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lunes, 1 de junio de 2026

La verdadera causa de la muerte de Sócrates: una lectura de EUTIFRÓN (scherzo)

 

Mucho se ha escrito sobre la muerte de Sócrates. Casi tanto como sobre la de Jesucristo. La diferencia es que este último tuvo mejores testigos. ¿Dónde se va a comparar cualquier evangelio con los Recuerdos de Sócrates, de Jenofonte? Es verdad que Platón apunta más alto en su Apología, pero aun así queda lejos de los cuatro canónicos.

 

Mucho se ha escrito y mucho se ha errado. Repiten los que tratan sobre su final que fue juzgado y condenado por corromper a los jóvenes y no creer en los dioses de la ciudad, proponiendo divinidades nuevas (en alusión a su demonio interior que le aconsejaba en múltiple ocasiones). Pero entiendo que nada de esto es verdad.

 

jueves, 14 de mayo de 2026

La ponzoña del amor: Jenofonte, Sócrates y Góngora

 


En los Recuerdos de Sócrates, de Jenofonte, hay un momento en que el autor reproduce un diálogo que tuvo con su amigo y maestro a propósito del deseo amoroso, de los peligros que se corren tras besar a “un gentil mancebo” (en lo que llevo leído los deseos amorosos siempre se dirigen a muchachos: las mujeres brillan por su ausencia):

 

“Por vida de Hércules –repuso Jenofonte-, ¡qué terrible lo cuentas el poder del beso!” “Pues ¿de eso –dijo Sócrates- te asombras? ¿No has oído –dijo- de las tarántulas, que no abultan ni lo que una perra chica, que, con sólo que toquen en la boca, deshacen de dolores a un hombre y lo sacan de su sano juicio?” “Sí, a fe mía –dijo Jenofonte; porque es que las tarántulas inyectan no sé qué al dar el muerdo.” “¡Ah, tonto! –dijo Sócrates-, y ¿no crees tú que los muchachos lindos, al dar un beso, inyectan una cosa que tú no ves? ¿No sabes que esa bestezuela que llaman mancebo lindo y en flor de edad es en tanto más temible que las tarántulas cuanto que ellas al tocar, pero esa otra no ya tocando tan siquiera, sino que en el momento que la mire uno suelta un veneno y, aunque sea a gran distancia , de tal poder como para hacerle volverse loco. (…) Pues mira, a ti te doy aviso, Jenofonte, que en cuanto veas algún muchacho lindo, salgas a todo correr huyendo.”

 

miércoles, 3 de septiembre de 2025

Una etapa en el viaje literario: las inscripciones sepulcrales del Monasterio de Oña

 

En mi periplo hacia al Cantábrico, esta vez, no bajé por la Mazorra ni, por tanto, pude contemplar, con cierta holgura, la torre de Valdenoceda. Conspiró contra ello lo que podríamos denominar el elemento literario del viaje. Así que, tras Burgos, en vez de atravesar el páramo de la Masa, me fui por Briviesca en dirección a Oña.

 

Quería volver a visitar el Monasterio de San Salvador para reparar mejor en las inscripciones sepulcrales que se encuentran en su claustro.

 

miércoles, 5 de febrero de 2025

Qué hacer con un pasado sucio, de José Álvarez Junco

 

En su libro Qué hacer con un pasado sucio, José Álvarez Junco, en la dedicatoria inicial a sus nietos, les insta a ser justos, pero no justicieros.

El libro trata sobre nuestra historia reciente: los siglos XX y XXI, con la República, la Guerra civil, la dictadura de Franco y la Transición. Hacia el final del libro dedica bastantes páginas a la llamada Memoria histórica (casi una contradicción en los términos, como explica el autor), a los Actos conmemorativos y la Justicia transicional (aquella que trata de cómo pasar de un sistema violento y cruel a una convivencia democrática).

En un momento dado cita un pasaje que me parece luminoso y me trae algunos recuerdos:

 

miércoles, 29 de enero de 2025

Dos CARPE DIEM de nuestro tiempo: Luis Alberto de Cuenca y Sara Mesa

 A Rubén, que me dio a conocer el poema de Sara Mesa.


COLLIGE, VIRGO, ROSAS

Niña, arranca las rosas, no esperes a mañana.
Córtalas a destajo, desaforadamente,
sin pararte a pensar si son malas o buenas.
Que no quede ni una. Púlete los rosales
que encuentres a tu paso y deja las espinas
para tus compañeras de colegio. Disfruta
de la luz y del oro mientras puedas y rinde
tu belleza a ese dios rechoncho y melancólico
que va por los jardines instilando veneno.
Goza labios y lengua, machácate de gusto
con quien se deje y no permitas que el otoño
te pille con la piel reseca y sin un hombre
(por lo menos) comiéndote las hechuras del alma.
Y que la negra muerte te quite lo bailado

 (Por fuertes y fronteras, 1996,  Luis Alberto de Cuenca)

 

 CARPE DIEM NOS DIJERON

 Soy una brizna de hierba que brota

de un sumidero sucio.

Una raíz perdida

que busca apurar todos los jugos,

que quiere aprovechar la savia de los días,

el venenoso y dulce licor de los presentes.

 

Vive el momento.

Como si acaso hubiera

un solo momento.

Como si fuese solo

cuestión de desearlo.

Como si no existieran jaulas,

zapatos embarrados que pisotean el suelo.

 

Si me concentro, sí,

siento que se pasean por mi cuerpo

cientos, miles,

cientos de miles de insectos diminutos

y cada uno me narra una promesa.

 

Soy una única flor

pero qué multiplicidad del cáliz,

qué variedad de estambres.

 

Me fecundo para estrujar el tiempo

-carpe diem-

y cuántos otros senderos desperdicio

qué dulzuras malogro

qué imprevisibles destinos pierdo para siempre.

 

 (Sara Mesa: Este jilguero agenda, 2007)


En efecto, Carpe diem, es el nombre genérico con que nos referimos al tópico de aprovechar el momento, vivir el tiempo presente con intensidad. El nombre procede de una oda de Horacio (Carminum I, 11) que, en un momento climático, utiliza la expresión Carpe diem (“coge el día”). Ahora bien, también hay un poema de Ausonio, conocido como Collige, virgo, rosas (“coge o recoge, virgen, las rosas”), que trata un tema similar. La diferencia sería que el Carpe diem es un tipo de poema más general, en el sentido de aprovechar el momento presente, mientras que el Collige, virgo, rosas, es algo más concreto, una invitación a las doncellas, a que se dispongan a amar, aprovechen su juventud, y no esperen a que el tiempo las devore. El poema es, claramente, una conspiración antivirginal.

 

miércoles, 16 de noviembre de 2022

EL IMPOSIBLE ABRAZO: ASPECTOS DEL PATETISMO EN VIRGILIO.

 

Ahora que he estado cerca otra vez del mundo de Virgilio, desempolvo unas líneas que escribí hace casi 20 años (en 2003), cuando en nuestro seminario de lecturas leímos a Homero y Virgilio, entre otros clásicos greco-latinos. El día que comentábamos la Eneida, mi aportación a la reunión consistió en el texto que sigue:


Acertaba Borges, como de costumbre, cuando, a la pregunta de qué escritores le interesaban más, respondía: "Hay un muchacho, Virgilio, que promete… ". Y es que la sensación que se experimenta al leer la Eneida es la de encontrarse, de lleno y como nunca, inmerso en la literatura. Expliquémonos un poco. Ciertamente era la sensación que también producía Homero, pero en aquel caso la vivencia era la de asistir al nacimiento de la literatura, a una literatura fundacional y pura, a un grado cero de la literatura -por tomar las palabras de Barthes para la comparación que haré inmediatamente. En el caso de Virgilio la sensación es la de encontrarnos ante una literatura de segundo grado, esto es, una literatura enormemente reflexiva, que se propone ni más ni menos que emular la del aedo griego, pero con las armas que le da una muy rica tradición escrita, que goza de comentarios, erudición y crítica. Si Homero encabezaría una tradición de literatura en estado puro, a donde podrían acompañarle escritores como Sófocles, Balzac o Whitman, Virgilio encabezaría la tradición de la literatura literaria que, ciertamente, ha tenido mayor -si no más insigne- descendencia: es la tradición de Dante, Cervantes, Shakespeare, Flaubert y Joyce.


domingo, 13 de noviembre de 2022

El monumento a Virgilio en Brindisi

 

El viajero sentimental que recorre algunas poblaciones de La Puglia, si ama la literatura, no puede dejar de acercarse a Brindisi. Si le impacta la hermosura de su puerto y salida al mar, lo que más le sobrecoge son las huellas de esa presencia del pasado, pues fue ésta la ciudad en que vino a morir Virgilio en el año 19 a. C., tras volver de un viaje a Grecia en que seguía indagando detalles para su magno poema que consideraba inconcluso y que pidió a un amigo que destruyera tras su muerte.

Dos hitos fundamentales de esa presencia se encuentran en la ciudad. El monumento a Virgilio, que realizó el escultor Floriano Bodini en los años 80 del siglo pasado, y con el que se encuentra el viajero en una plazoleta cuando llega a la zona del puerto. El otro es la Scalinata Virgilio, que sube del puerto a la ciudad vieja, y donde sitúa Hermann Broch el principio de su novela La muerte de Virgilio.

Traeré a este post imágenes de los dos, aunque me centraré algo más en la descripción del monumento. Se trata de una pequeña columna coronada por una Victoria alada, sin brazos. A los pies de la columna, por la que baja un sudario, podemos distinguir, mirando desde nuestra izquierda hacia la derecha: un caballo, un perro, un yelmo, un ramo de olivo y varias ovejas. No nos será difícil relacionar estos elementos simbólicos con las tres grandes obras del poeta romano: a las Bucólicas, sus poemas pastoriles de amor, corresponderían las ovejas y el perro; a las Geórgicas, su poema didáctico sobre la agricultura, el ramo de olivo; y, por último, a la Eneida, su magno poema épico, donde quiso emular a Homero, el caballo y el yelmo. Es un bello monumento que nos introduce en el universo virgiliano.












Aunque más bella y emotiva resulta la Scalinata Virgilio, por donde fue subido su cuerpo enfermo al llegar a Bari (según evoca con tanta destreza Hermann Broch). Está coronada de una plazoleta donde se encuentran dos columnas romanas. Una entera, la otra despedazada. En esa misma plazoleta se supone se encontraba la casa en que pasó sus últimos días el insigne poeta. El viajero sentimental que llega hasta ahí experimenta una emoción difícil de definir donde se juntan la historia, la literatura, el pasado, el presente, la vida y la muerte.




lunes, 7 de marzo de 2022

Una curiosidad léxica: Una golondrina no hace verano

 

En el sabrosísimo diálogo que sostienen Don Quijote y un joven vivaracho con que se encuentra en su camino y que responde al singular nombre de Vivaldo, en un momento dado, hablando de la necesidad de que los caballeros andantes tengan una amada a quien se encomiendan en su continuo batallar, se produce este intercambio verbal:


Con todo eso —dijo el caminante—, me parece, si mal no me acuerdo, haber leído que don Galaor, hermano del valeroso Amadís de Gaula, nunca tuvo dama señalada a quien pudiese encomendarse; y, con todo esto, no fue tenido en menos, y fue un muy valiente y famoso caballero.

A lo cual respondió nuestro don Quijote:

Señor, una golondrina sola no hace verano. Cuanto más, que yo sé que de secreto estaba ese caballero muy bien enamorado; fuera que aquello de querer a todas bien cuantas bien le parecían era condición natural, a quien no podía ir a la mano. Pero, en resolución, averiguado está muy bien que él tenía una sola a quien él había hecho señora de su voluntad, a la cual se encomendaba muy a menudo y muy secretamente, porque se preció de secreto caballero.

(Don Quijote, I, 13)


Siempre me resultó un tanto extraña esta frase proverbial, pues pensaba que debería ser “Una golondrina no hace primavera”. Ciertamente sonaba mejor la versión empleada por Cervantes, pero la otra parecía más correcta en cuanto a su significado a tenor de las costumbre migratorias de tan celebrada ave. Con lo cual yo no sabía muy bien cuál forma emplear. A veces decía una, a veces la otra.


Una reciente lectura de la Introducción al Símbolo de la Fe, Fray Luis de Granada, me vino a sacar de dudas. Tras los preliminares de la obra, en el primer capítulo, nos encontramos con esto:

domingo, 20 de octubre de 2019

¿Íbate tanto en un pastor dormido? Ilustrando un verso de Garcilaso


El reciente viaje a Italia (Génova, Pisa, Lucca) está resultando productivo a efectos del blog. Me esta proporcionando material, sobre todo de tipo visual, para ilustrar determinados momentos literarios. Como, por ejemplo, esos dos inmortales versos de la Égloga primera de Garcilaso, que tanto me gustan, y de los que ya hablé aquí. Nemoroso, afligido por la muerte de su amada Elisa al dar a luz, se le queja a la diosa Diana, por no haber asistido, en su avatar de Lucina-Selene, diosa de los partos, a su amada, y le espeta:


¿Íbate tanto en perseguir las fieras?
¿Íbate tanto en un pastor dormido?


Pues bien, en la Galleria Nazionale del Palazzo Spinola (Génova) me encontré con el siguiente cuadro de G. B. Casoni, que resulta una perfecta ilustración del segundo de los versos: Diana-Selene contemplando al bello pastor dormido, Endimión:








Para el contexto de estos versos podéis consultar la siguiente entrada:




viernes, 18 de octubre de 2019

De viajes, doña Emilia Pardo Bazán, Génova, Alejandro Magno y Diógenes: divagación


Muchas veces le he instado a mi amigo Javier García Gibert a que recopile sus escritos sobre viajes (magníficos, que me ha ido leyendo a lo largo de los años, tras los muchos viajes que ha realizado) y que publique un libro sobre el tema. Se muestra muy reacio Javier, porque entiende que el tipo de viaje que él hacía hace 20 o 30 años ya no existe. Los teléfonos móviles han acabado con todo. Con la educación, por supuesto, a la que ambos nos dedicábamos, pero también con los viajes. Ese tipo de viaje de aventuras (a la India, a África o a Sudamérica), adonde ibas con el billete de ida (y tal vez el de vuelta), pero sin reservas de hotel (no existía Booking), ni de ningún otro tipo. Donde la información más valiosa te la daban ciertas guías (la mítica Lonely Planet) o, sobre todo, viajeros con los que te encontrabas y te proporcionaban determinados consejos o sugerencias. Pero para ello, tenías que estar abierto al encuentro con otros seres humanos y a escucharles. Hoy en día toda la información parece estar en los móviles y la pantalla se convierte en el único interlocutor de tantas personas que hacen turismo.

miércoles, 6 de marzo de 2019

Javier García Gibert habla sobre los valores del humanismo español

Me envía el amigo Javier García Gibert este enlace de una charla suya sobre los valores del humanismo español, tema de que trata su libro La humanitas hispana. Aquí os lo dejo:


jueves, 1 de noviembre de 2018

Los dos pequeños lunares de un buen libro: 1936. LOS MITOS DE LA GUERRA CIVIL, de Enrique Moradiellos


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Cuando en un reciente artículo de Antonio Muñoz Molina, en quien tengo bastante fe, ponderaba 1936. Los mitos de la guerra civil, de Enrique Moradiellos, como lo mejor que había leído al respecto, me faltó tiempo para hacerme con el libro y leerlo (devorarlo más bien, habida cuenta de que sus 230 páginas en un par de días cayeron: es verdad que tenía ganas de leer algo en relación con el tema).

Ahora bien, como quandoque bonus Homerus dormitat, en su más que provechosa lectura, me encontré con un par de lunares que afeaban, si bien en no gran medida, el texto. Los consigno aquí:

- En la página 43 (he manejado la primera edición, Península, 2004), a propósito del motivo de “las dos Españas”, refiere:

Y pocas semanas después, la solemne declaración aprobada por unanimidad en el Congreso de los Diputados sobre “reconocimiento moral de las víctimas de la Guerra civil” encabezaba su texto con la cita de un muy famoso verso de Antonio Machado: “Españolito que vienes / al mundo, te guarde Dios. / Una de las dos Españas / ha de helarte el corazón.” (El subrayado es mío.)

Aquí el autor incurre en un error muy habitual entre el público en general (y especialmente entre presentadores de televisión): confundir verso con poema (aunque en este caso se trata de una estrofa de un poema ligeramente mayor: un poema de 2 estrofas).
No es un verso lo que cita, sino una estrofa o parte de un poema, que consta de 4 versos: cada renglón de un poema constituye un verso.

Que el autor no tiene claro el concepto se confirma en la referencia a pie de página: “El verso forma parte de los “Proverbios y cantares” (número LIII) incluidos en Campos de Castilla (…)
Habría que decir, en rigor, “Los versos forman parte (…)

- El otro error llamativo se produce hacia el final del libro, en el “Epílogo abierto”, donde anuncia las palabras (de Azaña) con que va a cerrar el libro de la siguiente manera:

No cabe pensar en mejores y más sentidas palabras, por forma tanto como por fondo, para poner punto final a este ensayo histórico escrito como mandan los buenos cánones historiográficos, bona fides, sine ira et studio (con buena fe interpretativa, sin encono partidista y tras meditada reflexión):” (página 225)

Se trata de la célebre frase de Tácito, al principio de sus Anales, en que declara su actitud de historiar sine ira et studio, y que ha sido entendida siempre como manifestación de una actitud imparcial a la hora de enjuiciar los hechos históricos. Ahora bien, nuestro autor liga ese lema de Tácito con otro latinismo bona fides, que en el original no aparece. Pero lo más grave sucede cuando, entre paréntesis, glosa la expresión latina para explicitar su significado, donde da a entender que sine ira et studio podría traducirse como “sin encono partidista y tras meditada reflexión”. Ahora bien, tanto ira como studio van regidos por sine, preposición de ablativo, y por tanto se han de entender ambos negativamente. Si tenemos en cuenta que una de las acepciones en latín de studium-ii es “parcialidad política”, habría que traducir, como se hace habitualmente: “sin odio ni parcialidad”.

Pongo aquí debajo algunas de las traducciones recogidas en una pequeña navegación por internet:
sin odio ni parcialidad”, “senza ira né pregiudizi”, “without anger and without partiality”, “sin parcialidad ni encono”… and so on.

domingo, 7 de octubre de 2018

En recuerdo de Jesús Donázar, profesor de Matemáticas


En mi volumen de los Diálogos de L. Anneo Séneca, en el libro 1º de Sobre la ira se podrá encontrar al paso la siguiente anotación: Jesús Donázar. Este es el nombre de mi profesor de Matemáticas en el bachillerato, y uno de los culpables, sin duda, de que yo me haya dedicado al ejercicio de la enseñanza. Mucho nos enseñó de Matemáticas, pero mucho más de ética o de dignidad humana. Recuerdo algunas frases suyas, como la siguiente al tentarle un día nosotros para que se definiera políticamente: "Creo que, en la circunstancia actual de nuestro país, lo único que puede ser una persona decente es de izquierdas." Corría el año 1974 y él hacía mucha insistencia en las palabras actual y decente. También recuerdo su chispeante ironía cuando me apodaba "Petronio, el árbitro de la elegancia". (Yo, como pobre, vestía bastante mal; pero además, como rebelde, extremaba mi desaliño.)
Si hoy traigo a colación el recuerdo de mi antiguo profesor se debe a una de las mayores lecciones (tal vez la máxima) que nos dio en esos años. Nosotros teníamos bastante confianza con él, y un día decidimos un amigo y yo gastarle una broma, de muy mal gusto sin duda, como más tarde comprenderíamos. Cuando él se disponía a entrar en clase nos parapetamos tras la puerta y le impedíamos abrirla. Así estuvimos un buen rato (tal vez menos de un minuto) hasta que percibimos con claridad notas de serio enfado en su voz y sus gestos.
Tras conseguir entrar el disgusto era notorio en su rostro. Se dirigió a nosotros y nos dijo: "No os voy a castigar ahora, porque estoy muy enfadado y me temo que sería injusto, y el castigo excesivo. Ya os lo pondré mañana cuando esté más calmado." Y así lo hizo. Nos puso una E de conducta negativa esa evaluación, nota que disminuía automáticamente en un nivel la calificación por conocimientos. A mi amigo apenas le afectó. Su Sobresaliente se convirtió en un Notable, pero mi escaso Suficiente de clase, significó que esa evaluación suspendiera a causa de mi conducta. Fue uno de los dos Insuficientes que obtuve a lo largo de todos mis estudios. Pero creo que valió la pena.
Recientemente leyendo a Séneca me encuentro con el siguiente pasaje: "Nada menos adecuado que el que castiga se encolerice, puesto que el castigo es más útil para corregir, si se impone después de reflexionar. De ahí lo que Sócrates dice a su esclavo: "Te golpearía si no estuviese encolerizado". La reprimenda al esclavo la difirió a un momento de mayor serenidad; en aquel momento se reprendió a sí mismo."
¡Qué sabio era nuestro profesor de Matemáticas!


Jesús Donázar fue profesor mío en los Salesianos de la Avda. de la Plata entre 1971 y 1975. Me pesa no haberle hecho llegar este escrito, que data de 1994, en vida.

jueves, 6 de abril de 2017

ANDRÓMACA, grupo Selene, IES Carlos III de Madrid



El coro rodea a Andrómaca, transida de dolor


Agón entre Menelao y Peleo. Corifeo intenta consolar a Andrómaca y Moloso, su hijo.


Orestes se reencuentra con Hermíone, y decide vengarse de Neoptólemo.



 El mensajero llega y relata el asesinato de Neoptólemo en el templo de Apolo.


Tetis, en un deus ex machina, cierra la obra con un final "feliz".


Los actores saludan. (¿Qué hace Vicente Ocampo en el escenario?)

martes, 12 de abril de 2016

Electra, en el Teatro Romano de Sagunto

Para refrescar la representación a la que hemos asistido hoy día 12 de abril, por la mañana, subo unas fotografías que he tomado.
En la primera, algunos alumnos de nuestro centro. En la segunda, la pequeña trifulca en la que intervienen Orestes (un auténtico killer: ¿A quién hay que matar?), su amigo Pílades y el sorprendido Egisto. Por último, el grupo de actores (Grupo Párodos, de Talarrubias. Badajoz) saluda al final de la representación.






domingo, 14 de junio de 2015

LOS PERSAS, de Esquilo, bajo la lluvia en Sagunto



Cuando Viqui Prado me anunció que se iba a representar Los persas, de Esquilo, como clausura del XIX Festival de Teatro Grecolatino de Sagunto, me dije que era una cita a la que no podía faltar. De una lejana lectura de la obra recordaba que me había gustado enormemente, y esas cuestiones ya tópicas, que repito en clase de Literatura Universal, pero no por ello menos conmovedoras, como el hecho de que, curiosamente, en este primer drama que nos ha llegado de los griegos, se da la voz al enemigo. La obra se centra no en los griegos, ni en sus problemas o –en este caso- victorias, sino en la desdicha del pueblo persa derrotado en Salamina. Resulta asombroso en esta sociedad en que vivimos, donde entendemos que al enemigo ni agua, que Esquilo, un guerrero de Maratón él mismo, y tal vez de Salamina, tenga ese gesto que hoy calificaríamos de liberal.
            La tarde amenazaba lluvia, y los que nos acercábamos al teatro ayer sábado 13 de junio, hacíamos cábalas y cruzábamos los dedos (ya no sabemos rezar) para que el tiempo aguantara y no desluciera la representación. Pero a los pocos minutos de comenzar el montaje del Grupo Helios de Madrid, con la presencia impactante del coro de persas en escena, comenzaron a caer gotas del cielo, que fueron a más durante la obra y arreciaron en la parte final, sin llegar a la tromba de agua que en esos momentos caía en la ciudad de Valencia, como supe después. El público, estoico, aguantó lo que pudo, aunque, conforme aumentaba el caudal de lo que caía, se iba retirando a sus cuarteles de invierno, o abandonaba el teatro. Los técnicos de sonido, para evitar un cortocircuito o males mayores, fueron retirando los micrófonos al borde del escenario y los altavoces, con lo cual la lucha era entonces doble, contra la inclemencia atmosférica y contra la escasez sonora, que hacía que las voces de los actores llegaran al público limitadamente. Eso no quita que los actores, que también se mojaban como el público, a causa de las rachas de agua, a pesar de estar cubierta la escena, bajaran un ápice en su implicación y en su esfuerzo artístico, y bien podemos decir que, a pesar de los pesares, el montaje resultó excelente, y los últimos de Filipinas, que resistimos hasta el final, les respondimos con una larga ovación sonoramente menguada por el exiguo número de los que para entonces quedábamos.
            Ahora bien, todos esos inconvenientes de esa representación memorable, en mi caso particular han tenido un efecto positivo, cual es la relectura de la obra. Y entonces encuentro en ella, entre mil y un detalles interesantes, dos cosas que me han llamado mucho la atención.
            La primera es el exquisito juego con el punto de vista que practica Esquilo. Si, por una parte, deja hablar a los persas, los vencidos en esa ocasión histórica; por otra parte, su lenguaje está lleno de la mirada griega: desde denominarse a sí mismo bárbaros, hasta invocar a los dioses griegos (ese Zeus que domina todos y cada uno de los hechos) o defender instituciones griegas: cuando la Reina persa pregunta al Corifeo quién acaudilla a sus enemigos, éste le responde: “No se llaman esclavos ni vasallos de nadie.” ¿Podríamos asistir a una defensa más nítida de la democracia griega, por parte de un pueblo dominado por reyes que son cuasi divinos?”
            La otra cosa que más me llamó la atención fue la presencia, hacia el final de la obra, en el diálogo entre el Jerjes que regresa en harapos, derrotado, y el coro, de un ubi sunt? puesto en boca de este último: “¿Dónde está la otra muchedumbre de los tuyos? ¿Dónde están los que combatían a tu lado, Farandaces, Susas, Pelagón (…)?” y algo después “¿Dónde está tu Farnuco, y el valiente Ariomardo?” y aún continúa un buen rato con las interrogaciones.
            ¿Será que este tópico, que creemos latino, y especialmente medieval, aparece por primera vez en la primera tragedia griega que se conserva?                      

jueves, 2 de octubre de 2014

El mito de Edipo en la cómica versión de Les Luthiers

Epopeya de Edipo de Tebas 


De Edipo de Tebas haciendo memoria 
os cuento la historia con penas y glorias, 
de Edipo de Tebas. 

Le dijo el oráculo, Edipo, tu vida 
se pone movida, serás parricida, 
le dijo el oráculo. 

Seguía diciendo, si bien yo detesto 
hablarte de esto, se viene, se viene un incesto, 
seguía diciendo. 

Sabiendo tal cosa, su padre, el rey Layo, 
veloz como un rayo le dijo a un lacayo, 
sabiendo tal cosa: 

Te irás con mi hijo, no quiero que crezca, 
haz tú que perezca como te parezca, 
te irás con mi hijo. 

Cumplida la orden, el muy desdichado, 
con los pies atados, quedóse, quedóse colgado, 
cumplida la orden. 

Edipo salvóse y a Layo matólo, 
peleandolo el solo al cielo enviólo, 
Edipo salvóse. 

Semanas más tarde, a Tebas avanza, 
resolver alcanza cierta adivinanza, 
semanas más tarde. 

La Esfinge de Tebas, al ser derrotada, 
se ofusca, se enfada, y se hace, y se hace pomada, 
la Esfinge de Tebas. 

Y sin darse cuenta, casado el está, 
con quien saben ya, su propia mamá! 
y sin darse cuenta... 

De sus propios hijos hay largas secuelas, 
y aunque esto le duela, Yocasta es abuela, 
de sus propios hijos. 

Edipo al saberlo en una entrevista 
con su analista se quita, se quita la vista, 
Edipo al saberlo. 

Al ver a una esfinge planteando un dilema, 
huid del problema cambiando de tema, 
al ver a una esfinge. 

Madres amantes, tomad precauciones 
con las efusiones de hijos varones, 
madres amantes. 

Por no repetir la historia nefasta 
de Edipo y Yocasta, lo dicho, lo dicho ya basta, 
por no repetir.

viernes, 5 de septiembre de 2014

La noción estética del arte en Grecia: el nacimiento de lo bello

La comparación de estas dos imágenes, una de los relieves asirios del Museo Británico, y otra de los frisos del Partenón, nos demuestra la diferencia entre una concepción del arte hierática, que tiende a representar el poder o la fuerza de los guerreros, y otra -la griega- donde se tiende a mostrar la belleza y perfección del cuerpo humano en sus dimensiones reales.

lunes, 30 de junio de 2014

Stalin y el epíteto épico



Sabemos que los epítetos épicos son fórmulas juglarescas propias de la poesía épica. Se trata de un sintagma que acompaña con frecuencia (o sustituye) al nombre del personaje épico y que cumple una función métrica, mnemotécnica y laudatoria: sirve para completar versos, para refrescar la memoria tanto del juglar como del que escucha (se trata de poesía oral) y para alabar o ensalzar a los personajes principales.

Homero los usa continuamente en sus epopeyas: así llama a Héctor, “domador de caballos”, a Hera, “la diosa de los níveos brazos” o a Odiseo, “el fecundo en ardides”.

Flaubert, en su Dictionnaire des idées recuées (1880), ironiza sobre el procedimiento al llegar a la entrada de Aquiles, que es como sigue:
ACHILLE : Ajouter « aux pieds légers » ; cela donne à croire qu'on a lu Homère.
Es decir, “añadir « el de los pies ligeros »; eso hace creer que se ha leído a Homero”.

Ni que decir tiene que en la épica medieval se continúa utilizando. Así en el Cantar de Mío Cid
el héroe castellano Rodrigo Díaz de Vivar es nombrado con epítetos épicos como los siguientes: “el que en buen ora ciñó espada”, “el que en buena hora nació”, etc.

Pues bien, donde no esperaríamos encontrar los epítetos épicos es en un relato de viaje del siglo XX. Y, sin embargo, veamos lo que cuenta André Gide en su célebre narración de la experiencia soviética recogida en Retour de l´U.R.S.S, (Regreso de la U.R.S.S) (1936):

Sur la route de Tiflis à Batoum, nous traversons Gori, la petite ville où naquit Staline. J'ai pensé qu'il serait sans doute courtois de lui envoyer un message, en réponse à l'accueil de l'U.R.S.S. où, partout, nous avons été acclamés, festoyés, choyés. Je ne trouverai jamais meilleure occasion. Je fais arrêter l'auto devant la poste et tends le texte d'une dépêche. Elle dit à peu près: «En passant à Gori au cours de notre merveilleux voyage, j'éprouve le besoin cordial de vous adresser...» Mais ici, le traducteur s'arrête: Je ne puis point parler ainsi. Le «vous» ne suffit point, lorsque ce «vous», c'est Staline. Cela n'est point décent. Il y faut ajouter quelque chose. Et comme je manifeste certaine stupeur, on se consulte. On me propose: «Vous, chef des travailleurs», ou «maître des peuples» ou... je ne sais plus quoi. Je trouve cela absurde; proteste que Staline est au-dessus de ces flagorneries. Je me débats en vain. Rien à faire. On n'acceptera ma dépêche que si je consens au rajout. 

Traduzco: En el camino de Tiflis a Batoum, atravesamos Gori, la pequeña ciudad en que nació Stalin. Pensé que sería cortés sin duda enviarle un mensaje en respuesta a la acogida de la U.R.S.S. donde, por doquier, fuimos aclamados, festejados, mimados. No encontraré mejor ocasión. Hice detener al automóvil delante de la estafeta de correos y entrego el texto de un despacho, que dice más o menos: “Pasando por Gori en el curso de nuestro maravilloso viaje experimento la necesidad cordial de dirigiros…” Pero aquí el traductor se detiene. No puedo hablar así. El “os” no basta, puesto que ese “os” es Stalin. No resulta decente. Hay que añadir algo. Y como yo manifiesto cierto estupor, se hace una consulta. Y se me propone: “dirigiros, jefe de los trabajadores”, o “señor de los pueblos” o… no sé qué más. Me parece absurdo; protesto indicando que Stalin está por encima de esas adulaciones. Me esfuerzo en vano. Nada que hacer. No se aceptará mi despacho más que si consiento en el reajuste.

miércoles, 9 de abril de 2014

Una excelente puesta en escena de Las Bacantes en Sagunto

En la visita anual al festival de teatro clásico de Sagunto, dirigido a los escolares de enseñanza secundaria, hemos podido gozar el martes 8 de abril de un espectáculo sobresaliente: me refiero a la puesta en escena de Las bacantes, de Eurípides, por el grupo La Nave de Argo, del Colegio de la Inmaculada (Jesuitas) de Alicante.
Los elementos del decorado, mínimos, un montículo coronado con los huesos de una cabeza de toro, un par de sencillos asientos (en negro para Penteo y en rojo para Dioniso), pero suficientes para marcar las tensiones que en la obra se querían señalar. La aparición de Dioniso al principio y final de la obra en lo alto del edificio, todo un hallazgo de puesta en escena. El Dios controla el universo escénico a lo largo de toda la obra. El vestuario y maquillaje de Dioniso (con su sempiterno rictus sonriente, como quien está al cabo de todo y muy por encima de los demás) y también la dicción del joven actor, atinadísimos.
Perfectamente marcados todos los momentos de la obra: desde la extraña apuesta báquica de los ancianos Tiresias y Cadmo, hasta la desolación de Ágave al darse cuenta (en la anagnórisis) de que ha matado a su propio hijo (y no al león al que en su delirio creyó haber dado muerte). También están muy bien indicados detalles muy sutiles, como la posesión de Penteo, cuando Dioniso se le acerca por detrás, lo roza y le hace perder su voluntad y aceptar la engañosa propuesta del Dios: acercarse travestido al Citerión, donde ofician su culto las bacantes.
¿Y qué decir del coro de bacantes? Desde el principio al final de la obra, las jóvenes actrices bordan el papel que se les encarga, dando la sensación de locura, delirio, éxtasis que caracteriza a esas mujeres poseídas por un Dios. Por momentos me recuerdan las ideas de Artaud sobre la interpretación en su concepción del teatro de la crueldad. No desfallecen ni un instante en su exceso orgiástico, más que tras la anagnórisis, cuando les invade una tristeza sobrehumana -también muy bien interpretada- al percibir el despropósito de sus actos violentos. Destacar especialmente a la actriz que interpretaba el trágico papel de Ágave, muy convincente en todos los momentos de la representación.
Y, por último, felicitar al director de escena, que tan perfecta visión de la obra ha tenido y tan sobresaliente ensamblaje de interpretación, movimiento, dicción, ritmo y espacio escénico ha logrado con esos jóvenes actores aficionados, llenos de entusiasmo por el arte escénico.