Si citaba hace poco el magnífico “Epílogo en Castilla”, de Azorín, es porque al hablar de las causas de la decadencia de España, y especialmente de la falta de curiosidad intelectual, enumera cuatro autores, a saber, “Saavedra Fajardo, Gracián, Cadalso, Larra”, insignes representantes de lo que podríamos denominar una tradición de pensamiento crítico a propósito del país. Me interesa la manera en que junta Azorín a los dos últimos, pues que (habiendo releído a Larra hace poco y releyendo a Cadalso en este momento) considero que son autores que tienen mucho en común, y no dudo que Cadalso (en sus Cartas marruecas) es el más firme precedente hispánico de la actitud crítica de Larra.
Pues bien, mucho me extrañó
en mi reciente relectura de Larra que, en un determinado momento de “El casarse
pronto y mal”, en que cita a Cadalso, en ninguna de las ediciones más o menos
críticas que tengo en casa se anotara el pasaje. Me refiero a la de Carlos Seco
Serrano en Planeta, la de Jerry L. Johnson en Bruguera, la de Juan Cano
Ballesta en Alhambra Clásicos, o la de Enrique Rubio en Cátedra, esta última
con abundantes anotaciones. Quien sí lo hace es Joan Estruch en el tomo 1 de
las Obras Completas de Larra, de
Cátedra, dedicado a los Artículos (que consulté en una Biblioteca).