domingo, 13 de septiembre de 2026

Dos o tres cosas que sé de Jacobo Christensen y otro extraordinario concierto de Nostrum Mare Camerata.

  

 Acudí un día, como profesor de guardia, a una clase de 2º de ESO, del IES Ramón Llull de Valencia. No era un grupo demasiado follonero, pero como buen segundo, había niños un tanto desbaratados, y otros que intentaban buscar las cosquillas a un profesor desconocido para ellos. En primera fila estaba sentado un niño rubio que trabajaba concentrado. De repente me pidió permiso para tirar un papel en la papelera. Me quedé casi estupefacto: ¿de dónde habría salido este muchacho tan educado?

 

Días después se celebraba algún acto en el Instituto y asistiríamos en una sala escogida a algunas actuaciones de alumnos del centro. De pronto veo que el muchacho rubio tan educado va a tocar el violín acompañado por un pianista. Asombro me causó oírle interpretar con su instrumento y me dije para mis adentros: estoy en presencia de un verdadero fenómeno musical. Se trataba, como habrán adivinado, de Jacobo Christensen.

 

miércoles, 9 de septiembre de 2026

De nuevo sobre la bola de bronce de Aristóteles.

 


 

Leyendo hoy a Lezama Lima, La expresión americana, me encuentro con el siguiente pasaje: “El otro mito tomado de Plinio, sobre la vigilancia de las águilas, que alejan el sueño con una garra levantada, sosteniendo una piedra para que al caer se vuelva a hacer imposible el sueño. Símbolos de astucia, de cautela o resguardo.” (Alianza Editorial, p. 40)

 

Es evidente que Lezama citaba de memoria, y no le preocupaba mayormente la exactitud, sino lo sugestivo del mensaje, pues una pequeña consulta a la IA nos dice que no se trata de águilas, sino que Plinio se refiere a las grullas. Hablando de ellas escribe: