viernes, 14 de agosto de 2026

El bar Siddharta y Ana Juan. (Arte moderno presumiblemente desaparecido en Valencia)

 


Aunque la Inteligencia Artificial considere que el bar Siddharta no fue un lugar de referencia en la Valencia de los años 80, la Valencia de la –digamos- movida, tengo para mí que parte notable del arte de esa época se encerraba en él, y ha desaparecido.

El local se encontraba detrás de la iglesia del Temple, por donde la estatua del pintor Ribera, en un callejón que daba a la calle dels Mestres, muy cerca de la policía local. Curiosa vecindad, pues que era un bar de tarde y noche, donde se consumían habitualmente drogas blandas (hachís y marihuana).

El bar lo montaron mi hermano Felipe y dos amigos (Iñaki y Toni), sin demasiadas expectativas comerciales. El dinero que ganaba durante el día trabajando en un taller de marmolería lo invertía mi hermano en regentar este local nocturno, donde bebía las cervezas a precio de coste y ligaba lo que no está escrito. Me confesó una vez que daba por bien gastado el dinero que le costaba mantener el Siddharta abierto por lo mucho que ligaba en ese tiempo.

Entre su clientela habitual había una joven estudiante de Bellas Artes en el Politécnico a quien llamaban “la nana”. Muy amiga de mi hermano, quien también tenía afición por el dibujo, no sé de qué manera consiguieron que la joven artista les decorara el muro del fondo del local. (El muro era grande, algo más de dos por cinco o seis metros.) No podría describirlo, pero sé que la primera vez que lo vi sentí una conmoción. Me pareció una obra de arte logradísima. En un estilo complejo y abigarrado (con muchas figuras de personas y animales) creo que representaba el ambiente que se respiraba (cuando se podía respirar) en el garito, como un dibujo que conservo en casa y que la nana le regaló a mi hermano.

Ni que decir tiene que la nana pintora es la actualmente conocidísima ilustradora Ana Juan, y aunque su obra me parece muy buena, siempre he pensado que las mejores creaciones suyas eran aquellas de juventud, complejas y abigarradas, en el estilo vanguardista de los comix de entonces.

El local, como no podía ser de otra manera, sucumbió económicamente y tuvieron que cerrar. ¿Qué habrá sido de aquella pared decorada por el talento joven pero ya extraordinario de aquella muchachita? Alguna vez me he acercado, años después, a ese rincón, en busca de información sobre el local del antiguo bar, pero siempre lo he visto cerrado, y una vez, en un bar cercano, no me pudieron dar información.

Mucho me temo que, como sin querer, y sin dejar el menor recuerdo, haya desaparecido una de las obras más prometedoras de aquellos años locos en que este país estrenaba su democracia.

viernes, 7 de agosto de 2026

Salinas y Heine: la naturaleza personificada

 

Traigo hoy dos poemas que presentan tangencias inauditas (o no tan inauditas, pues mucho me temo que Salinas tuvo presente el texto del alemán). En ambos poemas nos encontramos con una personificación de la naturaleza, que ama o sueña. El de Salinas es ingenioso, muy bello y bien escrito; el de Heine es, me parece, una cumbre de la lírica universal.

 

El agua que está en la alberca
y el verde chopo son novios
y se miran todo el día
el uno al otro.
En las tardes otoñales,
cuando hace viento, se enfadan:
el agua mueve sus ondas,
el chopo sus ramas;
las inquietudes del árbol
en la alberca se confunden
con inquietudes de agua.
Ahora que es la primavera,
vuelve el cariño; se pasan
toda la tarde besándose
silenciosamente. Pero
un pajarillo que baja
desde el chopo a beber agua,
turba la serenidad
del beso con temblor vago.
Y el alma del chopo tiembla
dentro del alma del agua.

 (Pedro Salinas: Presagios)

                                                      

 

Un pino se alza en la cumbre
De un monte del Norte helado.
Sueña; la nieve y el hielo
Lo envuelven con su sudario.
Sueña con una palmera
Que en el Oriente lejano,
Se alza solitaria y triste
Sobre un peñón abrasado.

(Heinrich Heine)

domingo, 2 de agosto de 2026

Pedro Salinas: Perdóname por ir así, buscándote... Comentado por Lázaro Carreter

 

Este verano le leí este poema a mi esposa. Me llamó la atención que, al final, la forma verbal que ella esperaba (pues no la escuchó con claridad) es la misma que utiliza Salinas(eras), y no la que cualquier lector esperaría(eres), como figura el poema en la página de Ciudad Seva, por ejemplo, de donde lo tomé (y luego corregí). Ella hacia una lectura muy profunda del poema, de la capacidad del amor para revelar al otro y sacar lo mejor suyo (mi lectura era más intelectual, más saliniana, creo, como la de Lázaro Carreter).

 

Cuando busqué el comentario de éste, en su libro azul de Anaya (Lengua española 1º) antes de teclearlo miré si en el ciberespacio estaba, para ahorrarme algo de faena y restituirlo a su autor. Lo encontré en una página –www.studocu.com-, sin nombre de su creador. Pero, cuál no sería mi sorpresa cuando, al confrontarlo con el original, veo que sigue las ideas al pie de la letra, pero la redacción va variando ligera y continuamente, de manera que he tenido un trabajo enorme corrigiéndolo para hacerlo coincidir con el original de Lázaro Carreter. De todas formas, cualquier esfuerzo es poco para llevar al ciberespacio los magníficos comentarios –para BUP- de tan preclaro maestro.

 

PEDRO SALINAS: “Perdóname por ir así, buscándote”

 

Introducción

 

Poeta, profesor, crítico literario,  Salinas (1892-1951) destaca –dentro de la generación del 27- por su poesía  amorosa, sobre todo gracias a sus dos libros fundamentales: La voz a ti debida (1933) y Razón de amor (1936). En sus versos, el amor es una fuerza prodigiosa que da plenitud a la vida y sentido al mundo.

 

De un modo personalísimo, el sentimiento y la inteligencia se hermanan en la poesía de Pedro Salinas. La inteligencia  le permite ahondar los sentimientos, en las experiencias concretas, para descubrir -más allá de las anécdotas- la quintaesencia de las relaciones amorosas. De ahí cierto tipo de “conceptismo”: es la agudeza del pensamiento la que –a través de paradojas, de observaciones insólitas, etc.- hace posible ese ahondamiento en el sentido último del amor.

 

Texto

 

Perdóname por ir así buscándote
tan torpemente, dentro
de ti.
Perdóname el dolor, alguna vez.
Es que quiero sacar                                          
de ti tu mejor tú.
Ese que no te viste y que yo veo,
nadador por tu fondo, preciosísimo.
Y cogerlo
y tenerlo yo en lo alto como tiene                   
el árbol la luz última
que le ha encontrado al sol.
Y entonces tú
en su busca vendrías, a lo alto.
Para llegar a él                                                   
subida sobre ti, como te quiero,
tocando ya tan sólo a tu pasado
con las puntas rosadas de tus pies,
en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo
de ti a ti misma.                                                 
Y que a mi amor entonces le conteste
la nueva criatura que tú eras.

 

1.  Primer acercamiento (Contenido y estructura)

 

* El tema de estos versos se concentra en las palabras quiero sacar de ti tu mejor tú: es la voluntad de descubrir en la persona querida lo mejor de ella misma, invitándola al esfuerzo de renunciar a aspectos menos gratos para alcanzar la plenitud de su ser. Esfuerzo doloroso a veces, pero hermoso.

El poema revela, pues, una exigente concepción del amor como conocimiento lúcido y como enriquecimiento de la persona amada.

 

* Comienza la composición con cuatro versos en que el poeta pide perdón por un dolor inevitable. Sigue el cuerpo central del poema (versos 5-20), en que se expresa la razón del dolor causado y se explica el proceso de enriquecimiento que el poeta ha emprendido. Dos apartados podemos distinguir en este conjunto central: primero, Salinas expone su empeño (habla en primera persona: yo); más adelante, a partir del verso 13, imagina la respuesta que espera de la mujer amad: (pasa a la segunda persona: ). Finalmente, en los versos 21-22 evoca el coronamiento de todo el proceso.

 

* La versificación tiene como base el esquema de la silva (combinación de endecasílabos y heptasílabos), pero con evidentes variaciones: de una parte, hay dos pentasílabos (los versos 13 y 20), un tetrasílabo (el 9) y un trisílabo (el 3); de otra parte, se prescinde de la rima. Todo ello revela que, sobre una base clásica, el poeta procede con cierta libertad y, a la vez, con una voluntad de depuración. Con ambas cosas se combina –como habremos de ver- una rigurosa precisión en el arte de distribuir las frases, de aislar las palabras en los versos o en los miembros de un verso, etc., para producir especiales efectos de relevancia.

 

 

2. Análisis del texto (Expresión y contenido)

 

* En los primeros versos –ya lo hemos dicho- el poeta se excusa. ¿Qué ha sucedido? Salinas prescinde de la anécdota. Podemos imaginar algún reproche por parte de él, y el consiguiente disgusto por parte de ella. A lo primero pueden corresponder estos tres versos:

 

Perdóname por ir así buscándote
tan torpemente, dentro
de ti.

Es una súplica  (el  imperativo  Perdóname)  y  un reconocimiento humilde  de  su propia torpeza (así, tan torpemente). Con la perífrasis ir + gerundio (ir buscándote) admite su porfía, su incesante indagación frente a la mujer.  Pero lo que  adquiere  mayor relieve  es el  complemento  dentro  -  de  ti,  encabalgado entre dos versos: dentro se destaca entre dos pausas (la coma y el final del verso); de ti queda aislado en el verso más corto de la composición. Y es que ese dentro y ese son lo que más le importa. El poeta tiene a su amada ante sí; y, no obstante, la busca. Busca lo que hay más allá de su presencia, de su apariencia; busca lo que hay dentro de ella, ejerciendo un mirar exigente profundiza en el conocimiento del ser querido. Tal exigencia es, sin duda, molesta. De ahí el dolor que produce y la nueva disculpa: Perdóname el dolor, alguna vez.

 

 

* El poeta da en seguida la explicación de su proceder: Es que quiero sacar  de ti tu mejor tú. Como hemos indicado, aquí está la idea central del poema. El verbo quiero encierra la voluntad del autor. Y sacar significa poner al descubierto lo que estaba oculto, lo que estaba dentro. Se trata nada menos que de descubrir - como sabemos- lo mejor de la mujer amada. Salinas lo expresa con un curioso juego de pronombres: de ti tu mejor tú. No se puede decir de forma más condensada la misma idea.

 

La mujer a la que Salinas se dirige no ha sabido ver nunca lo mejor de sí misma; es el poeta quien se lo descubre, en efecto: Ese que no te viste y que yo te veo. (Obsérvese la claridad de la contraposición: no viste tu mejor tú; yo sí lo veo). Y es que él ha sabido "bucear" –diríamos- en el alma de la amada, como indica la hermosa imagen que sigue: nadador por tu fondo, preciosísimo.

 

Del verbo quiero (voluntad del poeta) dependen también los infinitivos cogerlo y tenerlo (versos 9 y 10). Los pronombres pospuestos (lo)  se sigue refiriendo al "mejor tú". Al final de aquel "buceo", el poeta se apodera del "tesoro" sumergido, el ser más precioso de la amada. Y tras el movimiento hacia el fondo, se inicia un movimiento de ascensión: y tenerlo yo en alto

 

Pedro Salinas, que está hablando de realidades espirituales, necesita acudir a imágenes que nos las hagan sensibles. Antes, era la imagen del “nadador”. Ahora es este símil: como tiene - él árbol la luz ultima - que le ha encontrado al sol. El lector "ve" esa hermosa luz dorada del atardecer que enciende las copas de los árboles, cuando ya lo demás está ya en sombra. Luz dorada: oro, tesoro “preciosísimo”. Bellísima manera de hacer sensible ese mejor tú que el poeta ha sacado del fondo de un alma.

 

 

* Del yo pasamos al , pronombre puesto de relieve al final del verso 13: Y entonces tú…. A la búsqueda del poeta Recuérdese el verso 1), responde ahora la búsqueda de ella: en su busca vendrías, a lo alto. Es la respuesta que anhela el autor: el condicional vendrías supone una proyección hacia un futuro hipotético y deseado.

 

Es en estos  versos  donde aparece claro el  esfuerzo  que el poeta  pide,  esfuerzo que  se  plasma  -como antes-  en expresiones que indican ascensión hacia lo alto (ya había aparecido en el verso 10). Y a ese proceso de elevación espiritual corresponde de nuevo una imagen sensible, corporal, la bella imagen de la mujer alzada de puntillas (nótese el adjetivo embellecedor rosadas):

 

subida sobre ti, como te quiero,

tocando ya tan sólo a tu pasado

con las puntas rosadas de tus pies…

 

Así la quiere él, desligada de un pasado que no compartía; en tensión todo el cuerpo (= esfuerzo) hacia una vida enriquecida. Finalmente, la expresión subida sobre ti se precisa aún más con la frase ya ascendiendo -de ti a ti  misma. Nuevo  juego de pronombres. Y  muy revelador: precisamente nos indica que  no es una mujer distinta  lo que el poeta desea, sino "ella misma", aunque alzada a un nivel superior de su propio ser.

 

* Llegamos a los dos versos que, separados del resto por un espacio blanco, suponen una síntesis de todo el poema: Y  que  a  mi  amor  entonces  le  conteste - la  nueva  criatura  que    eras.  Salinas  sigue proyectándose con su imaginación hacia ese futuro en que su amor encontrará una respuesta plena (verso 21). Pero el verso final es, a primera vista, insólito. Si se refiere al futuro, lo normal sería decir la nueva criatura que tú serás. Sin embargo, la última forma verbal aparece sustituida en el texto por el pasado: eras. ¿No hay aquí una contradicción? ¿Cómo puede hablarse de una nueva criatura y, a la vez, decir que ya lo era? Estamos ante una de esas paradojas frecuentes en la poesía de Salinas. Por debajo de la aparente contradicción, este verso final expresa una profunda verdad hacia la que ya apuntaban versos anteriores (tu mejor tú, subida sobre ti, ascendiendo de ti a ti misma). Todo confluye aquí con plena coherencia: esa mujer era, desde siempre –aunque en potencia- la nueva criatura que el poeta ha sabido descubrir, empezando por descubrírselo a ella misma. salinas no le ha exigido que cambie, que sea “otra”. Le pide simplemente que tome conciencia de la riqueza que dormía en el fondo de su alma y que la desarrolle plenamente.

 

Conclusión

 

Señalábamos en la Introducción  cómo  Salinas  ahonda  en  la  experiencia  amorosa  para  descubrir  su quintaesencia. Un aspecto de ello es -en el poema comentado- la concepción del amor como conocimiento lúcido y exigencia de perfeccionamiento, concepción que revela una mirada atenta a lo que hay más allá de la anécdota y las puras apariencias.

 

Y ese ir más allá de la apariencia explica ciertos rasgos del estilo que hemos ido señalando: condensación, paradojas, juegos de  pronombres  con  los que  se  penetra  en  la  complejidad del ser de  la amada...  En esto radica el "conceptismo interior" de Pedro Salinas, en esa agudeza de pensamiento que va más allá de la superficie de las cosas.

 

Pocos poetas han hablado del amor con tanta sutileza y tanta hondura.