Azorín era un gran lector, y
un verdadero bibliómano. Son muy frecuentes sus evocaciones de sus visitas a la
cuesta Moyano madrileña en busca de viejos libros. Yo diría que conocí esa
feria de libros (que tantas veces he visitado) en sus páginas.
Es un maestro de la crítica
literaria evocativa e impresionista. No hay mejor forma de entrar en la
literatura clásica española que leyendo las páginas de Lecturas españolas, Al margen
de los clásicos, Clásicos y modernos,
Los clásicos redivivos… Todas obras
suyas.


