viernes, 18 de septiembre de 2009

Lluvia en Valencia

Ayer llovió en Valencia y me mojé hasta los tuétanos. Recordé el poema de Rodríguez y no he podido dejar de copiarlo, máxime cuando sólo se encuentra en la web en formato PDF y, por tanto, no copiable. Estoy haciendo, pues, al colgarlo, un pequeño servicio a la humanidad. Ahí va:

LLUVIA Y GRACIA

Desde el autobús, lleno
de labriegos, de curas y de gallos,
al llegar a Palencia,
veo a ese hombre.
Comienza a llover fuerte, casi arrecia,
y no le va a dar tiempo
a refugiarse en la ciudad. Y corre
como quien asesina. Y no comprende
el castigo del agua, su sencilla
servidumbre; tan sólo estar a salvo
es lo que quiere. Por eso no sabe
que le crece como un renuevo fértil
en su respiración acelerada,
que es cebo vivo, amor ya sin remedio,
cantera rica. Y, ante la sorpresa
de tal fecundidad,
se atropella y recela;
siente, muy en lo oscuro, que está limpio
para siempre, pero él no lo resiste;
y mira, y busca, y huye,
y, al llegar a cubierto,
entra mojado y libre, y se cobija,
y respira tranquilo en su ignorancia
al ver cómo su ropa
poco a poco se seca.

Claudio Rodríguez

1 comentario:

Ana dijo...

Sobre aguaceros y chaparrones:
"Él, que de ordinario tan sólo busca sinceridad, verdad, librarse de engaños y protección ante sorpresas que cautivan, ahora, en la desgracia, lleva a cabo la obra maestra de la ficción, como aquél en la dicha; no presenta un rostro humano que se contrae y se altera sino, por así decirlo, una máscara con digna simetría en los rasgos, no grita, ni siquiera altera su voz. Cuando un genuino nubarrón de tormenta descarga sobre él, entonces se envuelve en su manto y se va bajo la tempestad a paso lento".
Nietzsche: Sobre verdad y mentira...(final)
Nietzsche también sabía de chaparrones... Ana