viernes, 12 de agosto de 2022

La expulsada del Paraíso. (Sara Mesa: UN AMOR)

 


En la asignatura de Literatura Universal, cuando explicábamos la tragedia griega y nos proponíamos una reflexión sobre el mito, yo solía decir que entendía el mito como relato potente. ¿A qué me refería con ello? Al hecho de ser un relato memorable, que no nos deja indiferentes, sino que nos interpela en profundidad, tocando las fibras más profundas del alma. Y solía proponerles a mis estudiantes un ejercicio: una redacción sobre su mito personal, aquel con el que más se identificaran, aquel que, de una manera u otra, siempre tenían presente. Yo les comentaba una serie de mitos para darles idea y facilitarles lo que luego había de constituir una reflexión muy personal. Les hablaba de la bajada a los infiernos, de la expulsión del Paraíso, del carácter edípico del mito de Faetón, de Pigmalión y su hechura…

Lo que no les comentaba yo era que mi mito personal, aquel que más en profundidad me interpelaba era el de la expulsión del Paraíso (tal vez influya en ello que me exiliara de mi país natal a la edad de diez años, o que hubiera tenido una novia que constituía el ideal de todos mis deseos y la había perdido…) Chi lo sa! Los mitos son potentes, pero también nos afectan de manera oscura.

Pues bien, estos días en que estoy enmesado, es decir, leyendo a Sara Mesa con una fascinación indesmayable (¡Qué novelas tan extraordinarias Cara de pan o Un amor! ¡Qué cuento excelente “Apenas unos milímetros”!), creo descubrir en un fragmento de Un amor, el motivo de esa fascinación.

jueves, 11 de agosto de 2022

"Un maestro toca el futuro". LUNANA, un yak en la escuela, de Pawo Choyning

 

En su primer día de clase, en la aldea más remota de uno de los países más remotos del mundo, Bután, Ugyen, el joven profesor, les pregunta a sus alumnos qué quieren ser cuando sean mayores. Un niño responde: “Maestro” y Ugyen le pregunta extrañado: “¿Por qué?”. La respuesta es sorprendente e inolvidable: “Porque un maestro toca el futuro.”


Así comenzará el proceso de descubrimiento por parte del profesor de ese mundo rural en las montañas, en una escuela donde no hay pizarra, pero puede albergar a un yak, y donde Ugyen llegará a entender por qué Bután es considerado el país más feliz del mundo.


Maravillosa película, maravilloso idilio. Sólo diré que, en el transcurso del filme, sentí, por segunda vez desde que me jubilé de la enseñanza, el deseo de volver a dar clases.


No se la pierdan.