martes, 19 de mayo de 2026

Realismo trascendente en una pintura de Murillo: San Diego de Alcalá dando de comer a los pobres

 

Leyendo el libro de Nina Ayala sobre Bartolomé Esteban Murillo, y contemplando las ilustraciones que lleva, me topo con un cuadro en el que no recuerdo haber reparado anteriormente, y que me llama la atención por lo que a continuación señalo. Se trata de San Diego de Alcalá dando de comer a los pobres, que se conserva actualmente en la Academia de Bellas Artes de San Fernando (en Madrid), pero que fue pintado, hacia 1645, dentro de una serie, para el Claustro Chico del convento de San Francisco en Sevilla.

Diego de Alcalá era un hermano lego, procedente de Sevilla, que vivió y murió en el siglo XV en el convento de los franciscanos de Alcalá de Henares, especialmente tocado por la virtud de la caridad, y que fue canonizado en 1589.

jueves, 14 de mayo de 2026

La ponzoña del amor: Jenofonte, Sócrates y Góngora

 


En los Recuerdos de Sócrates, de Jenofonte, hay un momento en que el autor reproduce un diálogo que tuvo con su amigo y maestro a propósito del deseo amoroso, de los peligros que se corren tras besar a “un gentil mancebo” (en lo que llevo leído los deseos amorosos siempre se dirigen a muchachos: las mujeres brillan por su ausencia):

 

“Por vida de Hércules –repuso Jenofonte-, ¡qué terrible lo cuentas el poder del beso!” “Pues ¿de eso –dijo Sócrates- te asombras? ¿No has oído –dijo- de las tarántulas, que no abultan ni lo que una perra chica, que, con sólo que toquen en la boca, deshacen de dolores a un hombre y lo sacan de su sano juicio?” “Sí, a fe mía –dijo Jenofonte; porque es que las tarántulas inyectan no sé qué al dar el muerdo.” “¡Ah, tonto! –dijo Sócrates-, y ¿no crees tú que los muchachos lindos, al dar un beso, inyectan una cosa que tú no ves? ¿No sabes que esa bestezuela que llaman mancebo lindo y en flor de edad es en tanto más temible que las tarántulas cuanto que ellas al tocar, pero esa otra no ya tocando tan siquiera, sino que en el momento que la mire uno suelta un veneno y, aunque sea a gran distancia , de tal poder como para hacerle volverse loco. (…) Pues mira, a ti te doy aviso, Jenofonte, que en cuanto veas algún muchacho lindo, salgas a todo correr huyendo.”

 

martes, 12 de mayo de 2026

La Regenta contra el insomnio

 


En un ensayo de Serrano Poncela sobre La Regenta que casi comienza así: “confieso que es una de las pocas novelas españolas que puedo releer sin fatiga”, nos comenta que, a raíz de su publicación, fue muy atacada, no sólo por el clero local (el obispo de Oviedo hizo un escrito contra la novela que se repartía a los fieles), sino también por gacetilleros de la época, y nos transcribe fragmentos de la crítica (impagable por lo excelso del desatino) que de la obra se hizo en un semanario llamado Tambor y Gaita:

 

Contra el insomnio: esta grave enfermedad se cura como con la mano gracias al específico inventado por el reputado crítico Clarín. La mayor parte de los capítulos de La Regenta producen un sueño casi instantáneo, tranquilo y reparador. El insomnio más tenaz cede con un par de capítulos, que es la más alta dosis […]”

 

Vivir para ver.

 

(S. Serrano Poncela: “Un estudio de La Regenta” en Clarín y “La Regenta”, colección de estudios editados por Sergio Beser, Ariel, 1982)