lunes, 1 de junio de 2026

La verdadera causa de la muerte de Sócrates: una lectura de EUTIFRÓN (scherzo)

 

Mucho se ha escrito sobre la muerte de Sócrates. Casi tanto como sobre la de Jesucristo. La diferencia es que este último tuvo mejores testigos. ¿Dónde se va a comparar cualquier evangelio con los Recuerdos de Sócrates, de Jenofonte? Es verdad que Platón apunta más alto en su Apología, pero aun así queda lejos de los cuatro canónicos.

 

Mucho se ha escrito y mucho se ha errado. Repiten los que tratan sobre su final que fue juzgado y condenado por corromper a los jóvenes y no creer en los dioses de la ciudad, proponiendo divinidades nuevas (en alusión a su demonio interior que le aconsejaba en múltiple ocasiones). Pero entiendo que nada de esto es verdad.

 

Sócrates fue condenado por su mayéutica, su estilo filosófico de acogotar al adversario a base de preguntas capciosas a las que finalmente aquel no puede responder. A diferencia de lo que se jacta el filósofo, de que muchos le seguían para conversar con él, estoy seguro de que, cuando le veían asomar en el ágora, doblando por una esquina, se producirían auténticas estampidas de atenienses que temían ser interrogados por el supuesto sabio (eso decía el esposo de Xantipa que manifestaba el oráculo de Delfos).

 

No hay más que leer el diálogo platónico Eutifrón o de la piedad (o santidad, según traducciones) para entender claramente lo que digo, o cualquiera de las conversaciones que transcribe Jenofonte en sus Recuerdos.

 

En mal momento se le ocurrió a Eutifrón comunicarle a su amigo Sócrates que había denunciado a su progenitor por homicidio. Sócrates le empieza a preguntar sobre qué es lo pío y lo impío, Eutifrón le responde lo que claramente cree (lo pío es lo que agrada a los dioses y lo impío lo que les desagrada), pero Sócrates empieza a darle vueltas al asunto, a llevarlo a conclusiones diferentes de las que pensaba inicialmente, y finalmente de nuevo a su planteamiento primero (que ya se había considerado falso). Llegados ahí, Sócrates quiere seguir indagando en la esencia de lo pío y lo impío, pero Eutifrón alega un compromiso y sale escapado de la presencia del filósofo.

 

Entiendo que la próxima vez que lo vea, no se detendrá a conversar con él, sino que formará parte, como uno más, de la estampida ateniense.

 

Y luego se dice que si la corrupción y los dioses… No, no, lo condenaron por pesado, lo mató la mayéutica como casi acaba con todos sus conciudadanos y con los miles de incautos que a lo largo de la historia se han acercado a su plúmbeo legado.

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