Si hace no mucho escribía en
el blog sobre el Paraíso de la Literatura, a propósito de Dante y Estacio,
recientemente, releyendo al gran ensayista venezolano Mariano Picón-Salas, me
encuentro con una referencia al Purgatorio de la Literatura. En un momento de
su escrito “Y va de ensayo” nos dice:
“La posteridad edifica una
especie de Purgatorio de la Literatura en que hasta los genios como Víctor Hugo
deben pagar por miles de páginas que fueron sólo oratoria e incontinencia, y
don Emilio Castelar se achicharra por haber pronunciado tantos discursos en que
las palabras estaban colgando como bejucos, y a Zorrilla se le cobran sus
versos fáciles y superficiales y a don José María de Pereda el convencionalismo
de sus novelas. En cuanto a los demagogos del Arte, ésos jamás verán la
beatitud eterna.”
(Viejos y nuevos mundos, p. 502)
Me quedo con las ganas de ver
a cuáles de esos demagogos metería Picón en el Infierno, aunque me parece claro
que cada uno tiene su lista particular.
El caso es que hoy, paseando,
me topo con una confluencia de calles cuyos nombres podrían ejemplificar muy
bien las dos primeras postrimerías, aquellas que ven o aspiran a ver la
beatitud eterna. No pude resistirme a hacer una fotografía.




No hay comentarios:
Publicar un comentario