jueves, 26 de diciembre de 2024

Ortega y Gasset a propósito de Luis Vives

 

Ortega y Gasset tenía el don (no sé si llamarlo así) de la digresión. Prometía escribir (o hablar, como en este caso) sobre un tema, y terminaba hablando sobre cualquier otra cosa, a veces sin rozar el asunto que le movió a la reflexión. Recuerdo la perplejidad que me produjo su ensayo sobre “La psicología del hombre interesante” donde, desde luego, nada dice sobre el supuesto objeto del escrito. En su conferencia sobre Vives y su mundo, como de costumbre, apenas habla de Luis Vives y sí mucho de su mundo. Ahora bien, también le caracteriza, por momentos, una penetración deslumbrante y tiene pasajes que son verdaderamente luminosos, con un poder de síntesis inmenso. Por ejemplo, el siguiente, que cito. Está hablando sobre la época de Vives (paso del siglo XV al XVI) y cómo supone un cambio relevante respecto a los siglos medios, y lo sintetiza de la siguiente manera:

 

viernes, 13 de diciembre de 2024

El joven Aristóteles

 Hace años vi en el Musée d´Orsay esta escultura del joven Aristóteles, que me llamó mucho la atención. ¿Por qué sostenía esa bola en la mano? Tal vez en el museo había alguna explicación, pero no la recuerdo.





Hoy, leyendo a Luis Vives (Las disciplinas, 1) me encuentro lo siguiente: "Escriben también que Aristóteles tuvo costumbre de estudiar en esa postura: tenía en la mano una bola de bronce, debajo de la cual había puesto unas bacías, en las cuales debía caer la bola si él dormitaba, para que el son le despertase."

jueves, 21 de noviembre de 2024

Vidas de Chéjov

 

Leyendo últimamente a Iréne Némirovsky (mi gran descubrimiento de este año), su obra fundamental, Suite francesa, pero también otras novelas (El baile, Jezabel) y cuentos (Domingo, Nieve en otoño), al percibir el influjo chejoviano que había en algunos de sus relatos, y saber de su admiración por el maestro ruso, decidí leer también su biografía novelada, Vida de Chéjov. Mucho me gustó y me resultó clarificadora de las fuentes donde bebe su narrativa, pero también de sus ideas sobre el relato y su visión del mundo. Acto seguido (y pues que pienso releer en breve algunos cuentos del autor) me puse a releer la biografía que le dedicó Natalia Ginzburg, Antón Chéjov. Dos escritoras muy buenas ambas, y dignas de ser amadas. Pero, por mucho que ame a la italiana, la diferencia entre las dos obras es notable. Si bien en el manejo de datos y referencias sobre la vida y trayectoria del cuentista coinciden mucho (imagino que porque comparten las mismas fuentes) la biografía novelada de Némirovsky me parece mucho más lograda que el apenas esbozo, casi escolar, de Ginzburg. La rusa penetra más profundamente en el contexto vital y familiar, y recrea el mundo del autor tratado de forma más plena. Lo que añade Ginzburg (aparte de pequeñas diferencias: Iréne presta mayor atención a los amores de Chéjov, mientras que Natalia trata algo más sus amistades con escritores) es un breve comentario sobre los cuentos y dramas del autor. Pero estos comentarios consisten, regularmente, en brevísimos resúmenes horros de cualquier aportación mínimamente crítica, con lo cual apenas nos sirven más que para saber de qué van esas obras.

De manera que si tuviera que elegir una de las obras para recomendar como introducción a la vida y obra del autor, no lo dudaría un instante. Me inclinaría por la rusa Irène, mi gran descubrimiento de este año.

 

martes, 12 de noviembre de 2024

Pedro Salinas: el ámbito de la lectura (recuerdos personales)

 

Leyendo uno de los ensayos del El defensor, de Pedro Salinas (acabo de regalar una copia del libro y quiero refrescarlo) me encuentro con un pasaje luminoso (como que pertenece a un fragmento intitulado La luz) que me trae algunos recuerdos personales. Salinas reflexiona sobre muchos aspectos de la lectura y ahora se detiene a considerar los espacios en que se lleva a cabo para llegar a lo que considera el ámbito de lectura idóneo. Lo que él comenta me lleva al recuerdo y al pasado. Me pongo a reflexionar yo mismo sobre mis diversos ámbitos de lectura a lo largo de mi vida y encuentro lo siguiente: por más que he frecuentado bibliotecas no son para mí un ámbito de lectura adecuado. La primera vez que entré en la biblioteca histórica de la universidad de Valencia (la de la calle de la Nave) y se me entregó el libro solicitado estuve como diez minutos sin poder leer una línea: tanta era la gravitación de polvo, pasado y saber que me embargaba. En otros recintos (en la de la Universidad Simón Bolívar de Caracas o en la de la Universidad de Edimburgo, por ejemplo) siempre la cantidad conspira contra la lectura: me pongo a hojear todo lo que podría leer y no leo apenas nada. Me sirven para sacar libros y llevarlos a mi espacio personal.

viernes, 8 de noviembre de 2024

La Dana en Valencia

 

Cuando de estudiante leía “Aurora”, de Federico García Lorca, en Poeta en Nueva York, todo discurría en mi entendimiento por cauces normales hasta que llegaba a los dos últimos versos:

 

Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes

como recién salidas de un naufragio de sangre.

 

Se me resistía la imagen final, hasta que un buen día vi claramente que el dichoso naufragio que yo no conseguía encajar no era sino una alusión al título del poema y a toda la referencia temporal de él (tan duro de entendederas puedo ser a veces leyendo poesía). El naufragio de sangre no era sino una visión dolorosa del amanecer, esa aurora de que trata el poema. Pero, al margen de la posible explicación racional de la imagen, era más fuerte quizá la sensación de malestar, desconcierto y angustia que producía y que, por tanto, funcionaba perfectamente como cierre del poema.

 

Cuento esto porque esos dos versos son los que más me vienen a la cabeza estos días en que varias localidades de Valencia están sumidas entre el fango, la destrucción y la muerte. Valencia ciudad se salvó del desastre, gracias al cauce nuevo del río Turia, pero esos pueblos están muy próximos, y nos tocan muy de cerca a los que vivimos en la capital. Por eso la sensación que se tiene en la ciudad, por donde se ven circular enormes olas de solidaridad, es de mucha tristeza, y lo que con frecuencia me viene cuando pongo el pie en la calle es que

 

Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes

como recién salidas de un naufragio de sangre.

domingo, 27 de octubre de 2024

Rinocerontes en el autobús

 

Desde hace algunos meses vengo observando, con consternación, una práctica en los autobuses que me sorprende. Se trata de jóvenes principalmente. Entran en el transporte público y, sin importar adónde vayan (tal vez a la última parada), se sitúan en las puertas. Allí sacan sus dispositivos móviles, agachan la cabeza y se ponen a wasapear, jugar con videojuegos o escuchar música o a algún youtuber o influencer. Cuando llegan a las paradas no se mueven ni se giran para mirar si alguien se dispone a bajar. De manera que muchas veces se desciende del autobús con notable dificultad. A mí me ha tocado recientemente escabullirme –para bajar- entre dos que ocupaban los dos lados de la puerta. También vi, hace unas semanas, una pareja que ocupaba la puerta. Tras dos o tres paradas de generar molestias considerables, la chica tuvo una idea feliz: le indicó a su compañero que el lado opuesto estaba libre y que se podrían situar allí, lo que finalmente hicieron. Parece que a la nueva generación le cuesta mucho entender ciertos códigos que, tradicionalmente, eran de dominio común, como el hecho de que sólo se debe colocar uno en la puerta del autobús cuando piensa descender en la siguiente parada. Eugène Ionesco debió entrever algo de lo que comento.

 

lunes, 14 de octubre de 2024

Carlos Fuentes entre Maupassant y Cortázar: "Chac Mool" y el relato como montaje

 

(Como no consigo acceder por Internet a las páginas de la Revista Espéculo -digital- de la Universidad Complutense de Madrid, donde se publicó este ensayo, lo traigo al blog, para que así pueda ser consultado por los interesados en la narrativa breve de Carlos Fuentes. Imprescindible leer el relato [https://ciudadseva.com/texto/chac-mool/] antes de prestar atención al análisis que sigue.)

 

                    La tarea de representación reviste, pues, en Ribalta, el carácter de un montaje. Exagerando un poco, se podría incluso afirmar que Bruno tiene una visión dureriana en un cuadro rafaelesco.

Victor L. Stoichita: El ojo místico. Pintura y visión religiosa en el Siglo de Oro español.

 

"Chac Mool", que pertenece al primer libro de Carlos Fuentes, Los días enmascarados (1954), es un relato que goza de gran consideración: no sólo que el propio Fuentes lo estimara como "el mejor cuento del volumen" (Harss, 349) y que señalara que estaba recogido en la Antología del cuento mexicano, sino que también fue el seleccionado de ese primer volumen para la colección de narraciones de Fuentes Cuerpos y ofrendas. A su vez daba título a otra colección de relatos cortos del autor que publicó Salvat, prologada por José Donoso: Chac Mool y otros cuentos.

Ahora bien, el general reconocimiento de que se trata de uno de los mejores relatos del autor no va acompañado por una paralela atención crítica. En muchos de los estudios sobre al autor se lo despacha brevemente con alguna alusión a la pervivencia del pasado prehispánico en el México actual, y poco más.