viernes, 1 de febrero de 2013

Pintura romántica: Caspar David Friedrich


Monje junto al mar, la pintura de que os hablé hoy en clase. Como se puede observar, no responde a ninguno de los cánones de belleza clásica. Y es que los románticos cultivaron una estética de lo sublime. (Cfr. I. Kant: Lo bello y lo sublime.)
Tengo alguna pintura más de Caspar David Friedrich en la parte baja del blog.

miércoles, 23 de enero de 2013

Dante en Clarín

Parece que Clarín tenía devoción por Dante (como por Horacio o el Ramayana, autores y obras citadas con frecuencia en sus escritos). De su frecuente lectura del autor toscano cito tres ejemplos que he tomado al paso leyendo sus Cuentos morales.

En el cuento “Cristales”, hondísima cala psicológica que parece poner en narración la máxima de La Rochefoucauld que viene a decir algo así como: “En el daño que padecen nuestros amigos siempre hay algo que no nos molesta del todo.”, el protagonista comenta su estrecha amistad con Fernando:

"Yo me había enamorado de la amistad; había nacido para ella. Encontré un amigo en la adolescencia; partimos el pan del entusiasmo, el maná de la fe en el porvenir. Juntos emprendimos la conquista del ensueño. Cuando la bufera infernal del desengaño nos azotó el rostro, no separamos nuestras manos que se estrechaban; como a Paolo y Francesca, abrazados nos arrebató el viento... Los dos vivíamos para el arte, para la poesía, para la meditación; pero yo era autor dramático, y él no. Menos el don del teatro, que niega Zola, tal vez porque no lo tiene, todo lo dividíamos Fernando y yo."

La bufera infernal no es otra cosa que el torbellino que arrastra a Paolo y Francesca en el famoso canto V del Inferno.


En “La trampa”, entrañable cuento en que unos campesinos se apiadan de una yegua (Chula) que les venden enferma por engaño, asistimos al momento en que se les hace evidente su debilidad:

"Llegó la cuesta de la Grandota, ¡prueba formidable! La Chula, discretamente
fustigada por Falo, emprendió la subida a trote largo. A la mitad de la pendiente
tropezó el vehículo con una carreta que bajaba, y la yegua se paró de repente
Quel giorno piú non legevammo avante.
Aquel día la Chula no dio un paso más camino de la villa."

Entonces cita Clarín, no sin ironía (pues lo aplica a la motricidad de una yegua), el verso que cierra el relato de Francesca de Rimini en el episodio anteriormente citado. Parece claro que citaba de memoria, pues comete un pequeño fallo (el verso original reza así: quel giorno più non vi leggemmo avante). Ahora bien, la sensibilidad literaria de Clarín no le impide cometer el error manteniendo el endecasílabo.


En “Don Patricio o el premio gordo en Melilla” se nos habla de un personaje muy avaricioso, que quiere hacerse siempre con todo el dinero que se le pone por delante (como muchos individuos del panorama político y financiero de nuestra “triste y espaciosa España”). Al regresar de América, millonario, aumenta su fortuna en su tierra natal:

"También hizo millones con las puertas de su ciudad natal, en cuanto volvió a esta,
atraído por el amor al terruño y por algunos negocios que había efectuado desde
Cuba. En cuanto llegó al puerto, en vez de ponerse a cantar, como el tenor de
Marina,

Al ver... en la inmensa
llanura del mar... etc.

se dijo (recitado): «Aquí los consumos deben de ser una mina, si se les hace
sudar bien». Y, en efecto, cargó con los consumos, y las puertas de su ciudad
natal se convirtieron en otras tantas puertas del infierno, bien guarnecidas de
cancerberos, con gorra de galón dorado y sendas inscripciones, que al decir
fielato, querían decir:
Lasciate ogni peseta, voi ch'entrate."

Es ahora el verso que cierra la inscripción a las puertas del Infierno en el canto III. Clarín introduce una variación humorística (peseta en lugar de speranza) que hace referencia al carácter avaro del personaje.

Resulta evidente que hay pasajes literarios de los grandes autores (como los estudiados en nuestro Quiz de Hamlet) que se posesionan de la imaginación literaria de los que vienen detrás, de quienes se puede decir que siempre escriben a la sombra de su fructífera inspiración.

miércoles, 9 de enero de 2013

Paternidad e instrucciones

Como ya muchos tal vez sepáis, acabo de ser padre de un precioso crío, que se habrá de llamar Juan Andrés. Por tal motivo disfrutaré de 15 días de permiso en que me ocuparé de una serie de trámites burocráticos y de habituarme a la nueva situación. Por ello os pongo en el blog una serie de instrucciones para trabajar en estos días de ausencia.

Literatura Universal: no mantenemos las fechas de los exámenes, puesto que nos falta dedicar una o dos clases a la puesta en común de todo lo que hemos aprendido sobre Hamlet, tras lo cual ya sí podríamos examinarlo. De momento lo que interesa es comenzar la lectura de Madame Bovary, en la edición de Alianza Editorial, y la traducción de Consuelo Berges (aunque estas dos últimas cosas no sean del todo imprescindibles). Para encauzar la lectura de la obra sería conveniente repasar con atención todos los posts que he puesto sobre el autor, Flaubert,  en este blog (que se habrían de leer en orden cronológico: desde los más antiguos a los más recientes): sobre todo tener en cuenta que no se trata de una novela de entretenimiento, sino de una obra de arte muy consciente, con una elaboración formal extraodinaria y unas dosis de “mala leche” por parte del autor considerables.

Para los 3ºs y 1º de ESO bastará con el programa de trabajo que os he hecho llegar (y que incluye la primera lectura de esta segunda evaluación).

Cualquier duda que tengáis me la podéis plantear a través de comentarios en este propio blog.

martes, 25 de diciembre de 2012

Opinión de Leopoldo Alas "Clarín" sobre la polémica a propósito de la mula y el buey

En su relato navideño “El frío del Papa” (Cuentos morales, 1895) Clarín hace que el protagonista, Aurelio Marco, tenga un sueño en que recupera la fe de su infancia. Este es un fragmento de dicho sueño:

Aurelio y la moza garrida que le hace volar, llevándole en vilo, llegan a verse solos... no importa, siguen. El camino hace un recodo en un altozano; el horizonte se ensancha y lo corta con obscuridad simétrica el perfil de un gran templo, de cúpula inmensa. Aurelio se ve solo dentro de la nave cuyas bóvedas se pierden en las sombras de la altura. Por la parte del ábside el gran templo está en ruinas y deja ver el campo, las montañas y las estrellas; en el altar mayor hay una cuna humilde en un pesebre; del lado del Evangelio hay una cama de hospital, limpia y pobre; en la cuna gime y tirita de frío un niño de piel de rosas; en la cama humilde tirita un anciano caduco, pálido como la cera, de piel transparente, en los huesos.
Las estrellas parece que envían sobre la cuna y la cama efluvios de hielo. ¡Cuánto
frío! ¡Qué desnudez! Una mula y un buey están al lado de la cuna; el buey arroja
nubes del vapor de su aliento sobre el niño en la cuna. El anciano, que se muere
de frío, de tarde en tarde levanta la cabeza temblorosa y mira hacia la cuna, y
sonríe agradecido al buey que calienta con su aliento al niño. El frío hace delirar al
anciano, que piensa, con esos consuelos de la pesadilla que huye del dolor:
«Mientras él no se hiele, yo no me hielo».
Aurelio ve que de repente entran en la nave del templo tres personajes vestidos de
púrpura y oro, con sendas coronas en la frente; son, como el buey y la mula,
figuras de nacimiento de tamaño natural. Bien los conoce: son Baltasar, zapatero y
clarinete en la murga del municipio; Melchor, sacristán y figle de la banda; Gaspar,
panadero y cornetín. Los Reyes Magos rodean el lecho del anciano. «¡Se muere
de frío!» dijo Melchor.
-«¡Se hiela en esta noche eterna del mundo sin fe, sin esperanza, sin caridad».
Esto lo dijo Gaspar.
Y Baltasar, suspirando: «Cubrámosle con nuestro manto».
Y Baltasar entonces echó sobre el Pontífice León XIII, que este era el anciano del
lecho humilde, echó su manto pesado de púrpura, y Gaspar el suyo, y Melchor el
suyo.
El buey, que los veía, dejó un momento al Niño, y vino también a calentar con su
aliento al Papa, que se moría de frío.
Aurelio Marco, de rodillas, sentía la inefable emoción del dolor religioso, de la
sumisión piadosa a las despiadadas lecciones del misterio impenetrable y santo.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Probemos a decir Sí


Los días no pasan por la triste España de Larra. Cuando gran parte del personal de ventanillas se ha puesto al día e ir a hacer una gestión no implica necesariamente el “vuelva usted mañana” habitual hasta el advenimiento de los primeros gobiernos democráticos, perduran, sin embargo, resistentes restos de la actitud nacional a darte el NO como primera, y muy frecuentemente única, solución.

En la Clínica donde estoy ingresado, y de la que no tengo ninguna queja, más bien solo gratitud (ayer  interrumpió mi urólogo su fin de semana vacacional y abrió los quirófanos solo para mí, para realizarme una intervención de urgencia –sí, compañeros de trabajo, abandoné el claustro antes de tiempo para irme de urgencias a la clínica) me quedo sin agua antes de las 6 de la madrugada. Como el desayuno tardará en llegar y tengo sed toco el timbre de las enfermeras (por primera vez en los dos días que llevo aquí) para pedirles un poco de agua o un zumito pequeño, algo que aplaque mi sed hasta la hora del desayuno. La respuesta temible, y sin embargo no del todo inesperada, es NO, “hasta que no suban el agua con el desayuno no disponemos de ello, aunque hay una máquina en el pasillo".

Me levanto, busco monedas en los bolsillos del pantalón que tengo en el armario, agarro el palo donde cuelgan el gotero y con un batilongo de esos que vas enseñando el culo, me dirijo por el pasillo en busca de la botella de agua, que deberé llevar a la habitación con la mano que tiene la vía o con la que conduce el palo. ¿Queréis creerme que en el trayecto de ida y vuelta –yo solo por el pasillo de esa planta y con ese palo de gotero que no es silencioso- la enfermera, por delante de la cual pasé dos veces, ni siquiera levantó la vista de la pantalla del ordenador.

¿Pertenecerá a esa generación de nuevos rinocerontes? No es difícil distinguirlos cuando se entra en un autobús: mantienen la mirada baja, fija en un aparato electrónico, a través del cual se comunican (what`s up o algo así se llama el mecanismo) o más frecuentemente… juegan.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Lectura y Redacción navideña para 3º A y B

La próxima Lectura para 3º ESO será El niño del pijama de rayas, de John Boyne, en editorial Salamandra. Existe el formato normal que vale unos 13 €, pero también el formato de bolsillo (que no llega a los 7 €). Podéis decidiros por el que queráis. Para aquellos que ya hayan leído esta novela y no la quieran repetir, les doy la opción de leer el Diario, de Ana Frank, del que hay versión en muy diversas editoriales: desde DeBolsillo (unos 10 €) hasta una edición muy básica saldada en las librerías París Valencia por 2 €. Tampoco es difícil conseguirlo como e-book. Las dos obras tienen en común el tema de la persecución y exterminio de los judíos por parte de los nazis durante la segunda guerra mundial. La primera es una novela de ficción y la segunda un diario auténtico.

La fecha del control de lectura será el jueves 24 de enero de 2013.

Aparte de esta lectura (que debéis hacer en Navidad) quiero que  hagáis una redacción de unas 20 líneas (que debe figurar en vuestra libreta) y que tendrá por título: Mis fiestas navideñas. La podéis enfocar poniendo de relieve el núcleo y complemento del Sintagma Nominal (fiestas navideñas) o el Determinante (Mis).
Debe estar hecha para cuando volvamos a clase.

¡¡¡FELICES NAVIDADES A TODOS AND A HAPPY NEW YEAR!!!

jueves, 29 de noviembre de 2012

Una cucharada de Shakespeare

En la página de la editorial Pre-textos dedicada  a su libro Jardín circunmurado. Antología poética del teatro de Shakespeare nos encontramos con la siguiente joyita a propósito del presentismo, o excesivo culto a la actualidad:
Aquello que otros hacen, aunque no
esté a la altura
de aquello que tú hiciste, te sobrepasará:
el tiempo es un patrón insensible que estrecha
fríamente la mano del que parte, y recibe
con los brazos abiertos, como dispuesto al vuelo,
a los recién llegados. La bienvenida ríe,
los adioses se marchan suspirando. No quieran
tus virtudes de antaño ganar hoy sus laureles.
La hermosura, el ingenio, la fortaleza física,
la nobleza, los méritos, la amistad, el amor,
la bondad… todo eso se halla preso del tiempo,
que lo injuria envidioso. Hay un rasgo común
a todos los mortales: es el elogio unánime
de la última minucia, aunque salga del molde
de las cosas pasadas. Y así, un poco de oro
sobre el polvo se aplaude más que el oro
empolvado.
Las miradas de ahora celebran lo de ahora.


De Troilo y Crésida III. III, William Shakespeare