domingo, 2 de agosto de 2026

Pedro Salinas: Perdóname por ir así, buscándote... Comentado por Lázaro Carreter

 

Este verano le leí este poema a mi esposa. Me llamó la atención que, al final, la forma verbal que ella esperaba (pues no la escuchó con claridad) es la misma que utiliza Salinas(eras), y no la que cualquier lector esperaría(eres), como figura el poema en la página de Ciudad Seva, por ejemplo, de donde lo tomé (y luego corregí). Ella hacia una lectura muy profunda del poema, de la capacidad del amor para revelar al otro y sacar lo mejor suyo (mi lectura era más intelectual, más saliniana, creo, como la de Lázaro Carreter).

 

Cuando busqué el comentario de éste, en su libro azul de Anaya (Lengua española 1º) antes de teclearlo miré si en el ciberespacio estaba, para ahorrarme algo de faena y restituirlo a su autor. Lo encontré en una página –www.studocu.com-, sin nombre de su creador. Pero, cuál no sería mi sorpresa cuando, al confrontarlo con el original, veo que sigue las ideas al pie de la letra, pero la redacción va variando ligera y continuamente, de manera que he tenido un trabajo enorme corrigiéndolo para hacerlo coincidir con el original de Lázaro Carreter. De todas formas, cualquier esfuerzo es poco para llevar al ciberespacio los magníficos comentarios –para BUP- de tan preclaro maestro.

 

PEDRO SALINAS: “Perdóname por ir así, buscándote”

 

Introducción

 

Poeta, profesor, crítico literario,  Salinas (1892-1951) destaca –dentro de la generación del 27- por su poesía  amorosa, sobre todo gracias a sus dos libros fundamentales: La voz a ti debida (1933) y Razón de amor (1936). En sus versos, el amor es una fuerza prodigiosa que da plenitud a la vida y sentido al mundo.

 

De un modo personalísimo, el sentimiento y la inteligencia se hermanan en la poesía de Pedro Salinas. La inteligencia  le permite ahondar los sentimientos, en las experiencias concretas, para descubrir -más allá de las anécdotas- la quintaesencia de las relaciones amorosas. De ahí cierto tipo de “conceptismo”: es la agudeza del pensamiento la que –a través de paradojas, de observaciones insólitas, etc.- hace posible ese ahondamiento en el sentido último del amor.

 

Texto

 

Perdóname por ir así buscándote
tan torpemente, dentro
de ti.
Perdóname el dolor, alguna vez.
Es que quiero sacar                                          
de ti tu mejor tú.
Ese que no te viste y que yo veo,
nadador por tu fondo, preciosísimo.
Y cogerlo
y tenerlo yo en lo alto como tiene                   
el árbol la luz última
que le ha encontrado al sol.
Y entonces tú
en su busca vendrías, a lo alto.
Para llegar a él                                                   
subida sobre ti, como te quiero,
tocando ya tan sólo a tu pasado
con las puntas rosadas de tus pies,
en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo
de ti a ti misma.                                                 
Y que a mi amor entonces le conteste
la nueva criatura que tú eras.

 

1.  Primer acercamiento (Contenido y estructura)

 

* El tema de estos versos se concentra en las palabras quiero sacar de ti tu mejor tú: es la voluntad de descubrir en la persona querida lo mejor de ella misma, invitándola al esfuerzo de renunciar a aspectos menos gratos para alcanzar la plenitud de su ser. Esfuerzo doloroso a veces, pero hermoso.

El poema revela, pues, una exigente concepción del amor como conocimiento lúcido y como enriquecimiento de la persona amada.

 

* Comienza la composición con cuatro versos en que el poeta pide perdón por un dolor inevitable. Sigue el cuerpo central del poema (versos 5-20), en que se expresa la razón del dolor causado y se explica el proceso de enriquecimiento que el poeta ha emprendido. Dos apartados podemos distinguir en este conjunto central: primero, Salinas expone su empeño (habla en primera persona: yo); más adelante, a partir del verso 13, imagina la respuesta que espera de la mujer amad: (pasa a la segunda persona: ). Finalmente, en los versos 21-22 evoca el coronamiento de todo el proceso.

 

* La versificación tiene como base el esquema de la silva (combinación de endecasílabos y heptasílabos), pero con evidentes variaciones: de una parte, hay dos pentasílabos (los versos 13 y 20), un tetrasílabo (el 9) y un trisílabo (el 3); de otra parte, se prescinde de la rima. Todo ello revela que, sobre una base clásica, el poeta procede con cierta libertad y, a la vez, con una voluntad de depuración. Con ambas cosas se combina –como habremos de ver- una rigurosa precisión en el arte de distribuir las frases, de aislar las palabras en los versos o en los miembros de un verso, etc., para producir especiales efectos de relevancia.

 

 

2. Análisis del texto (Expresión y contenido)

 

* En los primeros versos –ya lo hemos dicho- el poeta se excusa. ¿Qué ha sucedido? Salinas prescinde de la anécdota. Podemos imaginar algún reproche por parte de él, y el consiguiente disgusto por parte de ella. A lo primero pueden corresponder estos tres versos:

 

Perdóname por ir así buscándote
tan torpemente, dentro
de ti.

Es una súplica  (el  imperativo  Perdóname)  y  un reconocimiento humilde  de  su propia torpeza (así, tan torpemente). Con la perífrasis ir + gerundio (ir buscándote) admite su porfía, su incesante indagación frente a la mujer.  Pero lo que  adquiere  mayor relieve  es el  complemento  dentro  -  de  ti,  encabalgado entre dos versos: dentro se destaca entre dos pausas (la coma y el final del verso); de ti queda aislado en el verso más corto de la composición. Y es que ese dentro y ese son lo que más le importa. El poeta tiene a su amada ante sí; y, no obstante, la busca. Busca lo que hay más allá de su presencia, de su apariencia; busca lo que hay dentro de ella, ejerciendo un mirar exigente profundiza en el conocimiento del ser querido. Tal exigencia es, sin duda, molesta. De ahí el dolor que produce y la nueva disculpa: Perdóname el dolor, alguna vez.

 

 

* El poeta da en seguida la explicación de su proceder: Es que quiero sacar  de ti tu mejor tú. Como hemos indicado, aquí está la idea central del poema. El verbo quiero encierra la voluntad del autor. Y sacar significa poner al descubierto lo que estaba oculto, lo que estaba dentro. Se trata nada menos que de descubrir - como sabemos- lo mejor de la mujer amada. Salinas lo expresa con un curioso juego de pronombres: de ti tu mejor tú. No se puede decir de forma más condensada la misma idea.

 

La mujer a la que Salinas se dirige no ha sabido ver nunca lo mejor de sí misma; es el poeta quien se lo descubre, en efecto: Ese que no te viste y que yo te veo. (Obsérvese la claridad de la contraposición: no viste tu mejor tú; yo sí lo veo). Y es que él ha sabido "bucear" –diríamos- en el alma de la amada, como indica la hermosa imagen que sigue: nadador por tu fondo, preciosísimo.

 

Del verbo quiero (voluntad del poeta) dependen también los infinitivos cogerlo y tenerlo (versos 9 y 10). Los pronombres pospuestos (lo)  se sigue refiriendo al "mejor tú". Al final de aquel "buceo", el poeta se apodera del "tesoro" sumergido, el ser más precioso de la amada. Y tras el movimiento hacia el fondo, se inicia un movimiento de ascensión: y tenerlo yo en alto

 

Pedro Salinas, que está hablando de realidades espirituales, necesita acudir a imágenes que nos las hagan sensibles. Antes, era la imagen del “nadador”. Ahora es este símil: como tiene - él árbol la luz ultima - que le ha encontrado al sol. El lector "ve" esa hermosa luz dorada del atardecer que enciende las copas de los árboles, cuando ya lo demás está ya en sombra. Luz dorada: oro, tesoro “preciosísimo”. Bellísima manera de hacer sensible ese mejor tú que el poeta ha sacado del fondo de un alma.

 

 

* Del yo pasamos al , pronombre puesto de relieve al final del verso 13: Y entonces tú…. A la búsqueda del poeta Recuérdese el verso 1), responde ahora la búsqueda de ella: en su busca vendrías, a lo alto. Es la respuesta que anhela el autor: el condicional vendrías supone una proyección hacia un futuro hipotético y deseado.

 

Es en estos  versos  donde aparece claro el  esfuerzo  que el poeta  pide,  esfuerzo que  se  plasma  -como antes-  en expresiones que indican ascensión hacia lo alto (ya había aparecido en el verso 10). Y a ese proceso de elevación espiritual corresponde de nuevo una imagen sensible, corporal, la bella imagen de la mujer alzada de puntillas (nótese el adjetivo embellecedor rosadas):

 

subida sobre ti, como te quiero,

tocando ya tan sólo a tu pasado

con las puntas rosadas de tus pies…

 

Así la quiere él, desligada de un pasado que no compartía; en tensión todo el cuerpo (= esfuerzo) hacia una vida enriquecida. Finalmente, la expresión subida sobre ti se precisa aún más con la frase ya ascendiendo -de ti a ti  misma. Nuevo  juego de pronombres. Y  muy revelador: precisamente nos indica que  no es una mujer distinta  lo que el poeta desea, sino "ella misma", aunque alzada a un nivel superior de su propio ser.

 

* Llegamos a los dos versos que, separados del resto por un espacio blanco, suponen una síntesis de todo el poema: Y  que  a  mi  amor  entonces  le  conteste - la  nueva  criatura  que    eras.  Salinas  sigue proyectándose con su imaginación hacia ese futuro en que su amor encontrará una respuesta plena (verso 21). Pero el verso final es, a primera vista, insólito. Si se refiere al futuro, lo normal sería decir la nueva criatura que tú serás. Sin embargo, la última forma verbal aparece sustituida en el texto por el pasado: eras. ¿No hay aquí una contradicción? ¿Cómo puede hablarse de una nueva criatura y, a la vez, decir que ya lo era? Estamos ante una de esas paradojas frecuentes en la poesía de Salinas. Por debajo de la aparente contradicción, este verso final expresa una profunda verdad hacia la que ya apuntaban versos anteriores (tu mejor tú, subida sobre ti, ascendiendo de ti a ti misma). Todo confluye aquí con plena coherencia: esa mujer era, desde siempre –aunque en potencia- la nueva criatura que el poeta ha sabido descubrir, empezando por descubrírselo a ella misma. salinas no le ha exigido que cambie, que sea “otra”. Le pide simplemente que tome conciencia de la riqueza que dormía en el fondo de su alma y que la desarrolle plenamente.

 

Conclusión

 

Señalábamos en la Introducción  cómo  Salinas  ahonda  en  la  experiencia  amorosa  para  descubrir  su quintaesencia. Un aspecto de ello es -en el poema comentado- la concepción del amor como conocimiento lúcido y exigencia de perfeccionamiento, concepción que revela una mirada atenta a lo que hay más allá de la anécdota y las puras apariencias.

 

Y ese ir más allá de la apariencia explica ciertos rasgos del estilo que hemos ido señalando: condensación, paradojas, juegos de  pronombres  con  los que  se  penetra  en  la  complejidad del ser de  la amada...  En esto radica el "conceptismo interior" de Pedro Salinas, en esa agudeza de pensamiento que va más allá de la superficie de las cosas.

 

Pocos poetas han hablado del amor con tanta sutileza y tanta hondura.

 

 

 

martes, 14 de julio de 2026

Señoras odiosas en la narrativa inglesa (Jane Austen)

 


Una de las virtudes de la narrativa inglesa es la manera que tiene pintar señoras especialmente odiosas. Me viene al recuerdo, aunque ahora es vago, pues leí la obra bastantes años atrás, lo mucho que me impresionó la Becky Sharp de La feria de las vanidades, de W. M. Thackeray. Muy reciente es la lectura de Mansfield Park, donde nos encontramos con la insoportable tía Norris. Personaje muy pagado de sí mismo, que quiere meterse en todos los asuntos y llevar las riendas si es posible, con un afán de protagonismo exagerado, que nos recuerda a algunas personas que hemos conocido a lo largo de nuestra vida.

 

lunes, 6 de julio de 2026

Sobre la lectura en voz alta. Mansfield Park, Jane Austen.

 

 Muchas veces he pensado, mientras ejercía de profesor de lengua y literatura, que antes de saber lo que era una estructura profunda en sintaxis (cuando estuvo de moda la gramática generativa de Chomsky) o los dichosos conectores de la Pragmática, lo que debía aprender al alumno era a “leer y escribir”. ¡Qué tristeza me daba cuando observaba, ya en tercero o cuarto de la ESO, como muchos, muchísimos estudiantes eran incapaces de articular tres o cuatro frases seguidas con fluidez y sentido! Pero no sólo eso: es habitual ver cómo, en los oficios religiosos, los adultos que leen pasajes de la Biblia y los Salmos no hacen sino farfullar emisiones poco inteligibles. No es difícil tampoco encontrar cómo actores de teatro no aciertan a decir correctamente el verso (sin ir más lejos, recientemente, en el programa de Iñaki Gabilondo sobre la lengua española, una actriz recitaba unos versos de nuestro siglo de Oro -creo que eran de Lope- con mayúsculo énfasis pero con deficiencia perceptible).

 

jueves, 25 de junio de 2026

La paideia y la luna en la ventana

 

Leo en Paideia, de Werner Jaeger la siguiente anécdota:

Pero baste citar en apoyo de esto una frase del filósofo Estilpón, uno de los principales representantes de la escuela socrática de Megara, fundada por Euclides. Cuando Demetrio Poliorcetes, después de la conquista de Megara, quiso demostrar al filósofo su buena voluntad e indemnizarle del saqueo de su casa, le rogó que le presentase una lista de todas las cosas de su propiedad que habían desaparecido. A lo cual contestó irónicamente Estilpón: "La paideia no se la ha llevado nadie de mi casa."

 [paideia: formación espiritual del hombre en su camino hacia el bien.]

Y me recuerda el haikú del monje budista Ryokan (que vivió entre el siglo XVIII y XIX):

Al ladrón

 se le olvidó

 la luna en la ventana.

domingo, 21 de junio de 2026

El síndrome del Taj Mahal (fragmento)

 

        

Ahora que estoy pasando al ordenador algunos de mis cuadernillos de viajes, me encuentro con el siguiente texto que escribí en el verano de 1999, cuando anduve por India y Nepal. Visitar el Taj Mahal en Agra fue, como se suele decir, un sueño realizado. Desde niño había una serie de lugares a los que yo deseaba ir ardientemente (cataratas del Niágara, Macchu Picchu, algunas otras y Taj Mahal). A las dos primeras nunca fui, ni creo ya que pueda ir (los años no perdonan), pero el gran mausoleo de Agra no sólo lo pude visitar, sino que superó todas mis expectativas. Fruto de esa vivencia son estas notas que tomé poco después de estar en él y que tienen, por tanto, la friolera de casi 27 años.

 

         El visitante que entra en el recinto del Taj Mahal lo primero que siente es un sobrecogimiento que se apodera de él. Los pasos se vuelven lentos, la respiración trabajosa y, desde luego, calla. Ante el Taj Mahal huyen todas las  palabras. Habrá luego el intento de traducir en palabras (o más bien aludir a través de ellas) toda la grandeza del edificio. Pero la primera impresión conduce al silencio. Y al asombro también, origen de toda reflexión. Y es que el Taj Mahal da qué pensar. Parece una síntesis de la filosofía platónica y sus ideas madres de orden, arquetipo, inmutabilidad. Es el edificio en el que la simetría se convierte en una especie de apuesta ontológica. Es una de esas pocas obras de los hombres que promueven una confrontación con los dioses. Es un edificio fúnebre que no hace sino poner de relieve la muerte (su carácter de esfinge), pero que al tiempo parece trascenderla. Hay un espacio de ideas trascendentes de las cuales esta construcción no es sino un leve reflejo.

         Y este edificio produce un síndrome que me pareció ver reflejado en la actitud de algunos de sus visitantes: un joven occidental no hacía más que mirar los muros, acercaba el objetivo de la cámara una y otra vez, pero lo retiraba con aire de decepción; un japonés de complexión musculosa estaba sentado con un gesto de asombro que no remitía de ninguna manera, extrañamente se encontró reflexionando, cosa que no debía haber hecho en mucho tiempo; otra pareja de japoneses se recostó, sin mediar palabras, bajo la puerta trasera, la que da al río, y por sus mentes debió pasar el siguiente designio: echarse a morir (“que todo acabe aquí, que todo acabe de una vez para siempre”).


Yo también experimenté ese síndrome, pero eso está escrito en otro lugar, estrictamente privado, mis Episodios Personales.

 

miércoles, 17 de junio de 2026

Camus, siempre Camus: dos fragmentos de El Primer hombre

 


Hablando con Javier sobre cosas de la infancia (conforme envejecemos cada vez más tendemos a mirar al pasado) me comenta que él no tiene tantos recuerdos de su infancia como Camus en El primer hombre. Esa breve indicación me basta para ponerme a leer el libro. Obra en ciernes,  incompleta, inacabada, pero llena de interés y emoción –se trata de don Albert-, transparentemente autobiográfica, y donde hay una memoria muy nítida y perspicaz de su infancia, en efecto. Reproduzco un par de pasajes que me han encantado: el primero, sobre cómo compartían unas patatas fritas los niños pobres de un barrio marginal de Argel; y el segundo, sobre sus prácticas lectoras ya en el liceo de la ciudad (adonde llegan becados gracias a su inteligencia y la mediación de su maestro de escuela):

sábado, 6 de junio de 2026

Una conversación literaria en e-mail (a propósito de Henry James)

 

- ¿Conoces La muerte del león, de Henry James? Es un relato excelente, lo leí ayer y lo he releído hoy. Difícil de entrar en él, como habitualmente en este autor, pero conforme lo vas leyendo te das cuenta de lo bueno que es, de manera que, al terminarlo, quieres releerlo para entenderlo (y disfrutarlo) mejor. Trata del entorno de un gran escritor que se hace célebre y cómo este entorno (la jungla de personas que lo constituyen) precisamente lo destruye.

Si no lo has leído, muy recomendable. Tal vez no a la altura de La lección del maestro o Los papeles de Aspern, pero no muy lejos de esa perfección. Y el mundo, muy similar, el del artista, ése que tan bien conocía.

 

 

- No recuerdo exactamente el cuento, pero al final del mismo tengo escrito: "Relato sobre el tema de 'escritores admirados', que hace juego con Los papeles de Aspern y La lección del maestro, pero algo menos hondo en el fondo y algo más enrevesado en la forma". Eso puse.