martes, 18 de enero de 2022

Carlo Ancelotti y Schopenhauer. Tangencias inauditas

 

Hoy, que me levanto con la noticia de la muerte de Francisco Gento, el post tendrá un carácter futbolero. A Paco Gento, extremo legendario, yo lo vi jugar a finales de los 60, cuando tenía ya mermadas sus facultades. No deslumbraba con su juego, no se pudiera decir que fuera todavía “la galerna del Cantábrico”, pero lanzaba los penaltis en el Madrid y casi todos iban dentro.

Pero lo que quería comentar hoy es una tangencia inaudita entre Carlo Ancelotti y el filósofo Schopenhuaer.

Todos recordaremos aquella manifestación del técnico italiano cuando dijo que Nacho Fernández era tan bueno porque era pesimista. Y explicó: como es pesimista, cree que todo le va a salir mal, y se esfuerza al máximo en evitar errores.

Pues bien, leyendo hoy los Aforismos sobre la sabiduría de la vida, del filósofo alemán, me topo con el siguiente pasaje, a propósito de la distinción platónica entre los díscolos (personas de mal humor) y los éucolos (personas joviales):

Pero no es fácil hallar un mal sin compensación alguna. Así ocurre que los díscolos, los caracteres sombríos e inquietos, tendrán en suma que soportar más desdichas imaginarias, pero en desquite, menos reales que los caracteres alegres y despreocupados; porque aquel que todo lo ve negro, que busca siempre lo peor y que, por tanto, toma sus medidas en consecuencia, no tendrá tantos desengaños como el que presta a todas las cosas colores y perspectivas risueñas.”

Qué sabio se nos antoja el bueno de Carletto.

lunes, 13 de diciembre de 2021

Tangencias inauditas: Gavroche y el gitanillo cantor (Victor Hugo y Cela)

 

Lo vemos a diario en los supermercados. El homeless, el sin techo, como lo traducimos, el alcohólico callejero avanzan su moneda o monedas -frecuentemente calderilla- en la cinta movediza, y sólo entonces depositan su botella de cerveza o tetrabrick de vino. Salen a paso ligero con su presa del establecimiento y no esperan el ticket de compra. ¿Para qué? ¿Qué podrían reclamar ellos? Bastante es que les vendan el producto y no les nieguen la entrada amparándose en la reserva del “derecho de admisión”.


Este detalle de ir con el dinero por delante (ellos no tienen crédito) no se le escapa a la literatura, y hoy quiero traer al blog un par de fragmentos en que, precisamente, este pequeño detalle constituye uno de los elementos de la profunda sugestión que provocan en el lector.


El primero pertenece a Los miserables, de Victor Hugo, obra titánica y destartalada, folletinesca y verbosa, que no deja de ser grande, aunque sólo fuera por la creación del personaje de Gavroche, ese niño de la calle (ese gamin), verdadero ángel de los suburbios, que va sembrando el bien y dejando una estela de generosidad por donde quiera que anda.


En un momento de la obra Gavroche se encuentra en la calle dos niños desamparados (no sabe que son sus hermano, pues hace tiempo que no vive en casa), los acoge, les da alojamiento en un lugar inusitado (el elefante de la plaza de la Bastilla, arquitectura efímera del XIX) e incluso los alimenta. Esta es la escena:



Cependant il s’était arrêté, et depuis quelques minutes il tâtait et fouillait toutes sortes de recoins qu’il avait dans ses haillons.

Enfin il releva la tête d’un air qui ne voulait qu’être satisfait, mais qui était en réalité triomphant.

Calmons-nous, les momignards. Voici de quoi souper pour trois.

Et il tira d’une de ses poches un sou.

Sans laisser aux deux petits le temps de s’ébahir, il les poussa tous deux devant lui dans la boutique du boulanger, et mit son sou sur le comptoir en criant:

Garçon! cinque centimes de pain.

Le boulanger, qui était le maître en personne, prit un pain et un couteau.

En trois morceaux, garçon! reprit Gavroche, et il ajouta avec dignité:

Nous sommes trois.



En la traducción de Nemesio Fernández Cuesta:



En esto se había parado, y andaba hacía algunos minutos tentando y registrando todos los rincones que tenía en sus harapos.

Por fin levantó la cabeza con una expresión no satisfecha, pero en realidad triunfante.

- Calmémonos, monigotillos. Ya tenemos con qué cenar los tres.

Y sacó de un bolsillo un sueldo.

Y sin dejar a los dos niños tiempo para alegrarse, los empujó delante de sí hasta la tienda de un panadero, y puso el sueldo en el mostrador, gritando:

- ¡Mozo! Cinco céntimos de pan.

El panadero, que era el amo en persona, cogió un pan y un cuchillo.

- ¡En tres pedazos, mozo! -gritó Gavroche, añadiendo con dignidad-: Porque somos tres.

(subrayados míos)



Lo curioso es que en La colmena, de Camilo José Cela, encontramos un episodio en que comparece ese mismo detalle del dinero por delante. Se trata del gitanillo cantor, que ya hemos traído a estas páginas en un estupendo comentario de textos de Lázaro Carreter. Este personaje aparece en seis breves momentos a lo largo de la novela. En la tercera vez asistimos a la siguiente escena:



El gitanillo, a la luz de un farol, cuenta un montón de calderilla. El día no se le dio mal: ha reunido, cantando desde la una de la tarde hasta las once de la noche, un duro y sesenta céntimos. Por el duro de calderilla le dan cinco cincuenta en cualquier bar; los bares andan siempre mal de cambios.

El gitanillo cena, siempre que puede, en una taberna que hay por detrás de la calle de Preciados, bajando por la costanilla de los Ángeles; un plato de alubias, pan y un plátano le cuestan tres veinte.

El gitanillo se sienta, llama al mozo, le da las tres veinte y espera a que le sirvan.

Después de cenar sigue cantando, hasta las dos, por la calle de Echegaray, y después procura coger el tope del último tranvía. El gitanillo, creo que ya lo dijimos, debe andar por los seis años.


(subrayado mío de nuevo)


Me sobrecoge encontrar en la literatura este tipo de tangencias inauditas. Y me ensancha el corazón.

jueves, 9 de diciembre de 2021

Elogio de la traductora: Agata Orzeszek

 

Corría el año 1984, y con Javier acudí a los cursos de verano de la UIMP en Santander (el de “Literatura medieval y Literatura contemporánea”, dirigido por Francisco Rico, debía de ser). En el Palacio de la Magadalena conocimos a unas polacas, estudiantes de español en su país, que también asistían: Yola y Basha. Hicimos amistad con ellas. Solíamos salir por la ciudad e incluso hacer excursiones por la provincia. Yola era morena, sensata, honda y decidida. Basha era una rubia muy guapa, de origen aristocrático -según decía-, bastante frívola e inestable. Todavía existía el bloque del Este, pero ellas no eran comunistas, sino más bien lo contrario. Javier tuvo un breve affaire amoroso con Yola y yo bebía los vientos por Basha, que no me hacía mucho caso. Parecía interesarle más el guapo camarero del bar del Palacio. Mi debilidad por Basha me costó verme atrapado en las tremendas inundaciones de ese verano. Cuando ya me disponía a irme hacia Arredondo y abandonar la ciudad, donde no dejó de llover en todo el tiempo en que estuvimos, me encontré con Basha, que me pidió el favor de llevarle una maleta a Madrid. Ante mi resistencia (por el temporal que se acercaba y el celoso resquemor que hacia ella sentía), sólo me dijo: “Es tan pequeña”. Claro que habría que escuchar su pronunciación y presenciar su coqueto gesto para entender por qué me derretí, fui a buscar la maleta, perdí una hora en salir de la ciudad y me cogió el temporal a la altura de Astillero. El motor del coche colapsó por el agua, las carreteras devinieron intransitables y suerte tuve de poder encontrar una habitación en un hotelito de un pueblo cercano (San Salvador, creo que era) donde pude descansar y esperar que escampara, y al día siguiente, a través de una carretera que parecía el paisaje después de una batalla, llegar a Arredondo.

Javier y yo estábamos pasmados de lo bien que hablaban nuestras amigas polacas el español. Tanto que Javier una vez me dijo:

- En cualquier momento, yendo en el coche, nos pueden decir: “Tened cuidado, que el firme de esa curva está muy mal peraltado.”


He recordado este episodio de mi juventud leyendo hoy Un día más con vida, de Ryszard Kapuscinski. ¿No habéis tenido la experiencia, leyendo a Kapuscinski, de pensar qué bien escribe en español? No parece que estemos leyendo una traducción, sino que el portentoso polaco es un escritor de la estirpe de Cervantes.

Pues bien, esto, que me ha ocurrido hoy, y las muchas veces que he leído otro libros del autor, no es sino obra de lo magníficamente que lo traduce la polaca Agata Orzeszek (pongamos su nombre en negrita, lo merece) a nuestra lengua. Sin duda, la traductora polaca debió tener los mismos -o parecidos- excelentes profesores de español que nuestras amigas Yola y Basha.

Habitualmente en este blog suelo criticar errores flagrantes de traducción. Sirva el post de hoy como elogio de un brillante representante de esa profesión (los truchimanes), tan sacrificada y útil a la res publica.


domingo, 28 de noviembre de 2021

Dos fragmentos de LA COLMENA de Cela (el gitanillo cantor), comentados por Lázaro Carreter

 

Traigo de nuevo al blog un comentario de texto de Fernando Lázaro Carreter, de sus magníficos libros de Anaya para estudiantes de 1º de BUP. El hecho de que esté fusilado en el ciberespacio, sin citar a su autor, me ha servido para teclear un poco menos. He intentado, eso sí, restituir el texto a como era en aquellos asombrosos manuales azules.

Lo inserto en el blog por su valor en sí, y porque me servirá para contextualizar una entrada que tengo en mente escribir próximamente. Aquí va el comentario:


     Introducción


Camilo José Cela (nacido en 1916) ocupa un puesto destacadísimo entre los prosistas contemporáneos. Su obra es abundante y polifacética: novelas de construcción muy diversa, cuentos, libros de viajes, ensayos, obras de prosa varia… Pero en cualquier género, destaca por lo vigoroso de sus creaciones y por su virtuosismo en el manejo de la lengua.


De su amplia producción, escogemos ahora La Colmena (1951), novela que traza un abigarrado cuadro del Madrid de la posguerra (la acción se sitúa en 1942). Según su autor la obra “no es otra cosa que un pálido reflejo, que una humilde sombra de la cotidiana, áspera, entrañable y dolorosa realidad”. Acaso también sea una pintura hecha a través de lentes deformantes que el autor se pone para acentuar su amargura y su disconformidad ante lo que la realidad le ofrece. Sus páginas -como casi todas las de Cela- son duras, desgarradoras, hasta crueles, aunque con resquicios que dejan ver una soterrada ternura.


lunes, 15 de noviembre de 2021

Introducción a la literatura: "El espejo y la máscara", de Jorge Luis Borges. Análisis

 

El profesor de COU, cuando le tocaba iniciar el estudio de la literatura, se aparecía en clase con un cuento breve de Borges, “El espejo y la máscara” (de El libro de arena), se leía en voz alta, y luego planteaba unas preguntas:


1- Análisis de la estructura tripartita del cuento (en el propio cuento de dan claves de ella).


2- Concepciones de la literatura que aparecen en el relato.


3- Simbolismo de los regalos.


El cuento se puede consultar aquí: (https://borgestodoelanio.blogspot.com/2015/12/jorge-luis-borges-el-espejo-y-la-mascara.html)


Pasemos a desarrollarlas:

martes, 12 de octubre de 2021

Tangencias inauditas: Dos planos éticos en sendas obras maestras del cine. Solo ante el peligro y Cabaret

 

Hoy quiero traer al blog 3 planos de dos películas que, para mí, constituyen auténticas declaraciones de principios. Son dos situaciones similares en que el grupo humano (¿diremos La jauría humana, como en la célebre película de Arthur Penn?) muestra su tendencia hacia una adocenada solidaridad en el mal. En ambos casos, el montaje nos separa a UN individuo que representa la conciencia moral, la negativa a participar en esa infamia. Son planos que nos señalan la esperanza de que, aún en las situaciones más difíciles, siempre habrá alguien, como el Berenger de Rinoceronte, que dirá: “Je ne capitule pas” (“No me rindo”).

1- Solo ante el peligro (Fred Zinnemann, 1952): todo el filme es prácticamente una reflexión ética, pero donde sobre todo asistimos al lado negro, a las sombras o carencias de ella: la solidaridad en la cobardía de todo un pueblo. Por ejemplo, la escena de la iglesia, donde tan bien se muestra el papel disolvente de las asambleas, que casi nunca concluyen en nada y lo que suelen hacer es desmovilizar. Pero la que queremos poner de relieve es la escena del salón: el sheriff Kane llega al local a pedir ayuda a los parroquianos ante la llegada del criminal Miller, y nadie se la da, todos le miran con cara de póker y una cierta semisonrisa irónica, excepto UNO, que muestra su malestar ante la situación, y que baja la cabeza no pudiendo soportar la vergüenza que le produce tamaña ignominia. El viejo alcohólico (que más tarde será, junto al niño, el único que se ofrece a apoyar incondicionalmente a Kane en su difícil circunstancia. El sheriff elude su ofrecimiento dándole una moneda para que siga bebiendo). Ese plano lo podemos ver en este enlace:



https://www.youtube.com/watch?v=km1zUNSPqOE (minuto 1.33)



2- Cabaret (Bob Fosse, 1972): escena en Baviera , en una cervecería campestre, en que una voz angélica comienza a cantar un tema cuyo estribillo será “Tomorrow belongs to me” (“El mañana me pertenece”). A poco empezamos a ver lo demoníaco que se oculta tras esa apariencia angélica (esvástica nazi). El montaje nos muestra los rostros de los diversos espectadores: otras dos caras de jóvenes hitlerianos varonilmente hermosos, chicas de pueblo, campesinos, unas señoras, un satisfecho burgués, otros militantes nazis…, pero hay un anciano (agricultor o menestral) que muestra su malestar, su desagrado ante la situación. De nuevo es la voz de la conciencia crítica ante esa comunión en la abyección. Aquí podemos ver la escena y los planos:



https://www.youtube.com/watch?v=_tUctFu46_c (minutos 1.42 y 2.26)



¿Tuvo presente Bob Fosse el lejano plano del filme de Zinnemann para componer su escena? Imposible saberlo, aunque me complace imaginar que así fuera.

Esos dos planos (éticos los denomino yo) redimen, aunque sea parcialmente, la barbarie comunitaria que estamos presenciando. Los ancianos que los protagonizan parecerían representantes de esos 36 Justos (los Tzadikim Nistarim) que, según la leyenda talmúdica (y según el poema de Borges que recogí aquí en el blog: https://ccm-cidehamete.blogspot.com/search?q=justos ) están salvando el mundo.



miércoles, 22 de septiembre de 2021

Ramón Gaya escribe sobre Victoria de los Ángeles y la música

 Ayer noche, cenando con Javier y Vicente, hablando sobre lo divino y lo humano, discutiendo con frecuencia acaloradamente -casi nunca estamos de acuerdo en tantas cosas-, de repente se produjo un momento de unanimidad en torno a la figura del pintor y escritor Ramón Gaya. Los tres coincidimos en que, a pesar de su posición un tanto marginal en las letras españolas (menos mal que la editorial Pre-Textos lo rescató casi del olvido hace ya años), es uno de los grandes: un escritor luminoso, de raigambre mística, que escribe con una prosa excelente y dice cosas muy, muy certeras y profundas.

Volví a casa con la idea de traer algo de Gaya al blog, y estaba dispuesto a teclear su "Carta a un amigo músico sobre Victoria de los Ángeles" (texto que tanto nos gustaba a Ana, la bloguera del rincón de la Colifata, y a mí) cuando he aquí que veo que, en las páginas de cervantesvirtual, se puede encontrar. Este es el enlace:

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/antologia--10/html/001975d8-82b2-11df-acc7-002185ce6064_3.html#I_17_

Va por ti, Ana, donde quiera que estés.