engendran también por su gusto, tal vez por su incontinencia. Nos niegan el alimento de la leche, que Naturaleza las dio para este único y sagrado fin, nos vician con su mal ejemplo, nos sacrifican a sus intereses, nos hurtan las caricias que nos deben y las depositan en un perro o en un pájaro.

 

En efecto, éstas son “las razones que dice nuestro Cadalso”, que la ironía de Larra le otorga la consideración de “lindezas”. Muchas otras cosas acercan a estos dos grandes ingenios, que tal vez desarrolle en un futuro post. Hoy sólo quería anotar este pasaje de “El casarse pronto y mal”.

martes, 21 de abril de 2026

Azorín - EPÍLOGO EN CASTILLA

 

Leía esta mañana un viejo artículo de Julián Marías en que hacía un elogio de las librerías de viejo y contaba alguna de las joyas que poseía en su biblioteca y que procedían de ese tipo de compras (una edición en latín de Descartes del siglo XVII o XVIII, por ejemplo). Mi caso es diferente: como estudiante procedente de una familia  de exiliados, con pocos recursos económicos, que además se había matriculado en una carrera de letras, hube de desarrollar un hábito casi infalible de cazador de ofertas que pudieran nutrir mi incipiente biblioteca: la sección de saldos de París Valencia, la librería de viejo Olmos, la cooperativa universitaria Santo Tomás, más tarde la cuesta de Moyano, fueron los primeros veneros de mi afición libresca.

 

Precisamente en París Valencia adquirí  (por 50 pesetillas) un libro que hoy considero casi una joya de mi biblioteca y del que no me desprendería por ningún motivo. Se trata de una edición no venal (entonces descubrí el significado de ese adjetivo) de Lecturas españolas, de Azorín, que se vendía, como reza la pegatina que porta mi ejemplar, en solidaridad con los libreros que habían sufrido atentados (eran los tiempos del tardofranquismo).



 En ese libro, respondiendo a su título, ensayaba Azorín lecturas de algunos de los más egregios escritores españoles: Juan Luis Vives, Cervantes, Garcilaso, Góngora, Saavedra Fajardo, Gracián, Cadalso, Larra… hasta llegar a Galdós y Baroja.

 

Pero lo que me encantaba del volumen era su cierre, ese “Epílogo en Castilla”, que tantas veces llevé y trabajamos en mis clases, pues me parecía un ejemplo paradigmático del espíritu del 98. Lo traigo hoy al blog por su belleza, su enjundia y porque me dará pie para un próximo post que tengo en mente.

 

EPÍLOGO EN CASTILLA

 

Quiero fechar idealmente estas páginas en un viejo pueblo castellano; uno de esos pueblos que he intentado retratar en mis libros. El campo se extiende ante mi vista; se halla en la primavera cubierto con el tapiz verde de los sembrados, roto acá y allá por las hazas hoscas, negras, de los barbechos y eriazos; aparece en otoño desnudo, pelado, de un uniforme color grisáceo. No se yerguen árboles en la llanura; no corren arroyos ni manan hontanares. El pueblo reposa en un profundo sueño…

 

Ningún lugar mejor que estos parajes para meditar sobre nuestro pasado y nuestro presente. Causa de la decadencia de España han sido las guerras, la aversión al trabajo, el abandono de la tierra, la falta de curiosidad intelectual; convienen en ello —como habrá visto el lector— Saavedra Fajardo, Gracián, Cadalso, Larra. No hay más aplanadora y abrumadora calamidad para un pueblo que la falta de curiosidad por las cosas del espíritu; se originan de ahí todos los males. Se origina de ahí la ausencia de examen, de comparación, de apreciación, de crítica. De crítica engendradora de adhesión y de repulsión, de entusiasmo y de hostilidad: entusiasmo y hostilidad que remueven la inercia de los de abajo e impiden la corrupción de los de arriba.

 

Esos españoles eminentes que hemos hecho desfilar por estas páginas, movidos estaban de una insaciable curiosidad intelectual; viajaron por Francia, Italia, Alemania, Inglaterra. Los que no salieron de casa —como Gracián— sentíanse ansiosos por toda novedad filosófica o primor literario. La falta de curiosidad intelectual es la nota dominante en la España presente. ¿Cómo haremos para que interese un libro, un cuadro, un paisaje, una doctrina estética, una manifestación nueva del pensamiento? Reposa el cerebro español como este campo seco y este pueblo grisáceo. No saldrá España de su marasmo secular mientras no haya millares y millares de hombres ávidos de conocer y comprender.  

 

                                             Nebreda, marzo 1912

sábado, 28 de marzo de 2026

Tarzán y don Quijote

 

Tras sus peleas con leopardos, leones y cocodrilos, Tarzán volvía algo magullado a su árbol. Entonces Jane le ponía una venda en la frente y volvía al tajo de nuevo: podía pelear otra vez con cuanta fiera salvaje le saliera al encuentro.

 

Mi esposa y yo siempre nos hemos divertido con la rapidísima solución al problema de sus heridas que ofrecen los guionistas y la credulidad del público que lo acepta sin rechistar (es verdad que las películas de Tarzán van dirigidas a un público menor, entusiasta y poco crítico).

 

Pues bien, releyendo hoy un pasaje del primer capítulo del Quijote veo cómo al hidalgo manchego no le hubieran convencido en absoluto esas argucias de los guionistas.

 

Estamos asistiendo a la lectura de “la razón de la sinrazón” de las novelas de Feliciano de Silva, y el narrador nos dice:

 

“Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para sólo ello. No estaba muy bien con las heridas que don Belianís daba y recebía, porque se imaginaba que, por grandes maestros que le hubiesen curado, no dejaría de tener el rostro y todo el cuerpo lleno de cicatrices y señales.”

 

Como vemos, las novelas de caballerías serían el equivalente del Hollywood de nuestro tiempo, pero el hidalgo de la Mancha no dejaba de ensayar una mirada crítica (en sus momentos de lucidez: ya sabemos que es un “loco entreverado, lleno de lúcidos intervalos”).

 

jueves, 26 de marzo de 2026

En una glosa de Eugenio d´Ors

 

Parábola que d´Ors, en una de sus Glosas, atribuye a un ministro laborista inglés, Mr. Thomas.

 

“Tres obreros se ocupan en tallar piedras en una obra, para la construcción de una catedral, en Lancashire. Un camarada se acerca a ellos, y les pregunta:

 - ¿Qué estáis haciendo aquí?

- Estoy tallando piedras.

- ¿Y tú?, prosigue el interrogador, dirigiéndose al segundo.

- Yo estoy ganando un chelín por hora.

Vuélvese entonces a aquél tercer obrero.

- Y tú ¿qué haces?

- Estoy construyendo una catedral”.

jueves, 12 de marzo de 2026

Picón Salas y el Purgatorio de la Literatura

 

Si hace no mucho escribía en el blog sobre el Paraíso de la Literatura, a propósito de Dante y Estacio, recientemente, releyendo al gran ensayista venezolano Mariano Picón-Salas, me encuentro con una referencia al Purgatorio de la Literatura. En un momento de su escrito “Y va de ensayo” nos dice:

 

“La posteridad edifica una especie de Purgatorio de la Literatura en que hasta los genios como Víctor Hugo deben pagar por miles de páginas que fueron sólo oratoria e incontinencia, y don Emilio Castelar se achicharra por haber pronunciado tantos discursos en que las palabras estaban colgando como bejucos, y a Zorrilla se le cobran sus versos fáciles y superficiales y a don José María de Pereda el convencionalismo de sus novelas. En cuanto a los demagogos del Arte, ésos jamás verán la beatitud eterna.”

(Viejos y nuevos mundos, p. 502)

 

Me quedo con las ganas de ver a cuáles de esos demagogos metería Picón en el Infierno, aunque me parece claro que cada uno tiene su lista particular.

El caso es que hoy, paseando, me topo con una confluencia de calles cuyos nombres podrían ejemplificar muy bien las dos primeras postrimerías, aquellas que ven o aspiran a ver la beatitud eterna. No pude resistirme a hacer una fotografía.




domingo, 8 de marzo de 2026

Gradación de los cuerpos

 

        

Una reciente estancia hospitalaria, en que sentí cómo mi cuerpo se convertía en casa Pepe, por decirlo así, esto es, un espacio que médicos y enfermeros utilizaban  casi a su antojo, en busca de mi curación, sin duda, pero sin miramientos, de manera poco respetuosa, me llevó a pensar en una posible clasificación de los cuerpos, graduándolos por orden de mayor a menor perfección.

 

- el cuerpo del bailarín: sin duda el más bello y más estilizado de los cuerpos, el cuerpo que roza con el ideal. Su movilidad es casi vuelo, diríamos que apenas se sostiene sobre el suelo. De ahí que yo siempre considere el ballet, la danza, como la expresión de la utopía de los cuerpos, sin saber exactamente qué quiere decir tal expresión, pero sabiendo que remite a algo que está por encima de lo corriente y que apunta a la idea de perfección en ellos.

 

lunes, 23 de febrero de 2026

Azorín y las lecturas inusitadas

 

Azorín era un gran lector, y un verdadero bibliómano. Son muy frecuentes sus evocaciones de sus visitas a la cuesta Moyano madrileña en busca de viejos libros. Yo diría que conocí esa feria de libros (que tantas veces he visitado) en sus páginas.

 

Es un maestro de la crítica literaria evocativa e impresionista. No hay mejor forma de entrar en la literatura clásica española que leyendo las páginas de Lecturas españolas, Al margen de los clásicos, Clásicos y modernos, Los clásicos redivivos… Todas obras suyas.

 

sábado, 24 de enero de 2026

Cuidado con las muletillas (El Camino, de Miguel Delibes)

 

Para una estancia hospitalaria decidí llevarme una lectura segura y ligera. Como en mi grupo de lectura estamos releyendo novela de postguerra, aposté por El camino, de Miguel Delibes, de la cual tenía un recuerdo inmejorable. No me decepcionó lo más mínimo la obra terminada durante la convalecencia (en la clínica sólo llegué a leer 3 o 4 páginas), casi diría me gustó más que entonces (hace 40 años) cuando la leí para ponerla en clase con cierto éxito (mi amigo Javier me confiesa con tristeza que los jóvenes de hoy probablemente no entenderían nada). 

 

Hoy quiero traer al blog dos pasajes. El primero lo leí en la clínica y me emocionó por su maravillosa ternura. En el capítulo XII, Daniel el Mochuelo cuenta cómo su padre cogía a veces el tren para ir de caza y la escena que se producía a la vuelta:

 

“Tanta ilusión como por ver llegar a su padre triunfador, con un par de liebres y media docena de perdices colgadas de la ventanilla, le producía a Daniel, el Mochuelo, el primer encuentro con Tula, la perrita cocker, al cabo de dos o tres días de ausencia. Tula descendía del tren de un brinco y, al divisarle, le ponía las manos en el pecho y, con la lengua, llenaba su rostro de incesantes y húmedos halagos. El la acariciaba también, y le decía ternezas con voz trémula. Al llegar a casa, Daniel, el Mochuelo, sacaba al corral una lata vieja con los restos de la comida y una herrada de agua y asistía, enternecido, al festín del animalito.”

 

(cap. XII, p. 119-120)

 

lunes, 15 de diciembre de 2025

Dos milagros de la historia del cine

 

Para José Antonio Jiménez, que me dio a conocer los filmes de Linklater.

 

Hacia principios del siglo XXI se consumaron lo que considero dos milagros de la historia del cine. Por milagro (se puede entender de muchas maneras, como hacer películas magníficas con escaso presupuesto) me refiero aquí al hecho de hacer una serie de películas en torno a la misma trama y con los mismos actores con bastantes años de por medio. Estoy aludiendo al díptico de Denys Arcand: El declive del Imperio americano (1986) y Las invasiones bárbaras (2003), y a la trilogía de Richard Linklater: Antes del amanecer (1995), Antes del atardecer (2004) y Antes del anochecer (2013). Teniendo en cuenta los imperativos de la industria cinematográfica resulta complicado que se puedan llevar a cabo estos proyectos. En ambos casos ayudó el hecho de que fueran filmes exitosos los que abrían la serie, y en el de Linklater de que se tratara de sólo dos actores (Ethan Hawke y Julie Delpy) que, además, colaboraron también en la escritura del guion en las últimas películas de la serie. Más reducido (sólo dos filmes), pero más complejo, es el caso de las de Denys Arcand, pues se llevan a cabo con 17 años de diferencia y el núcleo de actores que se repiten consta de seis.

 

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Sobre algunas fuentes de la SONATINA de Rubén Darío.

 

La reciente lectura de los Cuentos de la Alhambra, de Washington Irving, me trajo a la cabeza, en varios momentos, la “Sonatina”, de Rubén Darío. ¿Será una de sus fuentes?, se preguntaba el crítico hidráulico que muy frecuentemente soy. Eso me llevó a consultar un curioso ensayo, que había leído tiempo ha, de Manuel Cardenal de Iracheta, recogido en su libro póstumo Comentarios y recuerdos (Revista de Occidente, 1972). Allí encontramos su escrito sobre “La Sonatina de Rubén”. En él, tras disculparse de introducir la mirada crítica en la poesía (que está hecha para sentirse), y reconocer que “las cuerdas de la lira de un poeta están siempre tomadas de las de otros poetas”, ensaya indagar en el “entronque y dependencia” de Darío respecto de la poesía francesa aplicado a este poema. Y traza la siguiente línea genealógica de antecedentes:

 

Victor Hugo: “La rose de l´infante” (La légende des siècles, 1859)

 

Stuart Merrill: “La douleur de la princesse” (Les gammes, 1887)

 

Albert Samain: “L´infante” (Au jardín de l´infante, 1893)

 

Rubén Darío: “Sonatina” (Prosas profanas, 1893)

 

lunes, 3 de noviembre de 2025

El respeto de Maite y el respeto de Alauda: notas sobre LOS DOMINGOS.

 


Fui a ver esta película ayer, por recomendación de Marcos, y  muy agradecido le estoy, pues que se trata de una obra enormemente lograda, con unas interpretaciones magistrales y que te tiene atrapado durante todo el desarrollo, y te da mucho que pensar cuando termina. Mucho que pensar y mucho que hablar, porque no puedes evitar comentarla y discutir muchos de sus aspectos con quienes la han visto.

        

Desde entonces no he dejado de recomendarla, y ahora lo vuelvo a hacer desde el blog, aunque sea un poco ocioso, pues haciendo un pequeño recorrido por el ciberespacio constato que está teniendo una acogida excelente, tanto por parte de público como de crítica.

 

He visto alguna reseña o entrevista con la directora, y todas se dirigen al mismo lugar: que si la película es muy abierta; que, siendo obra de personas laicas y no creyentes, la mirada hacia el mundo de lo religioso es muy respetuosa; que se centra en el conflicto que genera en los distintos miembros de la familia una decisión de este tipo, etc.

 

Sí, todo eso está muy bien, y Alauda Ruiz de Azúa, la directora, como persona que se mueve en el mundo del cine (ya sabemos, arte e industria) tiene que vender la película, y esa postura de apertura a las múltiples lecturas vende más que alguna lectura más posicionada.

 

jueves, 25 de septiembre de 2025

Las píldoras humanísticas de Javier

 

Me envía Javier un enlace de sus “50 píldoras humanísticas contra el mal de los tiempos”, publicado en la Revista digital Entreletras.

https://www.entreletras.eu/temas/cincuenta-pildoras-humanisticas-contra-el-mal-de-los-tiempos/

Me parecen tan buenas que le pido permiso para incluir algunas en mi blog (que así se enriquece). Reconocemos el tono de su última novela La tristeza del sabio, pero también nos complace mucho que ensaye el aforismo, y así se coloque, toutes proportions gardées, en la tradición de Nietzsche, Cioran y otros de ese jaez. Me he reído enormemente con la dilogía de la número 13. La 7 tiene cierta confluencia de tono con mi último post.

Ahí van unas pocas:

7 – ¿Por qué el cansino mantra de la pedagogía moderna de que hay que despertar en los estudiantes una “actitud crítica”, sin jamás mencionar que hay que despertarles también —y antes que nada— una “actitud admirativa” hacia los logros de la civilización y las grandes cimas de la cultura?

9 – Ya no se ven bibliotecas domésticas: esos cientos o miles de libros que antes poblaban los hogares, no sólo de eruditos y profesores, sino de médicos, ingenieros, abogados, funcionarios…, gentes instruidas o con ganas de instruirse. Aunque dispongan de suelo térmico y climatización constante, hoy hace más frío en esos hogares

13 – VOCACIONES. Hay quienes ven en los hijos el fin de la vida y hay quienes ven en los hijos el fin de la vida. Vocación de casado y vocación de soltero: hay que seguirlas.

16 – ¿AVE FÉNIX? La cultura humanística es una creación tan sutil y delicada en la evolución del animal humano que hacen falta siglos de esfuerzo para levantarla, pero unos pocos años bastan —lo estamos viendo— para reducirla a cenizas.

19 – REFLEXIÓN DEL FILÓSOFO. Las ideas son manjar; la ideología, pienso.

30 – Rousseau, un genio paranoico, ha sido el más grande intoxicador de conciencias de la modernidad; desde las fantasías sociales de Marx hasta las imposiciones de última hora son herencia suya: la nueva pedagogía, el animalismo rampante, el sometimiento a la corrección política, el victimismo sentimental de nuestros días… Toda la modernidad, en definitiva, ha seguido los pasos de un loco.

40 – ÉLITE Y VULGO. El sabio y el necio van en barcos distintos. No es un buen signo el aplauso de la mayoría. La multitud eligió a Barrabás, no a Cristo.

48 – Decía Ortega y Gasset en La rebelión de las masas que el hombre moderno es “un primitivo emergiendo de un mundo civilizado”. Cada vez es más cierta esa apreciación. ¿Y cómo no pensar en ella cuando contemplamos al ciudadano vulgar del siglo XXI embobado y embebido en sus sofisticadísimos chismes de bolsillo?

martes, 23 de septiembre de 2025

Actualidad y canon: sobre los libros de texto y pruebas de Selectividad

 

Hoy quiero traer al blog un fragmento de Ortega y Gasset, de su libro La caza y los toros. Recuerdo que aparecía en uno de los libros de texto que utilicé en mis muchos años dando clases de Lengua y Literatura. En uno de los primeros temas, al hablar del esquema de la comunicación y las funciones del lenguaje, se leía este texto y se planteaban algunas preguntas que ya no recuerdo, pero que tendrían que ver con las diferencias entre función expresiva y representativa del lenguaje y cosas por el estilo.

 

Para mí el texto constituyó toda una revelación. No sabía yo que el ladrido en el perro era algo adquirido, y me parecía muy penetrante la manera en que Ortega lo relacionaba con un cuasi lenguaje.

 

Pero lo más significativo para mí, aparte del valor propio del escrito, era que perteneciera a un gran filósofo y que, al mismo tiempo que se hacía una lectura valiosa, se estuviera transitando el canon clásico de los grandes autores.

domingo, 14 de septiembre de 2025

Otra forma de danzar: el toreo según Gerardo Diego

 

A la vuelta de Cantabria (siempre tan vivificadora para mí) decidí leer a alguno de sus escritores y me enfrasqué en la correspondencia entre Gerardo Diego y José María de Cossío. Comentaban cosas de literatura y libros, sobre todo, pero algo de toros aparecía de vez en cuando (la creación de "Torerillo en Triana" del primero para la antología del toro en la poesía que proyectaba el segundo, por ejemplo). Javier me comentó que la mejor poesía sobre tema taurino que había era la de Diego, y así me puse a leer la recopilación Poesía y prosas taurinas, editada por Pre-Textos. Allí me encuentro con un artículo que Diego escribió para el diario ABC el 17-12-1961, y que lleva por título Novísimo “Laocoonte”. En sus primeros párrafos despliega el poeta una teoría sobre la relación entre la tauromaquia y la danza que me parece muy penetrante y que, por ello, no puedo resistirme a teclear:

 

miércoles, 3 de septiembre de 2025

Una etapa en el viaje literario: las inscripciones sepulcrales del Monasterio de Oña

 

En mi periplo hacia al Cantábrico, esta vez, no bajé por la Mazorra ni, por tanto, pude contemplar, con cierta holgura, la torre de Valdenoceda. Conspiró contra ello lo que podríamos denominar el elemento literario del viaje. Así que, tras Burgos, en vez de atravesar el páramo de la Masa, me fui por Briviesca en dirección a Oña.

 

Quería volver a visitar el Monasterio de San Salvador para reparar mejor en las inscripciones sepulcrales que se encuentran en su claustro.

 

viernes, 4 de julio de 2025

Un fragmento de Ivo Andric: sobre el origen de los puentes

 

Cuando viajé a Perugia, por primera vez, para aprender italiano, mis principales amigos allí fueron un alemán, Wolfgang, y dos croatas, Branko y Erwin, compañeros de clase y del asueto vespertino, paseando por el Corso Vanucci, al tiempo que blandíamos el inevitable helado de stracciatella.

 

Un día les pregunté a mi amigos yugos (todavía existía Yugoslavia) cuál era la obra literaria fundamental de su país. Y me nombraron a Ivo Andric, premio Nobel, cuyo Un puente sobre el Drina era la joya de la corona de su literatura. Retuve la referencia en mi cabeza, y tiempo después adquirí la obra, pero no ha sido hasta ahora, unos cuarenta años más tarde, que me he puesto a leerla (así de cargada y exigente es mi agenda de lecturas).

 

La obra no me ha defraudado lo más mínimo, sino que me parece excelente, con una prosa al mismo tiempo cristalina, precisa y profunda. Pasa revista a cuatro siglos de historia local en torno al puente y la ciudad de Visegrad, en Bosnia, con la cotidiana y difícil convivencia entre cristianos, musulmanes y judíos que pueblan la región. Una novela histórica y coral cuyo protagonista principal no es otro que el magnífico puente.

 

sábado, 7 de junio de 2025

Barenboim, el acontecimiento musical y su reseña (Valencia 1998)

 

Traigo hoy al blog una lejana crítica de un verdadero acontecimiento musical al que asistí. Es muy frecuente que, cuando vamos a un concierto, pasamos un buen rato oyendo sonidos gratamente acordados, pero la Música (y ahora la escribo con mayúsculas) no comparece. Hay sonidos bien dispuestos, cierto ritmo placentero, pero, como decía, la invitada de honor no se presenta. Cierto es que, para decir esto, estoy manejando una noción de Música algo mística, como episodio sublime y trascendente en la vida de una persona, que le conecta con algo que está fuera del tiempo ordinario. Así entendida, yo diría que tal vez en el 80 % de los conciertos la Música no comparece. Es verdad que, cuando lo hace, se produce la experiencia de lo que, con palabras de Lezama Lima (y que algún día intentaré explicar), podemos denominar la cantidad hechizada.

 

Pues bien, el concierto que nos ocupa fue uno de esos memorables, en que no sólo la invitada se presenta, sino que se produce tal fusión de artista y público que rebasa cualquier expectativa posible, por más optimista que fuera. Es por ello que, hoy, 27 años después de ocurrido, me apetece recordarlo. Y lo hago a través de una magnífica reseña de Gonzalo Badenes que, por entonces, solía escribir las notas a los programas de mano del Palau de la Música de Valencia, y también hacía crítica musical en El País.

miércoles, 4 de junio de 2025

Tangencias inauditas: Josquin des Prez y W. H. Auden: memoria de los muertos

 

Estamos a finales  del siglo XV. Ha muerto Johannes Ockeghem, uno de los maestros de la polifonía franco-flamenca, en 1497. El cronista francés Jean Molinet escribe un sentido poema, que Josquin des Prez musicará, creando una de las obras maestras de este tipo de música: Déploration de la mort d´Ockeghem. Lo que hace Josquin es alternar, polifónicamente, el poema de Molinet con las siguientes palabras del cantus firmus:

 

Requiem aeternam dona eis, Domine,

Et lux perpetua luceat eis.

Requiescat in pace. Amen.

 

Traigo hoy al blog el excelente poema de

Molinet, del que intento una versión, al tiempo que hago un par de aclaraciones.

domingo, 1 de junio de 2025

Sobre el turismo: con Unamuno de viaje por Extremadura

 

Por aquel salón de actos de la Facultad de Filosofía y Letras de Valencia, en los años de la Transición, pasaron notables figuras de las letras: recuerdo a Manuel Puig, a Juan Goytisolo, o a los numerosos grupos teatrales que nos trajo Antoni Tordera (Caterva de Gijón, Esperpento de Sevilla o el Libre Teatro Libre Latinoamericano, por ejemplo). Un buen día un grupo de jóvenes muy modernos y à la page presentaban una revista de nombre ambiguo, Diwan, que tanto podía aludir  al diván de Freud, como al farol de considerarse los número uno. Allí estaban Alberto Cardín, Biel Mesquida y también Jiménez Losantos. El caso es que tras mostrar su refinamiento, inteligencia y actitud polémicamente avanzada (hablaban mucho de Lacan, Barthes y otros), al llegar el turno de palabras, la tomó un extraño en el público (no se trataba de un universitario), con ciertos indicios de retraso, o desorientación, que dijo:

- Todo eso está muy bien. Pero yo pienso que lo que hay es que leer más a Unamuno.

Sensación de tierra trágame generalizada, y uno de los jóvenes (tal vez Jiménez Losantos) supo complacer al espontáneo ponderando lo mucho que él apreciaba a don Miguel.

 

Recuerdo esto porque hoy, releyendo a don Miguel (el Unamuno que prefiero es el de los libros de viajes o ensayos cortos sobre arte), precisamente algunas de las crónicas que escribía para La Nación, de sus andanzas por Portugal y España, las relacionadas con el reciente viaje que he hecho por Extremadura, me topo con algunos pasajes interesantes.

 

martes, 27 de mayo de 2025

Tres versiones de El Escorial: Ortega y Gasset, García Lorca y Luis Cernuda.

 

Releyendo estos días Capítulos de historia de la lengua literaria, de Ricardo Senabre, me complace la manera tan minuciosa a veces en que el investigador se aproxima a los textos. Incluso en textos de carácter irracional Senabre llega siempre hasta donde la racionalidad le permite llegar, intenta explicar, desde la razón, cualquier detalle verbal (cualquier matiz del significante), y, donde no puede más, se detiene, y te da a entender, hasta aquí he llegado con la razón. El resto es cosa del misterio de la creación artística. Ese intento de marcar los límites entre lo que puede ver la razón y el elemento misterioso me parece subyugador. No como otros críticos literarios que, a las primeras de cambio, se envuelven en las brumas, y se dedican a multiplicarlas y desparramarlas.

 

Pues bien, no sé de qué manera algo oblicua, esta lectura de Senabre me ha hecho recordar también mi trato con micropasajes literarios, aunque es verdad que yo no les sacaré la punta que les sacaba el maestro.