lunes, 15 de noviembre de 2021

Introducción a la literatura: "El espejo y la máscara", de Jorge Luis Borges. Análisis

 

El profesor de COU, cuando le tocaba iniciar el estudio de la literatura, se aparecía en clase con un cuento breve de Borges, “El espejo y la máscara” (de El libro de arena), se leía en voz alta, y luego planteaba unas preguntas:


1- Análisis de la estructura tripartita del cuento (en el propio cuento de dan claves de ella).


2- Concepciones de la literatura que aparecen en el relato.


3- Simbolismo de los regalos.


El cuento se puede consultar aquí: (https://borgestodoelanio.blogspot.com/2015/12/jorge-luis-borges-el-espejo-y-la-mascara.html)


Pasemos a desarrollarlas:


1- Todos sabemos que es habitual en los relatos presentar una estructura en 3 partes: Planteamiento – Nudo – Desenlace (que equivale a la estructura tripartita de muchos textos ensayísticos: Introducción – Desarrollo – Conclusión). En en este texto la encontraremos, pero busquemos también la clave interna de que hablo: tras la lectura del segundo poema por el poeta y tres emitir su juicio favorable habla el rey:


Agregó con una sonrisa:

Somos figuras de una fábula y es justo recordar que en las fábulas prima el número tres.

El poeta se atrevió a murmurar:

Los tres dones del hechicero, las tríadas y la indudable Trinidad.


Así, puesto que en las fábulas prima el número tres y en el texto comparecen tres poemas, todo parece indicar que el relato tendrá 3 partes. Sólo que se organizan de la siguiente manera:


A) Planteamiento: la petición del Rey: un poema que celebre la victoria obtenida en la batalla (“Librada la batalla de Clontarf… ya entreviendo algún verso”).


B) Nudo: la periódica presentación de los 3 poemas (“Cumplido el plazo… Le puso en la diestra una daga.”). Se trata del apartado más largo, que por ello subdividiremos, cómo no, en 3 partes más, cada una consagrada a un poema diferente.


B1) Entrega del primer poema: (“Cumplido el plazo... Doy gracias y comprendo -dijo el poeta.”)


B2) Entrega del segundo poema: (“Las estrellas del cielo retomaron su claro derrotero… - Doy gracias y he entendido -dijo el Poeta.”)


B3) Entrega del tercer poema: (“El aniversario volvió… Le puso en la diestra una daga.”)


C) Epílogo: el destino fatal del Rey y el poeta: la locura y la muerte (lo llamamos Epílogo y no Desenlace porque el Epílogo -que es una forma de desenlace- implica el paso de un lapso de tiempo, como en este caso. El desenlace visto tiempo después).


Simplemente apuntar que las estructuras de los relatos de Borges (y sobre todo cuando hay estructuras de repetición, como en este cuento, o en la versión borgiana del cuento de don Juan Manuel “El brujo postergado”) suelen ser muy precisas: aquí en B1 y B2 se da una estructura paralela (aniversario – entrega del poema – juicio – nueva petición – regalo), que en B3 -anuncio de que se acerca el final del cuento- varía un poco más.

Esta precisión de que hablo (y que nos podría conducir a una larguísimo análisis pormenorizado de repeticiones y variantes) creemos que fue lo que llevó a Ernesto Sábato a calificar a Borges de “relojero” (cfr http://ccm-cidehamete.blogspot.com/2014/11/sabato-llama-borges-relojero-en-clase.html )


2) Aquí (la parte más difícil del trabajo) se trataba de desentrañar las concepciones de la literatura que aparecen en el relato. Podríamos hablar de 3, que corresponderían a los 3 poemas que aparecen. Pero resulta que en el Planteamiento el Rey, al hacer la petición inicial, está manejando también una concepción de la literatura. Serán 4, pues, que llamaremos a, b, c y d.


a) concepción inmortalizadora de la literatura: es una concepción muy tradicional, y la que maneja el Rey:


Las proezas más claras pierden su lustre si no se las amoneda en palabras. Quiero que cantes mi victoria y mi loa. Yo seré Eneas; tú serás mi Virgilio. ¿Te crees capaz de acometer esa empresa, que nos hará inmortales a los dos?


b) concepción clásica de la literatura: el primer poema que presenta el poeta responde a ella, las que implica la literatura como imitación (mimesis), no sólo de la realidad, sino de los grandes autores:

Acepto tu labor. Es otra victoria. Has atribuido a cada vocablo su genuina acepción y a cada nombre sustantivo el epíteto que le dieron los primeros poetas. No hay en toda la loa una sola imagen que no hayan usado los clásicos. La guerra es el hermoso tejido de hombres y el agua de la espada es la sangre. El mar tiene su dios y las nubes predicen el porvenir. Has manejado con destreza la rima, la aliteración, la asonancia, las cantidades, los artificios de la docta retórica, la sabia alteración de los metros. Si se perdiera toda la literatura de Irlanda —omen absitpodría reconstruirse sin pérdida con tu clásica oda.


c) concepción innovadora, experimental de la literatura: que se corresponde con el extraño segundo poema. El Rey la valora más que la anterior (por eso el regalo es de “oro” y anteriormente de “plata”), pero aún le pide algo más:


La página era extraña. No era una descripción de la batalla, era la batalla. En su desorden bélico se agitaban el Dios que es Tres y es Uno, los númenes paganos de Irlanda y los que guerrearían, centenares de años después, en el principio de la Edda Mayor. La forma no era menos curiosa. Un sustantivo singular podía regir un verbo plural. Las preposiciones eran ajenas a las normas comunes. La aspereza alternaba con la dulzura. Las metáforas eran arbitrarias o así lo parecían.



d) concepción estética de la literatura: la última, la de ese poema, el más valioso, del que apenas sabemos nada, sino sólo sus fatales consecuencias, lo único que llegamos a intuir es que ha sido una manifestación excelsa de la belleza, ese “don vedado a los hombres”:


En el alba —dijo el poeta— me recordé diciendo unas palabras que al principio no comprendí. Esas palabras son un poema. Sentí que había cometido un pecado, quizá el que no perdona el Espíritu.

El que ahora compartimos los dos —el Rey musitó—. El de haber conocido la Belleza, que es un don vedado a los hombres. Ahora nos toca expiarlo. Te di un espejo y una máscara de oro; he aquí el tercer regalo que será el último.


Llegados a este punto del análisis les comunicaba a mis alumnos que esa, la estética, era la misma concepción de la literatura que yo manejaba y la que en clase contemplaríamos.


3) Quedaba todavía el peliagudo tema del simbolismo de los regalos. Digamos, para empezar, que hay dos regalos simbólicos y uno que no lo es: el último, el de la daga.


Los dos regalos simbólicos se corresponderían a los dos primeros poemas:

El “espejo”, cuya función el reflejar la realidad, se corresponde con el arte clásico y su función de imitación, de mímesis. De plata, porque es valioso ese arte, pero no tanto como la “máscara” de oro. ¿Por qué una máscara? Porque ese arte extraño, difícil, que es el innovador o experimental, más parece ocultar la realidad que reflejarla (aunque sabemos que, a su manera, la revela tal vez más profundamente).


Y lo último. ¿Por qué la daga, ese regalo no simbólico, sino demasiado real? A mi entender, porque la experiencia estética que ambos habían tenido era algo inconmensurable, que excedía los límites del mundo. Tras haber tenido esa experiencia, el mundo de la realidad se les quedaba pequeño y por eso esas dos formas de huida: la locura del Rey y la muerte del poeta.


Con ironía les decía a mis alumnos que no se aficionaran mucho a la literatura, pues lo que les podría esperar si se producía ese caso era la locura o la muerte.


Podría estar horas hablando de este relato formidable (le solíamos dedicar un par de clases, y desde luego no lo agotábamos), pero aquí se trataba sólo de hacer un post, que fuera a su vez un poco explicativo.



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