lunes, 14 de enero de 2019

Un apunte sobre técnicas de estudio (leyendo a Jean Guitton)



Leyendo, ya a mis años, jubilado después de más de 35 de docencia, un par de libros de Jean Guitton sobre técnicas de trabajo intelectual (Nuevo arte de pensar y El trabajo intelectual) me complace ver que, los consejos y estrategias que propone, coinciden con los que yo, intuitivamente, me fui forjando en mis años de estudiante (me refiero a los últimos años de antiguo bachillerato y COU, y, sobre todo, a los años de Universidad). Por ello, aparcando un momento la palabra escrita de tan gran maestro, o entreverándola con mis propias reflexiones, me voy a permitir dar cuenta, valga lo que valiere y en un orden poco estricto, de algunas de mis ideas particulares sobre el aprendizaje (entiendo que algunas resultarán chocantes).

- La inteligencia (el mayor espectáculo del mundo) ni se aprende ni se enseña. Lo que se puede transmitir son técnicas o estrategias que ayuden a sacar el mejor partido de ese don (mayor o menor) que poseemos.

- Hay que dedicar al estudio los momentos en que más frescos estemos, en que mayor sea nuestra acuidad mental. Cuando nos cansemos, hacer una pausa y relajarnos. También es mejor preparar los temas y exámenes con tiempo, cuando nada nos urge, que pegarnos el atracón del último momento, donde no haremos más que confundir nociones. Mis alumnos no me creían cuando les contaba, pero era una verdad de las buenas, que la noche anterior a un examen final de carrera yo me iba al cine o al teatro. Todo estaba ya estudiado, ahora tocaba relajarse. Por la mañana, antes del examen, un último repaso breve, como quien no quiere la cosa, puro ejercicio mnemotécnico. Ahora bien, no hay nada más feo que, como profesor, entrar al aula de exámenes y encontrarte a un amplio porcentaje del alumnado empollando -confundiendo nociones- como si le fuera la vida en ello. No, en ese momento toca estar concentrado, esperando el comienzo de la actuación.

- Perder el miedo a los exámenes. Entenderlos no como una penalización o una trampa, sino como una oportunidad. Como estudiante ligeramente perezoso que soy (aunque interesado y consciente), normalmente, en casa o en la biblioteca, rindo en torno al 60 o 70 % de mis posibilidades. ¿Qué supone un examen? La posibilidad de rendir al 100 % (si no más) durante un tiempo limitado, y eso no deja de ser un gran estímulo para corregir mi tendencia a la pereza.

- Otra máxima a la hora de responder. No empieces a escribir antes de saber cómo vas a terminar. Nada peor que empezar a escribir como un demente, pararse al poco, e ir a trompicones escribiendo sin orden ni concierto. Al final sale un engendro teratológico, en vez de una respuesta coherente. Cualquier pregunta de mediano o largo desarrollo requiere que le dediquemos un tiempo a entender el enunciado, pensar nuestras estrategias de acercamiento, esbozar un pequeño esquema si procede, y luego empezar a escribir con velocidad de crucero, sin  apenas detenernos a hacer pequeñas correcciones. (No es buena idea, en el tiempo que se nos da, escribir en sucio y luego pasar a limpio: se pierde muchísimo tiempo.)

- En determinadas asignaturas (idiomas, por ejemplo), muchas veces los enunciados te dan la clave (el léxico, la estructura) de muchas respuestas. Es preciso ser listos, estar atentos y sacar partido de ello. Aunque en los idiomas lo esencial es la motivación. Yo personalmente siempre tuve la motivación de poder leer la literatura del país cuya lengua estudiaba. Pero si no, hay que buscarla o inventársela: el deseo de viajar, alguna persona que hayamos conocido, el gusto por las canciones de grupos extranjeros… nos pueden ayudar a interesarnos por otras lenguas. Y ahora con Internet, hay tantos medios y posibilidades de buscar información y practicar.

- Reflexión siempre sobre el lenguaje. Aprender una asignatura es aprender el lenguaje que utiliza dicha disciplina. Así, si entendemos lo que significan términos como mito, episteme, logos, doxa, empirismo.. en Filosofía, llevamos un buen camino hecho. Las distinciones saussureanas entre Lengua y Habla, Sincronía y Diacronía, Sonido y Fonema… nos serán muy útiles en Lengua, como los Géneros (oda, elegía, epístola…) o las Figuras retóricas (metáfora, símil, hipérbole…) en Literatura. Un buen diccionario cerca, cuando estudiamos, es un amigo inestimable. (Ahora, además, tenemos a Google.)

- Estudiar siempre con un papel en blanco a nuestro lado (que no habrá de permanecer en blanco cuando acabemos). Haciendo esquemas, resúmenes, reformulando con nuestro propio lenguaje definiciones o conceptos, terminamos por apropiarnos la materia de estudio. No hay mejor ejercicio mnemotécnico que escribir y reescribir.

- Más que trabajar en grupo, que a veces es una rémora o una escuela de parásitos, es importante poder compartir con compañeros lo que se aprende, o discutir con ellos nuestras dudas. El saber que no estamos solos, y la resonancia que da a nuestras ideas la confrontación con los otros, es inestimable. De mí podría decir que he aprendido de mis compañeros de estudio probablemente más que de mis profesores, aunque es cierto que de estos aprendí muchísimo.

Y para terminar una máxima alemana sobre la relación profesor / alumno, donde se hace hincapié en el papel esencial de este último.

Un mal alumno ni de los mejores profesores aprende; un buen alumno hasta de los peores profesores siempre aprende algo.


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