miércoles, 9 de abril de 2014

Una excelente puesta en escena de Las Bacantes en Sagunto

En la visita anual al festival de teatro clásico de Sagunto, dirigido a los escolares de enseñanza secundaria, hemos podido gozar el martes 8 de abril de un espectáculo sobresaliente: me refiero a la puesta en escena de Las bacantes, de Eurípides, por el grupo La Nave de Argo, del Colegio de la Inmaculada (Jesuitas) de Alicante.
Los elementos del decorado, mínimos, un montículo coronado con los huesos de una cabeza de toro, un par de sencillos asientos (en negro para Penteo y en rojo para Dioniso), pero suficientes para marcar las tensiones que en la obra se querían señalar. La aparición de Dioniso al principio y final de la obra en lo alto del edificio, todo un hallazgo de puesta en escena. El Dios controla el universo escénico a lo largo de toda la obra. El vestuario y maquillaje de Dioniso (con su sempiterno rictus sonriente, como quien está al cabo de todo y muy por encima de los demás) y también la dicción del joven actor, atinadísimos.
Perfectamente marcados todos los momentos de la obra: desde la extraña apuesta báquica de los ancianos Tiresias y Cadmo, hasta la desolación de Ágave al darse cuenta (en la anagnórisis) de que ha matado a su propio hijo (y no al león al que en su delirio creyó haber dado muerte). También están muy bien indicados detalles muy sutiles, como la posesión de Penteo, cuando Dioniso se le acerca por detrás, lo roza y le hace perder su voluntad y aceptar la engañosa propuesta del Dios: acercarse travestido al Citerión, donde ofician su culto las bacantes.
¿Y qué decir del coro de bacantes? Desde el principio al final de la obra, las jóvenes actrices bordan el papel que se les encarga, dando la sensación de locura, delirio, éxtasis que caracteriza a esas mujeres poseídas por un Dios. Por momentos me recuerdan las ideas de Artaud sobre la interpretación en su concepción del teatro de la crueldad. No desfallecen ni un instante en su exceso orgiástico, más que tras la anagnórisis, cuando les invade una tristeza sobrehumana -también muy bien interpretada- al percibir el despropósito de sus actos violentos. Destacar especialmente a la actriz que interpretaba el trágico papel de Ágave, muy convincente en todos los momentos de la representación.
Y, por último, felicitar al director de escena, que tan perfecta visión de la obra ha tenido y tan sobresaliente ensamblaje de interpretación, movimiento, dicción, ritmo y espacio escénico ha logrado con esos jóvenes actores aficionados, llenos de entusiasmo por el arte escénico.


1 comentario:

Melvin Moreno Maldonado dijo...

Hola Cidehametebenengeli. Hola a todos. ¡Aquí Dioniso!
Quiero haceros saber cómo me siento después de leer esto: Estoy eufórico. Veo cómo habéis seguido la obra, cómo habéis visto los matices, detalles... Y sobre todo, veo cómo habéis disfrutado viéndolo, y me siento eufórico.
Creo que la respuesta del público es el mejor estimulante para un actor, y por ello te agradezco mucho que hayas tomado unos momentos en hacernos llegar vuestras impresiones.
Lo que más me ha impresionado es cómo habéis reparado en los detalles de la representación. No era consciente de que había gente en el público desmenuzando tan finamente la obra.
Espero que volvamos a encontrarnos. ¡Evohé!