viernes, 2 de octubre de 2026

Personajes femeninos entrañables

 

Si recientemente escribí un post dedicado a las mujeres odiosas en la literatura inglesa, hoy me toca mirar hacia el lado contrario, el de entrañables personajes femeninos.

 

Casi creía que sólo mi amigo Javier sabía crear  ese tipo de personajes (Marta, la hermana de Lucía, en El sacrificio, y Adela, en La tristeza del sabio, no me dejarán mentir) cuando de repente recordé la Kitty de Tolstoi en Anna Karenina: uno de los personajes femeninos más encantadores con que me he topado.

 

Pero es que, recientemente, en tres novelas que he leído, tres mujeres me han resultado conmovedoras. En Mansfield Park, de Jane Austen, la sencilla, sufrida, silente y razonable Fanny Price se me impuso desde el principio, y demasiado nos parece que tarda su primo en descubrir que la ama.

 

Leyendo Cecilia Valdés, el clásico romántico de la literatura cubana, de Cirili Villaverde, no es la bella mulata que da título a la obra quien destaca, sino más bien su rival, la distinguida Isabel Ilincheta, activa, piadosa, razonable, inteligente, a quien, cuando se marcha de la plantación cafetera de su padre para visitar el ingenio de su prometido (el insustancial Leonardo Gamboa, amante de Cecilia), los esclavos le cantan:

La niña sen va / probe cravo llorá.

Tanto es el afecto que sienten por ella.

 

Ya, por último, en la novela que estoy leyendo ahora, A sangre fría (que me esperaba en mis estanterías desde hace 30 o 40 años), de Truman Capote, aparece una niña maravillosa, Nancy Clutter, que será brutalmente asesinada, junto a su familia, por la pareja criminal que protagoniza el relato. Hija pequeña de una rica familia metodista, inteligente, destacada alumna en la clase, siempre tiene tiempo para ayudar a los demás y echarles una mano en lo que necesiten, ya sea hacer una tarta o practicar música con un instrumento. De ella dijo una profesora un día: “Nancy Clutter siempre tiene prisa, pero siempre tiene tiempo. Y ésta es la definición de una verdadera señora.” En efecto, así percibimos a esa entrañable niña que, por un aciago destino, no llegará nunca a señora.

 

Da gusto teclear para escribir sobre tan adorables personajes.