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lunes, 1 de junio de 2026

La verdadera causa de la muerte de Sócrates: una lectura de EUTIFRÓN (scherzo)

 

Mucho se ha escrito sobre la muerte de Sócrates. Casi tanto como sobre la de Jesucristo. La diferencia es que este último tuvo mejores testigos. ¿Dónde se va a comparar cualquier evangelio con los Recuerdos de Sócrates, de Jenofonte? Es verdad que Platón apunta más alto en su Apología, pero aun así queda lejos de los cuatro canónicos.

 

Mucho se ha escrito y mucho se ha errado. Repiten los que tratan sobre su final que fue juzgado y condenado por corromper a los jóvenes y no creer en los dioses de la ciudad, proponiendo divinidades nuevas (en alusión a su demonio interior que le aconsejaba en múltiple ocasiones). Pero entiendo que nada de esto es verdad.

 

martes, 12 de mayo de 2026

La Regenta contra el insomnio

 


En un ensayo de Serrano Poncela sobre La Regenta que casi comienza así: “confieso que es una de las pocas novelas españolas que puedo releer sin fatiga”, nos comenta que, a raíz de su publicación, fue muy atacada, no sólo por el clero local (el obispo de Oviedo hizo un escrito contra la novela que se repartía a los fieles), sino también por gacetilleros de la época, y nos transcribe fragmentos de la crítica (impagable por lo excelso del desatino) que de la obra se hizo en un semanario llamado Tambor y Gaita:

 

“Contra el insomnio: esta grave enfermedad se cura como con la mano gracias al específico inventado por el reputado crítico Clarín. La mayor parte de los capítulos de La Regenta producen un sueño casi instantáneo, tranquilo y reparador. El insomnio más tenaz cede con un par de capítulos, que es la más alta dosis […]”

 

Vivir para ver.

 

(S. Serrano Poncela: “Un estudio de La Regenta” en Clarín y “La Regenta”, colección de estudios editados por Sergio Beser, Ariel, 1982)

miércoles, 22 de abril de 2026

Una nota a Larra con Cadalso de fondo

 


Si citaba hace poco el magnífico “Epílogo en Castilla”, de Azorín, es porque al hablar de las causas de la decadencia de España, y especialmente de la falta de curiosidad intelectual, enumera cuatro autores, a saber, “Saavedra Fajardo, Gracián, Cadalso, Larra”, insignes representantes de lo que podríamos denominar una tradición de pensamiento crítico a propósito del país. Me interesa la manera en que junta Azorín a los dos últimos, pues que (habiendo releído a Larra hace poco y releyendo a Cadalso en este momento) considero que son autores que tienen mucho en común, y no dudo que Cadalso (en sus Cartas marruecas) es el más firme precedente hispánico de la actitud crítica de Larra.

 

Pues bien, mucho me extrañó en mi reciente relectura de Larra que, en un determinado momento de “El casarse pronto y mal”, en que cita a Cadalso, en ninguna de las ediciones más o menos críticas que tengo en casa se anotara el pasaje. Me refiero a la de Carlos Seco Serrano en Planeta, la de Jerry L. Johnson en Bruguera, la de Juan Cano Ballesta en Alhambra Clásicos, o la de Enrique Rubio en Cátedra, esta última con abundantes anotaciones. Quien sí lo hace es Joan Estruch en el tomo 1 de las Obras Completas de Larra, de Cátedra, dedicado a los Artículos (que consulté en una Biblioteca).

 

sábado, 28 de marzo de 2026

Tarzán y don Quijote

 

Tras sus peleas con leopardos, leones y cocodrilos, Tarzán volvía algo magullado a su árbol. Entonces Jane le ponía una venda en la frente y volvía al tajo de nuevo: podía pelear otra vez con cuanta fiera salvaje le saliera al encuentro.

 

Mi esposa y yo siempre nos hemos divertido con la rapidísima solución al problema de sus heridas que ofrecen los guionistas y la credulidad del público que lo acepta sin rechistar (es verdad que las películas de Tarzán van dirigidas a un público menor, entusiasta y poco crítico).

 

Pues bien, releyendo hoy un pasaje del primer capítulo del Quijote veo cómo al hidalgo manchego no le hubieran convencido en absoluto esas argucias de los guionistas.

 

Estamos asistiendo a la lectura de “la razón de la sinrazón” de las novelas de Feliciano de Silva, y el narrador nos dice:

 

“Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para sólo ello. No estaba muy bien con las heridas que don Belianís daba y recebía, porque se imaginaba que, por grandes maestros que le hubiesen curado, no dejaría de tener el rostro y todo el cuerpo lleno de cicatrices y señales.”

 

Como vemos, las novelas de caballerías serían el equivalente del Hollywood de nuestro tiempo, pero el hidalgo de la Mancha no dejaba de ensayar una mirada crítica (en sus momentos de lucidez: ya sabemos que es un “loco entreverado, lleno de lúcidos intervalos”).

 

martes, 27 de enero de 2026

Azorín: Las fallas.

 Las fallas.

 

En la noche templada y límpida. Los dos balcones que dan a la plaza tienen las maderas cerradas. En la sala hay una sillería de amarillenta enea. Las sillas ostentan una lira en el respaldo. Los sillones una lira. El canapé, una lira entre dos jarrones. Sobre una consola con embutidos de nácar y ébano, se levantan dos estatuitas de fina porcelana que representan un caballero y una dama del siglo XVIII. A un lado de la sala está la alcoba, cerrada por vidriera con cortinillas verdes. El techo es alto.

 

En uno de los sillones se encuentra sentada una señora anciana. Va vestida de negro. En una de sus manos blanquea un pañuelo de finísima batista que la anciana se lleva de cuando en cuando a los ojos. En dos sillitas bajas, a un lado y otro del sillón, a los pies de la dama, están sentadas dos jóvenes también con luto riguroso. En la penumbra en que está sumida la estancia, casi se funde lo negro de los trajes con el ambiente negro. Y sólo resalta, bien visible, la nota blanca del pañizuelo.

 

martes, 28 de octubre de 2025

Habló el buey y dijo Mu. Un magnífico pasaje de LOS NOVIOS, de Manzoni

 

Terminé de leer Los novios, de Alessandro Manzoni, otra gran novela que no me atrevería a recomendar (como me ocurría con  David Copperfield, de Dickens). De nuevo el motivo es su extensión: hay que tener muchas ganas de leer una obra para meterse en una tarea tan ardua, que te puede llevar semanas concluir. Por otra parte, es una obra datée, que dirían los franceses. Muy de su época. Se tiene que leer sabiendo que estás leyendo un clásico, en este caso un romántico que se ha convertido en clásico, que hace una obra de largo recorrido, donde la anécdota argumental es casi lo menos importante, para, a partir de ahí, recrear de forma magnífica (con una prosa de muchos quilates), la situación de Lombardía hacia 1627 (año de la muerte de Góngora), entonces en poder de España. Manzoni (como luego hará Tolstoi en Guerra y paz) introduce algunos asuntos históricos, que puede ser la parte que peor ha envejecido de la novela. Pero también hace un par de frescos de la hambruna y los disturbios vividos en Milán, y la posterior epidemia de peste, que poco tendrían que envidiarle al mismísimo infierno de Dante. Al mismo tiempo es una novela católica, una epopeya de la Providencia se ha dicho, cosa que resultaba algo a contrapelo en su época (la de Byron o Shelley, por ejemplo, hijos –de alguna forma- de Voltaire,  Rousseau o Diderot; aunque también es la época de Chateaubriand), no digamos ya en nuestros días. Una novela católica donde los personajes más fascinantes son un fraile y un cardenal, mientras que uno de los más deletéreos es asimismo un sacerdote.

domingo, 11 de mayo de 2025

George Steiner narra maravillosamente un pasaje de su vida

Al comienzo del capítulo 4 de su libro de memorias Errata, Steiner narra un episodio de su vida de estudiante en la Universidad de Chicago: su amistad con un paracaidista, Alfie, que volvía de la guerra y cómo éste le va a dar lecciones de gramática parda y le servirá de tutor en su iniciación sexual. Excelentemente narrado, destacaría esa leal amistad entre individuos tan diferentes social e intelectualmente y la forma como encara cuestión tan delicada como la iniciación mercenaria en los asuntos del sexo.


Sólo un Philip Roth podría expresar con palabras la electricidad, el resplandor de la vida cotidiana en la Universidad de Chicago a finales de los años cuarenta. Hasta el clima tenía una grandeza teatral. El viento del sur inundaba el aire con el color rojo y el hedor de los mataderos, tornándolo sofocante. Cuando, con una mano rota y los ojos casi sellados, Tony Zale obtuvo el título tras derrotar por K. O. a su rival italo-americano, los compañeros y seguidores de Zale en la siderurgia de White City avivaron y redujeron alternativamente la llama de los altos hornos como muestra de homenaje. Jamás olvidaré el jubiloso resplandor amarillo blancuzco y rojo fuego que se extendió sobre el lago. O esa noche de agosto, cuando, con una temperatura superior a 37º en el momento de ponerse el sol, los megáfonos de la policía del campus anunciaron entre bramidos que podíamos abandonar nuestros sofocantes dormitorios (aún no existía el aire acondicionado) y dormir en el parque. Salimos en cascada al calor de la noche, al aire enloquecido por el canto de los grillos y los rayos de la tormenta eléctrica. A nuestro alrededor, una ciudad que nunca dormía, una ciudad en donde la brutalidad en la política, en el arte, en el jazz, en la música clásica, en la ciencia atómica, en el comercio y las tensiones raciales resultaban palpables y se dejaban sentir como una descarga. Una megalópolis de intensidad pura.

 

miércoles, 26 de marzo de 2025

Conversando con Javier

 

Evocamos la gran pléyade de filósofas y escritoras judías de la primera mitad del siglo XX que el nazismo se propuso exterminar: Edith Stein (tras su conversión, como carmelita descalza, Teresa Benedicta de la Cruz, 1891-1942), Irène Némirovsky (1903-1942), Simone Weil (1909-1943), Etty Hillesum (1914-1943), Hanna Arendt (1906-1975). Esta última, la única superviviente de esa terrible época.

 

Le cuento lo que dijo Husserl de sus alumnos en la Universidad. “La primera, Edith Stein; después, nadie; luego, todos los demás.”

Javier me aclara: Eso mismo dijo el torero Guerrita al retirarse en 1899: “Después de mí, naide. Y después de naide, Fuentes.”

- Pues, por las fechas, Husserl se debió inspirar en Guerrita.

- Lo que te puedo asegurar es que Guerrita no se inspiró en Husserl.

martes, 4 de marzo de 2025

Cantar de Mío Cid. Comentario de texto: episodio del león.

 

Cantar tercero (comienzo: versos 2278-2311 = 34 versos)

                                  

En Valencia seí mio Cid con todos los sos,

con él amos sus yernos, los ifantes de Carrión.

Yaziés' en un escaño, durmié el Campeador;

mala sobrevienta sabed que les cuntió:

saliós' de la red e desatós' el león.

 

En grant miedo se vieron por medio de la cort;

enbraçan los mantos los del Campeador

e cercan el escaño e fincan sobre so señor;

Ferrán Gonçález, ifante de Carrión

non vio allí dó s'alçasse, nin cámara abierta nin torre,

metiós' so l'escaño, tanto ovo el pavor;

Diego Gonçález por la puerta salió

diziendo de la boca: — ¡Non veré Carrión! —

Tras una viga lagar metiós' con grant pavor,

el manto e el brial todo suzio lo sacó.

En esto despertó el que en buen ora nació,

vio cercado el escaño de sus buenos varones:

—¿Qué's esto, mesnadas, o qué queredes vós? —

— ¡Ya señor ondrado, rebata nos dio el león! —

 Mio Cid fincó el cobdo, en pie se levantó,

el manto trae al cuello e adeliñó pora'l león;

el león, cuando lo vio, assí envergonçó,

ante mio Cid la cabeça premió e el rostro fincó.

Mio Cid don Rodrigo al cuello lo tomó

e liévalo adestrando, en la red le metió.

A maravilla lo han cuantos que ý son

e tornáronse al palacio, pora la cort.

 

Mio Cid por sos yernos demandó e no los falló;

maguer los están llamando, ninguno non responde.

Cuando los fallaron, ellos vinieron assí sin color;

non vidiestes tal juego commo iva por la cort,

mandólo vedar mio Cid el Campeador.

Mucho·s' tovieron por enbaídos los ifantes de Carrión,

fiera cosa les pesa d'esto que les cuntió.

 

En 1º de Bachillerato, cuando estudiábamos la épica, y el Cantar de Mío Cid, solía comentar en clase el episodio del león, con que comienza el Cantar 3º. Elegíamos un texto en castellano medieval (que yo glosaba, y aclaraba el vocabulario, para que lo comprendieran bien, pero sin alejarse del original). El comentario que yo hacía oralmente (y que ahora transcribiré con alguna dificultad) se basaba en gran medida en un estudio de Juan Oleza sobre el humor en el poema (recogido en Sincronía y diacronía. La dialéctica del discurso poético) y en unas observaciones de Rodríguez Puértolas (en su ensayo sobre el Poema en Literatura, historia, alienación).

 

domingo, 9 de febrero de 2025

Kenneth Clark, Rembrandt y el humor inglés

Disfrutando con esa magnífica introducción a Rembrandt que es la Introducción a Rembrandt, de Kenneth Clark, pero sobre todo con las pinturas, aguafuertes y dibujos que el libro me invita a contemplar.

Traigo al blog hoy unos pasajes del autor y una imagen del pintor. 

Hablando Clark sobre la posible atribución de un dibujo que se conserva en el Fitzwilliam Museum de Cambridge nos dice:

"Así, para volver a la Cena en Emaús, dibujo cuyo original conozco desde que era un muchacho, me siento ahora inclinado a considerarlo auténtico, pero no me sorprendería si viniera el arcángel Rafael para decirme que se trata de una copia." (p. 146)

Donde vemos comparecer el espíritu propio y singular del humorismo británico. (Para entender mejor el pasaje debemos aclarar que en las páginas anteriores ha estado comentando dibujos sobre el asunto de Tobías y el ángel.)

Este pasaje -por su toque humorístico- me trae la memoria de otro que leí al comienzo de su autobiografía, Another part of the wood, y que cito en el original, para después ensayar la traducción:

My parents belonged to a section of society known as “the idle rich”, and although, in that golden age, many people were richer, there can have been few who were idler.

(Mis padres pertenecían a esa sección de la sociedad conocida como "los ricos ociosos", y aunque, en aquella edad dorada, mucha gente era más rica, pocos fueron más ociosos.)

Y ahora la imagen de Rembrandt. Si habré visto Anunciaciones a lo largo de mi vida (motivo que, por lo demás, me gusta mucho), pero creo que ésta de Rembrandt es, sin duda, una de las mejores:




miércoles, 8 de enero de 2025

Umberto Eco responde a la pregunta que nunca se debe hacer

Hace ya más de doce años que escribí un post titulado "La pregunta que nunca se debe hacer" (https://ccm-cidehamete.blogspot.com/2012/08/la-pregunta-que-nunca-se-debe-hacer.html). Ayer, leyendo los breves ensayitos humorísticos de Umberto Eco (recogidos en Cómo viajar con un salmón) me topé con el siguiente pasaje que toca el asunto con gracia e ironía.

“El visitante entra y dice: “¡Cuántos libros!  ¿Los ha leído todos?”. Al principio, creía que la frase revelaba sólo a personas poco familiarizadas con los libros, acostumbradas a ver solo estanterías de tres al cuarto con cinco novelas policiacas y una enciclopedia infantil en fascículos. Pero la experiencia me ha enseñado que la frase la pronuncian incluso personas insospechables. Se puede decir que se trata, con todo, de personas que tienen una noción de la estantería como depósito de libros y no de la biblioteca como instrumento de trabajo, pero no basta. Creo que, ante muchos libros, cualquiera cae presa de la angustia del conocimiento, y fatalmente se desliza hacia la pregunta que expresa su tormento y sus remordimientos.

(…) a la pregunta sobre los libros hay que responder mientras la mandíbula se te crispa y ríos de sudor frío te bajan por la columna vertebral. Yo, antaño, había adoptado la respuesta despectiva: “No he leído ninguno; si no, ¿por qué los tendría aquí?”. Pero es una respuesta peligrosa porque desencadena la reacción obvia: “¿Y dónde pone los que ha leído?”. Es mejor la respuesta estándar de Roberto Leydi: “Muchos más, señor, muchos más”, que deja helado al adversario y le hace caer en un estado de estupefacta veneración. Pero la encuentro desalmada y causa ansiedad. Ahora me he replegado hacia la afirmación: “No, estos son los que  tengo que leer para el mes que viene, los demás los tengo en la universidad”,  respuesta que, por una parte sugiere una sublime estrategia ergonómica y, por la otra, induce al visitante a anticipar el momento de la despedida”.     (1990)

         


viernes, 2 de febrero de 2024

Historia de una tertulia, de Antonio Díaz-Cañabate. Un puñado de anécdotas

 

Leo Historia de una tertulia, de Antonio Díaz-Cañabate, con placer y regocijo. Esa tertulia de la postguerra (primeros años 40) que, liderada por José María Cossío, aglutinaba a su alrededor, en el café Lyon d´Or, a Eugenio d´Ors, Emilio García Gómez, Ignacio Zuloaga, el propio Cañabate, Edgar Neville, Gerardo Diego y a numerosos intelectuales, artistas y toreros.

 

En la tertulia, donde se excluía la temática política y la crítica sañuda, se hablaba de lo divino y lo humano, mucho de toros (Cossío redactaba entonces su enciclopedia Los toros), pero especialmente se contaban anécdotas. Traeré algunas a este blog.

 

jueves, 28 de diciembre de 2023

VERSOS QUE EL VIENTO ARRASTRA, de Karmelo Iribarren: la poesía CCC

 Le leo a mi hijo unos cuantos poemas (en realidad, casi todos) del libro de Karmelo Iribarren, disfrutamos ambos con la lectura, y al final me dice: "Me gustan estas poesías porque son CCC: cortas, claras y chulas." Me parece una muy atinada percepción de un libro de poemas dirigidos en gran medida a los niños, pero que el adulto lee con placer. Encuentro en esos poemas un trabajo depuradísimo con la imagen. ¿La poesía es música o imagen? Recuerdo largas discusiones con Marcos, que defendía la primacía de la imagen, mientras que yo apostaba por la prioridad del ritmo. Frente a los poemas de Iribarren tendría que darle la razón a Marcos. Transcribo un par de ellos para deleite general.


LO QUE DICE LA FAROLA

Qué vida 

más arrastrada:


De día

los perros

y de noche

los borrachos.


Por qué

no nacería lámpara.


PÁJAROS DETECTIVES

Tres gorriones

en un cable

de teléfono,

quietos,

muy serios,

muy atentos.

Al poco

uno echa a volar,

luego otro,

luego el tercero.

No necesitan 

oír más,

es suficiente.

Van a contárselo

al mirlo.

Estaba en lo cierto.

Ha sido el canario.



lunes, 18 de diciembre de 2023

El nombre cotidiano de las cosas (saliva, semen, orina)

 

Aunque la célebre definición orteguiana de la poesía como “eludir el nombre cotidiano de las cosas” (1) no nos resulte muy convincente, no deja de encerrar una verdad parcial. Y en muchos casos así ocurre, como en los tres ejemplos que hoy quiero comentar.

 

Se trataba de nombrar tres fluidos corporales que ciertamente no gozan de mucha predilección en la poesía: la saliva, el semen y la orina. El procedimiento empleado por los poetas es, en los tres casos, el mismo, el eufemismo (como dice Ortega), aunque sus intenciones difieran.

 

miércoles, 15 de febrero de 2023

Una nota a El nacimiento del Purgatorio de Jacques Le Goff o la historia considerada como una rama de la literatura fantástica

 

En su magistral estudio sobre El nacimiento del Purgatorio (1981), el insigne medievalista francés Jacques Le Goff, cita multitud de textos escriturarios y apócrifos, de los Padres de la Iglesia (Ambrosio, Agustín, Gregorio Magno), y de autores altomedievales a propósito de lo que llama el prepurgatorio (pues el Purgatorio, tal como lo conocemos, data del siglo XII, lo que pretende demostrar).

 

Un poco (o mucho) tocado por la concepción de Borges de la teología como rama de la literatura fantástica, mi lectura se mueve entre el interés histórico de la búsqueda de la verdad y el placer estético ante la extrañeza cuasi exótica de los textos.

 

Me fascina, por ejemplo, al hablar del fuego purgatorio ante los pecados menudos o leves (todavía no se ha instalado el concepto de “pecado venial”, que también pertenece al siglo XII), la tendencia a la repetición en las enumeraciones:

 

“Julián explica que este fuego purga los pecados pequeños y mínimos tales como la constante charlatanería, la risa inmoderada o el exceso de apego a los bienes particulares.” (p. 117)

 

O un poco después:

 

“ello es válido a propósito de pecados pequeños y mínimos como la charlatanería continua, la risa inmoderada, el cuidado exagerado del patrimonio, etc.” (p. 127)

 

Entendíamos que el excesivo apego a los bienes materiales (que roza con la avaricia) podía ser un pecado, pero lo de la risa inmoderada y la charlatanería supone un serio aviso para nuestra tolerante permisividad actual.

 

Ahora bien, un posterior pasaje de un anónimo irlandés del siglo VIII, nos da más qué pensar, pues que alarga la enumeración y entre los pecados menudos incluye:

 

“el uso inútil del matrimonio legítimo, el exceso en la comida, el placer exagerado por las futilidades, la cólera llevada hasta excesos de lenguaje, el interés exagerado en los asuntos personales, la asistencia descuidada a las oraciones, el levantarse tarde, las explosiones de risa, el abandono excesivo al sueño, la retención de la verdad, las habladurías, la obstinación en el error, sostener lo falso por verdadero en las cosas que no conciernen a la fe, olvidarse de los deberes pendientes, o tener los vestidos en desorden.” (p. 119)

 

Así que, levantémonos temprano y pongamos un poco más de orden en el vestir. La lujuria, ya sabemos, casi no es pecado y, además, concita la indulgencia de muchos.

 

 

 

 

sábado, 11 de junio de 2022

El Oscar de la telefonía sentimental concedido a María Casares

 


En marzo de 1947, María Casares, que rodaba en Roma La chartreuse de Parme, junto con Gérard Philipe, y habiendo roto con Albert Camus (que estaba casado) al finalizar la guerra, llevaba una vida sentimental muy agitada en torno a dos Juanes, recibe una carta de su padre, el que fuera ministro de la República española, Santiago Casares Quiroga, de la que entresacamos un divertido pasaje. Es evidente que la literatura española perdió, con la dedicación a la política de don Santiago, una pluma de lo más ingeniosa y afilada. La carta se recoge en las memorias de la actriz.


“Como puedes figurarte, aquí la vida sigue tan igual a sí misma como siempre; y no es de esperar que cambie. Sin embargo, un acontecimiento se ha producido que no quiero ocultarte aun a riesgo de herir tu natural modestia, pero teniendo en cuenta que un éxito es siempre un éxito y que no debe ser ocultado a quien merecidamente lo obtuvo. El hecho es que, unos minutos después de tu telegrama, llegó aquí, en adecuado pliego a tu nombre, un Diploma de la Dirección de Telégrafos y Teléfonos otorgándote un 1er Premio como Primera Comunicante Particular en el mes de Febrero por el heroico esfuerzo que has hecho para acumular, en cuatro simples comunicaciones, la confortable suma de diecisiete mil setecientos francos, cantidad que ningún abonado particular ha conseguido igualar en tan corto lapso de tiempo. Reconozco que el Diploma es merecido e importante, pues fuerza es confesar que equivale a una especie de “Oscar” de la telefonía sentimental. Y por eso, sin duda, me emocionó. ¡Qué diablo! Después de todo uno es padre y tiene su alma en su almario, ¿no? De ahí que me haya emocionado. Tanto, que, de golpe, me quedé ronco; ronquera que duró -y eso te dará una idea de la intensidad de mi emoción- hasta día y medio después de haber pagado el importe del Diploma. Unos cuantos éxitos de tal cuantía y la diño de puro entusiasmo.”

(María Casares: Residente privilegiada, Argos Vergara, 1981, pág. 289)



lunes, 9 de agosto de 2021

Tangencias inauditas: el orinal de plata (Carpentier y Blasco Ibáñez)

 

Todos conocemos ese brillantísimo comienzo del Concierto barroco, de Alejo Carpentier, en que el Indiano (personaje principal de la novela y dueño de minas de plata en México) prepara su viaje a Europa, y como va guardando en su baúles sus innúmeros utensilios de plata. La muy retórica enumeración (que juega con la repetición, la anáfora, la paronomasia, la aliteración…) termina con un efecto cómico: el Indiano orinando sobre una bacinilla de plata y el efecto a plata que produce la espuma de su pipí. Se diría un nuevo Midas que tiene la facultad de producir plata -ya no oro- con su cuerpo.


De plata los delgados cuchillos, los finos tenedores; de plata los platos donde un árbol de plata labrada en la concavidad de sus platas recogía el jugo de los asados; de plata los platos fruteros, de tres bandejas redondas, coronadas por una granada de plata; de plata los jarros de vino amartillados por los trabajadores de la plata; de plata los platos pescaderos con su pargo de plata hinchado sobre un entrelazamiento de algas; de plata los saleros, de plata los cascanueces, de plata los cubiletes, de plata las cucharillas con adorno de iniciales... Y todo eso se iba llevando quedamente, acompasadamente, cuidando de que la plata no topara con la plata, hacia las sordas penumbras de cajas de madera, de huacales en espera, de cofres con fuertes cerrojos, bajo la vigilancia de Amo que, de bata, sólo hacía sonar la plata, de cuando en cuando, al orinar magistralmente, con chorro certero, abundoso y percutiente, en una bacinilla de plata, cuyo fondo se ornaba con un malicioso ojo de plata, pronto cegado por una espuma que de tanto reflejar la plata acababa por parecer plateada...

lunes, 7 de junio de 2021

El accidentado desayuno de Tarzán

 


Mi esposa admiraba a Tarzán. Había sido su ídolo incuestionable durante la infancia. Pero recientemente, viendo la película del año 1932 con Johnny Weissmüller, su admiración ha subido enteros cuando ha presenciado el modo en que Tarzán gestiona su primera colación mañanera.


Tarzán se levanta y, sin apenas desperezarse ni enjuagarse la cara, pero ya peinado, percibe que Jane tiene hambre. En vez de ir al frigorífico a buscar la leche para desayunar, se lanza del árbol en busca de alimento. Se topa con un leopardo, con el que pelea y al que vence. Luego sigue su camino y avista un antílope, al que persigue y da caza. Lo mata, le arranca una pierna y deja el resto del cuerpo para el león que se acerca con intención de disputarle la presa. Al volver a su árbol Chita le avisa de que Jane ha sido raptada por unos pigmeos malévolos que disfrutan echando a sus víctimas a un monstruoso gorila que las devora en un pispás. Cuando ya se dispone a dar cuenta de Jane, aparece Tarzán -todavía en ayunas- que se lanza contra él y combate a muerte en defensa de su amada, a la que consigue rescatar de tan funestas garras. Regresan al árbol, donde suponemos que finalmente desayunan, pero de esto la película no nos muestra nada.


Con esa vida tan agitada y triunfal, ¡cómo no iba a ser el ídolo de mi chica!

viernes, 21 de mayo de 2021

De cómo fracasé en la elucidación del autor del Lazarillo de Tormes (scherzo)

 

Por la época en que me inicié en los estudios de humanidades, el asunto de la autoría de la novelita renacentista constituía motivo de grandes preocupaciones. La obra había sido adjudicada a Diego Hurtado de Mendoza, y algunos ediciones se adscribían a este nombre, pero otros insinuaban que era creación de un converso, o de un erasmista. Un outsider propone Lázaro Carreter en uno de sus enjundiosos ensayos. La broma de Francisco Rico, en su Primera cuarentena, de atribuir el Lazarillo a seis autores, una auténtica cofradía de pícaros, no consiguió disuadir a los osados. Y así Rosa Navarro Durán propuso que era obra erasmista y de Alfonso de Valdés, editándolo bajo su nombre, mientras que el muy dudoso Francisco Calero insistía en que el autor indudable era Luis Vives, valenciano. Casi prefiero quedarme con la tesis que lo adscribe a un conciliábulo de obispos en viaje a Trento.


Pero, ya profesor, en mis clases, a veces tenía iluminaciones eruditas y se me revelaban aspectos desconocidos de las obras: así fue como entreví la paternidad de Mosén Millán respecto a Paco el del Molino, o el uso contrastante de la terminología técnica para realidades vulgares que utiliza Larra como motivo de humor. El caso es que un buen día, leyendo en clase el Lazarillo, me di cuenta de la frecuencia con que se utilizaba el vocablo (para mí raro) “aparejo” y su derivado “aparejar” en tan escueta narración. Una luz se hizo en mi interior, y les comuniqué a mis alumnos que había descubierto al autor de la novela. Les pedí unos días de plazo para comunicárselo. Se trataba de hacer un cribado en los escritores de la época y ver quién usaba con frecuencias esos vocablos. Ése, indudablemente, sería el autor de la novela. Leí humanistas, santos, cronistas, aventureros, y…, ¡oh decepción!, descubrí que la palabreja era empleada con frecuencia por los más variados plumíferos del momento.


Ayer, leyendo unas cartas de Juan de Ávila, me encuentro con el siguiente pasaje:


“Y después y antes de comulgar tengamos algún aparejo, y los mejores son la fe cierta que vamos a recibir a Jesucristo Nuestro Señor, y el pensamiento y amor de su Pasión, pues en su memoria se hace: y así recreados, aparejémonos para comulgar otra vez; porque quien entonces se apareja solamente a ella, muy pocas veces se hallará aparejado. Corramos, pues, tras Dios, que no se nos irá; clavado está en la Cruz (...)”


¿Será tan venerable cristiano el autor del Lazarillo de Tormes?

jueves, 29 de octubre de 2020

Burlas y veras sobre el culteranismo. El conceptismo culterano.

 

El texto de Menéndez Pidal, recientemente incorporado a este blog, me trae a la mente algunas consideraciones sobre el culteranismo. La primera, una mera anécdota jocosa; la segunda, una propuesta pedagógica que surge de la manera en que yo explicaba en clase ese fenómeno.


Empecemos por la broma. Según mi tío Jorge el gongorismo consistía en pedir un vaso de leche de la siguiente manera: Dame un recipiente cristalino del líquido perlino de la consorte del toro. Estos días en que leo la Filosofía de la elocuencia, del gran Antonio de Capmany, mucho me temo que el insigne catalán lo citaría como ejemplo de perífrasis viciosa. Pero es el caso que Pidal cita la respuesta de Góngora a una carta de censura por sus Soledades en que el ilustre cordobés, en un momento dado, suelta lo que sigue: “pues no se han de dar piedras preciosas a los animales de cerda”, lo que no deja de ser una desafortunada manera de aludir al pasaje evangélico (Mateo, 7, 6) sobre “echar perlas a los cerdos”. Parecería que cazamos a don Luis parodiando el gongorismo.

Hasta aquí la broma.


La consideración pedagógica viene a cuento de otra frase, ahora de Pidal, hacia el final de su ensayo: “Oscuridad, arcanidad, es principio que aparece como fundamental en la teórica del culteranismo y del conceptismo, estilos al fin y al cabo hermanos.” (El subrayado es mío.)

Cansancio producía ver en los manuales de Lengua y Literatura Españolas la tan cacareada oposición entre conceptismo y culteranismo como estilos opuestos que atendían, el primero, al fondo y a las ideas, y el otro, a la forma y las palabras, etc., etc., etc. En un conocido artículo de Fernando Lázaro Carreter, continuación en gran medida del de Pidal, “Sobre la dificultad conceptista” (recogido en Estilo barroco y personalidad creadora), el autor mostraba lo mucho que de común tienen los máximos representantes de las susodichas escuelas (Quevedo y Góngora) e insistía en sus conclusiones: “se ha señalado cómo Góngora tiene una base conceptista, que debe ser profundizada si queremos medir exactamente la magnitud de su originalidad (...) El culteranismo aparece, pues, como un movimiento radicado en una base conceptista.” (Subrayados míos.)


Esto me llevaba en clase a explicar ambos movimientos como variantes del estilo artificioso del barroco (en oposición a la naturalidad renacentista), que tiene siempre una base conceptista (persecución del ingenio a través del concepto: “acto del entendimiento que exprime [=expresa] las relaciones que existen entre los objetos”, según Gracián, y que conlleva la proliferación retórica de imágenes, antítesis, hipérboles, juegos de palabras… que lo caracterizan). Y por eso los denominaba yo: conceptismo, al estilo de Quevedo (si bien podemos distinguir un conceptismo de baja intensidad, el de Cervantes y Lope, heredero de la poética renacentista de la naturalidad expresiva, de un conceptismo de alta intensidad, el propio de Quevedo y Gracián), y conceptismo culterano al de Góngora (y seguidores: Calderón de la Barca, Paravicino, etc.).


¿Qué añadía Góngora al conceptismo? Lo deja claro en algunos pasajes que recoge Pidal en su artículo: la latinización expresiva, que afecta al léxico (el cultismo), a la sintaxis (el hipérbaton violento) y a los referentes clásicos (la alusión mitológica).


Me parecía una forma sencilla y pedagógica (aunque aquí va demasiado sintética, sin los ejemplos con que lo ilustraba en clase) de indicar lo que unía y separaba a ambos estilos.