martes, 25 de diciembre de 2012

Opinión de Leopoldo Alas "Clarín" sobre la polémica a propósito de la mula y el buey

En su relato navideño “El frío del Papa” (Cuentos morales, 1895) Clarín hace que el protagonista, Aurelio Marco, tenga un sueño en que recupera la fe de su infancia. Este es un fragmento de dicho sueño:

Aurelio y la moza garrida que le hace volar, llevándole en vilo, llegan a verse solos... no importa, siguen. El camino hace un recodo en un altozano; el horizonte se ensancha y lo corta con obscuridad simétrica el perfil de un gran templo, de cúpula inmensa. Aurelio se ve solo dentro de la nave cuyas bóvedas se pierden en las sombras de la altura. Por la parte del ábside el gran templo está en ruinas y deja ver el campo, las montañas y las estrellas; en el altar mayor hay una cuna humilde en un pesebre; del lado del Evangelio hay una cama de hospital, limpia y pobre; en la cuna gime y tirita de frío un niño de piel de rosas; en la cama humilde tirita un anciano caduco, pálido como la cera, de piel transparente, en los huesos.
Las estrellas parece que envían sobre la cuna y la cama efluvios de hielo. ¡Cuánto
frío! ¡Qué desnudez! Una mula y un buey están al lado de la cuna; el buey arroja
nubes del vapor de su aliento sobre el niño en la cuna. El anciano, que se muere
de frío, de tarde en tarde levanta la cabeza temblorosa y mira hacia la cuna, y
sonríe agradecido al buey que calienta con su aliento al niño. El frío hace delirar al
anciano, que piensa, con esos consuelos de la pesadilla que huye del dolor:
«Mientras él no se hiele, yo no me hielo».
Aurelio ve que de repente entran en la nave del templo tres personajes vestidos de
púrpura y oro, con sendas coronas en la frente; son, como el buey y la mula,
figuras de nacimiento de tamaño natural. Bien los conoce: son Baltasar, zapatero y
clarinete en la murga del municipio; Melchor, sacristán y figle de la banda; Gaspar,
panadero y cornetín. Los Reyes Magos rodean el lecho del anciano. «¡Se muere
de frío!» dijo Melchor.
-«¡Se hiela en esta noche eterna del mundo sin fe, sin esperanza, sin caridad».
Esto lo dijo Gaspar.
Y Baltasar, suspirando: «Cubrámosle con nuestro manto».
Y Baltasar entonces echó sobre el Pontífice León XIII, que este era el anciano del
lecho humilde, echó su manto pesado de púrpura, y Gaspar el suyo, y Melchor el
suyo.
El buey, que los veía, dejó un momento al Niño, y vino también a calentar con su
aliento al Papa, que se moría de frío.
Aurelio Marco, de rodillas, sentía la inefable emoción del dolor religioso, de la
sumisión piadosa a las despiadadas lecciones del misterio impenetrable y santo.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Probemos a decir Sí


Los días no pasan por la triste España de Larra. Cuando gran parte del personal de ventanillas se ha puesto al día e ir a hacer una gestión no implica necesariamente el “vuelva usted mañana” habitual hasta el advenimiento de los primeros gobiernos democráticos, perduran, sin embargo, resistentes restos de la actitud nacional a darte el NO como primera, y muy frecuentemente única, solución.

En la Clínica donde estoy ingresado, y de la que no tengo ninguna queja, más bien solo gratitud (ayer  interrumpió mi urólogo su fin de semana vacacional y abrió los quirófanos solo para mí, para realizarme una intervención de urgencia –sí, compañeros de trabajo, abandoné el claustro antes de tiempo para irme de urgencias a la clínica) me quedo sin agua antes de las 6 de la madrugada. Como el desayuno tardará en llegar y tengo sed toco el timbre de las enfermeras (por primera vez en los dos días que llevo aquí) para pedirles un poco de agua o un zumito pequeño, algo que aplaque mi sed hasta la hora del desayuno. La respuesta temible, y sin embargo no del todo inesperada, es NO, “hasta que no suban el agua con el desayuno no disponemos de ello, aunque hay una máquina en el pasillo".

Me levanto, busco monedas en los bolsillos del pantalón que tengo en el armario, agarro el palo donde cuelgan el gotero y con un batilongo de esos que vas enseñando el culo, me dirijo por el pasillo en busca de la botella de agua, que deberé llevar a la habitación con la mano que tiene la vía o con la que conduce el palo. ¿Queréis creerme que en el trayecto de ida y vuelta –yo solo por el pasillo de esa planta y con ese palo de gotero que no es silencioso- la enfermera, por delante de la cual pasé dos veces, ni siquiera levantó la vista de la pantalla del ordenador.

¿Pertenecerá a esa generación de nuevos rinocerontes? No es difícil distinguirlos cuando se entra en un autobús: mantienen la mirada baja, fija en un aparato electrónico, a través del cual se comunican (what`s up o algo así se llama el mecanismo) o más frecuentemente… juegan.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Lectura y Redacción navideña para 3º A y B

La próxima Lectura para 3º ESO será El niño del pijama de rayas, de John Boyne, en editorial Salamandra. Existe el formato normal que vale unos 13 €, pero también el formato de bolsillo (que no llega a los 7 €). Podéis decidiros por el que queráis. Para aquellos que ya hayan leído esta novela y no la quieran repetir, les doy la opción de leer el Diario, de Ana Frank, del que hay versión en muy diversas editoriales: desde DeBolsillo (unos 10 €) hasta una edición muy básica saldada en las librerías París Valencia por 2 €. Tampoco es difícil conseguirlo como e-book. Las dos obras tienen en común el tema de la persecución y exterminio de los judíos por parte de los nazis durante la segunda guerra mundial. La primera es una novela de ficción y la segunda un diario auténtico.

La fecha del control de lectura será el jueves 24 de enero de 2013.

Aparte de esta lectura (que debéis hacer en Navidad) quiero que  hagáis una redacción de unas 20 líneas (que debe figurar en vuestra libreta) y que tendrá por título: Mis fiestas navideñas. La podéis enfocar poniendo de relieve el núcleo y complemento del Sintagma Nominal (fiestas navideñas) o el Determinante (Mis).
Debe estar hecha para cuando volvamos a clase.

¡¡¡FELICES NAVIDADES A TODOS AND A HAPPY NEW YEAR!!!

jueves, 29 de noviembre de 2012

Una cucharada de Shakespeare

En la página de la editorial Pre-textos dedicada  a su libro Jardín circunmurado. Antología poética del teatro de Shakespeare nos encontramos con la siguiente joyita a propósito del presentismo, o excesivo culto a la actualidad:
Aquello que otros hacen, aunque no
esté a la altura
de aquello que tú hiciste, te sobrepasará:
el tiempo es un patrón insensible que estrecha
fríamente la mano del que parte, y recibe
con los brazos abiertos, como dispuesto al vuelo,
a los recién llegados. La bienvenida ríe,
los adioses se marchan suspirando. No quieran
tus virtudes de antaño ganar hoy sus laureles.
La hermosura, el ingenio, la fortaleza física,
la nobleza, los méritos, la amistad, el amor,
la bondad… todo eso se halla preso del tiempo,
que lo injuria envidioso. Hay un rasgo común
a todos los mortales: es el elogio unánime
de la última minucia, aunque salga del molde
de las cosas pasadas. Y así, un poco de oro
sobre el polvo se aplaude más que el oro
empolvado.
Las miradas de ahora celebran lo de ahora.


De Troilo y Crésida III. III, William Shakespeare

domingo, 18 de noviembre de 2012

Un titán habla de otro: Machado sobre Galdós

No es sólo Galdós el más fecundo de los novelistas españoles, es además el más fuerte, el más creador, el más original entre los maestros de su tiempo. Pereda no vio más allá del terruño. Clarín no maduró. Alarcón tuvo gracia y fantasía, pero también un fondo sobrado banal. Valera fue víctima del mal gusto literario que produce un exceso de literatura. Espíritu burlón –no exento de gracia- sólo tomó en serio los libros malos. Entre estas gentes descuella Galdós como figura gigantesca. Sus Episodios Nacionales, cuyo último volumen se acaba de publicar, asombran por la cantidad de vida española que contienen. Observador de nuestras costumbres, despreocupado de toda intención literaria, nos da en sus novelas una idea muy justa de las gentes de nuestra tierra y, sin seguir la huella de ninguno de los grandes maestros españoles, conquista entre ellos un puesto eminente. No iguala a Dickens en el arte de apuntar el detalle, pero le supera en la visión sintética y creadora que se apodera del carácter.
Es humorista sin pretenderlo y cuando escribe revela un corazón bondadoso, exento de esa vanidad moral, tan corrosiva, que designa a los hombres so color de adoctrinados. Su obra es grande y simpática. Admiro vivamente a Pérez Galdós.

Antonio Machado en La República de las Letras, 22-7-1907, número de homenaje a Pérez Galdós. (Tomado de Pedro Ortiz-Armengol: Vida de Galdós, Biblioteca de Bolsillo, 2000, p. 449)

lunes, 12 de noviembre de 2012

Conejos suicidas y Literatura Universal

Acabo de descubrir los conejos suicidas. Veo que también estuvieron en el Antiguo Testamento.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Vamos al teatro: Noche de reyes, de Shakespeare, por Eduardo Vasco. Crítica amiga


            Me queda lejana la lectura de la comedia shakespeariana Noche de reyes (o Noche de Epifanía, como también se la traduce, aunque el original es Twelve night), por lo que este comentario no versará sobre detalles de la adaptación, sino sobre la mágica vitalidad del resultado.
            Para comenzar sitúa el director la obra en un tiempo más o menos reciente, los personajes visten a la manera de principios del siglo XX, dotando a la obra también con acompañamientos musicales muy variados (tango, flamenco, jota aragonesa), pero que esencialmente remiten al music-hall.
            Así que algunos personajes proceden de un naufragio (los gemelos Viola y Sebastián), se mueven por un bosque y son nobles (duques, condes), pero al mismo tiempo los reconocemos como contemporáneos. Shakespeare decide hacer una comedia de enredo y, en estos casos, siempre le gusta rizar el rizo y hacer que se multipliquen los disfraces, confusión de identidades, quid pro quo, figuras bufonescas y escenas hilarantes. Eduardo Vasco ha sabido, en su excelente montaje, conseguir un ritmo vertiginoso (sin el más mínimo tiempo muerto), encontrar actores idóneos para los diferentes papeles, que realizan interpretaciones memorables (difícil destacar a alguno, porque muchos son brillantes), y, sobre todo, enfatizar el juego de los bufones, con sus múltiples desvaríos y disparates verbales.
            Aquí hay que celebrar la estupenda versión de Yolanda Pallín, que nos ofrece un texto enormemente libre, con un lenguaje actual, pero en el que se percibe con nitidez la fidelidad al estilo shakespeariano, que siempre comparece bajo ese brillante castellano (sus juegos de palabras, las alusiones sexuales, la deformación ignorante del lenguaje, las frases hechas, etc.)
            Sin olvidar que Shakespeare es siempre Shakespeare y hay parlamentos que valen su peso en oro, como el que refiere el bufón –sentado en el suelo junto al piano-sobre la corrupción de las palabras.
            Creo que no he conseguido con estos apuntes precisar las muchas virtudes de la obra. Por tanto terminaré con una nuda exhortación: ¡NO SE LA PIERDAN!

lunes, 22 de octubre de 2012

De plástica: un dibujo y un cuadro

Hoy traigo al blog dos joyas de la plástica, por motivos diferentes. Viendo la última película de Fernando Trueba, El artista y la modelo, obra hermosa y contemplativa, se produce un momento mágico, eso que –tomando una expresión de Lezama Lima- suelo denominar “cantidad hechizada”, cuando el artista, un escultor octogenario, le muestra a su joven modelo un dibujo aparentemente simple y banal. Al preguntarle qué le parece, la joven responde que bonito. El escultor hace un gesto de desaprobación y le hace descubrir, mirada a mirada y detalle a detalle, cómo ese rápido dibujo de Rembrandt es una de las joyas de la historia del arte. El proceso de ese descubrimiento es –en mi opinión- el momento más hermoso de la película.
La otra obra se encuentra en Roma, en la iglesia de San Luis de los Franceses. Se trata de un fresco de Caravaggio que se titula “La vocación de Mateo” y representa el momento en que Jesús llama al recaudador de impuestos que era Mateo (el hombre asombrado que se lleva la mano al pecho y se pregunta ¿es a mí?) para que abandone todo y le siga. Ni que decir tiene que abandonó todo y le siguió. Más tarde escribiría el evangelio que lleva su nombre. De esto hemos hablado hoy en el tema de La Biblia, en clase de Literatura Universal. Mucha atención a la irresistible mano de Jesús.


domingo, 21 de octubre de 2012

Relectura borgeana de un mito clásico

LA CASA DE ASTERIÓN

Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión.
Apolodoro: Biblioteca, III,I


Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito)1 están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aqui ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la Tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el Sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo; aunque mi modestia lo quiera.
El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro porque las noches y los días son largos.
Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos). Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya veras cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.
No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce (son infinitos) los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce (son infinitos) los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado Sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el Sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.
Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que, alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?

El Sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
-¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.

Jorge Luis Borges

martes, 16 de octubre de 2012

La humanidad de Homero en Ilíada

Ninguna epopeya termina con esa piedad entre dos hombres pertenecientes a dos bandos opuestos [se refiere a Aquiles y Príamo, que se dan una tregua para llorar a Patroclo y Héctor respectivamente].
Sin llegar nunca tan lejos, ninguna epopeya es tan poco “patriótica” ni tan completamente “humana”. Incluso sabemos que Eneida, que se aproxima mucho a Homero y se inspira abiertamente en Ilíada, obedece a un deseo de propaganda dinástica. Puede establecerse un bello contraste entre las dos descripciones de los escudos en ambas obras. En Ilíada, el escudo que Hefesto cincela para Aquiles representa el cielo y el mar, y dos ciudades humanas, una en paz, que se entrega al gozo y practica la justicia, la otra en guerra, donde se lucha y se muere. Añade la labranza, la cosecha, la vendimia, la ganadería y, por último, la danza: un resumen de la vida y de las actividades humanas. En Eneida, el escudo que Vulcano forja para Eneas representa escenas de la historia de Roma, con Augusto en el centro y con numerosos episodios a la gloria de los romanos. La comparación destaca en su vigor el carácter universal, y profundamente humano, de Homero. A Virgilio le conmueve la historia de Roma; a Homero, el destino de los hombres.

Jacqueline de Romilly: Por qué Grecia, p. 39.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Cronos (=Saturno) devorando a sus hijos



Así como el tratamiento de Rubens parece una mera ilustración del mito, con un grado de horror perfectamente soportable, la visión de Goya va mucho más lejos y expresa muchas más cosas. Esa figura destartalada de Saturno, con su pelaje sin mesura, sus ojos despavoridos y su boca informe; esa figura inerme y sangrante de la víctima, que roza lo objetual e inhumano (carece de rostro, carece de cabeza), nos llevan a plantearnos hipótesis respecto a su significado: ¿nos habla Goya del alegórico Tiempo que destruye a sus hijos? ¿o se mete en psicología profunda para hablar del papel enormemente destructor de ciertas figuras paternas? ¿o remite al salvajismo puro y duro que debió reinar en los tiempos primigenios de la aurora de la humanidad?

martes, 2 de octubre de 2012

El milagro del siglo V ateniense

El siglo V ateniense inventó la democracia y la reflexión política. Creó la tragedia y, en menos de cien años, vio cómo se sucedían los tres únicos autores que conocieron la posteridad: Esquilo, Sófocles y Eurípides. Dio forma a la comedia con Aristófanes. Fue testigo de la invención de la historia, primero con Heródoto (que no era ateniense, pero que vivió muchos años en Atenas), después con Tucídides. Presenció las construcciones de la Acrópolis y las estatuas de Fidias. Fue el siglo de Sócrates, que, en los últimos años del siglo, conversaba con el joven Platón o con el joven Jenofonte y con los discípulos de aquellos sofistas que acababan de inventar la retórica. Se conocían entonces los progresos de una nueva medicina, científica y basada en la observación: la de un tal Hipócrates…

Jacqueline de Romilly: Por qué Grecia, p. 38

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Familia que lee unida...

Este verano, en la garganta de Kakueta, en el Pirineo francés, mientras centenares de turistas recorríamos de ida o de vuelta los escasos dos kilómetros que conducen desde una bellísima laguna hasta la boca de acceso a una cueva, mis ojos se quedaron fascinados al contemplar la extraordinaria imagen de una familia que, toda calma y mesura, se entregaba con suma apacibilidad al deleitoso placer de la lectura. No pude evitar sacarles una foto, pues que se me antojó algo que respondía perfectamente al dicho de "si no lo veo, no lo creo". Y todo un ejemplo para lectores perezosos o remisos.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Una magnífica evocación de lo que debemos a Grecia

Nuestra deuda con Atenas


Inauguraron una actitud ante el mundo: tenían un inaudito afán de conocer y conocerse, entusiasmo por la libertad, anhelo de belleza cotidiana y una animosa confianza en el diálogo. En las orillas del mar, “sonrisa innumerable de las olas” y camino de infinitas aventuras, inventaron leyes, exploraron el cosmos y teorizaron con entusiasmo. Para retratar el carácter ateniense, Pericles dijo, según cuenta Tucídides: “Amamos la belleza sin ostentación y buscamos el saber tenazmente”. Admirable lema para una ciudad y una cultura. Y solo a un griego como Aristóteles se le pudo ocurrir como algo evidente que “por naturaleza, todos los hombres anhelan el saber”. A otros pueblos los definen otros afanes: aman la piedad religiosa, el dinero, las guerras de conquista, el fútbol o la gastronomía. Solo en Grecia “filosofar” no fue un raro oficio profesional, solo allí fue la política una tarea común de la democracia. En Atenas, la educación comenzaba por saber poesía (Homero, sobre todo) y acudir al teatro de Dioniso. Otras ciudades anteponían el atletismo, la gimnasia y las hazañas bélicas.
Los dioses griegos, hechos a imagen y semejanza de los seres humanos, incluso demasiado humanos, pero más hermosos, frívolos y felices, no acongojaban la vida de sus creyentes; fiestas colectivas y certámenes deportivos eran frecuentes y populares. Frente al despotismo de otros pueblos, como los persas, los griegos —cuenta Heródoto— se sentían orgullosos de obedecer solo a sus propias leyes; frente al hieratismo de los sabios egipcios, creían en la vivacidad y la belleza de lo efímero con entusiasmo juvenil. El arte en otros países es rígido, solemne y atemporal; el de los griegos expresa el amor a lo humano embellecido y trágico, como hacen a su modo sus poetas y sus pensadores.
La inquietud intelectual, la exploración del mundo y de uno mismo, la pregunta por la naturaleza y la condición humana son rasgos históricos del helénico estar en el mundo. Sabiendo que “todo fluye” (Heráclito) y “no todo lo enseñaron desde el principio los dioses; con el tiempo, avanzando en su busca, los hombres encuentran lo mejor” (Jenófanes), y “el ser humano es la medida de todas las cosas” (Protágoras), y “la medida es lo mejor” (uno de los siete sabios), y “la vida irreflexiva no es digna de vivirse” (Sócrates).
Los griegos inventaron o rediseñaron casi todos los caminos del saber: los más clásicos géneros literarios (poesía épica y lírica, la tragedia y la comedia), la historia, la filosofía y la medicina, las matemáticas, la astronomía, la política y la retórica, la ética y la astronomía y la geografía, los juegos atléticos, la escultura y las artes plásticas, etcétera. Pero más allá de los datos concretos, de todo el inmenso y prolífico legado que anima las raíces de nuestra cultura, lo más admirable es esa apertura o inquietud del espíritu. Lo que el léxico recuerda en tantísimos vocablos de abolengo heleno: kosmos, physis, philosophía, téchne, nomos, demokratía, politiké, poíesis, mythos, logos, historía, arché, théatron, etcétera. (Es decir, universo y orden, naturaleza, filosofía, arte y técnica, ley, democracia, ciudadanía, poesía, mito, palabra y razón, historia, principio, teatro, etcétera). Si nos pidieran definir lo griego en dos palabras, elegiríamos logos y polis, con el visto bueno de Aristóteles, que definió el ser humano (ánthropos) como una animal de ciudad (zoon politikón) que tiene logos. (Logos es intraducible por su amplio campo semántico: significa “palabra, razón, relato, razonamiento, cálculo” y su sentido se precisa en el contexto). Dios es fundamentalmente logos, dirá el evangelio de Juan. Como animal lógico y político, el hombre necesita el diálogo y el ágora y el teatro. Exageraba Borges cuando dijo: “Los griegos inventaron el diálogo”, pero ciertamente lo practicaron más que ningún pueblo. Eran charlatanes y discutidores sin tasa. Platón escribió toda su filosofía en diálogos dirigidos por Sócrates, inolvidable conversador.
Frente al logos estaba, como sabemos, el mythos (relato antiguo y memorable). En la competencia de ambos, una historia bastante conocida, se impuso el primero, que explicaba el mundo de modo más objetivo y, como diría alguno, más rentable. Porque con él se podía razonar sobre todo: “Justificar las apariencias” o “salvar los fenómenos” (según Anaxágoras) y demostrar que existe “una armonía oculta mejor que la visible” (Heráclito). La lógica y los silogismos justificaban la realidad mucho mejor que los fantásticos mitos. Aun así, el mito subsistió en la imaginación y la literatura.
Y debemos dar gracias (y no solo a los dioses) por los encantos de su espléndida mitología. Aunque ya no sintamos devoción por los dioses griegos ni hagamos poemas a sus héroes, pensemos qué pobre sería nuestro imaginario y nuestro arte sin sus figuras seductoras, sin sus nombres y gestas. Sin Odiseo ni Hércules, sin Orfeo ni Edipo, sin la bella Helena; sin Dioniso, sin Afrodita, sin Prometeo, y otros fantasmas familiares. No hay en la cultura universal ningún otro repertorio fabuloso comparable en fantasía dramática ni en prestigio literario.
No voy a insistir en los prestigios míticos, pero sí quiero apuntar que se prestan a múltiples reciclajes y recreaciones (que fueron materia constante del teatro clásico). A menudo de hondo trasfondo humanista. Un ejemplo: Prometeo les robó el fuego a los dioses para dárselo a los humanos (que sin él habrían muerto pronto de hambre y frío). Según Esquilo, inventó todas las artes y técnicas: de la navegación a la medicina, incluyendo la escritura, los números (“el saber más alto”) y la mántica. Por ello, Zeus lo castigó y tuvo que sufrir tormento en el Cáucaso, redentor rebelde y revolucionario. Había irritado a los dioses su “amor a los humanos”, su titánico trópos philánthropos.
La philanthropía, otra clara palabra griega, está relacionada en un viejo texto hipocrático con philotechnía (amor a la téchne, otra palabra de difícil traducción, es tanto “técnica” como “arte, oficio”). Ambas cosas deben ir unidas, en la intención del viejo Titán y en la del anónimo escritor. La filantropía es un hermoso concepto que se desarrolló sobre todo en el helenismo, cuando algunos griegos posalejandrinos hicieron notar que la distinción usual entre “griegos” y “bárbaros” no debía fundarse en la raza ni en el país de origen, sino en la educación y la cultura (paideia). Solo esta marcaba la diferencia entre unos y otros. Los estoicos, entonces, sostenían la fraternidad de todos los seres humanos, miembros de una sola comunidad, que compartía el logos. En latín, paideia se tradujo acertadamente como “humanitas”. (Se nos va quedando lejos la idea griega de educación, cuando la reducimos a un aprendizaje de “destrezas” y manejo de diversas tecnologías orientadas a lo más rentable, algo que no entraba en la idea antigua de la educación, la que heredó y desarrolló a su sombra el humanismo europeo).
En las estatuas de los jóvenes y en las de los dioses se aprecia el sentido helénico de la belleza, idealizada en la época clásica y más realista y apasionada luego. Un ideal de belleza que ha perdurado siglos. Pero la seducción de sus imágenes no solo se halla en los grandes monumentos y no solo anima los textos más clásicos, sino que animaba el encanto de sus artes menores. Una copa o una urna griega reflejan el mismo afán por lo bello. No solo nos fascinan los templos de esbeltas columnas o los vastos teatros, sino también las pequeñas esculturas o las escenas de la humilde cerámica, que atestiguan una vivaz y original artesanía de gracia inimitable. Incluso en sus logros más sencillos se percibe la “noble sencillez y serena nobleza”, según la famosa frase de Winckelmann.
Platón escribió que el impulso natural del filosofar estaba en la admiración. Dice Heródoto que la historia se escribe para salvar del olvido “hechos y cosas admirables”. Admirarse del mundo motivó su incesante ardor creativo y su busca de explicaciones en los ámbitos más diversos de la poesía y la cultura. Frente al moderno y fáustico homo faber, entregado con furor a la tecnología y la mecánica, el griego era contemplativo y dialogante, entusiasta de la belleza del cuerpo y del alma, experto en viajes odiseicos.
El amor por la Grecia antigua y el estudio histórico del mundo clásico marcaron el humanismo europeo desde el Renacimiento hasta el siglo XX. La imagen idealizada de Grecia revivió en el estudio filológico de los textos y la arqueología de sus ruinas. El filohelenismo tuvo larga vigencia en la Europa ilustrada y la romántica. Keats dijo: “Los griegos somos nosotros”. Son los europeos —alemanes, ingleses, franceses, italianos— quienes han recobrado a fondo la cultura clásica en Grecia, quienes han estudiado tan a fondo a Homero y a Platón. La nostalgia de lo helénico fue un síntoma europeo.
En su artículo ¿Por qué Grecia?, evocando el libro de J. de Romilly, Vargas Llosa recordaba cuánto guarda Europa de su luminosa cultura. Tal vez, sí, nos estemos alejando, a zancadas, de ella. Cierto es que la economía no suele ser compasiva con la cultura. Cierto que los griegos de hoy no son los hijos de Pericles. Pero aun así, pensar en una Europa que deje excluidos a los griegos, parece —no solo en un plano simbólico— un gesto notablemente bárbaro, muy en contra de nuestra tradición humanista.

Carlos García Gual. El País, 7-7-2012

martes, 11 de septiembre de 2012

Un cuentecillo de brujas

Una viejecilla quería tener amigo al cura de su parroquia. Un día en la iglesia le dijo:  -Mucho me debía usted querer , señor, pues le he salvado la vida. Estando con las “buenas damas” hemos entrado en su casa con antorchas a media noche. Estabais dormido y desnudo. Habiendo yo vistoos así os he arropado, para que nuestras damas no vieran vuestra desnudez; pues si os hubieran contemplado de aquella suerte os hubieran azotado, hasta haceros morir a sus golpes. El cura le preguntó cómo había entrado, puesto que la puerta estaba cerrada con llave. Y la viejecilla respondió: -No hay puertas ni cerrojo que pueda impedirnos entrar o salir a cualquier sitio. El cura la hizo entrar en la sacristía y con el mango de la cruz procesional le dio una tanda de palos a la par que le decía: –¡Salid de aquí y volad, señora bruja, puesto que ni puerta ni cerrojo son capaces de reteneros! Como, naturalmente, no pudo salir, el cura la echó luego, añadiendo como conclusión: –Bien veis que sois unas locas al creer en vuestros sueños insensatos.

Julio Caro Baroja: Las brujas y su mundo.

Notas: 1- “tener amigo”: hacerle su amante; 2- “buenas damas”: brujas y hechiceras.

Homenaje a Menéndez Pelayo

Actualmente no está disponible el artículo online. En esta página se da cuenta del número homenaje a Menéndez Pelayo:

http://blogfilosofia.ucv.es/articulos-filosoficos/homenaje-a-menendez-pelayo-por-eduardo-ortiz/


viernes, 31 de agosto de 2012

Un pasajillo de Erasmo

¿Qué no será capaz de aprender el hombre, cuando el elefante, si se le enseña, llega a ser funámbulo, y el oso saltarín, y el asno titiritero?

Erasmo de Rotterdam: De cómo los niños precozmente y desde su mismo nacimiento deben ser iniciados en la virtud y en las buenas letras de manera liberal. (1529)

jueves, 2 de agosto de 2012

La pregunta que nunca se debe hacer


Mientras visito en Santander la extraordinaria biblioteca que Marcelino Menéndez Pelayo fue atesorando a lo largo de su vida y que donó a su ciudad natal (con más de 28.000 ejemplares, entre los cuales manuscritos e incunables valiosísimos), escucho que dirige al guía un hombre que inicia la visita junto a su esposa (y que ya no es un mozalbete) la pregunta terrible, inevitable, a que estamos expuestos aquellos que poseemos una biblioteca considerable: “¿Y se los leyó todos?” Se trata de la pregunta que nunca se debería hacer. Una persona educada, que visita una biblioteca, debería saber que pueden ser muchos los motivos que llevan a reunir una colección de libros, aparte del deseo de lectura, que puede ser perfectamente satisfecho por las numerosas bibliotecas públicas existentes. Se me ocurren, así de pronto, sin mucha reflexión, los siguientes: la pasión por el libro como objeto, pero sobre todo como contenido (que distinguiría a los bibliófilos de los bibliómanos); el hábito –o pulsión- coleccionista; la comodidad de tener a mano los ejemplares que necesitemos, cuando uno se entrega al estudio y la investigación; el anhelo de emulación (y entonces se tiene especial curiosidad por las colecciones ajenas: sea para admirarlas o -como me dijo una vez un hispanista francés que lo primero que miraba cuando iba a casa de un colega eran sus estanterías- para “saber las armas con que cuenta el enemigo”); el ansia de documentación; el esnobismo; el puro gusto; el fetichismo… y probablemente mil razones más.
Por ello evitemos siempre la pregunta que no se debe hacer.

N.B. Leo este pasaje en un texto de Cabrera Infante y no puedo dejar de traerlo a este sitio:

Cuando la entrevistadora americana, todavía bella, me entrevistó fue para decir: "Uy, ¡cuántos libros!", y para preguntarme enseguida: "¿Los ha leído usted todos?" "Sí", le dije, "pero solamente una vez".

N.B. También Vargas Llosa, en un pasaje de El héroe discreto, en que don Rigoberto recibe la visita de las "hienas", los malvados hijos de un amigo suyo, y mientras los escucha se interroga cuál de los dos será más ignorante:

–Qué biblioteca la que te gastas, tío –exclamó Escobita, señalando los ordenados estantes del escritorio contiguo–. ¡Cuántos libros, pa su diablo! ¿Te los has leído todos ya? –Bueno, todos no, todavía –«Éste es el más bruto», decidió–. Algunos son sólo libros de consulta, como los diccionarios y enciclopedias de ese estante del rincón. Pero mi tesis es que hay más posibilidad de leer un libro si lo tienes en casa que si está en una librería. Los dos hermanos se quedaron mirándolo desconcertados, preguntándose sin duda si había dicho un chiste o hablaba en serio. (Vargas Llosa, p. 133)

viernes, 13 de julio de 2012

En el centenario de Menéndez Pelayo

Entre las muchas cosas que hacen que este país esté dejando de ser un lugar agradable para vivir voy a centrarme hoy en una específicamente literaria, y es el olvido y menosprecio que se manifiesta hacia la figura de su más importante crítico e historiador de la literatura, Marcelino Menéndez Pelayo, de cuya muerte celebramos este 2012 los cien años.
Hace ya algunos que una directora de la Biblioteca Nacional de ingrata memoria quiso retirar la estatua del insigne polígrafo que preside la escalera central de tan magna institución (cual si de la estatua de Francisco Franco se tratara). No se retiró de milagro, o por inercia, pues no recuerdo que el mundo intelectual español protestara con energía ante proyecto tan descerebrado.
Este año, el del centenario de su muerte, no ha habido hasta el momento el menor homenaje a su figura. En un diario como El País, que representó en otra época lo mejor del pensamiento liberal nacional, ha aparecido tan solo un artículo malintencionado de un tal Juan G. Bedoya cuyo título casi lo dice todo: ¿A quién le importa Menéndez Pelayo?
Parece que desde luego no le importa a muchos de sus connacionales, pero desde luego sí a mí, y me honro de haber participado en un pequeño número homenaje que la revista Liburna, editada por la Universidad Católica de Valencia, le ha dedicado.
De ese artículo, que se titula “Para llegar a Menéndez Pelayo: un camino personal”, entresaco una cita en que el gran polígrafo mexicano Alfonso Reyes ponderaba aquella dimensión superior de la crítica literaria que denominaba “juicio” y que operaba como “dirección del espíritu”. Ella me eximirá de insistir en la injusticia que este país está cometiendo con una de sus mayores figuras intelectuales:

 Llamo así [juicio] al último grado de la escala, a aquella crítica de última instancia que definitivamente sitúa a la obra en el saldo de las adquisiciones humanas. Ni extraña al amor, en que naturalmente se funda, ni ajena a las técnicas de la exégesis, aunque no procede conforme a ellas porque anda y aun vuela por sí sola y ha soltado ya las andaderas del método, es la corona de la crítica. Adquiere trascendencia ética y opera como dirección del espíritu. No se enseña, no se aprende (...) es acto del genio. No todos la alcanzan (...) no se vende ni se compra por nada la facultad interpretativa  de Longino, Dante, Coleridge, Sainte-Beuve, De Sanctis, Arnold, Pater, Brandes, Baudelaire, Menéndez Pelayo o Croce.

 (Alfonso Reyes: “Aristarco o anatomía de la crítica”, en La experiencia literaria)

miércoles, 27 de junio de 2012

Borges y Miguel Hernández

Dos poemas que, por motivos diametralmente opuestos, me han conmovido en distintos momentos de mi vida.
El primero, de Borges, me poseyó durante una larga noche de insomnio hace ya años.
El de Miguel Hernández me llega ahora con especial intensidad.

Things that might have been

Pienso en las cosas que pudieron ser y no fueron.
El tratado de mitología sajona que Beda no escribió.
La obra inconcebible que a Dante le fue dado acaso entrever,
Ya corregido el último verso de la Comedia.
L
a historia sin la tarde de la Cruz y la tarde de la cicuta.
La historia sin el rostro de Helena.
El hombre sin los ojos, que nos han deparado la luna.
En las tres jornadas de Gettysburg la victoria del Sur.
El amor que no compartimos.
El dilatado imperio que los vikings no quisieron fundar.
El orbe sin la rueda o sin la rosa.
El juicio de John Donne sobre Shakespeare.
El otro cuerno del Unicornio.
El ave fabulosa de Irlanda, que está en dos lugares a un tiempo.
El hijo que no tuve.


Menos tu vientre,
todo es confuso.
Menos tu vientre,
todo es futuro
fugaz, pasado
baldío, turbio.
Menos tu vientre,
todo es oculto.
Menos tu vientre,
todo inseguro,
todo postrero,
polvo sin mundo.
Menos tu vientre,
todo es oscuro.
Menos tu vientre
claro y profundo.

Este último lo musicó Joan Manuel Serrat en su memorable disco dedicado a Miguel Hernández.

martes, 19 de junio de 2012

Oraciones compuestas para setiembre 4º ESO

1. Ya te he recomendado que conduzcas despacio.
2. Busca a otro novio que te dé todos los caprichos.
3. El autor se basó en su propia vida pero el libro resultó un fracaso.
4. El coche que has comprado no parece barato.
5. Te avisarán del pedido cuando lo reciban en correo.
6. Consideras que ya te has esforzado mucho, pero yo creo que te falta aún el esfuerzo final.
7. Nos conocimos en aquel bar donde se sirven unos pinchos estupendos.
8. Iré al médico a que me mire esa muela que me duele tanto..
9. Que te mire tanto esa chica es señal de que le interesas mucho.
10. O tratas ese asunto con cuidado o tú serás despedido por tus jefes.
11. El que me salvó de la muerte es un médico extraordinario..
12. Me rompí otra vez la rodilla que ya me habían operado cuando regresé de la mili.

En el link "Sintaxis" se encuentran algunas oraciones resueltas.

Oraciones simples para setiembre 3º ESO

1. El azar es casi siempre favorable al hombre prudente.
2. Los conquistadores juzgaban inhóspitos aquellos parajes.
3. ¿En qué academia os preparan para la Selectividad?
4. A ese profesor no le gusta el comportamiento de sus alumnos.
5. El examen de Matemáticas se lo repetirá el profesor a sus alumnos.
6. ¿Será reivindicada por los sindicatos la reducción de la jornada laboral?
7. Los incidentes fueron provocados por varios encapuchados.
8. Esa mujer llevaba deformados los zapatos.
9. Raíz de todos los males es la avaricia.
10. A tu compañero de clase se le entregará el certificado mañana por la mañana.
11. El acusado escuchó impasible la sentencia.
12. Te espero a las siete en la puerta de mi casa.
13. He visto deprimido a tu amigo Jorge.
14. Confia en tus posibilidades.
15. La cabina telefónica ha sido destrozada por unos desconocidos.
16. Hubo muchos invitados al convite de la boda del futbolista.
17. El éxito de tu examen dependerá de tu implicación en los estudios.
18. Se avecina una tormenta de gran magnitud.

En el link "Sintaxis" hay ejemplos de oraciones resueltas.

viernes, 25 de mayo de 2012

Virginia, Borges y Bioy: fin de curso.

Para cerrar el curso de Literatura Universal vuelvo a traer un pasaje de Virginia Woolf, donde nos habla del glorioso premio que es en sí el acto de leer. (Poned también en el buscador Borges Bioy y os encontraréis con otro texto de cierre de curso enormemente irónico y divertido: Lista de prohibiciones literarias.)

I have sometimes dreamt, at least, that when the Day of Judgement dawns and the great conquerors and lawyers and statesmen come to receive their rewards -their crowns, their laurels, their names carved indelibly upon imperishable marble- the Almighty will turn to Peter and will say, not without certain envy when he sees us coming with our books under our arms, “Look, these need no reward. We have nothing to give them here. They have love reading”.

Virginia Woolf – “How should one read a book?”

A veces he soñado, al menos, que cuando llegue el Día del Juicio y los grandes conquistadores y juristas y hombres de estado vayan a recibir sus premios –sus coronas, sus laureles, sus nombres indeleblemente grabados en imperecedero mármol- el Todopoderoso se volverá hacia Pedro y le dirá, no sin cierta envidia cuando nos vea llegar con nuestros libros bajo los brazos, “Mira, ésos no necesitan premio alguno. No tenemos nada que ofrecerles. Amaron la lectura”.

Virginia Woolf- “¿Cómo leer un libro?”

miércoles, 16 de mayo de 2012

En la muerte de Carlos Fuentes

Me entero, tarde como siempre (decididamente soy un hombre inactual), de la muerte de Carlos Fuentes, el mejicano que de niño leía en las piernas de Alfonso Reyes, que fue indispensable nexo de unión entre los escritores del boom, que escribía en español e inglés con la misma facilidad y que -privilegio de los dioses- tuvo una relación sentimental con Jean Seberg, a la que dedicó un libro (a la relación).
Sin ser uno de mis favoritos (nunca lo he leído mucho), "La región más transparente" fue mi compañero durante un periplo por la zona maya de México y Guatemala. Poco antes de ese viaje había descubierto su cuento "Chac Mool", que me tuvo poseído por algo más de un par de meses y al que dediqué un ensayo de literatura comparada que se puede consultar en este blog (marcar Chac Mool en el buscador). Al poderoso icono de Chac Mool lo visité en el templo de Chichén Itzá.
Traigo un par de imágenes: una de Fuentes en la época del boom, 1966 (aparecen un jovencísimo Vargas Llosa, su mujer Patricia, Fuentes en el centro, Juan Carlos Onetti, el gran crítico Emir Rodríguez Monegal,y, casi de espaldas, nada menos que Pablo Neruda. ¡Cuánta literatura!)
La otra es la estatua de Chac Mool en Chichén Itzá (Yucatán).


lunes, 14 de mayo de 2012

Milena Jesenská

Margarete Buber-Neumann, insigne mujer, dedicó un libro a su amiga Milena Jesenská, quien tuvo una relación sentimental con Kafka. En un momento narra un incidente que tuvo con sus guardianes nazis del campo de exterminio de Auschwicz, donde murió.

“La Gestapo la observaba. Pronto tuvo lugar el primer interrogatorio. Le preguntaron si se relacionaba con judíos, a lo que Milena respondió sin dudar: “¡Pues claro! ¿Tiene usted algo que objetar?”. Luego el funcionario de la Gestapo quiso saber dónde estaba un amigo suyo judío, a lo que, por supuesto, no obtuvo contestación. Hacía ya mucho tiempo que estaba en el extranjero. La siguiente pregunta, malévola, fue: “¿Es judío, tal vez, el padre de su hija?”. Milena, con tono compungido, contestó: “No, por desgracia, y, además, por casualidad”. Entonces el hombre de la Gestapo perdió del todo la calma y le gritó furioso: “¡Escuche! ¡Aquí no estamos acostumbrados a que nos contesten así”. Y Milena le replicó: “Ya lo supongo. Pero yo tampoco estoy acostumbrada a que me interroguen así...”.

Margarete Buber-Neumann: Milena. Tusquets, 1987

martes, 8 de mayo de 2012

El título de una novela de Hemingway

El sugestivo título de Por quién doblan las campanas,la conocida novela de Hemingway sobre la guerra civil española, procede de un pasaje del poeta metafísico inglés John Donne, contemporáneo de Shakespeare:


Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.
Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.
Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.

Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti
.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Plástica kafkiana

Hace algunos años, recorriendo las salas de un museo de Berlín, me encontré con un pequeño objeto que llamó fuertemente mi atención. Se trataba de una pieza tal vez de bronce o de mármol negro –no recuerdo bien- que representaba a un insecto (un escarabajo, una cucaracha…) con rasgos humanos. Tuve una pequeña conmoción y fantaseé si no sería este objeto el que desencadenaría la memorable ficción de Kafka, un Kafka que visitó en varias ocasiones la ciudad. No pude conseguir ninguna reproducción y no he vuelto a ver tal objeto (ni siquiera en el ciberespacio). Hace unas semanas, en una exposición en Madrid, sobre la pintura y grabados simbolistas de Odilon Redon, me topé con una imagen que de alguna manera prefigura el Gregorio de Samsa, de Kafka, y por eso prometí que volvería a traerlo a estas páginas. Se trata de la Araña sonriente.
Ahora bien, un pintor e ilustrador, que también fue un notable escritor (su obra Die andere Seite, que se suele traducir como La otra parte, es una muy inquietante novela), Alfred Kubin, es el que me resulta que expresa plásticamente un universo extraño y opresivo, muy próximo al de Kafka, que fue amigo suyo y a quien le ilustró El médico rural. Os traigo también un par de imágenes de él (Hacia lo desconocido y El intruso). Disfrutadlas… en la medida de lo posible.

martes, 3 de abril de 2012

Baudelaire y Platón (L´Albatros)

Parece ser que en los anhelos de elevación de Baudelaire (el Ideal que acompaña al Spleen), así como en su concepción de la tierra como exilio, late fuertemente el influjo platónico (también, por supuesto, el cristiano en su visión del ángel caído). El caso es que en dispersas lecturas he encontrado dos pasajes platónicos que me han hecho pensar intensamente en el Albatros baudelairiano.
El primero es un fragmento del Fedro que encontré citado en la Breve historia y antología de la estética, de José María Valverde. Reza así:

“Y por tanto sólo la mente del filósofo tiene alas, y eso es justo, pues, en la medida de su capacidad, siempre está aferrándose en el recuerdo de las cosas en que reside Dios y contemplando lo que es. Y el que emplea bien esos recuerdos se inicia siempre en misterios perfectos y es el único que llega a ser verdaderamente perfecto. Pero como olvida los intereses terrenales y queda arrebatado por lo divino, el vulgo le considera loco y le rechaza, sin ver que está inspirado.
Hablo aquí de la cuarta y última especie de locura, que se atribuye al que, al ver la belleza de la tierra, queda transportado con el recuerdo de la verdadera belleza: le gustaría echar a volar, pero no puede; es como un pájaro que se agita y mira a lo alto, sin cuidado por el mundo de abajo, y por eso le creen loco.”

El segundo pasaje consiste en una anécdota sobre Tales de Mileto (su caída en un pozo) que cuenta Platón (la tomo de W. Weischedel: Los filósofos entre bambalinas):
“Mientras Tales observaba las estrellas y miraba hacia arriba, cayó en un pozo y lo descubrió una sirvienta tracia, llena de vivacidad e ingenio. Tales deseaba saber qué había en el cielo; pero no se daba cuenta de lo que tenía delante suyo y bajo sus pies.”
El filósofo en el pozo es, desde luego, una aparición bastante curiosa. No obstante Platón da a ese relato un giro muy formal: “Todos los que viven dentro de la filosofía pasan por el mismo ridículo, ya que, en realidad, a alguien así se le oculta lo vecino y cercano, no sólo en todo cuanto hace sino también, casi, en su propio interior, en el concepto de si es realmente un ser humano o alguna otra forma de vida… Si se ve obligado, ante los tribunales, o ante cualquier otra audiencia, a hablar de lo que se encuentra a sus pies o lo que tiene ante sus ojos, provoca las carcajadas no sólo de las tracias, sino también de todos los demás presentes. Su grande inexperiencia le hace caer en pozos y encontrarse en toda clase de apuros, lleno de confusión; su torpeza es enorme y parece casi simplicidad.”

El giro fundamental que da Baudelaire al precedente platónico es el de sustituir al filósofo por el POETA.

lunes, 26 de marzo de 2012

El célebre poema de Eluard

Liberté
Paul Eluard (1895-1952)

Sur mes cahiers d'écolier
Sur mon pupitre et les arbres
Sur le sable sur la neige
J'écris ton nom

Sur toutes les pages lues
Sur toutes les pages blanches
Pierre sang papier ou cendre
J'écris ton nom

Sur les images dorées
Sur les armes des guerriers
Sur la couronne des rois
J'écris ton nom

Sur la jungle et le désert
Sur les nids sur les genêts
Sur l'écho de mon enfance
J'écris ton nom

Sur les merveilles des nuits
Sur le pain blanc des journées
Sur les saisons fiancées
J'écris ton nom

Sur tous mes chiffons d'azur
Sur l'étang soleil moisi
Sur le lac lune vivante
J'écris ton nom

Sur les champs sur l'horizon
Sur les ailes des oiseaux
Et sur le moulin des ombres
J'écris ton nom

Sur chaque bouffée d'aurore
Sur la mer sur les bateaux
Sur la montagne démente
J'écris ton nom

Sur la mousse des nuages
Sur les sueurs de l'orage
Sur la pluie épaisse et fade
J'écris ton nom

Sur les formes scintillantes
Sur les cloches des couleurs
Sur la vérité physique
J'écris ton nom

Sur les sentiers éveillés
Sur les routes déployées
Sur les places qui débordent
J'écris ton nom

Sur la lampe qui s'allume
Sur la lampe qui s'éteint
Sur mes maisons réunis
J'écris ton nom

Sur le fruit coupé en deux
Dur miroir et de ma chambre
Sur mon lit coquille vide
J'écris ton nom

Sur mon chien gourmand et tendre
Sur ses oreilles dressées
Sur sa patte maladroite
J'écris ton nom

Sur le tremplin de ma porte
Sur les objets familiers
Sur le flot du feu béni
J'écris ton nom

Sur toute chair accordée
Sur le front de mes amis
Sur chaque main qui se tend
J'écris ton nom

Sur la vitre des surprises
Sur les lèvres attentives
Bien au-dessus du silence
J'écris ton nom

Sur mes refuges détruits
Sur mes phares écroulés
Sur les murs de mon ennui
J'écris ton nom

Sur l'absence sans désir
Sur la solitude nue
Sur les marches de la mort
J'écris ton nom

Sur la santé revenue
Sur le risque disparu
Sur l'espoir sans souvenir
J'écris ton nom

Et par le pouvoir d'un mot
Je recommence ma vie
Je suis né pour te connaître
Pour te nommer

Liberté


Libertad

Sobre mis cuadernos de escuela,
sobre el pupitre, sobre el roble,
sobre la nieve y en la arena
escribo tu nombre.

Sobre las páginas leídas,
sobre las páginas incólumes
-piedra, sangre, papel, ceniza-
escribo tu nombre.

En las imágenes doradas,
sobre los signos de la Corte,
sobre tizonas y corazas
escribo tu nombre.

Sobre el desierto y en la jungla,
sobre la infancia de las voces,
sobre la rama y en la gruta
escribo tu nombre.

Sobre el pan blanco de los días,
sobre el prodigio de la noche,
sobre la flor y las vendimias
escribo tu nombre.

Sobre los cielos que azulan
en los estanques -muertos soles-;
sobre los lagos -vivas lunas-
escribo tu nombre.

Sobre las colinas remotas,
en las alas de los gorriones,
sobre el molino de las sombras;
escribo tu nombre.

Sobre los hálitos del alba,
sobre la mar y sus galeones,
sobre la demente montaña,
escribo tu nombre.

Sobre el vellón de los espacios
y el estertor de los ciclones,
sobre el limo de los chubascos,
escribo tu nombre.

Sobre las formas cintilantes,
sobre la pátina del bronce,
sobre las físicas verdades,
escribo tu nombre.

Sobre las rutas desveladas
y las sendas sin horizonte,
sobre las mareas humanas,
escribo tu nombre.

Sobre la llama que fulgura,
Sobre la llama que se esconde,
sobre los techos que se juntan,
escribo tu nombre.

Sobre la fruta en dos partida
del espejo que me recoge;
en mi lecho -concha vacía-
escribo tu nombre.

Sobre mi can goloso y tierno
y en la oreja que atenta pone,
sobre su salto poco diestro,
escribo tu nombre.

Sobre la grada de mi puerta,
sobre la loza y los arcones,
sobre las ascuas de la leña,
escribo tu nombre.

Sobre la carne que se entrega,
en la faz del amigo noble,
sobre la mano que se estrecha,
escribo tu nombre.

Sobre el vitral de los secretos,
sobre las bocas ya sin voces,
sobre los más hondos silencios,
escribo tu nombre.

Sobre el albergue derruido,
sobre el escombro de mi torre,
sobre los muros de mi hastío
escribo tu nombre.

Sobre la ausencia sin deseos,
sobre mi soledad insomne,
sobre los lúgubres aleros,
escribo tu nombre.

Sobre la calma que retorna,
sobre los extintos pavores,
sobre el anhelo sin memoria,
escribo tu nombre.

Y en el poder de tu palabra
mi vida vuelve a comenzar:
he renacido a tu llamada
para invocarte:

Libertad!

Versión de Carlos López Narváez

miércoles, 21 de marzo de 2012

Odilon Redon, pintor simbolista y antecedente del surrealismo



Mientras caminaba por el Paseo de la Castellana días pasados, tras haber contemplado en el Paseo del Prado los impagables lienzos de Chagall, la apreciable muestra del Hermitage peterburgués, y una evocación de la aventura de Diaghilev con los ballets rusos, me encontré con una exposición dedicada a Odilon Redon (¡vaya milla de oro en el centro de Madrid!). Se trata pintor simbolista muy próximo al grupo de los escritores esa tendencia, a los que ilustró en más de una ocasión (Poe, Baudelaire, Mallarmé...).
Aquí reproduzco algunas de sus extrañas pinturas. (Cuando lleguemos a Kafka traeré otra al blog, ya veremos por qué.)

martes, 13 de marzo de 2012

Un poema de Ricardo Reis, el heterónimo clasicista de Pessoa

Ven a sentarte conmigo, Lidia...


Ven a sentarte conmigo, Lidia, a la orilla del río.
Sosegadamente contemplemos su curso y aprendamos
que la vida pasa, y no tenemos las manos enlazadas.
(Enlacemos las manos.)



Después pensemos, niños adultos, que la vida
pasa y no se queda, nada deja y nunca regresa,
va hacia un mar lejano, junto al Hado,
más lejos que los dioses.



Desenlacemos las manos, pues no vale la pena que nos
cansemos,
Tanto si gozamos como si no, pasamos como el río.
Vale más saber pasar en silencio
y sin desasosiegos grandes.



Sin amores, ni odios, ni pasiones que levantan la voz,
ni envidias que dan demasiado movimiento a los ojos,
ni cuidados, porque si los tuviese el río siempre correría,
y siempre iría a dar al mar.



Amémonos tranquilamente, pensando que podríamos,
si quisiéramos, cambiar besos y abrazos y caricias,
pero que más vale estar sentados el uno junto al otro
oyendo correr el río y viéndolo.



Cojamos flores, cógelas tú y déjalas
en tu pecho, y que su perfume suavice el momento,
este momento en que sosegadamente no creemos en nada,
paganos inocentes de la decadencia.



Al menos, si fuera sombra antes, te acordarías de mí después,
sin que mi recuerdo te queme o te hiera o te mueva,
porque nunca enlazamos las manos, ni nos besamos,
ni fuimos más que niños.



Y si antes que yo llevas el óbolo al barquero sombrío,
yo nada tendré que sufrir al recordarte.
Suave me serás a la memoria recordándote así —junto al río,
pagana triste y con flores en el regazo.

lunes, 12 de marzo de 2012

Octavio Paz habla de Pessoa

Los poetas no tienen biografía. Su obra es su biografía. Pessoa, que dudó siempre de la realidad de este mundo, aprobaría sin vacilar que fuese directamente a sus poemas, olvidando los incidentes y los accidentes de su existencia terrestre. Nada en su vida es sorprendente -nada, excepto sus poemas. No creo que su «caso», hay que resignarse a emplear esta antipática palabra, los explique; creo que, a la luz de sus poemas, su «caso» deja de serlo. Su secreto, por lo demás, está escrito en su nombre: Pessoa quiere decir persona en portugués y viene de persona, máscara de los actores romanos. Máscara, personaje de ficción, ninguno: Pessoa. Su historia podría reducirse al tránsito entre la irrealidad de su vida cotidiana y la realidad sus ficciones. Estas ficciones son los poetas Alberto Caeiro, Alvaro de Campos, Ricardo Reis y, sobre todo, el mismo Fernando Pessoa. Así, no es inútil recordar los hechos más salientes su vida, a condición de saber que se trata de las huellas de una sombra. El verdadero Pessoa es otro.

Octavio Paz: El desconocido de sí mismo (Fernando Pessoa)

jueves, 8 de marzo de 2012

Análisis sintáctico de oración compuesta

Por más que se lo digo y se lo repito, no me hace caso, pues es enormemente desconfiado.

Nos encontramos con una proposición principal (no me hace caso), a la que acompañan dos proposiciones subordinadas adverbiales, una concesiva (por más que se lo digo y se lo repito) y otra causal (pues es enormemente desconfiado). La concesiva tiene dentro de sí dos proposiciones coordinadas copulativas (se lo digo / se lo repito).
Comenzamos, pues, a descomponer:
Proposición principal: Sujeto elíptico (él); Predicado: no me hace caso. El núcleo del predicado es hace, caso es Complemento Directo y no, Complemento de Negación.
Proposición subordinada adverbial concesiva: viene introducida por el nexo por más que, y se descompone en dos coordinadas copulativas, cuyo nexo es y. La primera tiene un Sujeto elíptico (yo) y su Predicado es se lo digo. Núcleo (digo), CD (lo) y CI (se). La segunda tiene igual Sujeto elíptico (yo) y su Predicado se descompone en: Núcleo (repito), CD (lo) y CI (se).
Proposición subordinada adverbial causal: viene introducida por el nexo pues, su Sujeto elíptico es él, y su Predicado Nominal (es enormemente desconfiado) se descompone en Cópula (es) y Atributo (enormemente desconfiado). El Atributo tiene un Cuantificador (enormemente) y un Núcleo (desconfiado).

La modalidad oracional es enunciativa.

martes, 6 de marzo de 2012

Shakespeare y San Lucas (has ofendido mucho a tu padre)

Cuando hablábamos de la notoria influencia de la Biblia en la literatura occidental distinguíamos entre influjos amplios, globales, estructuradores de una obra (como puede ser el de El Cantar de los Cantares sobre el Cántico espiritual, de San Juan de la Cruz) e influjos parciales, momentáneos, que pueden consistir en el uso de una imagen, una alusión intertextual o un diseño retórico, por enumerar sólo algunas de las formas que puede adoptar.
De este último tipo es el ejemplo que vamos a considerar.
Cuando el acto 3, escena 4, de Hamlet, el joven príncipe, instado por el rey Claudio, acude a la habitación de su madre para hablar con ella, nos encontramos con el siguiente intercambio de frases rápidas al comienzo del diálogo:

REINA - Hamlet, has ofendido mucho a tu padre.
HAMLET- Madre, tú has ofendido mucho a mi padre.
REINA - Vamos, vamos, replicas con lengua muy suelta.
HAMLET- Venga, venga, preguntas con lengua perversa.

(en la traducción de Ángel Luis Pujante, Espasa Calpe; el original reza así:

QUEEN GERTRUDE – Hamlet, thou hast thy father much ofended.
HAMLET – Mother, you have my father much ofended.
QUEEN GERTRUDE – Come, come, you answer with an idle tongue.
HAMLET – Go, go, you question with a wicked tongue.)

Nos encontramos con un chispeante intercambio de dardos verbales, con un uso notable del paralelismo, y cuya principal clave consiste en la oposición de los determinantes del sintagma nominal “tu padre / mi padre” (thy father / my father), puesto que en el juego conceptuoso resultante lo que debería aparentemente consistir en una equivalencia de referentes (el padre de Hamlet), alude en realidad a una disparidad notable –y acusadora hacia la madre- de referentes (tu padre = el rey Claudio / mi padre = el difunto –asesinado- rey Hamlet).

Pues bien, decidme si no os recuerda este pasaje shakespeariano a otro muy célebre de la tradición cristiana. En el evangelio de Lucas, 2, 42-52, asistimos al episodio en que sus padres, María y José, tras la fiesta de la Pascua, al volver de Jerusalén con la caravana de nazarenos, reparan en que el niño no está con ellos. Después de tres días de búsqueda incansable lo encuentran en el templo de la ciudad santa, donde los sabios y doctores que le rodean, le escuchan estupefactos por su inteligencia y sabiduría. Así continúa el pasaje, en la traducción de Nácar y Colunga:

Cuando sus padres lo vieron, quedaron sorprendidos, y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué has obrado así con nosotros? Mira que tu padre y yo, apenados, andábamos buscándote. Y él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que es preciso que me ocupe en las cosas de mi Padre? Ellos no entendieron lo que les decía. (San Lucas, 3, 48-50)

No es extraño que no le comprendieran. En efecto, como en el caso del elocuente príncipe de Dinamarca, el niño Jesús está llevando a cabo también un delicado juego conceptuoso. El diseño retórico de ambos pasajes es similar: intercambio verbal rápido y escueto de madre e hijo, reproche de la madre, respuesta retadora del hijo, y sobre todo la clave gira en torno a la oposición “tu padre / mi Padre” (las mayúsculas no aparecen en la pronunciación). Aquí de nuevo se produce una disparidad de referentes (tu padre = José / mi Padre = Dios padre, que está en los cielos), que María y José, en su sencillez, no llegan a entender.

No me cabe la menor duda de que el cisne de Avon tuvo en cuenta este pasaje del santo patrón de los pintores (pues la leyenda refiere que pintó a la Virgen, y ciertamente lo hizo con palabras en su evangelio) para la creación de tan chispeante réplica teatral en su magna obra.

domingo, 26 de febrero de 2012

El viajero romántico

Desde mi temprana juventud había sentido el ardiente deseo de hacer un viaje a regiones lejanas y poco visitadas por los europeos. Este deseo caracteriza una época de nuestra existencia en que la vida nos aparece como un horizonte sin límites, donde nada tiene ya para nosotros más atractivos que las fuertes agitaciones del alma y la imagen de los peligros físicos. Educado en un país que no mantiene comunicación alguna directa con las colonias de las dos Indias, y habitante luego de las montañas apartadas de las costas, y célebres por las numerosas explotaciones de minas, sentí desarrollarse progresivamente en mí una intensa pasión por la mar y por largas navegaciones. Aquellos objetos que sólo por los relatos animados de los viajeros conocemos, tienen un encanto particular: nuestra imaginación se place en todo lo que es vago e indefinido; los goces de que nos vemos privados nos parecen preferibles a los que diariamente experimentamos en el estrecho círculo de la vida sedentaria.

Alexander von Humboldt: Viaje a las regiones equinocciales del nuevo continente.

viernes, 24 de febrero de 2012

Aspectos del paisajismo romántico

En la pintura romántica el paisaje deja de entender como necesaria la presencia del hombre. El paisaje se autonomiza y, casi siempre desprovisto de figuras, se convierte en protagonista: un protagonista que causa en quien lo contempla una doble sensación de melancolía y terror.


Casi toda la obra de Caspar David Friedrich refleja esta Sehnsucht /término alemán: anhelo de algo indefinible/, pero hay un cuadro que lo hace con insuperable maestría: "El viajero sobre el mar de nubes". La composición de la tela gira alrededor de la central autoridad del "viajero" que, como es muy habitual en los personajes de Friedrich, se halla de espaldas al espectador. Este procedimiento acrecienta la fascinante ambivalencia de este hombre solitario, en el que puede adivinarse, ya la desolada percepción de su propia pequeñez ante la inmensidad, ya el vigor titánico que rememora Nietzsche al situar su encuentro con el Superhombre a seis mil pies de altura o que hace exclamar a William Blake: "Grandes cosas se realizan al encontrarse, cara a cara, el hombre y la montaña".

Rafael Argullol: La atracción del abismo. Un itinerario por el paisaje romántico.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Un poema de Heinrich Heine

Un pino se alza en la cumbre
De un monte del Norte helado.
Sueña; la nieve y el hielo
Lo envuelven con su sudario.
Sueña con una palmera
Que en el Oriente lejano,
Se alza solitaria y triste
Sobre un peñón abrasado.

L´intermezzo (XXVIII)

domingo, 5 de febrero de 2012

Sobre la capacidad intelectual: Ilustración y Contrarreforma

Traemos a este lugar dos textos muy diferentes en cuanto a la concepción de la capacidad intelectual de los seres humanos, que se corresponden a dos ideologías de épocas claramente diferenciadas. En efecto, el optimismo ilustrado de D´Alembert (s. XVIII) contrasta con el pesimismo (¿o más bien realismo?) del contrarreformismo jesuítico de Ignacio de Loyola (s. XVI).

El hombre que combina fácilmente ideas no difiere apenas del que las combina con dificultad, más que difiere el que juzga de una ojeada un cuadro del que necesita para apreciarlo que le hagan observar sucesivamente todas las partes: uno y otro, al echar un primer vistazo, han tenido las mismas sensaciones, pero sobre el segundo no han hecho, por así decirlo, más que resbalar, y, para llevarlo al mismo punto en que el otro se ha encontrado de pronto, le hubiera bastado con detenerse y fijarse más tiempo sobre cada uno. Por este medio las ideas reflexivas del primero hubieran devenido tan al alcance del segundo como las ideas directas. Por lo tanto, es acaso justo decir que no existe casi ciencia o arte en las que no se pueda en rigor, y con una buena lógica, instruir al entendimiento más limitado; porque hay pocas, cuyas proposiciones o reglas no puedan ser reducidas a nociones simples y dispuestas entre ellas en un orden tan inmediato, que la cadena no se encuentre interrumpida en ningún punto. La mayor o menor lentitud de las operaciones del espíritu exige más o menos esta cadena, y la ventaja de los más grandes genios se reduce a necesitarla menos que los otros, o más bien a formarla rápidamente y casi sin darse cuenta.

(D´Alembert: Discurso preliminar de la Enciclopedia, 1747)

Ansimesmo, si el que da los ejercicios viere al que los recibe ser de poco subyecto o de poca capacidad natural, de quien no se espera mucho fruto; más conveniente es darle algunos destos ejercicios leves, hasta que se confiese de sus pecados; y después, dándole algunos exámenes de conciencia, y orden de confesar más a menudo que solía, para se conservar en lo que ha ganado, no proceder adelante en materias de elección, ni en otros algunos ejercicios, que están fuera de la primera semana; mayormente cuando en otros se puede hacer mayor provecho, faltando tiempo para todo.

(San Ignacio de Loyola: Ejercicios espirituales, Anotación decimaoctava, 1548)

lunes, 30 de enero de 2012

Pasaje de Flaubert del que procede el título que Vargas Llosa da a su estudio sobre Madame Bovary

Le seul moyen de supporter l´existence, c´est de s´étourdir dans la littérature comme dans une orgie perpetuelle.
(Carta a Mlle. Leroyer de Chantepie, 4 de septiembre de 1858)

viernes, 27 de enero de 2012

Un par de consideraciones de Pardo Bazán sobre Flaubert

Mostró siempre Flaubert predilección hacia cierto linaje de estudios que hoy apenas atraen más que a entendimientos refinados y curiosos: la apologética cristiana, la historia de la Iglesia, los Santos Padres, las humanidades. Tan graves ejercicios intelectuales, unidos a su ardentísimo culto de la forma y a su sagacidad de implacable observador, hicieron de él un artista consumado, un clásico moderno.

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Todo es vulgar en Madame Bovary: el asunto, el lugar de la escena, los personajes; sólo el talento del autor es extraordinario.


Emilia Pardo Bazán: La cuestión palpitante.

viernes, 20 de enero de 2012

Magias parciales del Quijote

Recojo aquí el texto de una charla que, con ocasión del cuarto centenario de la publicación del Quijote, leí en unas Jornadas que tuvieron lugar en la Universidad de Valencia, organizadas por Rafael Beltrán:

Alguna vez calificó Borges a Alfonso Reyes de "el certero" y ello probablemente en el doble sentido que recoge el diccionario académico de "acertado", pero también de "sabedor", "bien informado". Quiero creer que el uso en aposición del sintagma permite leerlo también como "el que habitualmente acierta", "el que acostumbra a hacerlo". Borges, sin duda, también lo era, y uno de sus muchos aciertos fue el título que le puso a su ensayo sobre El Quijote: "Magias parciales del Quijote". Ensayo en el que pone de relieve un tema fundamental en la novela: el tema especular de la obra dentro de la obra, que tanta inquietud y reflexión provocan en quien se topa con él, sea en el Quijote, Hamlet o Las Mil y una Noches (obras a que alude el mago argentino), sea en Las Meninas o Cien años de soledad (por citar otras que no toma en consideración). Bien es verdad que Borges se basa en la presencia de La Galatea en la librería del hidalgo, mientras que el momento central de la presencia especular de la obra dentro de la obra lo constituye, para mí, el deambular del narrador por Toledo en busca de una continuación para su obra que se le ha quedado en suspenso como las armas de don Quijote y el vizcaíno en el cap. 8, y el posterior encuentro de un cartapacio con papeles en caracteres arábigos que resulta ser la historia del ingenioso hidalgo. Mi pasaje preferido de la obra, que, por ello mismo, no voy a comentar.
Pero me estaba refiriendo a lo acertado del título borgesiano, y es que, en efecto, cualquier acercamiento al texto cervantino tiene por fuerza que ser parcial. Es tan grande la cantidad de aspectos valiosos y significativos de la obra (mágicos podríamos decir) que impide cualquier aproximación totalizadora.
Querría hoy posar mi mirada en dos breves pasajes de tan magna obra.

El primero se encuentra en el Prólogo de la Primera Parte, y se produce cuando, en plena crisis de melancolía ante la página en blanco, se le aparece al autor un amigo que con sus consejos le va a sacar de su marasmo creativo.
Le está aconsejando sobre cómo parecer "hombre erudito en letras humanas y cosmógrafo" (en una sutil diatriba literaria con Lope de Vega, "el Fénix de los ingenios", hacia quien se dirigen sus dardos en este y otros momentos de la obra). Entonces le dice:

Tras esto, para mostraros hombre erudito en letras humanas y cosmógrafo, haced de modo como en vuestra historia se nombre el río Tajo, y veréisos luego con otra famosa anotación, poniendo: «El río Tajo fue así dicho por un rey de las Españas; tiene su nacimiento en tal lugar y muere en el mar Océano, besando los muros de la famosa ciudad de Lisboa, y es opinión que tiene las arenas de oro», etc. Si tratáredes de ladrones, yo os diré la historia de Caco, que la sé de coro; si de mujeres rameras, ahí está el obispo de Mondoñedo, que os prestará a Lamia, Laida y Flora, cuya anotación os dará gran crédito; si de crueles, Ovidio os entregará a Medea; si de encantadores y hechiceras, Homero tiene a Calipso y Virgilio a Circe; si de capitanes valerosos, el mesmo Julio César os prestará a sí mismo en sus Comentarios, y Plutarco os dará mil Alejandros. Si tratáredes de amores, con dos onzas que sepáis de la lengua toscana, toparéis con León Hebreo que os hincha las medidas. Y si no queréis andaros por tierras estrañas, en vuestra casa tenéis a Fonseca, Del amor de Dios, donde se cifra todo lo que vos y el más ingenioso acertare a desear en tal materia. En resolución, no hay más sino que vos procuréis nombrar estos nombres, o tocar estas historias en la vuestra, que aquí he dicho, y dejadme a mí el cargo de poner las anotaciones y acotaciones; que yo os voto a tal de llenaros las márgenes y de gastar cuatro pliegos en el fin del libro.

Ahora bien, el fragmento específico al que me referiré es el que está en cursiva:
si de mugeres rameras [tratáredes], ahi está el Obispo de Mondoñedo, que os prestará a Lamia, Layda y Flora, cuya anotacion os dara gran crédito;
La risa que me provoca este pasaje cada vez que a él me acerco complacería a su autor, y es que es uno de esos momentos de la obra en que Cervantes hace un uso magistral de su endiablada ironía.
El obispo de Mondoñedo (y Cervantes utiliza muy intencionadamente su dignidad en lugar de su nombre, para que contraste agudamente con el asunto de que se trata: de rameras, ni más ni menos) no es otro que fray Antonio de Guevara, el autor español de mayor éxito internacional en el siglo XVI, con obras como Relox de Príncipes y Libro de Marco Aurelio o Menosprecio de corte y alabanza de aldea, y que en la número 63 de la Primera Parte de sus Epístolas familiares (otra obra de gran éxito, muy leída por Cervantes y Montaigne), trata de las "tres más hermosas y más famosas rameras" de la Antigüedad (Lamia, Layda y Flora, como puntualmente refiere el amigo de nuestro narrador).
Se trata del "autor que con mayor desenfreno había abusado en sus libros de autoridades apócrifas y erudición fantaseada" (en palabras de Márquez Villanueva, autor de un sugestivo estudio sobre el seminal influjo de Guevara en Cervantes y especialmente en la creación del narrador poco fidedigno que es Cide Hamete Benengeli: recogido en Fuentes literarias cervantinas).
Guevara, cuyo falaz erudición fue desmontada en su época por el humanista soriano Pedro Rhúa en unas Epístolas censorias de 1540, donde ponía de manifiesto sus invenciones y falsedades, ha merecido en nuestros días calificaciones como las siguientes: "aquel autor que nunca dijo verdad si pudo echar un embuste" (Márquez Villanueva, pág. 187) o "insigne mixtificador" en palabras de Lázaro Carreter, que también se refiere a "la inmensa desfachatez guevariana"; pero una caracterización bastante pormenorizada de su modo de proceder -con alusión explícita al pasaje que comentamos- ya la había hecho Marcelino Menéndez y Pelayo, en sus Orígenes de la novela, al que cito:
"Todos los libros profanos de Fray Antonio de Guevara, sin excepción alguna, están hechos de citas falsas, de autores imaginarios, de personajes fabulosos, de leyes apócrifas, de anécdotas de pura invención, y de embrollos cronológicos y geográficos, que pasman y confunden. Aun la poca verdad que contienen está entretejida de tal modo con la mentira, que cuesta trabajo discernirla. Tenía, sin duda, el ingeniosísimo fraile una vasta y confusa lectura de todos los autores latinos y los griegos que hasta entonces se habían traducido, y todo ello lo baraja con las invenciones de su propia fantasía, que era tan viva, ardiente y amena. Lo que no sabe, lo inventa; lo que encuentra incompleto, lo suple, y es capaz de relatarnos las conversaciones de las tres famosas cortesanas griegas Lamia, Laida y Flora, como si las hubiese conocido."
Como comprenderéis, citar al obispo de Mondoñedo como autoridad que ha de proporcionar "gran crédito" es una ironía tan hiperbólica que nos hace reír a mandíbula batiente.

El otro pasaje al que querría referirme es el de la descripción de Dulcinea que tiene lugar en el cap. XIII de la Primera Parte.

—Luego si es de esencia que todo caballero andante haya de ser enamorado —dijo el caminante—, bien se puede creer que vuestra merced lo es, pues es de la profesión. Y si es que vuestra merced no se precia de ser tan secreto como don Galaor, con las veras que puedo le suplico, en nombre de toda esta compañía y en el mío, nos diga el nombre, patria, calidad y hermosura de su dama, que ella se tendría por dichosa de que todo el mundo sepa que es querida y servida de un tal caballero como vuestra merced parece.
Aquí dio un gran suspiro don Quijote y dijo:
—Yo no podré afirmar si la dulce mi enemiga gusta o no de que el mundo sepa que yo la sirvo. Solo sé decir, respondiendo a lo que con tanto comedimiento se me pide, que su nombre es Dulcinea; su patria, el Toboso, un lugar de la Mancha; su calidad por lo menos ha de ser de princesa, pues es reina y señora mía; su hermosura, sobrehumana, pues en ella se vienen a hacer verdaderos todos los imposibles y quiméricos atributos de belleza que los poetas dan a sus damas: que sus cabellos son oro, su frente campos elíseos, sus cejas arcos del cielo, sus ojos soles, sus mejillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su cuello, mármol su pecho, marfil sus manos, su blancura nieve, y las partes que a la vista humana encubrió la honestidad son tales, según yo pienso y entiendo, que solo la discreta consideración puede encarecerlas, y no compararlas.
—El linaje, prosapia y alcurnia querríamos saber —replicó Vivaldo.
A lo cual respondió don Quijote:
—No es de los antiguos Curcios, Gayos y Cipiones romanos, ni de los modernos Colonas y Ursinos, ni de los Moncadas y Requesenes de Cataluña, ni menos de los Rebellas y Villanovas de Valencia, Palafoxes, Nuzas, Rocabertis, Corellas, Lunas, Alagones, Urreas, Foces y Gurreas de Aragón, Cerdas, Manriques, Mendozas y Guzmanes de Castilla, Alencastros, Pallas y Meneses de Portugal; pero es de los del Toboso de la Mancha, linaje, aunque moderno, tal, que puede dar generoso principio a las más ilustres familias de los venideros siglos. Y no se me replique en esto, si no fuere con las condiciones que puso Cervino al pie del trofeo de las armas de Orlando, que decía:
Nadie las mueva
que estar no pueda con Roldán a prueba.

Es una descriptio en que Cervantes parodia la retórica petrarquista haciéndola estallar por hiperbólica acumulación de atributos. Lo habitual en poemas de esa tradición es hacer referencia a tres o cuatro atributos de la amada, con sus consiguientes correlatos metafóricos (pensemos en los celebérrimos "collige, virgo, rosas" de Garcilaso y Góngora: los que comienzan con "En tanto que de rosa y azucena" y "Mientras por competir con tu cabello"). En algún caso se extienden hasta seis o siete atributos (nueve como máximo tengo documentado en un soneto castellano de Camôes, que os leo a continuación).

De piedra, de metal, de cosa dura,
El alma dura ninfa os ha vestido,
Pues el cabello es oro endurecido,
Y mármol es la fronte en su blancura.
Los ojos, esmeralda verde y escura;
Granata las mejillas; no fingido,
El labio es un robí no poseído;
Los blancos dientes son de perla pura.
La mano de marfil, y la garganta
De alabastro, por donde como yedra
Las venas van de azul muy rutilante.
Mas lo que más en toda vos me espanta,
Es ver que, por que todo fuese piedra,
Tenéis el corazón como diamante.

El poema (dirigido a otra "amada enemiga"), a pesar del exceso metafórico, se mueve dentro de los cauces habituales de la pedrería petrarquista.
Pero Cervantes riza el rizo, lleva la acumulación paródica hasta un extremo y cita once atributos metafóricos que convierten a la pobre Dulcinea en un monstruoso cuadro de Arcimboldo. La carcajada, de nuevo, resulta inevitable.
Y sin embargo, como de detalles estamos hablando, no llegaré a comentar esta descriptio, porque ocurre que la abre un sintagma, "la dulce mi enemiga", que ofrece ya suficiente pábulo a nuestra reflexión.
Edward M. Wilson abre su estudio sobre el estribillo que comienza "De la dulce mi enemiga" (en el que extrañamente no cita esta ocurrencia de la descripción de Dulcinea) con otro momento del Quijote, cuando la condesa Trifaldi cuenta la historia de la caída de la infanta Antonomasia, seducida por don Clavijo. Dice la Trifaldi:
"Pero lo que más me hizo postrar y dar conmigo por el suelo fueron unas coplas que le oí cantar una noche desde una reja que caía a una callejuela donde él estaba, que si mal no recuerdo decían:

De la dulce mi enemiga
nace un mal que al alma hiere,
y, por más tormento, quiere
que se sienta y no se diga." (D. Quijote, 2, 38)

Wilson, en su estudio, rastrea este estribillo hasta llegar al original italiano del poeta de finales del XV Serafino Aquilano. La versión en castellano más antigua es un villancico de Gabriel Mena que se halla en el Cancionero musical de Palacio. El estudioso inglés va repasando versiones y más versiones (un soneto de Montemayor, distintas glosas…) hasta llegar a una temprana letrilla de Góngora en que parodia el motivo, cuyo estribillo es:


Manda Amor en su fatiga
Que se sienta y no se diga;
Pero a mí más me contenta
Que se diga y no se sienta.

Y en cuyo cuerpo suelta lindezas como la que transcribo:

Mande Amor lo que mandare
Que yo pienso muy sin mengua
Dar libertad a mi lengua
Y a sus leyes una higa.

Ahora bien, señala Wilson cómo la paradoja "dulce enemiga" era frecuente ya en la poesía de Petrarca ("la dolce mia nemica", Canzone LXXII, "la dolce et acerba mia nemica", Canzone XXIII, etc.) y lo será luego en los petrarquistas (Garcilaso, Cetina, Camôes, Herrera…), indicando los vasos comunicantes que se producen entre la tradición italianizante y la popular en nuestra poesía.
Lo curioso es que Cervantes recoge en el Quijote ambas tradiciones: la popular en el villancico que hemos referido y la petrarquesca, sin duda, al comenzar la descripción de Dulcinea, puesto que de un ejercicio de leso petrarquismo se trata.
Se le podría decir a Cervantes, mutatis mutandis, lo que dice el rey al poeta en el maravilloso cuento de Borges "El espejo y la máscara": "Si se perdiera toda la literatura de Irlanda -omen absit- podría reconstruirse sin pérdida con tu clásica oda."
Y es que leyendo a Cervantes tenemos la sensación de que en su obra está recogida toda la tradición literaria existente hasta el momento. Y que su obra está a cada paso cuajada de "magias parciales".
De la misma manera en que el músico alemán Carl Maria von Weber escribió una invitación a la danza y Fernando Savater una invitación a la ética, creo que todo ensayo de crítica literaria no es más que una invitación a la lectura. Así que cierro este escrito invitándoos a leer a Reyes, a Borges, a Guevara, a Márquez Villanueva, a Lázaro Carreter, a Menéndez Pelayo, a Wilson, y por supuesto a Cervantes, el certero. Hay mucho que leer.

abril 2005