miércoles, 22 de septiembre de 2021

Ramón Gaya escribe sobre Victoria de los Ángeles y la música

 Ayer noche, cenando con Javier y Vicente, hablando sobre lo divino y lo humano, discutiendo con frecuencia acaloradamente -casi nunca estamos de acuerdo en tantas cosas-, de repente se produjo un momento de unanimidad en torno a la figura del pintor y escritor Ramón Gaya. Los tres coincidimos en que, a pesar de su posición un tanto marginal en las letras españolas (menos mal que la editorial Pre-Textos lo rescató casi del olvido hace ya años), es uno de los grandes: un escritor luminoso, de raigambre mística, que escribe con una prosa excelente y dice cosas muy, muy certeras y profundas.

Volví a casa con la idea de traer algo de Gaya al blog, y estaba dispuesto a teclear su "Carta a un amigo músico sobre Victoria de los Ángeles" (texto que tanto nos gustaba a Ana, la bloguera del rincón de la Colifata, y a mí) cuando he aquí que veo que, en las páginas de cervantesvirtual, se puede encontrar. Este es el enlace:

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/antologia--10/html/001975d8-82b2-11df-acc7-002185ce6064_3.html#I_17_

Va por ti, Ana, donde quiera que estés.

viernes, 17 de septiembre de 2021

De la credulidad de los incrédulos (Chesterton y Chateaubriand)

 

Hace ya años, en clase, ante los jóvenes descreídos (“Yo me niego a leer la Biblia”, decía uno de ingrato recuerdo, “me da asco.”) que difícil era con frecuencia intentar desterrar una superstición o la creencia en horóscopos, por ejemplo. Pedía ayuda en mi interior al benedictino Feijóo, que me echara una mano en mis argumentos, pero la contumacia en el error no mostraba grietas.

Eso me trae a la memoria esa máxima apócrifa de Chesterton, que tanto me gusta (me parece tan perspicaz y certera), y que reza así:

"Lo malo de que los hombres hayan dejado de creer en Dios no es que ya no crean en nada, sino que están dispuestos a creer en todo."

Hoy, leyendo El genio del Cristianismo, de mi admirado Chateaubriand (¡qué prosa maravillosa la suya!); me encuentro con el siguiente pasaje, que prefigura la máxima de marras:

On est bien près de tout croire quand on ne croit rien; on a des devins quand on n'a plus de prophètes, des sortilèges quand on renonce aux cérémonies religieuses, et l'on ouvre les antres des sorciers quand on ferme les temples du Seigneur.”


Que traducido (bien y anónimamente en mi vieja y sencilla edición de Sopena) resulta:


Muy cerca se está de creer todo cuando nada se cree; hay adivinos cuando no hay profetas, sortilegios cuando se prescinde de las ceremonias religiosas, y las cavernas de los hechiceros se abren cuando se cierran los templos del Señor.”