jueves, 12 de enero de 2023

Etty Hillesum o la vida interior ( 2 )

 

- la escritura como posesión:

 

También me parece que comprendo esta necesidad de escribir. Es otra manera de poseer, de atraer las cosas hacia mí por medio de palabras y de imágenes, y de apropiármelas de esa forma. De esto es de lo que estaba constituida hasta ahora mi necesidad de escribir: esconderme lejos de todos con todos los tesoros que había acumulado, anotarlo todo, retenerlo para mí y gozarlo. Y esta rabia de posesión -no encuentro una formulación mejor- acaba de abandonarme. Los mil lazos que me oprimían se han roto. Respiro libremente, me siento fuerte y proyecto una mirada radiante sobre todas las cosas. Y ahora que no quiero poseer nada, ahora que soy libre, todo me pertenece de aquí en adelante, y es inmensa mi riqueza interior.” (92) (16-3-1941)

 

- casas deshabitadas:

 

Y te agradezco que me hayas dado el don de leer en el corazón de los demás. A veces, las personas son para mí como casas con las puertas abiertas. Entro, vago a través de los pasillos, de las habitaciones. La disposición es un poco diferente en cada casa. Sin embargo, todas son semejantes, y debería ser posible hacer de cada una de ellas un santuario para ti, Dios mío. Y te lo prometo, te lo prometo, Dios mío, te buscaré un alojamiento y un techo en el mayor número de casas posible. Es una imagen divertida: me pongo en camino para buscarte un techo. Hay tantas casas deshabitadas, y te introduzco en ellas como al Huésped más importante que puedan recibir.” (117) (17-9-1942)

 

 

jueves, 5 de enero de 2023

Otro sensacional concierto de NOSTRUM MARE CAMERATA. 4 de enero de 2023 en el Ateneo de Valencia

 


Hace año y medio, cuando se presentaron en el teatro Olympia de Valencia, ya me impactó la seriedad y entrega con que trabaja este grupo de cámara, dirigido por Jacobo Christensen, y el hermosísimo concierto que nos ofrecieron.

 

Los vuelvo a ver ahora, en el Ateneo valenciano, con el programa AGITATO, dedicado a la música del Barroco, y la sensación es de nuevo maravillosa. Seriedad, entrega y un sonido excelente.

 

Aunque quizá lo que más me gustó de esta nueva entrega fue el programa. Se empieza con “Pur ti miro”, de L´incoronazione di Poppea, de Monteverdi, donde escuchamos la magnífica interpretación de una viola y una violoncello, que se levantan de sus puestos para cantar. Luego el Concerto grosso La Folia, de Geminiani y Corelli para mostrar el sonido compacto y contundente del grupo.

 

La cosa se pone seria cuando se lanzan a interpretar el Doble concierto para violín en Re menor BMW 1043, de Bach. Esto, que lo aprendimos a escuchar de manos de Yehudi Menuhin y David Oistrakh, no desmerece  lo más mínimo en la versión de Jacobo e Inés Romaguera, llena de aplomo y compenetración.

 

Luego voces de nuevo, muy bien interpretadas, en el maravilloso y patético dueto de Händel en Giulio Cesare: “Son nata a lacrimar”.

 

El fantástico Concierto para violonchelo, RV 401, de Vivaldi da paso al Invierno de  Las cuatro estaciones del mismo autor, donde Jacobo Christensen ejerce de solista con la solvencia que lo caracteriza, y, por momentos, absolutamente poseído por la música (¿Qué pensaría Platón del asunto? ¿Y qué pensaría Nietzsche?)

 

Aquí termina el concierto programado –diríase pensado para mí, pues he de confesar que las tres últimas piezas, y el doble concierto de Bach, se encuentran entre mis favoritas-, pero la sorpresa no termina aquí. Ante el entusiasmo del público y su entrega a los músicos, nos ofrecen como bis otro Invierno, el Invierno porteño, de Astor Piazolla. De repente los jóvenes intérpretes pasan del Barroco a la Música contemporánea y el sonido no decae, sigue siendo tan cuajado y profundo como hasta el momento. Pero la sorpresa continúa. Para rizar el rizo, Piazolla (y sus intérpretes) cierran la pieza contemporánea con una adopción del Canon de Pachelbel, y una vuelta, por tanto, al Barroco en que estábamos inmersos.

 

¿Se puede pedir más a un concierto?

martes, 3 de enero de 2023

Etty Hillesum o la vida interior

 

A través del libro de Paul Lebeau, Etty Hillesum. Un itinerario espiritual (Amsterdam 1941-Auschwitz 1943), entro en contacto con un espíritu extraordinario y singular. Esta judía holandesa, que murió en Auschwitz antes de cumplir los 30 años, dejó un diario de sus últimos años de vida, durante la ocupación nazi, que es un prodigio de autoanálisis y profunda vida interior. Profundamente religiosa, sin confesionalidad alguna (no profesaba el judaísmo, ni tampoco el cristianismo, del que estuvo muy cerca), es asombrosa la forma en que, desde su fe, llega a vivir los terribles tiempos que le tocaron, sin miedo ni desesperanza, en una aceptación absoluta del ser y de la trascendencia.

 

La mujer que le dijo a un amigo, preocupado por los peligros que corría, “Cuando se tiene vida interior, poco importa, sin duda, el lado de las rejas de un campo en que uno se encuentre”, nos da mucho qué pensar.

 

En el ciberespacio se encuentran algunos aforismos de la autora, pero entiendo que el mundo de Etty se manifiesta más bien en el discurso que en la brevedad del aforismo. Por ello reproduzco algunos fragmentos donde se manifiesta esta vida interior de que hablaba. Los tomo del libro de Lebeau, citando entre paréntesis la página de que proceden y la fecha de su diario en que los escribió. Los titulillos con que los encabezo son míos.