jueves, 22 de octubre de 2026

Quiz poético contemporáneo

 

Lo prometido es deuda. Aquí van unos versos del siglo XX para jugar:


- con cinco diminutas ferocidades

 

- te acompañan las barras de los bares / últimos de la noche

 

- hay en mis venas gotas de sangre jacobina

 

- ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero / es tan corto el amor, y es tan largo el olvido

 

- como yo, como todo lo que espera

 

- la vulva, el verbo, el vértigo y el centro

 

- el cielo tiene playas donde evitar la vida / y hay cuerpos que no deben repetirse en la aurora

 

- hoy te he mirado lentamente, / y te has ido elevando hasta tu nombre

  

- las naves por el mar, tú por tu sueño


- a esta corporeidad mortal y rosa / donde el amor inventa su infinito

 

- me moriré en París con aguacero

 

- Era imposible el olvido. / Fuimos verdad. Y quedó.

 

- voy por tu cuerpo como por el mundo

 

- y en un vaso olvidada se desmaya una flor

 

- y el pecho se consuela, porque sabe / que el mundo pudo ser una bella verdad

 

- Gracias, Señor, la casa está encendida


N.B. En una rápida mirada veo que me he dejado fuera a Manuel Machado, Cernuda, Blas de Otero, José Hierro... ¡Todo un pecado contra el Espíritu!


sábado, 17 de octubre de 2026

Quiz poético del siglo de oro

 


Ya en cuarto o quinto de Filología Hispánica, Javier y yo nos entregábamos a un juego de estudiantes estudiosos y eruditos, que consistía en que uno decía un verso y el otro tenía que adivinar su autor (o incluso a qué obra pertenecía). Así entreteníamos algunos ocios y no nos despegábamos de nuestra académica obligación (que constituía, al mismo tiempo, nuestra devoción).

Lo traigo hoy al blog para recordar esos viejos tiempos y por si alguien se engancha en tan ameno juego. Copio sólo versos del siglo de oro (otro día haré el mismo juego con poesía contemporánea). Si no se acierta a la primera siempre nos quedará la IA y el señor Google.

 

- el aire el huerto orea / y ofrece mil olores al sentido

 

- la gaita al baile solicita el gusto

 

- mi corazón es reino del espanto

 

- íbate tanto en perseguir las fieras / íbate tanto en un pastor dormido        

 

- que parezca locura y devaneo / lo que es amor, lo que es conocimiento

 

- entremos más adentro en la espesura

 

- en la lucha de amor juntos trabados / con lenguas,  brazos, pies y encadenados

 

- no es sordo el mar: la erudición engaña   

 

- ¿qué mandáis hacer de mí?

 

- oscuro el borrador y el verso claro

 

- antes que el tiempo muera en nuestro brazos

 

- pesadumbre daré a unos caracoles

 

- rompe la tela deste dulce encuentro

 

- por vos nací, por vos tengo la vida, / por vos he de morir, y por vos muero

 

- miró al soslayo, fuese y no hubo nada

 

- huyó lo que era firme y solamente / lo fugitivo permanece y dura


- si te labra prisión mi fantasía

 

miércoles, 14 de octubre de 2026

Otro cuento de Navidad, de Truman Capote

 

Descubrí a Truman Capote por una referencia de Julio Cortázar en “Algunos aspectos del cuento”, cuando, entre sus relatos favoritos, cita “Un recuerdo de Navidad”, de Capote. Muchos años después de leer el ensayo de Cortázar me topé con el cuento, que me fascinó. Un cuento tierno y encantador, maravillosamente construido.

  También leí, cómo no, “Desayuno en Tiffany´s”, que me gustó, sin llegar a subyugarme.

La verdadera revelación se produce cuando, recientemente, leo A sangre fría (la magnífica película de Richard Brooks la había visto hacía muchísimos años). Me atrapa desde el primer momento, y me parece una novela excelente, muy, muy bien construida (un joven Vargas Llosa diríamos, pero manejando un trovar claro, poco faulkneriano).

Ahora, como lectura poco exigente, estoy con Plegarias atendidas. Texto frívolo y lleno de chismorreos, pero escritos por un maestro de la pluma. En un momento dado de “Monstruos perfectos”, primera parte del escrito (no sabría llamarlo novela), P. B. Jones, el protagonista-narrador (alter ego de Capote), suelta lo siguiente:

jueves, 8 de octubre de 2026

Turín, Pavese, los viajes y los libros.

 

En el otoño de 2021 hice una escapada solitaria a Turín. Mitómano como soy, quería estar en el hotel en que se suicidó Cesare Pavese, el antiguo Hotel Roma (que ahora se llama Roma e Rocca Cavour). De hecho mi habitación individual, modestísima y casi siniestra, era idéntica a aquella en que se alojó el poeta esos últimos días, situada justamente encima, en el piso superior.



Siempre me interesaron los suicidas y eso hizo que, en mi primer viaje a Italia, para aprender su lengua en Perugia, Pavese fuera de los autores a que más atención presté (Verrà la morte e avrà i tuoi occhi), aunque con posterioridad, al leer algunas de sus novelas y su diario, ese interés disminuyó sustancialmente. Como escritora prefiero, sin duda, a su gran amiga, Natalia Ginzburg. Pero la figura de Pavese seguía ahí, presente, concitando mi curiosidad y, como he dicho antes, tuvo mucho que ver en mi elección de Turín y el hotel al que fui a parar por unos días.

 

viernes, 2 de octubre de 2026

Personajes femeninos entrañables

 

Si recientemente escribí un post dedicado a las mujeres odiosas en la literatura inglesa, hoy me toca mirar hacia el lado contrario, el de entrañables personajes femeninos.

 

Casi creía que sólo mi amigo Javier sabía crear  ese tipo de personajes (Marta, la hermana de Lucía, en El sacrificio, y Adela, en La tristeza del sabio, no me dejarán mentir) cuando de repente recordé la Kitty de Tolstoi en Anna Karenina: uno de los personajes femeninos más encantadores con que me he topado.

 

Pero es que, recientemente, en tres novelas que he leído, tres mujeres me han resultado conmovedoras. En Mansfield Park, de Jane Austen, la sencilla, sufrida, silente y razonable Fanny Price se me impuso desde el principio, y demasiado nos parece que tarda su primo en descubrir que la ama.

 

domingo, 13 de septiembre de 2026

Dos o tres cosas que sé de Jacobo Christensen y otro extraordinario concierto de Nostrum Mare Camerata.

  

 Acudí un día, como profesor de guardia, a una clase de 2º de ESO, del IES Ramón Llull de Valencia. No era un grupo demasiado follonero, pero como buen segundo, había niños un tanto desbaratados, y otros que intentaban buscar las cosquillas a un profesor desconocido para ellos. En primera fila estaba sentado un niño rubio que trabajaba concentrado. De repente me pidió permiso para tirar un papel en la papelera. Me quedé casi estupefacto: ¿de dónde habría salido este muchacho tan educado?

 

Días después se celebraba algún acto en el Instituto y asistiríamos en una sala escogida a algunas actuaciones de alumnos del centro. De pronto veo que el muchacho rubio tan educado va a tocar el violín acompañado por un pianista. Asombro me causó oírle interpretar con su instrumento y me dije para mis adentros: estoy en presencia de un verdadero fenómeno musical. Se trataba, como habrán adivinado, de Jacobo Christensen.

 

miércoles, 9 de septiembre de 2026

De nuevo sobre la bola de bronce de Aristóteles.

 


 

Leyendo hoy a Lezama Lima, La expresión americana, me encuentro con el siguiente pasaje: “El otro mito tomado de Plinio, sobre la vigilancia de las águilas, que alejan el sueño con una garra levantada, sosteniendo una piedra para que al caer se vuelva a hacer imposible el sueño. Símbolos de astucia, de cautela o resguardo.” (Alianza Editorial, p. 40)

 

Es evidente que Lezama citaba de memoria, y no le preocupaba mayormente la exactitud, sino lo sugestivo del mensaje, pues una pequeña consulta a la IA nos dice que no se trata de águilas, sino que Plinio se refiere a las grullas. Hablando de ellas escribe: