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sábado, 1 de junio de 2024

El Hápax sintagmático como procedimiento estilístico: Valle-Inclán y Galdós de nuevo juntos

 


         En ese ensayo que sobre la buena prosa discursiva (la prosa de ideas) quiero escribir algún día (con Ortega y Gasset, Jorge Mañach y Mariano Picón Salas como santos tutelares), las ideas que grosso modo quiero defender -la primera de las cuales es que sobre tema tan escurridizo sólo se puede discurrir a manera de ensayo- son las siguientes: al margen de las cuestiones históricas (prosa renacentista, barroca, ilustrada, etc.), lo que hace una buena prosa en mi opinión son las siguientes cosas:

 

- la fluidez de su ritmo (que nada tiene que ver con la medida del verso, la métrica; se trata más bien de un ritmo sincopado, un ritmo de pensamiento).

 

- cuestiones de organización y estructura (el ritmo estructural, que podríamos decir).

 

- la chispa, a falta de mejor nombre: ésta procede de la sorpresa que produce la utilización de cierto léxico inesperado (mezcla de registros) o de ciertas imágenes o figuras retóricas, que le dan ese plus de expresividad que hace una buena prosa.

 

En su ensayo sobre “Le elocuencia es Naturaleza, y no arte” (Cartas eruditas y curiosas, II, 6), Benito Jerónimo Feijóo, que mucho sabía de esto, defiende esta idea del estilo:

 

         “12. El genio puede en esta materia lo que es imposible al estudio. A un espíritu, que Dios hizo para ello, naturalmente se le presentan el orden, y distribución, que debe dar la materia sobre que quiere escribir: la encadenación más oportuna de las cláusulas: la cadencia más airosa de los periodos: las voces más propias: las expresiones más vivas: las figuras más bellas. Es una especie de instinto lo que en esto dirige el entendimiento. Más por sentimiento, que por reflexión, distingue el alma estos primores. En la invención de ellos está ocioso el discurso, dejándolo todo a cuenta de la imaginación.”

 

         Me interesa la opinión de tan docto varón porque, si atendemos con detalle, coincide en gran medida con los tres puntos que acabo de proponer.

 

Jorge Mañach, en “Un arte de escribir” (texto que bajé de Internet, y que ignoro de dónde procede, aunque no me cabe duda de que es del eximio escritor cubano) defiende estos efectos de gracia:

 

 Los giros son peculiares agrupamientos de palabras que el idioma ofrece, y se los busca y usa igual que las palabras, pero menos para la precisión que para la gracia en el decir. Esta gracia a menudo consiste en saber llevar a la expresión un elemento oportuno de sorpresas, por el cual queda el lector aliviado y como divertido ante lo que no esperaba. En fin, las imágenes –formas varias de comparación– son una gran cosa, a condición de no embriagarse con ellas. Como todo en el estilo, deben  tener una eficacia funcional, no de mero adorno yuxtapuesto, sino de virtud comunicativa. Todavía nos queda en Cuba mucho exceso de imaginismo o de imaginería que contrajimos exagerando el ejemplo de Rodó.”


         Hoy me voy a detener en lo tocante al último apartado de los tres que nombré (equivalente a la viveza de las expresiones, según Feijóo, o a la gracia de los giros, según Mañach), estudiando lo que denominaré hápax sintagmático.

lunes, 11 de julio de 2022

La estructura del delirio: EL DESPRECIO, de Alberto Moravia, y un poema de Antonio Machado

 

En la estimable novela de Moravia, hacia el final, cuando el protagonista, el guionista Ricardo Molteni, es abandonado en Capri por su esposa, Emilia, que se marcha a la península con el productor Battista, decide dar un paseo en barca. Inopinadamente encuentra a su mujer en la barca que alquila, dialogan, se reconcilian y deciden hacer el amor en una gruta marina. Allí se produce la siguiente situación:

“Entonces dejé los remos e inclinándome ligeramente, tendí la mano hacia el punto de la oscuridad en que se encontraba la popa y dije:

- Dame la mano, te ayudaré a bajar. -No llegó a mí respuesta alguna. Repetí sorprendido-: Dame la mano, Emilia -y, por segunda vez, me incliné tendiendo la mano.

Luego, al ver que no me respondía, me incliné aún más, y con cautela, para no chocar contra la cara de Emilia, que sabía estaba en la popa, la busqué palpando. Pero mi mano encontró sólo el vacío y, bajándola, noté bajo mis dedos, allí donde habría debido encontrar el cuerpo de Emilia, la madera lisa del asiento vacío.”


Más tarde, analizando la situación (como típico personaje de Moravia, es tremendamente analítico) duda: “me pregunté si había soñado o había tenido una alucinación o, más insólitamente, se me había aparecido en realidad un fantasma.”


Yo, analítico como él, tiendo a interpretarlo como una alucinación delirante, basándome en que ya le ha ocurrido una similar pocas páginas antes cuando, tras ver a su mujer desnuda en la playa, se acerca a ella y cree besarla, pero el beso se convierte en... nada.


Me mueve también el paralelismo con un poema de Machado, analizado por mí en otro post, el CXXI de Campos de Castilla, que transcribo:


Allá, en las tierras altas,
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, entre plomizos cerros
y manchas de raídos encinares,
mi corazón está vagando, en sueños...
¿No ves, Leonor, los álamos del río
con sus ramajes yertos?
Mira el Moncayo azul y blanco; dame
tu mano y paseemos.
Por estos campos de la tierra mía,
bordados de olivares polvorientos,
voy caminando solo,
triste, cansado, pensativo y viejo.



Es, tras el diálogo con Leonor, cuando el poeta quiere pasar al tacto, tocarla (Dame la mano), cuando se desvanece la imagen delirante y el poeta se encuentra sumido en su soledad habitual. Lo mismo que le ocurre al Ricardo de Alberto Moravia. Hay una enorme similitud en eso que llamaría la estructura del delirio.



martes, 18 de junio de 2019

Papeles póstumos de un profesor de COU (5): "Allá en las tierras altas". Diseño retórico en dos poemas de Antonio Machado


Otro de los comentarios que solía hacer en mis clases de COU, cuando estudiábamos a Machado, era un análisis comparativo de dos poemas del autor, uno perteneciente a Soledades. Galerías. Otros poemas (le llamaremos SGOP), y el otro a Campos de Castilla (CC). En ellos estudiaba la permanencia en la mente del poeta, durante largos años, de un diseño compositivo (diseño retórico también le podríamos llamar, utilizando la terminología de Lázaro Carreter, vide bibliografía). Los poemas eran el LXXII del primer poemario y el CXXI del segundo, que copio a continuación:

LXXII (Soledades. Galerías. Otros poemas)

La casa tan querida
donde habitaba ella,
sobre un montón de escombros arruinada
o derruida, enseña
el negro y carcomido
maltrabado esqueleto de madera.
La luna está vertiendo
su clara luz en sueños que platea
en las ventanas. Mal vestido y triste,
voy caminando por la calle vieja.


CXXI (Campos de Castilla)

Allá, en las tierras altas,
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, entre plomizos cerros
y manchas de raídos encinares,
mi corazón está vagando, en sueños...
¿No ves, Leonor, los álamos del río
con sus ramajes yertos?
Mira el Moncayo azul y blanco; dame
tu mano y paseemos.
Por estos campos de la tierra mía,
bordados de olivares polvorientos,
voy caminando solo,
triste, cansado, pensativo y viejo.


El primero es un típico poema de SGOP, donde se produce un motivo que, con una modulación un tanto especial, hemos estudiado en el comentario de “Los sueños malos” (en este mismo blog), y que también estudia Francisco Ynduráin en su estudio “Una constante en la poesía de Antonio Machado” (bibliografía).

viernes, 10 de mayo de 2019

Antonio Machado y Álvarez, Demófilo: una ocurrencia folklórica

En una antología de El folk-lore andaluz, compilada por Demófilo, el padre de los hermanos Machado, y primer español que se dedicó al estudio del folklore, se recoge, en el apartado de Ocurrencias, la siguiente, graciosísima anécdota:

Un pariente mío fue hace dos o tres años a la velada de Santa Ana, y al pasar por las buñolerías vio una gitana muy compuesta vestida de blanco y con un gran escote: al verla, por oírla, le dijo:
- ¡Qué despechugada estás, mujer!
- ¿Y eso que le jase, señorito,?, contestó aquella; cuantas menos hojas tiene un libro más pronto se encuentra er capítulo.

(Antonio Machado y Álvarez, Demófilo: El flok-lore andaluz, Biblioteca de la Cultura Andaluza, 1986, p. 193)

sábado, 4 de mayo de 2019

Machado: A don Francisco Giner de los Ríos: franciscanismo y santidad laica.



Machado leía muy bien (algo claramente perceptible en sus elogios: el de Unamuno o el de Azorín, por ejemplo). Leía muy bien y también sabía utilizar los materiales de sus lecturas. Si he denominado el post anterior, el comentario sobre el poema a Giner de los Ríos, “la entronización del santo laico”, es porque creo que Machado, para la creación de su poema, está operando a partir de una noción y una estrategia que utiliza Ortega y Gasset en su artículo de elogio a Pablo Iglesias, a raíz de la consecución por parte del líder socialista de un acta de diputado en las elecciones de mayo de 1910. El 13 de mayo de 1910, días después de las elecciones, Ortega publica en El Imparcial un escrito titulado “Pablo Iglesias”, del que entresaco las siguientes líneas (y subrayo determinadas palabras):

Hoy vuelve a su honor el vidrio: los votos de Pablo Iglesias han henchido las urnas de virtudes teologales.
No extrañe que al escribir de este hombre oriundo del gremio de cajistas soliciten, en tropel la pluma palabras del vocabulario religioso y místicas comparaciones. Pablo Iglesias es un santo. ¿Cómo pretender cerrar la Comunión de los bienaventurados a este tipógrafo? Pablo Iglesias se ha ejercitado hasta alcanzar la nueva santidad, la santidad enérgica, activa, constructora, política, a que ha cedido el paso la antigua santidad quietista, contemplativa, metafísica y de interna edificación. Sin santos no hay virtudes. Como los físicos construyen en sus laboratorios las leyes del mundo de las cosas, los santos hallan experimentalmente en sus vidas las virtudes, leyes del mundo moral. A cada virtud su santo. Si hoy consideramos como aspiración profunda de la democracia hacer laica la vírtud, tenemos que orientarnos buscando con la mirada, en las multitudes, los rostros egregios de los santos laicos. Pablo Iglesias es uno: don Francisco Giner es otro: ambos, los europeos máximos de España.”

La noción de “santo laico”, aplicada a Pablo Iglesias, pero también, inmediatamente, a Giner de los Ríos, va a tener largo uso posteriormente (y muy frecuentemente aplicada a estos dos egregios españoles), pero hasta donde alcanzo la crea Ortega en este artículo (el gran pensador siempre nutricio).

Ni que decir tiene que a Machado, siempre atento al pensamiento de Ortega, debió impactarle esa noción, y sobre todo, su aplicación a Giner, su querido maestro. De manera que unos años después, cuando muere Giner, Machado le dedica un elogio en que lo va a caracterizar de esa manera (sin utilizar el sintagma, pero desarrollando la idea). Y otra cosa, aparte de la noción (que desarrolla, pero no emplea textualmente, repito) tomó el poeta, y es el empleo del lenguaje religioso en su “aspiración profunda de hacer laica la virtud”, precisamente la estrategia que había empleado Ortega en su artículo al aplicar las virtudes teologales (fe, esperanza, caridad) y la noción de santidad a la figura de Iglesias y su prédica socialista.

El poema de Machado, todo imbuido de lenguaje religioso, no hace más que proponer una alternativa de virtudes éticas a la preponderancia de la Iglesia en la vida social española.

Ahora bien, en ese empleo del lenguaje religioso (el lenguaje del enemigo, por así decirlo), Machado recurre a un cliché del franciscanismo a la hora de referirse a Giner: dice la luz: van tres días / que mi hermano Francisco no trabaja.

Ese “mi hermano Francisco”, puesto en boca de la luz, remite al lenguaje de San Francisco de Asís, cuando hablaba de “hermano sol”, “hermana luna”, "hermano viento” o incluso “hermano lobo”. Machado pudo tomarlo directamente del poverello d´Assisi, pero también de dos de sus autores más reverenciados: Rubén Darío, que en “Los motivos del lobo”, poema dedicado al episodio de San Francisco con el lobo de Gubbio, pone en boca del lobo no sólo “hermano Francisco”, sino “hermanos hombres”, “hermanos bueyes”, etc. El otro, su querido don Miguel de Unamuno, que en un artículo de 1912, “De arte pictórica”, al hablar del pintor Regoyos, se manifiesta así:

el gran paisajista franciscano Darío de Regoyos. Y le llamo franciscano a este dulce bohemio del arte, porque pinta sus paisajes con un amor cristiano, fraternal, a la naturaleza.
El árbol de su paisaje es el hermano árbol, la roca es la hermana roca, el agua es la hermana agua.” (recogido en En torno a las artes, Austral, p. 49).

En un artículo del año siguiente, con motivo de la muerte de Regoyos, se vuelve a expresar en término muy similares, aunque allí le atribuye la denominación de “pintor franciscano”, que él desarrolla, al crítico de arte que firmaba con el seudónimo de Juan de la Encina.

Creemos que todos estos influjos operaban sobre la mente de Antonio Machado (otro santo laico, sin duda) cuando, sobreponiéndose al dolor que le produjo la muerte de Giner, compuso el magistral elogio que a todos nos sigue causando admiración.

martes, 30 de abril de 2019

Papeles póstumos de un profesor de COU (4): Antonio Machado: A don Francisco Giner de los Ríos: La entronización poética del santo laico

Un reciente viaje por tierras de Úbeda y Baeza, bajo la doble advocación machadiana y mística (Santa Teresa y San Juan de la Cruz) me lleva a desempolvar este comentario que solía realizar en clase en los años finales del siglo XX.

A don Francisco Giner de los Ríos
(Campos de Castilla, CXXXIX)

Como se fue el maestro,
la luz de esta mañana
me dijo: Van tres días
que mi hermano Francisco no trabaja.
¿Murió? . . . Sólo sabemos                         5
que se nos fue por una senda clara,
diciéndonos: Hacedme
un duelo de labores y esperanzas.
Sed buenos y no más, sed lo que he sido
entre vosotros: alma.                                  10
Vivid, la vida sigue,
los muertos mueren y las sombras pasan;
lleva quien deja y vive el que ha vivido.
¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas!

Y hacia otra luz más pura                           15
partió el hermano de la luz del alba,
del sol de los talleres,
el viejo alegre de la vida santa.
. . .Oh, sí, llevad, amigos,
su cuerpo a la montaña,                              20
a los azules montes
del ancho Guadarrama.
Allí hay barrancos hondos
de pinos verdes donde el viento canta.
Su corazón repose                                      25
bajo una encina casta,
en tierra de tomillos, donde juegan
mariposas doradas . . .
Allí el maestro un día
soñaba un nuevo florecer de España.

Baeza, 21 febrero 1915




El poema que escribe Antonio Machado a quien fue su maestro en la Institución Libre de Enseñanza, Francisco Giner de los Ríos, y que fecha en Baeza a los tres días de su fallecimiento, constituye un panegírico elegíaco, esto es, un poema de elogio a un muerto.


miércoles, 29 de noviembre de 2017

Papeles póstimos de un profesor de COU (3): UN poema de Antonio Machado: LOS SUEÑOS MALOS.

El profesor de COU se topó con la poesía de Machado tempranamente, en su antiguo Bachillerato de 6 cursos, gracias a un profesor enamorado de don Antonio. La fue descubriendo poco a poco, hasta que la hizo suya, y es ahora una de las voces que le acompaña siempre (uno de los grandes, grandes) y por la que siente tanta veneración como su antiguo profesor.
Ni que decir tiene que en sus años de enseñante hubo de explicar muchas veces la poesía de Machado, tanto las Soledades. Galerías. Otros poemas (SGOP), como los Campos de Castilla. Prefiere este último, más humano e insertado en la Historia, sin por ello dejar de reconocer la grandeza del anterior, libro plenamente simbolista. DE SGOP, de la sección “Humorismos, fantasías, apuntes” traigo hoy este poema, que solía comentar en clase. Apunto lo esencial de él, sin entrar en un comentario a fondo.

Los sueños malos (LIV)

Está la plaza sombría; 
muere el día. 
Suenan lejos las campanas. 

De balcones y ventanas
se iluminan las vidrieras
con reflejos mortecinos, 
como huesos blanquecinos
y borrosas calaveras.

En toda la tarde brilla
una luz de pesadilla. 
Está el sol en el ocaso. 
Suena el eco de mi paso. 

¿Eres tú? Ya te esperaba... 
No eras tú a quien yo buscaba. 


Poema de 14 versos, en octosílabos, con la sola excepción del tetrasílabo en el segundo verso, y con una bastante rara rima en pareados, exceptuando, de nuevo, una cuarteta en los versos del 5 al 8.
Esta rima en pareados entiendo que potencia el efecto hipnótico y onírico del poema (ese fragmentarismo de las imágenes de un sueño), pues que evidentemente se trata de un sueño, un sueño malo, es decir, una pesadilla (v. 10).

El poema nos sitúa, dentro de esa pesadilla, en un determinado contexto espacio-temporal en que se mueve el poeta (solo hacia el final se nos da a ver esa acción: “mi paso”, v. 12) y donde se producirá un enigmático encuentro que reviste la forma de diálogo.

Son notorias, en el contexto espacio-temporal, las referencias al acabamiento del día (“plaza sombría”, “muere el día”, “tarde”, “ocaso”). El poeta merodea por una plaza, en torno a balcones y ventanas, donde sólo puede percibir notas mortuorias (“reflejos mortecinos”, “huesos blanquecinos”, “borrosas calaveras”).

Si atendemos a varios de los poemas de SGOP en que aparece el poeta merodeando por una plaza en torno a balcones y ventanas (X, XXV, XXX, XXXVIII, XCIV) nos podemos dar cuenta de que la voz poética anda buscando lo que podríamos denominar la fantasmática mujer ausente (probablemente muerta). Es un referente sentimental del poeta, sin nombre, y que, desde luego, jamás se hace presente, más que a través de visiones mortecinas. Por eso la denomino así.

El joven Machado de SGOP, que parece verdaderamente un muerto en vida, anda en sus poemas frecuentemente en pos de esta irreal figura.

Nuestro poema se va a cerrar con un encuentro-desencuentro, a través de un diálogo seco y cortante, que resulta muy enigmático. ¿Quiénes hablan? ¿A quién se refieren los dos “tú” que aparecen en sendos versos?

Por todo el simbolismo mortuorio del poema no me cabe duda de que las dos voces son las de la Muerte (v. 13) y la del poeta (v. 14). El primer “tú” se refiere al poeta, y el segundo a la Muerte. La Muerte se encuentra con el poeta y le expresa una solicitación (“ya te esperaba”); el poeta, en su pesadilla, con su respuesta cortante, intenta escapar de su amenaza: “no eras tú a quien yo buscaba”.

Pero hay una presuposición en ese último verso: a alguien buscaba el poeta. De forma muy sintética podríamos decir que el secreto de ese final es que el poeta buscaba a la muerta y se encuentra con la Muerte.


La réplica cortante con que intenta escapar de la muerte rompe la pesadilla y termina el poema de forma brusca.

martes, 18 de octubre de 2016

Trabajo voluntario: el homenaje de Machado a Berceo.

MIS POETAS (Antonio Machado: Campos de Castilla)

El primero es Gonzalo de Berceo llamado, 
Gonzalo de Berceo, poeta y peregrino, 
que yendo en romería acaeció en un prado, 
y a quien los sabios pintan copiando un pergamino. 

Trovó a Santo Domingo, trovó a Santa María, 
y a San Millán, y a San Lorenzo y Santa Oria, 
y dijo: Mi dictado non es de juglaría; 
escrito lo tenemos; es verdadera historia. 

Su verso es dulce y grave; monótonas hileras 
de chopos invernales en donde nada brilla; 
renglones como surcos en pardas sementeras, 
y lejos, las montañas azules de Castilla. 

Él nos cuenta el repaire del romeo cansado; 
leyendo en santorales y libros de oración, 
copiando historias viejas, nos dice su dictado, 
mientras le sale afuera la luz del corazón.


Se podrá realizar, en esta primera evaluación, un trabajo voluntario, que puede subir la nota de la evaluación hasta en 1 punto. Consistirá en un comentario del poema "Mis poetas", de Antonio Machado. El modelo de comentario es el que se puede ver en los comentarios de "Caupolicán", Rubén Darío, y "Canción del jinete", García Lorca, a los que se accede en el link Comentario de texto de este blog.
Habrá que tener en cuenta para un buen comentario de este texto los siguientes puntos:
- Estrofa, métrica y rima.
- la pertinencia de la retórica.
- alusiones históricas y textuales a la obra de Berceo (consultar la Introducción alegórica a los Milagros de Nuestra Señora).
- léxico (arcaísmos)
- valoración.

El trabajo debe estar hecho a mano. 

(se puede consultar con provecho el siguiente enlace :
www.vallenajerilla.com/notabene/antonio_machado.htm)

 Fecha de entrega: hasta el 15 de noviembre de 2016.

sábado, 11 de enero de 2014

Aspectos biográficos en un poema de Gil de Biedma: En el nombre de hoy

EN EL NOMBRE DE HOY

En el nombre de hoy, veintiséis
de abril y mil novecientos
cincuenta y nueve, domingo
de nubes con sol, a las tres
—según sentencia del tiempo—
de la tarde en que doy principio
a este ejercicio en pronombre primero
del singular, indicativo,

y asimismo en el nombre del pájaro
y de la espuma del almendro,
del mundo, en fin, que habitamos,
voy a deciros lo que entiendo.
Pero antes de ir adelante
desde esta página quiero
enviar un saludo a mis padres,
que no me estarán leyendo.

Para ti, que no te nombro,
amor mío —y ahora hablo en serio—,
para ti, sol de los días
y noches, maravilloso
gran premio de mi vida,
de toda la vida, qué puedo
decir, ni qué quieres que escriba
a la puerta de estos versos?

Finalmente a los amigos,
compañeros de viaje,
y sobre todos ellos
a vosotros, Carlos, Ángel,
Alfonso y Pepe, Gabriel
y Gabriel, Pepe (Caballero)
y a mi sobrino Miguel,
Joseagustín y Blas de Otero,

a vosotros pecadores
como yo, que me avergüenzo
de los palos que no me han dado,
señoritos de nacimiento
por mala conciencia escritores
de poesía social,
dedico también un recuerdo,
y a la afición en general.

Jaime Gil de Biedma: Moralidades.

Siempre me llamó la atención, en este poema introductorio del libro Moralidades, el juego tonal que establece Gil de Biedma entre lo serio y lo jocoso, de donde resulta ese tono jocoserio que lo caracteriza. Después del comienzo con referencia exacta del momento de escritura (a la manera del Petrarca) y de la mezcolanza taurino-gramatical de la primera estrofa (“domingo de nubes con sol, a las tres (…) de la tarde” / “pronombre primero del singular, indicativo”), la detención para saludar a los padres “que no me estarán leyendo” en la segunda estrofa es ya un momento humorístico. De hecho, al referirse al ser amado, “gran premio de mi vida” a quien no nombra, tiene que explicitar “y ahora hablo en serio”, pues si no dudaríamos si se trata de otra broma. Tras la enumeración de los amigos y/o compañeros de viaje, vuelve a aparecer el tono jocoso en su caracterización “señoritos de nacimiento / por mala conciencia escritores / de poesía social”, que se cierra con un muy burlón y algo torero “a la afición en general” que nos incluye y nos hace soltar la carcajada.

Ahora bien, siempre me intrigó la posibilidad de determinar la referencia concreta de los nombres que conforman la enumeración. Recientemente la lectura, en el segundo tomo de las memorias de Carlos Barral (Los años sin excusa), del relato de la excursión a Collioure para homenajear a Antonio Machado en el vigésimo aniversario de su muerte (y un poco de navegación por el ciberespacio), me ha permitido identificar las referencias. Se trata de, siguiendo el orden del poema: Carlos Barral, Ángel González, Alfonso Costafreda, José Ángel Valente, Gabriel Ferrater y Gabriel Celaya, José Manuel Caballero Bonald, Miguel Barceló, José Agustín Goytisolo y Blas de Otero.
El más difícil de identificar fue “el sobrino Miguel”, que no era sobrino de Gil de Biedma, sino un amigo más joven: el historiador mallorquín –y poeta en su juventud- Miquel Barceló (no confundir con el también mallorquín pintor del mismo nombre, que debía tener dos añitos cuando se compone el poema).

Existe una foto del grupo de poetas en el homenaje de Collioure (febrero de 1959, dos meses antes de la composición del poema), en la que aparecen varios de los nombrados. Arriba (de izquierda a derecha): Blas de Otero, José Agustín Goytisolo, Ángel González, José Ángel Valente, ¿Luis Marquesán? Abajo: Jaime Gil de Biedma, Alfonso Costafreda, Carlos Barral y José Manuel Caballero Bonald.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Un titán habla de otro: Machado sobre Galdós

No es sólo Galdós el más fecundo de los novelistas españoles, es además el más fuerte, el más creador, el más original entre los maestros de su tiempo. Pereda no vio más allá del terruño. Clarín no maduró. Alarcón tuvo gracia y fantasía, pero también un fondo sobrado banal. Valera fue víctima del mal gusto literario que produce un exceso de literatura. Espíritu burlón –no exento de gracia- sólo tomó en serio los libros malos. Entre estas gentes descuella Galdós como figura gigantesca. Sus Episodios Nacionales, cuyo último volumen se acaba de publicar, asombran por la cantidad de vida española que contienen. Observador de nuestras costumbres, despreocupado de toda intención literaria, nos da en sus novelas una idea muy justa de las gentes de nuestra tierra y, sin seguir la huella de ninguno de los grandes maestros españoles, conquista entre ellos un puesto eminente. No iguala a Dickens en el arte de apuntar el detalle, pero le supera en la visión sintética y creadora que se apodera del carácter.
Es humorista sin pretenderlo y cuando escribe revela un corazón bondadoso, exento de esa vanidad moral, tan corrosiva, que designa a los hombres so color de adoctrinados. Su obra es grande y simpática. Admiro vivamente a Pérez Galdós.

Antonio Machado en La República de las Letras, 22-7-1907, número de homenaje a Pérez Galdós. (Tomado de Pedro Ortiz-Armengol: Vida de Galdós, Biblioteca de Bolsillo, 2000, p. 449)