Mostrando entradas con la etiqueta Baudelaire. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Baudelaire. Mostrar todas las entradas

miércoles, 12 de marzo de 2014

Charles Baudelaire: deseos fugitivos en la gran ciudad

Traigo un poema de Baudelaire, junto a su traducción castellana, que no pertenece a "Spleen et idéal", sino a otra parte del libro, "Tableaux parisiennes", pero que expresa muy claramente una de las características esenciales de la poesía de Baudelaire: la introducción de la gran ciudad y la masa anónima que en ella habita.
 
A una transeúnte

La calle atronadora aullaba en torno mío.
Alta, esbelta, enlutada, con un dolor de reina
Una dama pasó, que con gesto fastuoso
Recogía, oscilantes, las vueltas de sus velos,

Agilísima y noble, con dos piernas marmóreas.
De súbito bebí, con crispación de loco,
Y en su mirada lívida, centro de mil tornados,
El placer que aniquila, la miel paralizante.

Un relámpago. Noche. Fugitiva belleza
Cuya mirada me hizo, de un golpe, renacer.
¿Salvo en la eternidad, no he de verte jamás?

¡En todo caso lejos, ya tarde, tal vez nunca!
Que no sé a dónde huiste, ni sospechas mi ruta,
¡Tú a quien hubiese amado. Oh tú, que lo supiste!



À une passante

La rue assourdissante autour de moi hurlait.
Longue, mince, en grand deuil, douleur majestueuse,
Une femme passa, d'une main fastueuse
Soulevant, balançant le feston et l'ourlet;
Agile et noble, avec sa jambe de statue.
Moi, je buvais, crispé comme un extravagant,
Dans son oeil, ciel livide où germe l'ouragan,
La douceur qui fascine et le plaisir qui tue.
Un éclair... puis la nuit! — Fugitive beauté
Dont le regard m'a fait soudainement renaître,
Ne te verrai-je plus que dans l'éternité?
Ailleurs, bien loin d'ici! trop tard! jamais peut-être!
Car j'ignore où tu fuis, tu ne sais où je vais,
Ô toi que j'eusse aimée, ô toi qui le savais!


domingo, 24 de marzo de 2013

Una pequeña perfidia del Baudelaire traductor (Crítica hidráulica 1)


El lector que, tan asombrado cuanto maravillado, transita el poema "Le voyage" de Las flores del mal, queda fascinado cuando Baudelaire propone la siguiente imagen de la vida humana:

Le monde, monotone et petit, aujourd´ hui,
Hier, demain, toujours, nous fait voir notre image:
Une oasis d´horreur dans un désert d´ ennui!

Este último verso, de una contundencia  tremenda, resulta típicamente baudelairiano: la perfecta estructura bimembre cerrando la estrofa, la brevísima alegoría que conforman las imágenes empleadas (oasis-desierto), la inversión del tono positivo de la primera imagen a través del complemento (oasis d´horreur), etc.

Y, sin embargo, tan deslumbrante proceder imaginístico no le pertenece del todo. Hay que retroceder hasta E.A.Poe para ver el camino que conduce a este verso.

En "William Wilson", a poco de comenzar el relato, nos encontramos con que el narrador reclama la simpatía de sus semejantes de la siguiente manera:

I would wish them to seek out for me, in the details I am about to give, some little oasis of fatality amid a wilderness of error.

Lo curioso es que Baudelaire traduce este pasaje al francés de la siguiente manera:

Je désirerais qu´ils découvrissent pour moi, dans les détails que je dois leur donner, quelque petite oasis de fatalité dans un Sahara d´erreur.

La metonimia (“Sahara” en lugar de “desierto”, que sería más precisa traducción de “wilderness”), en mi opinión, le quita fuerza a la relación de imágenes. Es como si la diluyera un poco al emplear términos no del todo equivalentes (nombre común/ nombre propio) y le restara algo de la enorme coherencia que tiene en el original. Coherencia que, por supuesto, no se le escapaba a Baudelaire, pero que había decidido emplear en su provecho personal, es decir, en su poema. Esta es la pequeña perfidia del traductor, más tradittore  que nunca en esta ocasión. Porque, además, estaba traicionando a un amigo, son semblable, son frère.

Julio Cortázar, por su cuenta, que ya traduce a Poe al castellano contando con Baudelaire poeta, lo hace así:

Me gustaría que buscaran a favor mío, en los detalles que voy a dar, un pequeño oasis de fatalidad en ese desierto del error.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Un poema bohemio de Rimbaud


 
MI BOHEMIA

(Fantasía)

Me iba, con los puños en mis bolsillos rotos...
mi chaleco también se volvía ideal,
andando, al cielo raso, ¡Musa, te era tan fiel!
¡cuántos grandes amores, ay ay ay, me he soñado!

Mi único pantalón era un enorme siete.
––Pulgarcito que sueña, desgranaba a mi paso
rimas. Y mi posada era la Osa Mayor.
––Mis estrellas temblaban con un dulce frufrú.

Y yo las escuchaba, al borde del camino
cuando caen las tardes de septiembre, sintiendo
el rocío en mi frente, como un vino de vida.

Y rimando, perdido, por las sombras fantásticas,
tensaba los cordones, como si fueran liras,
de mis zapatos rotos, junto a mi corazón.

Arthur Rimbaud

martes, 3 de abril de 2012

Baudelaire y Platón (L´Albatros)

Parece ser que en los anhelos de elevación de Baudelaire (el Ideal que acompaña al Spleen), así como en su concepción de la tierra como exilio, late fuertemente el influjo platónico (también, por supuesto, el cristiano en su visión del ángel caído). El caso es que en dispersas lecturas he encontrado dos pasajes platónicos que me han hecho pensar intensamente en el Albatros baudelairiano.
El primero es un fragmento del Fedro que encontré citado en la Breve historia y antología de la estética, de José María Valverde. Reza así:

“Y por tanto sólo la mente del filósofo tiene alas, y eso es justo, pues, en la medida de su capacidad, siempre está aferrándose en el recuerdo de las cosas en que reside Dios y contemplando lo que es. Y el que emplea bien esos recuerdos se inicia siempre en misterios perfectos y es el único que llega a ser verdaderamente perfecto. Pero como olvida los intereses terrenales y queda arrebatado por lo divino, el vulgo le considera loco y le rechaza, sin ver que está inspirado.
Hablo aquí de la cuarta y última especie de locura, que se atribuye al que, al ver la belleza de la tierra, queda transportado con el recuerdo de la verdadera belleza: le gustaría echar a volar, pero no puede; es como un pájaro que se agita y mira a lo alto, sin cuidado por el mundo de abajo, y por eso le creen loco.”

El segundo pasaje consiste en una anécdota sobre Tales de Mileto (su caída en un pozo) que cuenta Platón (la tomo de W. Weischedel: Los filósofos entre bambalinas):
“Mientras Tales observaba las estrellas y miraba hacia arriba, cayó en un pozo y lo descubrió una sirvienta tracia, llena de vivacidad e ingenio. Tales deseaba saber qué había en el cielo; pero no se daba cuenta de lo que tenía delante suyo y bajo sus pies.”
El filósofo en el pozo es, desde luego, una aparición bastante curiosa. No obstante Platón da a ese relato un giro muy formal: “Todos los que viven dentro de la filosofía pasan por el mismo ridículo, ya que, en realidad, a alguien así se le oculta lo vecino y cercano, no sólo en todo cuanto hace sino también, casi, en su propio interior, en el concepto de si es realmente un ser humano o alguna otra forma de vida… Si se ve obligado, ante los tribunales, o ante cualquier otra audiencia, a hablar de lo que se encuentra a sus pies o lo que tiene ante sus ojos, provoca las carcajadas no sólo de las tracias, sino también de todos los demás presentes. Su grande inexperiencia le hace caer en pozos y encontrarse en toda clase de apuros, lleno de confusión; su torpeza es enorme y parece casi simplicidad.”

El giro fundamental que da Baudelaire al precedente platónico es el de sustituir al filósofo por el POETA.