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viernes, 7 de agosto de 2026

Salinas y Heine: la naturaleza personificada

 

Traigo hoy dos poemas que presentan tangencias inauditas (o no tan inauditas, pues mucho me temo que Salinas tuvo presente el texto del alemán). En ambos poemas nos encontramos con una personificación de la naturaleza, que ama o sueña. El de Salinas es ingenioso, muy bello y bien escrito; el de Heine es, me parece, una cumbre de la lírica universal.

 

El agua que está en la alberca
y el verde chopo son novios
y se miran todo el día
el uno al otro.
En las tardes otoñales,
cuando hace viento, se enfadan:
el agua mueve sus ondas,
el chopo sus ramas;
las inquietudes del árbol
en la alberca se confunden
con inquietudes de agua.
Ahora que es la primavera,
vuelve el cariño; se pasan
toda la tarde besándose
silenciosamente. Pero
un pajarillo que baja
desde el chopo a beber agua,
turba la serenidad
del beso con temblor vago.
Y el alma del chopo tiembla
dentro del alma del agua.

 (Pedro Salinas: Presagios)

                                                      

 

Un pino se alza en la cumbre
De un monte del Norte helado.
Sueña; la nieve y el hielo
Lo envuelven con su sudario.
Sueña con una palmera
Que en el Oriente lejano,
Se alza solitaria y triste
Sobre un peñón abrasado.

(Heinrich Heine)

domingo, 2 de agosto de 2026

Pedro Salinas: Perdóname por ir así, buscándote... Comentado por Lázaro Carreter

 

Este verano le leí este poema a mi esposa. Me llamó la atención que, al final, la forma verbal que ella esperaba (pues no la escuchó con claridad) es la misma que utiliza Salinas(eras), y no la que cualquier lector esperaría(eres), como figura el poema en la página de Ciudad Seva, por ejemplo, de donde lo tomé (y luego corregí). Ella hacia una lectura muy profunda del poema, de la capacidad del amor para revelar al otro y sacar lo mejor suyo (mi lectura era más intelectual, más saliniana, creo, como la de Lázaro Carreter).

 

Cuando busqué el comentario de éste, en su libro azul de Anaya (Lengua española 1º) antes de teclearlo miré si en el ciberespacio estaba, para ahorrarme algo de faena y restituirlo a su autor. Lo encontré en una página –www.studocu.com-, sin nombre de su creador. Pero, cuál no sería mi sorpresa cuando, al confrontarlo con el original, veo que sigue las ideas al pie de la letra, pero la redacción va variando ligera y continuamente, de manera que he tenido un trabajo enorme corrigiéndolo para hacerlo coincidir con el original de Lázaro Carreter. De todas formas, cualquier esfuerzo es poco para llevar al ciberespacio los magníficos comentarios –para BUP- de tan preclaro maestro.

 

PEDRO SALINAS: “Perdóname por ir así, buscándote”

 

Introducción

 

Poeta, profesor, crítico literario,  Salinas (1892-1951) destaca –dentro de la generación del 27- por su poesía  amorosa, sobre todo gracias a sus dos libros fundamentales: La voz a ti debida (1933) y Razón de amor (1936). En sus versos, el amor es una fuerza prodigiosa que da plenitud a la vida y sentido al mundo.

 

De un modo personalísimo, el sentimiento y la inteligencia se hermanan en la poesía de Pedro Salinas. La inteligencia  le permite ahondar los sentimientos, en las experiencias concretas, para descubrir -más allá de las anécdotas- la quintaesencia de las relaciones amorosas. De ahí cierto tipo de “conceptismo”: es la agudeza del pensamiento la que –a través de paradojas, de observaciones insólitas, etc.- hace posible ese ahondamiento en el sentido último del amor.

 

Texto

 

Perdóname por ir así buscándote
tan torpemente, dentro
de ti.
Perdóname el dolor, alguna vez.
Es que quiero sacar                                          
de ti tu mejor tú.
Ese que no te viste y que yo veo,
nadador por tu fondo, preciosísimo.
Y cogerlo
y tenerlo yo en lo alto como tiene                   
el árbol la luz última
que le ha encontrado al sol.
Y entonces tú
en su busca vendrías, a lo alto.
Para llegar a él                                                   
subida sobre ti, como te quiero,
tocando ya tan sólo a tu pasado
con las puntas rosadas de tus pies,
en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo
de ti a ti misma.                                                 
Y que a mi amor entonces le conteste
la nueva criatura que tú eras.

 

1.  Primer acercamiento (Contenido y estructura)

 

* El tema de estos versos se concentra en las palabras quiero sacar de ti tu mejor tú: es la voluntad de descubrir en la persona querida lo mejor de ella misma, invitándola al esfuerzo de renunciar a aspectos menos gratos para alcanzar la plenitud de su ser. Esfuerzo doloroso a veces, pero hermoso.

El poema revela, pues, una exigente concepción del amor como conocimiento lúcido y como enriquecimiento de la persona amada.

 

* Comienza la composición con cuatro versos en que el poeta pide perdón por un dolor inevitable. Sigue el cuerpo central del poema (versos 5-20), en que se expresa la razón del dolor causado y se explica el proceso de enriquecimiento que el poeta ha emprendido. Dos apartados podemos distinguir en este conjunto central: primero, Salinas expone su empeño (habla en primera persona: yo); más adelante, a partir del verso 13, imagina la respuesta que espera de la mujer amad: (pasa a la segunda persona: ). Finalmente, en los versos 21-22 evoca el coronamiento de todo el proceso.

 

* La versificación tiene como base el esquema de la silva (combinación de endecasílabos y heptasílabos), pero con evidentes variaciones: de una parte, hay dos pentasílabos (los versos 13 y 20), un tetrasílabo (el 9) y un trisílabo (el 3); de otra parte, se prescinde de la rima. Todo ello revela que, sobre una base clásica, el poeta procede con cierta libertad y, a la vez, con una voluntad de depuración. Con ambas cosas se combina –como habremos de ver- una rigurosa precisión en el arte de distribuir las frases, de aislar las palabras en los versos o en los miembros de un verso, etc., para producir especiales efectos de relevancia.

 

 

2. Análisis del texto (Expresión y contenido)

 

* En los primeros versos –ya lo hemos dicho- el poeta se excusa. ¿Qué ha sucedido? Salinas prescinde de la anécdota. Podemos imaginar algún reproche por parte de él, y el consiguiente disgusto por parte de ella. A lo primero pueden corresponder estos tres versos:

 

Perdóname por ir así buscándote
tan torpemente, dentro
de ti.

Es una súplica  (el  imperativo  Perdóname)  y  un reconocimiento humilde  de  su propia torpeza (así, tan torpemente). Con la perífrasis ir + gerundio (ir buscándote) admite su porfía, su incesante indagación frente a la mujer.  Pero lo que  adquiere  mayor relieve  es el  complemento  dentro  -  de  ti,  encabalgado entre dos versos: dentro se destaca entre dos pausas (la coma y el final del verso); de ti queda aislado en el verso más corto de la composición. Y es que ese dentro y ese son lo que más le importa. El poeta tiene a su amada ante sí; y, no obstante, la busca. Busca lo que hay más allá de su presencia, de su apariencia; busca lo que hay dentro de ella, ejerciendo un mirar exigente profundiza en el conocimiento del ser querido. Tal exigencia es, sin duda, molesta. De ahí el dolor que produce y la nueva disculpa: Perdóname el dolor, alguna vez.

 

 

* El poeta da en seguida la explicación de su proceder: Es que quiero sacar  de ti tu mejor tú. Como hemos indicado, aquí está la idea central del poema. El verbo quiero encierra la voluntad del autor. Y sacar significa poner al descubierto lo que estaba oculto, lo que estaba dentro. Se trata nada menos que de descubrir - como sabemos- lo mejor de la mujer amada. Salinas lo expresa con un curioso juego de pronombres: de ti tu mejor tú. No se puede decir de forma más condensada la misma idea.

 

La mujer a la que Salinas se dirige no ha sabido ver nunca lo mejor de sí misma; es el poeta quien se lo descubre, en efecto: Ese que no te viste y que yo te veo. (Obsérvese la claridad de la contraposición: no viste tu mejor tú; yo sí lo veo). Y es que él ha sabido "bucear" –diríamos- en el alma de la amada, como indica la hermosa imagen que sigue: nadador por tu fondo, preciosísimo.

 

Del verbo quiero (voluntad del poeta) dependen también los infinitivos cogerlo y tenerlo (versos 9 y 10). Los pronombres pospuestos (lo)  se sigue refiriendo al "mejor tú". Al final de aquel "buceo", el poeta se apodera del "tesoro" sumergido, el ser más precioso de la amada. Y tras el movimiento hacia el fondo, se inicia un movimiento de ascensión: y tenerlo yo en alto

 

Pedro Salinas, que está hablando de realidades espirituales, necesita acudir a imágenes que nos las hagan sensibles. Antes, era la imagen del “nadador”. Ahora es este símil: como tiene - él árbol la luz ultima - que le ha encontrado al sol. El lector "ve" esa hermosa luz dorada del atardecer que enciende las copas de los árboles, cuando ya lo demás está ya en sombra. Luz dorada: oro, tesoro “preciosísimo”. Bellísima manera de hacer sensible ese mejor tú que el poeta ha sacado del fondo de un alma.

 

 

* Del yo pasamos al , pronombre puesto de relieve al final del verso 13: Y entonces tú…. A la búsqueda del poeta Recuérdese el verso 1), responde ahora la búsqueda de ella: en su busca vendrías, a lo alto. Es la respuesta que anhela el autor: el condicional vendrías supone una proyección hacia un futuro hipotético y deseado.

 

Es en estos  versos  donde aparece claro el  esfuerzo  que el poeta  pide,  esfuerzo que  se  plasma  -como antes-  en expresiones que indican ascensión hacia lo alto (ya había aparecido en el verso 10). Y a ese proceso de elevación espiritual corresponde de nuevo una imagen sensible, corporal, la bella imagen de la mujer alzada de puntillas (nótese el adjetivo embellecedor rosadas):

 

subida sobre ti, como te quiero,

tocando ya tan sólo a tu pasado

con las puntas rosadas de tus pies…

 

Así la quiere él, desligada de un pasado que no compartía; en tensión todo el cuerpo (= esfuerzo) hacia una vida enriquecida. Finalmente, la expresión subida sobre ti se precisa aún más con la frase ya ascendiendo -de ti a ti  misma. Nuevo  juego de pronombres. Y  muy revelador: precisamente nos indica que  no es una mujer distinta  lo que el poeta desea, sino "ella misma", aunque alzada a un nivel superior de su propio ser.

 

* Llegamos a los dos versos que, separados del resto por un espacio blanco, suponen una síntesis de todo el poema: Y  que  a  mi  amor  entonces  le  conteste - la  nueva  criatura  que    eras.  Salinas  sigue proyectándose con su imaginación hacia ese futuro en que su amor encontrará una respuesta plena (verso 21). Pero el verso final es, a primera vista, insólito. Si se refiere al futuro, lo normal sería decir la nueva criatura que tú serás. Sin embargo, la última forma verbal aparece sustituida en el texto por el pasado: eras. ¿No hay aquí una contradicción? ¿Cómo puede hablarse de una nueva criatura y, a la vez, decir que ya lo era? Estamos ante una de esas paradojas frecuentes en la poesía de Salinas. Por debajo de la aparente contradicción, este verso final expresa una profunda verdad hacia la que ya apuntaban versos anteriores (tu mejor tú, subida sobre ti, ascendiendo de ti a ti misma). Todo confluye aquí con plena coherencia: esa mujer era, desde siempre –aunque en potencia- la nueva criatura que el poeta ha sabido descubrir, empezando por descubrírselo a ella misma. salinas no le ha exigido que cambie, que sea “otra”. Le pide simplemente que tome conciencia de la riqueza que dormía en el fondo de su alma y que la desarrolle plenamente.

 

Conclusión

 

Señalábamos en la Introducción  cómo  Salinas  ahonda  en  la  experiencia  amorosa  para  descubrir  su quintaesencia. Un aspecto de ello es -en el poema comentado- la concepción del amor como conocimiento lúcido y exigencia de perfeccionamiento, concepción que revela una mirada atenta a lo que hay más allá de la anécdota y las puras apariencias.

 

Y ese ir más allá de la apariencia explica ciertos rasgos del estilo que hemos ido señalando: condensación, paradojas, juegos de  pronombres  con  los que  se  penetra  en  la  complejidad del ser de  la amada...  En esto radica el "conceptismo interior" de Pedro Salinas, en esa agudeza de pensamiento que va más allá de la superficie de las cosas.

 

Pocos poetas han hablado del amor con tanta sutileza y tanta hondura.

 

 

 

jueves, 25 de junio de 2026

La paideia y la luna en la ventana

 

Leo en Paideia, de Werner Jaeger la siguiente anécdota:

Pero baste citar en apoyo de esto una frase del filósofo Estilpón, uno de los principales representantes de la escuela socrática de Megara, fundada por Euclides. Cuando Demetrio Poliorcetes, después de la conquista de Megara, quiso demostrar al filósofo su buena voluntad e indemnizarle del saqueo de su casa, le rogó que le presentase una lista de todas las cosas de su propiedad que habían desaparecido. A lo cual contestó irónicamente Estilpón: "La paideia no se la ha llevado nadie de mi casa."

 [paideia: formación espiritual del hombre en su camino hacia el bien.]

Y me recuerda el haikú del monje budista Ryokan (que vivió entre el siglo XVIII y XIX):

Al ladrón

 se le olvidó

 la luna en la ventana.

jueves, 14 de mayo de 2026

La ponzoña del amor: Jenofonte, Sócrates y Góngora

 


En los Recuerdos de Sócrates, de Jenofonte, hay un momento en que el autor reproduce un diálogo que tuvo con su amigo y maestro a propósito del deseo amoroso, de los peligros que se corren tras besar a “un gentil mancebo” (en lo que llevo leído los deseos amorosos siempre se dirigen a muchachos: las mujeres brillan por su ausencia):

 

“Por vida de Hércules –repuso Jenofonte-, ¡qué terrible lo cuentas el poder del beso!” “Pues ¿de eso –dijo Sócrates- te asombras? ¿No has oído –dijo- de las tarántulas, que no abultan ni lo que una perra chica, que, con sólo que toquen en la boca, deshacen de dolores a un hombre y lo sacan de su sano juicio?” “Sí, a fe mía –dijo Jenofonte; porque es que las tarántulas inyectan no sé qué al dar el muerdo.” “¡Ah, tonto! –dijo Sócrates-, y ¿no crees tú que los muchachos lindos, al dar un beso, inyectan una cosa que tú no ves? ¿No sabes que esa bestezuela que llaman mancebo lindo y en flor de edad es en tanto más temible que las tarántulas cuanto que ellas al tocar, pero esa otra no ya tocando tan siquiera, sino que en el momento que la mire uno suelta un veneno y, aunque sea a gran distancia , de tal poder como para hacerle volverse loco. (…) Pues mira, a ti te doy aviso, Jenofonte, que en cuanto veas algún muchacho lindo, salgas a todo correr huyendo.”

 

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Sobre algunas fuentes de la SONATINA de Rubén Darío.

 

La reciente lectura de los Cuentos de la Alhambra, de Washington Irving, me trajo a la cabeza, en varios momentos, la “Sonatina”, de Rubén Darío. ¿Será una de sus fuentes?, se preguntaba el crítico hidráulico que muy frecuentemente soy. Eso me llevó a consultar un curioso ensayo, que había leído tiempo ha, de Manuel Cardenal de Iracheta, recogido en su libro póstumo Comentarios y recuerdos (Revista de Occidente, 1972). Allí encontramos su escrito sobre “La Sonatina de Rubén”. En él, tras disculparse de introducir la mirada crítica en la poesía (que está hecha para sentirse), y reconocer que “las cuerdas de la lira de un poeta están siempre tomadas de las de otros poetas”, ensaya indagar en el “entronque y dependencia” de Darío respecto de la poesía francesa aplicado a este poema. Y traza la siguiente línea genealógica de antecedentes:

 

Victor Hugo: “La rose de l´infante” (La légende des siècles, 1859)

 

Stuart Merrill: “La douleur de la princesse” (Les gammes, 1887)

 

Albert Samain: “L´infante” (Au jardín de l´infante, 1893)

 

Rubén Darío: “Sonatina” (Prosas profanas, 1893)

 

domingo, 14 de septiembre de 2025

Otra forma de danzar: el toreo según Gerardo Diego

 

A la vuelta de Cantabria (siempre tan vivificadora para mí) decidí leer a alguno de sus escritores y me enfrasqué en la correspondencia entre Gerardo Diego y José María de Cossío. Comentaban cosas de literatura y libros, sobre todo, pero algo de toros aparecía de vez en cuando (la creación de "Torerillo en Triana" del primero para la antología del toro en la poesía que proyectaba el segundo, por ejemplo). Javier me comentó que la mejor poesía sobre tema taurino que había era la de Diego, y así me puse a leer la recopilación Poesía y prosas taurinas, editada por Pre-Textos. Allí me encuentro con un artículo que Diego escribió para el diario ABC el 17-12-1961, y que lleva por título Novísimo “Laocoonte”. En sus primeros párrafos despliega el poeta una teoría sobre la relación entre la tauromaquia y la danza que me parece muy penetrante y que, por ello, no puedo resistirme a teclear:

 

miércoles, 4 de junio de 2025

Tangencias inauditas: Josquin des Prez y W. H. Auden: memoria de los muertos

 

Estamos a finales  del siglo XV. Ha muerto Johannes Ockeghem, uno de los maestros de la polifonía franco-flamenca, en 1497. El cronista francés Jean Molinet escribe un sentido poema, que Josquin des Prez musicará, creando una de las obras maestras de este tipo de música: Déploration de la mort d´Ockeghem. Lo que hace Josquin es alternar, polifónicamente, el poema de Molinet con las siguientes palabras del cantus firmus:

 

Requiem aeternam dona eis, Domine,

Et lux perpetua luceat eis.

Requiescat in pace. Amen.

 

Traigo hoy al blog el excelente poema de

Molinet, del que intento una versión, al tiempo que hago un par de aclaraciones.

martes, 27 de mayo de 2025

Tres versiones de El Escorial: Ortega y Gasset, García Lorca y Luis Cernuda.

 

Releyendo estos días Capítulos de historia de la lengua literaria, de Ricardo Senabre, me complace la manera tan minuciosa a veces en que el investigador se aproxima a los textos. Incluso en textos de carácter irracional Senabre llega siempre hasta donde la racionalidad le permite llegar, intenta explicar, desde la razón, cualquier detalle verbal (cualquier matiz del significante), y, donde no puede más, se detiene, y te da a entender, hasta aquí he llegado con la razón. El resto es cosa del misterio de la creación artística. Ese intento de marcar los límites entre lo que puede ver la razón y el elemento misterioso me parece subyugador. No como otros críticos literarios que, a las primeras de cambio, se envuelven en las brumas, y se dedican a multiplicarlas y desparramarlas.

 

Pues bien, no sé de qué manera algo oblicua, esta lectura de Senabre me ha hecho recordar también mi trato con micropasajes literarios, aunque es verdad que yo no les sacaré la punta que les sacaba el maestro.

miércoles, 23 de abril de 2025

Un poema de José Angel Valente: Maquiavelo en San Casciano

 

MAQUIAVELO EN SAN CASCIANO

 

…non temo la povertà, non mi sbigottiscie la morte

(Carta a Francesco Vettori, diciembre 1513)

 

 

Al tordo que madruga en los olivos

tiendo tempranas redes,

mientras dura setiembre

y un cielo gris apaga

el eco doble de esta pena

en pobreza y destierro.

                   Tengo un bosque

cuya madera hago talar, pues de tan poca

riqueza me sustento.                         

 

Los negocios de la República y los reyes

de España y Francia

o el gran Duque lejos están;

mas bueno fuera que alguien

pagase en este tiempo aquel saber de entonces.

 

Los leñadores en el bosque

disputan entre sí o ponen pleito

a más rudos vecinos,

mientras cierto Frosino da Panzano

arrebata mi leña por diez liras

que tiempo ha le debo, según dice,

de una partida en casa de Antonio Guicciardini.

Al carretero he acusado

como ladrón. Mas fue vano negocio.

 

lunes, 21 de abril de 2025

Algunas anécdotas sobre Carnero y su poesía.

 

En la Facultad de Filología de Valencia, hacia finales de los 70, Jenaro Taléns (en su asignatura Poesía española contemporánea) nos mandó a hacer trabajos por grupos en que debíamos dar cuenta de un poemario completo de poetas contemporáneos vivos. El grupo en que figuraba yo elegimos a Manuel Vázquez Montalbán y su obra Una educación sentimental. No estuvo mal el trabajo y aprendimos bastante de la cultura popular (que se insertaba en sus versos) y también alguna formulación que nos acompañó en muchas de nuestras salidas nocturnas: La noche complica la soledad. A determinados grupos de estudiantes Jenaro les consiguió citas con el autor de la obra para aclarar conceptos. No así al nuestro. Montalbán ya era entonces una gran figura y, además, vivía en Barcelona. Pero recuerdo un grupo de chicas que trabajó un libro de Martínez Sarrión y que se reunieron con él. “Las chicas de Sarrión” les llamamos una temporada. Otro grupo tuvo la suerte de trabajar Dibujo de la muerte, de Guillermo Carnero. Alguno de sus miembros me contó la impagable experiencia de que el autor les explicara el contexto histórico, cultural o artístico que se escondía debajo de cada verso. Para poner los dientes largos.

sábado, 19 de abril de 2025

Un poema de Guillermo Carnero: Vejez de Juan Bautista Tiépolo

 Me topo esta mañana (merodeando por Youtube) con un poema de Guillermo Carnero (de una plaquette de 2003: Poemas arqueológicos) recitado por el propio autor. Como yo mismo me encuentro en plena meditatio mortis, el poema me llega hondo y, como no lo encuentro en el ciberespacio, decido teclearlo por mi cuenta. No respondo por ello de la perfecta puntuación y número de versos, aunque sí de las palabras. En la siguiente dirección (https://www.youtube.com/watch?v=WcaKaLOgMkU) podemos encontrarlo, con unas explicaciones pertinentes del propio Guillermo (y su inmarcesible rictus funerario: cfr. mi post sobre un poema de Brines dedicado a Carnero: https://ccm-cidehamete.blogspot.com/search?q=brines).

 

VEJEZ DE JUAN BAUTISTA TIÉPOLO


Esta noche ha nevado y hace frío.

El agua corre, repitiendo una interrogación ya sin pregunta.

Más allá del jardín hay hambre y lodo

y se cubren de cuervos las fronteras.

Nunca supe ni quise mirar de frente el curso de las horas.

Sólo escuché su blanda melodía en un reloj dorado,

acorde de bellezas sin aviso.

Y nunca probé el agua de una fuente

sino entre las rocallas y cariátides

de la gruta de mármol de un ninfeo.

Ignoré la victoria de la muerte,

la sordidez, el mal, la cobardía,

entre nubes y muros que afirmaban

un sueño de virtudes inmortales:

piedad de Eneas, magnanimidad de Alejandro,

bravura de Perseo, clemencia de Escipión,

candor de Dido.

Pero la soledad, la cobardía, la sordidez

mezclaban mis colores.

Coronada de pámpanos y rosas,

la muerte me tendía los pinceles.





martes, 4 de marzo de 2025

Cantar de Mío Cid. Comentario de texto: episodio del león.

 

Cantar tercero (comienzo: versos 2278-2311 = 34 versos)

                                  

En Valencia seí mio Cid con todos los sos,

con él amos sus yernos, los ifantes de Carrión.

Yaziés' en un escaño, durmié el Campeador;

mala sobrevienta sabed que les cuntió:

saliós' de la red e desatós' el león.

 

En grant miedo se vieron por medio de la cort;

enbraçan los mantos los del Campeador

e cercan el escaño e fincan sobre so señor;

Ferrán Gonçález, ifante de Carrión

non vio allí dó s'alçasse, nin cámara abierta nin torre,

metiós' so l'escaño, tanto ovo el pavor;

Diego Gonçález por la puerta salió

diziendo de la boca: — ¡Non veré Carrión! —

Tras una viga lagar metiós' con grant pavor,

el manto e el brial todo suzio lo sacó.

En esto despertó el que en buen ora nació,

vio cercado el escaño de sus buenos varones:

—¿Qué's esto, mesnadas, o qué queredes vós? —

— ¡Ya señor ondrado, rebata nos dio el león! —

 Mio Cid fincó el cobdo, en pie se levantó,

el manto trae al cuello e adeliñó pora'l león;

el león, cuando lo vio, assí envergonçó,

ante mio Cid la cabeça premió e el rostro fincó.

Mio Cid don Rodrigo al cuello lo tomó

e liévalo adestrando, en la red le metió.

A maravilla lo han cuantos que ý son

e tornáronse al palacio, pora la cort.

 

Mio Cid por sos yernos demandó e no los falló;

maguer los están llamando, ninguno non responde.

Cuando los fallaron, ellos vinieron assí sin color;

non vidiestes tal juego commo iva por la cort,

mandólo vedar mio Cid el Campeador.

Mucho·s' tovieron por enbaídos los ifantes de Carrión,

fiera cosa les pesa d'esto que les cuntió.

 

En 1º de Bachillerato, cuando estudiábamos la épica, y el Cantar de Mío Cid, solía comentar en clase el episodio del león, con que comienza el Cantar 3º. Elegíamos un texto en castellano medieval (que yo glosaba, y aclaraba el vocabulario, para que lo comprendieran bien, pero sin alejarse del original). El comentario que yo hacía oralmente (y que ahora transcribiré con alguna dificultad) se basaba en gran medida en un estudio de Juan Oleza sobre el humor en el poema (recogido en Sincronía y diacronía. La dialéctica del discurso poético) y en unas observaciones de Rodríguez Puértolas (en su ensayo sobre el Poema en Literatura, historia, alienación).

 

miércoles, 29 de enero de 2025

Dos CARPE DIEM de nuestro tiempo: Luis Alberto de Cuenca y Sara Mesa

 A Rubén, que me dio a conocer el poema de Sara Mesa.


COLLIGE, VIRGO, ROSAS

Niña, arranca las rosas, no esperes a mañana.
Córtalas a destajo, desaforadamente,
sin pararte a pensar si son malas o buenas.
Que no quede ni una. Púlete los rosales
que encuentres a tu paso y deja las espinas
para tus compañeras de colegio. Disfruta
de la luz y del oro mientras puedas y rinde
tu belleza a ese dios rechoncho y melancólico
que va por los jardines instilando veneno.
Goza labios y lengua, machácate de gusto
con quien se deje y no permitas que el otoño
te pille con la piel reseca y sin un hombre
(por lo menos) comiéndote las hechuras del alma.
Y que la negra muerte te quite lo bailado

 (Por fuertes y fronteras, 1996,  Luis Alberto de Cuenca)

 

 CARPE DIEM NOS DIJERON

 Soy una brizna de hierba que brota

de un sumidero sucio.

Una raíz perdida

que busca apurar todos los jugos,

que quiere aprovechar la savia de los días,

el venenoso y dulce licor de los presentes.

 

Vive el momento.

Como si acaso hubiera

un solo momento.

Como si fuese solo

cuestión de desearlo.

Como si no existieran jaulas,

zapatos embarrados que pisotean el suelo.

 

Si me concentro, sí,

siento que se pasean por mi cuerpo

cientos, miles,

cientos de miles de insectos diminutos

y cada uno me narra una promesa.

 

Soy una única flor

pero qué multiplicidad del cáliz,

qué variedad de estambres.

 

Me fecundo para estrujar el tiempo

-carpe diem-

y cuántos otros senderos desperdicio

qué dulzuras malogro

qué imprevisibles destinos pierdo para siempre.

 

 (Sara Mesa: Este jilguero agenda, 2007)


En efecto, Carpe diem, es el nombre genérico con que nos referimos al tópico de aprovechar el momento, vivir el tiempo presente con intensidad. El nombre procede de una oda de Horacio (Carminum I, 11) que, en un momento climático, utiliza la expresión Carpe diem (“coge el día”). Ahora bien, también hay un poema de Ausonio, conocido como Collige, virgo, rosas (“coge o recoge, virgen, las rosas”), que trata un tema similar. La diferencia sería que el Carpe diem es un tipo de poema más general, en el sentido de aprovechar el momento presente, mientras que el Collige, virgo, rosas, es algo más concreto, una invitación a las doncellas, a que se dispongan a amar, aprovechen su juventud, y no esperen a que el tiempo las devore. El poema es, claramente, una conspiración antivirginal.

 

viernes, 8 de noviembre de 2024

La Dana en Valencia

 

Cuando de estudiante leía “Aurora”, de Federico García Lorca, en Poeta en Nueva York, todo discurría en mi entendimiento por cauces normales hasta que llegaba a los dos últimos versos:

 

Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes

como recién salidas de un naufragio de sangre.

 

Se me resistía la imagen final, hasta que un buen día vi claramente que el dichoso naufragio que yo no conseguía encajar no era sino una alusión al título del poema y a toda la referencia temporal de él (tan duro de entendederas puedo ser a veces leyendo poesía). El naufragio de sangre no era sino una visión dolorosa del amanecer, esa aurora de que trata el poema. Pero, al margen de la posible explicación racional de la imagen, era más fuerte quizá la sensación de malestar, desconcierto y angustia que producía y que, por tanto, funcionaba perfectamente como cierre del poema.

 

Cuento esto porque esos dos versos son los que más me vienen a la cabeza estos días en que varias localidades de Valencia están sumidas entre el fango, la destrucción y la muerte. Valencia ciudad se salvó del desastre, gracias al cauce nuevo del río Turia, pero esos pueblos están muy próximos, y nos tocan muy de cerca a los que vivimos en la capital. Por eso la sensación que se tiene en la ciudad, por donde se ven circular enormes olas de solidaridad, es de mucha tristeza, y lo que con frecuencia me viene cuando pongo el pie en la calle es que

 

Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes

como recién salidas de un naufragio de sangre.

jueves, 5 de septiembre de 2024

Un sociólogo nos comenta un poema: Norbert Elias

 

 

Norbert Elias (1897-1990), que estudió medicina, psicología y sociología, fue una figura muy destacada en este último campo, con obras fundamentales como La sociedad cortesana o El proceso de civilización. Leyendo hoy un librito suyo sobre cómo se muere en nuestro tiempo (La soledad de los moribundos), me encuentro con un pasaje en que cita un poema barroco alemán y lo comenta con brevedad, pero de forma magnífica. Luego lo relaciona con el maravilloso poema “To his coy mistress” (A su amada esquiva), de Andrew Marvell, cuya traducción (por Javier García Gibert) recogí hace años en este blog. Toda una lección de interdisciplinariedad. Lo cito:

 

 

Un poema de una época relativamente tardía como el siglo XVII quizá nos ayude a ver claramente esta diferencia. Es del poeta silesiano Christian Hofmann von Hofmannswaldau y lleva por título «Caducidad de la belleza»:

 

Con el tiempo al fin la muerte pálida

con su fría mano acariciará tus senos

empalidecerá el coral maravilloso de tus labios;

la nieve tibia de tus hombros se tornará fría arena;

el relámpago dulce de tus ojos,

el vigor de tu mano

por los que tal perece

a tiempo cederán.

Tu cabello que hoy del oro el resplandor alcanza

como un vulgar cordón deslucirán los años.

Tu bien formado pie,

tus graciosos andares

en parte tornarán al polvo

en parte serán nada, inanidad.

Nadie ya ofrendará a tu hermosura divina.

Esto y aún más que esto ha por fin de extinguirse.

Tan sólo tu corazón podrá vencer el tiempo

pues que en diamante lo talló Natura.

 

(…)

 

Una poesía como ésta surgió probablemente de un modo mucho más inmediato del trato social y convivencial de hombres y mujeres que la poesía altamente individualizada y privatizada de nuestros días. En ella se unen la seriedad y la broma de un modo que difícilmente encuentra hoy parangón. Quizá se tratara de un poema de ocasión que encontrara acogida en los círculos frecuentados por Hofmannswaldau y fuera muy celebrado por sus amigos y amigas. Faltan en este caso las notas solemnes o sentimentales que posteriormente solían ir unidas a los recordatorios de la muerte y la tumba. Que tal admonición vaya aquí unida a una alusión jocosa, muestra de manera especial la diferencia de actitud. Los amigos del poeta disfrutaron sin duda de este aspecto jocoso que muy fácilmente escapa al lector actual. Hofmannswaldau dice a la melindrosa bella que toda su belleza se ajará en la tumba: sus labios de coral, sus hombros blancos como la nieve, sus ojos relampagueantes, su cuerpo entero, se descompondrá... a excepción de su corazón, que es duro cual un diamante, ya que no escucha sus cuitas. En la paleta de los sentimientos —y de los poemas— contemporáneos es raro encontrar un paralelo con esta mezcla entre lo funerario y la travesura: una descripción detallada de la caducidad humana como estratagema en un flirt.   

lunes, 8 de julio de 2024

Manuel Machado y Velázquez: Javier Portús siempre puntualizando

 

FELIPE IV

 

Nadie más cortesano ni pulido
que nuestro Rey Felipe, que Dios guarde,
siempre de negro hasta los pies vestido.

Es pálida su tez como la tarde,
cansado el oro de su pelo undoso,
y de sus ojos, el azul, cobarde.

Sobre su augusto pecho generoso,
ni joyeles perturban ni cadenas
el negro terciopelo silencioso.

Y, en vez de cetro real, sostiene apenas
con desmayo galán un guante de ante
la blanca mano de azuladas venas.

 

(Manuel Machado: Alma)

 

Este poema prodigioso, que escribió Manuel Machado, y que consta de tercetos encadenados, desatiende la ley que prescribe 3N+1 (siendo N el número de estrofas) como la cantidad de versos que ha de poseer una composición de este tipo. En este caso (hay 4 estrofas) debería tener 13 versos y no 12, como es el caso. Ya que las rimas se van encadenando, siempre hay que añadir un verso más para recoger la rima intermedia del último terceto que, si no se hace esto, quedaría suelta. Manuel Machado, como buen modernista, hace un experimento y es que, mediante la rima interna del verso 11 (guante de ante) pone un cierre anticipado a los tercetos encadenados (esto lo explicaba magistralmente Dámaso Alonso, creo recordar).

 

viernes, 26 de abril de 2024

Federico Jiménez Losantos, poeta: Barcelona 1976

 En el programa PRIMICIAS, presentado por Lara Siscar, que se emitió anoche en TV2, dedicado al siempre polémico y siempre interesante Jiménez Losantos, hacia el final, en Orihuela del Tremedal, se nos informa de la veta poética del escritor y periodista. Termina la entrevista con la lectura de un poema por parte de su autor. Me parece muy buen poema y no me resisto a transcribirlo:


BARCELONA 1976


Hubo un lugar, un tiempo en que sólo bebíamos música.

Sonaba nuestra vida como una canción nueva

en una radio vieja, pobre, alegre.

Y era hermoso el fulgor de la penumbra.

Era hermoso sentir que apenas éramos

y ya estábamos del todo

en la esquina del mundo que era nuestro.

 

Era entonces verano cada invierno

y otoño cada tarde, y primavera

cuando tú venías

del sueño más lejano, entre agua y humo.

Y venías siempre.

 

Era de noche alguna vez, supongo,

para mí

las alumbraste todas.

No recuerdo una sola medianoche

sin la luz y el calor del mediodía.

 

Porque queríamos.

 

Vivíamos.



N.B. Cuando lo recita en el programa de TVE donde lo veo omite de los versos 4 al 7. [Publicado en POESÍA PERDIDA (1969-1999)]

 


jueves, 28 de diciembre de 2023

VERSOS QUE EL VIENTO ARRASTRA, de Karmelo Iribarren: la poesía CCC

 Le leo a mi hijo unos cuantos poemas (en realidad, casi todos) del libro de Karmelo Iribarren, disfrutamos ambos con la lectura, y al final me dice: "Me gustan estas poesías porque son CCC: cortas, claras y chulas." Me parece una muy atinada percepción de un libro de poemas dirigidos en gran medida a los niños, pero que el adulto lee con placer. Encuentro en esos poemas un trabajo depuradísimo con la imagen. ¿La poesía es música o imagen? Recuerdo largas discusiones con Marcos, que defendía la primacía de la imagen, mientras que yo apostaba por la prioridad del ritmo. Frente a los poemas de Iribarren tendría que darle la razón a Marcos. Transcribo un par de ellos para deleite general.


LO QUE DICE LA FAROLA

Qué vida 

más arrastrada:


De día

los perros

y de noche

los borrachos.


Por qué

no nacería lámpara.


PÁJAROS DETECTIVES

Tres gorriones

en un cable

de teléfono,

quietos,

muy serios,

muy atentos.

Al poco

uno echa a volar,

luego otro,

luego el tercero.

No necesitan 

oír más,

es suficiente.

Van a contárselo

al mirlo.

Estaba en lo cierto.

Ha sido el canario.



lunes, 18 de diciembre de 2023

El nombre cotidiano de las cosas (saliva, semen, orina)

 

Aunque la célebre definición orteguiana de la poesía como “eludir el nombre cotidiano de las cosas” (1) no nos resulte muy convincente, no deja de encerrar una verdad parcial. Y en muchos casos así ocurre, como en los tres ejemplos que hoy quiero comentar.

 

Se trataba de nombrar tres fluidos corporales que ciertamente no gozan de mucha predilección en la poesía: la saliva, el semen y la orina. El procedimiento empleado por los poetas es, en los tres casos, el mismo, el eufemismo (como dice Ortega), aunque sus intenciones difieran.

 

jueves, 31 de agosto de 2023

Poesía y geografía: Niebla en la Sía, de Gerardo Diego.

 

A la vuelta de un viaje por Cantabria lo primero que me viene a la cabeza es este poema de Gerardo Diego con el que me encontré en lo alto del portillo de la Sía, que une los Collados de Asón con Espinosa de los Monteros en el norte de Burgos. Lo transcribo, añadiendo los correspondientes acentos que excluyó la piedra, y lo ilustro con dos fotografías: una, del monumento al poema y poeta; y otra, de la vista desde lo alto hacia el valle de Soba.


Niebla, niebla en la Sía.

La clara nitidez del valle idílico,

Los oscuros, concretos cajigales

De Quintana y La Gándara,

Quedan abajo inmersos como en sueño.

El corazón se ensancha según sube

La ruta pedregosa. Este camino,

Cuando sólo era senda de pastores

Y guía de herraduras,

Fue hollado por la planta infatigable

De mi padre zagal y ahora no veo

A un lado y otro,

Detrás, delante, sino las vedijas

De la madrastra, de la borradora

Que disuelve la luz y niega el cielo.

 

Gerardo Diego