viernes, 19 de diciembre de 2008

Relax vacacional: una selección de citas estrambóticas

Nunca se sabe con quién se acuesta uno.
(Paul Valéry)



¿De Nazaret puede salir algo bueno?
(palabras de Natanael, Jn. 1,46.)



Durante siglos la humanidad se ha preparado para Victor Mature y Mickey Rooney.
(T. Adorno: Dialéctica del Iluminismo.)



- ¿Genio en el cachalote? ¿Alguna vez el cachalote ha escrito un libro o pronunciado un discurso?
(H. Melville: Moby Dick)



- ¿Qué fue la república romana? Una gavilla de ladrones que, engrosándose más y más cada día, empezó robando ganados, prosiguió robando poblaciones y acabó robando reinos.
(B. J. Feijoo: “Glorias de España”. Theatro crítico universal)



- Pobrecito Pascal, no se enteraba de nada.
(M.L.M.P.)

sábado, 13 de diciembre de 2008

Manuel Alvar habla sobre Manrique

Pero lo que Jorge Manrique hace no es seguir unos tópicos conocidos sin más asomo de originalidad que la repetición reiterada de unos pocos, o muchos, lugares comunes; es haber encontrado la expresión nueva de sentimientos muy viejos. Jorge Manrique camina las trochas de cualquier moralista, pero lo que no repite es el paso reiterado. Todo su poema tiene un aire nuevo, como lo tienen esas estrofas tras las que caminó después de probar las tentativas de diferentes versos, hasta encontrar esas estrofas, tan diferentes, pero que vinieron a ser el canon justo de un poema incomparable. (...) Y éste es el milagro de las Coplas: todo es sabido, pero todo resulta nuevo y es que la voz del poeta se ha ungido en los misterios de la poesía.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Lorca emula a Manrique

En las exclamaciones de este fragmento del elogio del torero Ignacio Sánchez Mejías, por parte de García Lorca, es evidente que éste se está inspirando en la copla nº XXVI de Jorge Manrique. Milagrosamente, en nuestra opinión, Lorca supera a su insuperable modelo. ¡Soberbio duelo de titanes!

No hubo príncipe en Sevilla
que comparársele pueda,
ni espada como su espada,
ni corazón tan de veras.
Como un río de leones
su maravillosa fuerza,
y como un torso de mármol
su dibujada prudencia.
Aire de Roma andaluza
le doraba la cabeza
donde su risa era un nardo
de sal y de inteligencia.
¡Qué gran torero en la plaza!
¡Qué gran serrano en la sierra!
¡Qué blando con las espigas!
¡Qué duro con las espuelas!
¡Qué tierno con el rocío!
¡Qué deslumbrante en la feria!
¡Qué tremendo con las últimas
banderillas de tiniebla!

(La sangre derramada, en LLANTO POR IGNACIO SÁNCHEZ MEJÍAS)

jueves, 11 de diciembre de 2008

Un romance moderno del Romancero gitano de García Lorca

ROMANCE DE LA PENA NEGRA

A José Navarro Pardo

Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
cuando por el monte oscuro
baja Soledad Montoya.
Cobre amarillo, su carne,
huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados sus pechos,
gimen canciones redondas.
Soledad, ¿por quién preguntas
sin compaña y a estas horas?
Pregunte por quien pregunte,
dime: ¿a ti qué se te importa?
Vengo a buscar lo que busco,
mi alegría y mi persona.
Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca,
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.
No me recuerdes el mar,
que la pena negra, brota
en las tierras de aceituna
bajo el rumor de las hojas.
¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!
Lloras zumo de limón
agrio de espera y de boca.
¡Qué pena tan grande!
Corro mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba.
¡Qué pena! Me estoy poniendo
de azabache carne y ropa.
¡Ay, mis camisas de hilo!
¡Ay, mis muslos de amapola!
Soledad: lava tu cuerpo
con agua de las alondras,
y deja tu corazón en paz,
Soledad Montoya.
*
Por abajo canta el río:
volante de cielo y hojas.
Con flores de calabaza,
la nueva luz se corona.
¡Oh pena de los gitanos!
Pena limpia y siempre sola.
¡Oh pena de cauce oculto
y madrugada remota!

martes, 9 de diciembre de 2008

Posibles buenas respuestas a las preguntas de un examen

La oraçion fecha, la missa acabada la an.
Salieron de la eglesia, ya quieren caualgar.
El Çid a donna Ximena iva la abraçar.
Donna Ximena al Çid la manol va besar,
Lorando de los ojos que non sabe que se far;
E el a las ninnas torno las a catar:
A Dios vos acomiendo, e al Padre Spirital.
Agora nos partimos, Dios sabe el ajuntar.
Lorando de los ojos que non viestes atal.
Asis parten unos dotros commo la uña de la carne.
Myo Çid con los sos vassallos pensso de caualgar.
A todos esperando la cabeça tornando va.
A tan grand sabor fablo Minaya Albar Fanez:
Çid, do son vuestros esfuerços? en buen ora nasquiestes de madre:
Pensemos de ir nuestra via, esto sea de vagar.
Aun todos estos duelos en gozo se tornaran.


c) ¿Cómo se manifiesta la profunda emoción del texto? Explícalo, poniendo ejemplos.
d) ¿Cuál es la función de Minaya Albar Fáñez en el fragmento?

c) La profunda emoción del texto se manifiesta de varias maneras.
Para comenzar, se trata de una despedida, momento emotivo por definición: la despedida del Cid y su familia en el momento en que el héroe parte para un destierro incierto (“agora nos partimos – Dios sabe el ajuntar”).
No sólo hay explícitas referencias a la emoción de los personajes (“lorando de los ojos” se repite; una vez con la ponderación “que non viestes atal”), sino que los movimientos resultan muy torpes, propios de personas embargadas por la emoción: el Cid va a abrazar a doña Jimena; ésta lo va a besar. Con lo que lo más probable es que tropiecen (“que non sabe que se far” dice el poeta).
Una imagen (un símil), una de las muy pocas del Cantar sintetiza el desgarramiento de la separación (“Asis parten unos d´otros commo la uña de la carne”).
Reparemos en el verbo con que se refiere a la mirada del Cid a sus hijas (“tornolas a catar”: no puede dejar de mirarlas).
Por último el gesto de volver la cabeza del protagonista (“A todos esperando - la cabeza tornando va”), señal de flaqueza que no es muy propia de un héroe como él; pero es que en este momento está poseído por la emoción.

d) Las dos preguntas se comunican perfectamente. De hecho la intervención de Minaya Albar Fáñez viene precedida por una ponderación de la emotiva situación anterior: “A tan grand sabor – fabló...”. Su función es la de dar ánimos en el momento en que ve que su jefe da muestras de debilidad. Para ello le recuerda su valor habitual (“vuestros esfuerzos”) y le promete una futura reparación del dolor actual: “Aun todos estos duelos en gozo se tornaran”.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Otro romance viejo: un romance fronterizo con final trunco.

Álora, la bien cercada,
tú que estás en par del río,
cercóte el Adelantado
una mañana en domingo,
de peones y hombres de armas
el campo bien guarnecido;
con la gran artillería
hecho te habían un portillo.
Viérades moros y moras
subir huyendo al castillo;
las moras llevan la ropa,
los moros harina y trigo,
y las moras de quince años
llevaban el oro fino,
y los moricos pequeños
llevan la pasa y el higo.
Por encima del adarve
su pendón llevan tendido.
Allá detrás de una almena
quedado se había un morico
con una ballesta armada
y en ella puesto un cuadrillo.
En altas voces diciendo
que del real le han oído:
-¡ Tregua, tregua, Adelantado,
por tuyo se da el castillo!
Alza la visera arriba
por ver el que tal le dijo:
asestárale a la frente,
salido le ha al colodrillo.
Sácole Pablo de rienda
y de mano Jacobillo,
estos dos que había criado
en su casa desde chicos.
Lleváronle a los maestros
por ver si será guarido;
a las primeras palabras
el testamento les dijo.

martes, 2 de diciembre de 2008

La joya del Romancero viejo

El infante Arnaldos

¡Quién hubiera tal ventura
sobre las aguas del mar
como hubo el infante Arnaldos
la mañana de San Juan!
Andando a buscar la caza
para su halcón cebar,
vio venir una galera
que a tierra quiere llegar;
las velas trae de sedas,
la jarcia de oro torzal,
áncoras tiene de plata,
tablas de fino coral.
Marinero que la guía,
diciendo viene un cantar,
que la mar ponía en calma,
los vientos hace amainar;
los peces que andan al hondo,
arriba los hace andar;
las aves que van volando,
al mástil vienen posar.
Allí habló el infante Arnaldos,
bien oiréis lo que dirá:
«Por tu vida, el marinero,
dígasme ora ese cantar.»
Respondióle el marinero,
tal respuesta le fue a dar:
«Yo no digo mi canción
sino a quien conmigo va.»