martes, 31 de marzo de 2026

Unas notas sobe EL JARAMA, de Rafael Sánchez Ferlosio

 

Releo El Jarama, de Ferlosio, 46 años después de mi primera lectura, y me vuelve a gustar tanto como entonces (si no más), y es que ahora mi mirada creo que percibe mejor el objeto y el propósito del autor. Una novela que, tal vez, no se sepa a dónde va (por lo que la menospreciaba su creador), pero que constituye un verdadero monumento literario. Y digo monumento en el sentido de obra minuciosamente construida para durar y que quede como ejemplo de una época y de una forma de hacer. 

La época, esos mediados años 50 (en la larga postguerra, pero ya cuando el pacto de 1953 con los norteamericanos permitía vislumbrar un despegue económico y consumista en la sociedad española), vista a través del contraste entre un grupo de jóvenes empleados de clase media madrileña, que van de excursión a pasar un domingo junto al Jarama, y los mayores del pueblo que se reúnen en el merendero de Mauricio (y que van rumiando poco a poco los sinsabores de sus vidas). La obra nos ofrece un panorama parcial, pero muy intenso, de los modos de pasar por el mundo de esas gentes. 

sábado, 28 de marzo de 2026

Tarzán y don Quijote

 

Tras sus peleas con leopardos, leones y cocodrilos, Tarzán volvía algo magullado a su árbol. Entonces Jane le ponía una venda en la frente y volvía al tajo de nuevo: podía pelear otra vez con cuanta fiera salvaje le saliera al encuentro.

 

Mi esposa y yo siempre nos hemos divertido con la rapidísima solución al problema de sus heridas que ofrecen los guionistas y la credulidad del público que lo acepta sin rechistar (es verdad que las películas de Tarzán van dirigidas a un público menor, entusiasta y poco crítico).

 

Pues bien, releyendo hoy un pasaje del primer capítulo del Quijote veo cómo al hidalgo manchego no le hubieran convencido en absoluto esas argucias de los guionistas.

 

Estamos asistiendo a la lectura de “la razón de la sinrazón” de las novelas de Feliciano de Silva, y el narrador nos dice:

 

“Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para sólo ello. No estaba muy bien con las heridas que don Belianís daba y recebía, porque se imaginaba que, por grandes maestros que le hubiesen curado, no dejaría de tener el rostro y todo el cuerpo lleno de cicatrices y señales.”

 

Como vemos, las novelas de caballerías serían el equivalente del Hollywood de nuestro tiempo, pero el hidalgo de la Mancha no dejaba de ensayar una mirada crítica (en sus momentos de lucidez: ya sabemos que es un “loco entreverado, lleno de lúcidos intervalos”).

 

jueves, 26 de marzo de 2026

En una glosa de Eugenio d´Ors

 

Parábola que d´Ors, en una de sus Glosas, atribuye a un ministro laborista inglés, Mr. Thomas.

 

“Tres obreros se ocupan en tallar piedras en una obra, para la construcción de una catedral, en Lancashire. Un camarada se acerca a ellos, y les pregunta:

 - ¿Qué estáis haciendo aquí?

- Estoy tallando piedras.

- ¿Y tú?, prosigue el interrogador, dirigiéndose al segundo.

- Yo estoy ganando un chelín por hora.

Vuélvese entonces a aquél tercer obrero.

- Y tú ¿qué haces?

- Estoy construyendo una catedral”.

jueves, 12 de marzo de 2026

Picón Salas y el Purgatorio de la Literatura

 

Si hace no mucho escribía en el blog sobre el Paraíso de la Literatura, a propósito de Dante y Estacio, recientemente, releyendo al gran ensayista venezolano Mariano Picón-Salas, me encuentro con una referencia al Purgatorio de la Literatura. En un momento de su escrito “Y va de ensayo” nos dice:

 

“La posteridad edifica una especie de Purgatorio de la Literatura en que hasta los genios como Víctor Hugo deben pagar por miles de páginas que fueron sólo oratoria e incontinencia, y don Emilio Castelar se achicharra por haber pronunciado tantos discursos en que las palabras estaban colgando como bejucos, y a Zorrilla se le cobran sus versos fáciles y superficiales y a don José María de Pereda el convencionalismo de sus novelas. En cuanto a los demagogos del Arte, ésos jamás verán la beatitud eterna.”

(Viejos y nuevos mundos, p. 502)

 

Me quedo con las ganas de ver a cuáles de esos demagogos metería Picón en el Infierno, aunque me parece claro que cada uno tiene su lista particular.

El caso es que hoy, paseando, me topo con una confluencia de calles cuyos nombres podrían ejemplificar muy bien las dos primeras postrimerías, aquellas que ven o aspiran a ver la beatitud eterna. No pude resistirme a hacer una fotografía.




domingo, 8 de marzo de 2026

Gradación de los cuerpos

 

        

Una reciente estancia hospitalaria, en que sentí cómo mi cuerpo se convertía en casa Pepe, por decirlo así, esto es, un espacio que médicos y enfermeros utilizaban  casi a su antojo, en busca de mi curación, sin duda, pero sin miramientos, de manera poco respetuosa, me llevó a pensar en una posible clasificación de los cuerpos, graduándolos por orden de mayor a menor perfección.

 

- el cuerpo del bailarín: sin duda el más bello y más estilizado de los cuerpos, el cuerpo que roza con el ideal. Su movilidad es casi vuelo, diríamos que apenas se sostiene sobre el suelo. De ahí que yo siempre considere el ballet, la danza, como la expresión de la utopía de los cuerpos, sin saber exactamente qué quiere decir tal expresión, pero sabiendo que remite a algo que está por encima de lo corriente y que apunta a la idea de perfección en ellos.

 

lunes, 23 de febrero de 2026

Azorín y las lecturas inusitadas

 

Azorín era un gran lector, y un verdadero bibliómano. Son muy frecuentes sus evocaciones de sus visitas a la cuesta Moyano madrileña en busca de viejos libros. Yo diría que conocí esa feria de libros (que tantas veces he visitado) en sus páginas.

 

Es un maestro de la crítica literaria evocativa e impresionista. No hay mejor forma de entrar en la literatura clásica española que leyendo las páginas de Lecturas españolas, Al margen de los clásicos, Clásicos y modernos, Los clásicos redivivos… Todas obras suyas.

 

martes, 27 de enero de 2026

Azorín: Las fallas.

 Las fallas.

 

En la noche templada y límpida. Los dos balcones que dan a la plaza tienen las maderas cerradas. En la sala hay una sillería de amarillenta enea. Las sillas ostentan una lira en el respaldo. Los sillones una lira. El canapé, una lira entre dos jarrones. Sobre una consola con embutidos de nácar y ébano, se levantan dos estatuitas de fina porcelana que representan un caballero y una dama del siglo XVIII. A un lado de la sala está la alcoba, cerrada por vidriera con cortinillas verdes. El techo es alto.

 

En uno de los sillones se encuentra sentada una señora anciana. Va vestida de negro. En una de sus manos blanquea un pañuelo de finísima batista que la anciana se lleva de cuando en cuando a los ojos. En dos sillitas bajas, a un lado y otro del sillón, a los pies de la dama, están sentadas dos jóvenes también con luto riguroso. En la penumbra en que está sumida la estancia, casi se funde lo negro de los trajes con el ambiente negro. Y sólo resalta, bien visible, la nota blanca del pañizuelo.